El sexo enloquecido

Noviembre 1st, 2011 by Bea María Bignoli de Hellers

Con la idea de profundizar su modelo progresista, el Gobierno impulsa una ley que permitirá tanto la operación,  como tramitar el DNI con una nueva identidad de género, sin necesidad de autorización judicial.  Incluso, podría obligar a las empresas de medicina prepaga y a las obras sociales a cubrir la reasignación sexual. En nuestro país –y en otros-utilizan la palabra género, pero evitan dar una definición clara. No nos olvidemos que  existen dos sexos bien diferenciados por caracteres anatómicos muy distintos.

El permiso para la rectificación de género no necesitará una autorización judicial, sino apenas una declaración jurada, en la que la persona exprese sentirse de un sexo diferente del biológico, con o sin operación quirúrgica previa en su físico. Con esa simple declaración podrá cambiar su DNI. En las próximas semanas, con el impulso de la Casa Rosada, en Diputados buscarán consenso para emitir un único dictamen sobre esa polémica iniciativa, denominada de identidad de género. Me llama la atención que la ley propuesta, le permita  al transexual, gay o lesbiana, cambiarse de nombre para que no resulte confusa su identificación sexual. Me parece discriminatoria con la libertad de cada uno, el que a una persona se le obligue a adoptar un nombre que lo identifique sexualmente. No sólo todos conocemos a varones o mujeres que se llaman: José María, Juan María, María José… o tantos otros en los que figura un nombre de varón y otro de mujer.   Sino que sabemos que los nombres propios significan lo que significan, porque en un determinado momento quien podía, decidió usarlo de una determinada manera, bautizando así a una persona, a un animal o a un lugar. Cuando oímos hablar de «Jose» con el acento en la primera sílaba, no sabemos si se trata de un varón o de una mujer, pero ni hace falta. Los nombres propios tienen referencia, pero no sentido. Sirven para referirse a aquella persona, lugar o cosa con ese nombre, pero de ordinario no nos dicen ninguna cualidad de ella. Por poner un ejemplo, el nombre propio Rosario se aplica tanto a una ciudad como a una persona. En el sexo, el nombre no hace a la cuestión. La ideología de género pretende instaurar una sociedad en la que todos sean iguales. Una sociedad sin diferencias entre los sexos en la que cada uno -independientemente de las características biológicas con las que nazca- escoja su propia identidad de género y su propia orientación sexual.  También afirma que el amor materno no es algo inscripto en la naturaleza de la mujer, sino que se trata de un sentimiento surgido en un determinado contexto cultural y que puede desaparecer o ser destruido si cambia la cultura. Nos encontramos ante una nueva revolución cultural. Por lo tanto  -según la teoría del género-  la masculinidad y la feminidad no estarían determinadas fundamentalmente por el sexo, sino por la cultura. Mientras que el término sexo hace referencia a la naturaleza e implica dos posibilidades: varón y mujer.  El término género proviene del campo de la lingüística –como estudiamos en la escuela-  donde se aprecian tres variaciones: masculino, femenino y neutro. Las diferencias entre varón y mujer no corresponderían, pues, a una naturaleza dada, sino que serían meras construcciones culturales hechas según los roles – socialmente construidos-y estereotipos que se les asignan a cada uno de ellos…  En este contexto  destaco que, en el pasado, las diferencias fueron acentuadas desmesuradamente, lo que condujo a situaciones de discriminación e injusticia para muchas mujeres: Durante largos siglos, correspondió al destino femenino ser modelada como un ser inferior, excluida de las decisiones públicas y de los estudios superiores. Pero hoy en día las mujeres rompieron los esquemas que les fueron impuestos. Pero pretenden liberarse -equivocadamente-  sobre todo del matrimonio y de la maternidad.

Esta ley muestra una identidad sexual como variable subjetiva de cada persona. Es como si cada uno pudiera re-inventarse  a sí mismo: La naturaleza no cuenta, cada uno hace lo que quiere porque la libertad se concibe como una fuerza omnipotente y auto-creadora. El deseo de cada uno se convierte en motivo suficiente para pretender alterar la realidad.   

Quienes aspiran a encontrar la felicidad total en el placer sexual cometen un grave error, pues están pidiendo a la sexualidad algo que ésta no puede darles. El sexo es algo bueno y noble, parte esencial de la vida, pero debe guardarse para el ámbito íntimo, de donde nunca debería haber salido. Hay que retirarlo de la publicidad, de internet, de las pantallas de televisión y cine. Una sana ecología ambiental, que eliminara esa sexualización del espacio público, ayudaría a desarrollar unas relaciones mucho más humanas entre hombres y mujeres.

 Es bien comprensible que el sexo tiene una importancia grande en el equilibrio vital humano. Pero cuando pensamos —sin miedo a equivocarnos— que el sexo ha enloquecido totalmente y que algo debemos hacer… por lo menos hay que empezar a hablar de lo que es de verdad el amor. Y no de una ley que no hará más que confundir. Las personas que sufren una disforia de género (1) no solucionarán nada, ni con otro nombre, ni cambiándose los genitales, ni con hormonas: Seguirán siendo hombres o mujeres como antes. Todo lo he dicho con el gran respeto que me merecen todas las personas, y como espero que me respeten a mí y a mis opiniones. Éso y lo que es el amor verdadero quedan  para otra vez.

(1) Disforia de género es un término técnico con el que se designa a las personas que tienen una contradicción entre su “sexualidad psicológica” y su “sexualidad genital”.

Distinguir las palabras y respetar las personas

Julio 16th, 2010 by Bea María Bignoli de Hellers

Distinguir las palabras y respetar las personas

Bea Hellers

Es muy conveniente, para la inteligencia y para la vida social, distinguir lo distinto. Los que defendemos el matrimonio tradicional y legal protegemos a la familia. Tenemos el mismo derecho que los demás a decirlo y a no ser insultados con comportamientos intolerantes.

Todas las personas son dignas por el hecho de ser personas, y merecen respeto, desde que nacen hasta que mueren. Nadie puede cambiar esa dignidad fundamental. Da lo mismo que una persona sea sana o enferma, hombre o mujer. Es igualmente digna. Aunque, no es lo mismo ser sano o enfermo, hombre o mujer. Las palabras sirven para distinguir, operación muy necesaria para la inteligencia. Poner nombres distintos a cosas distintas

 La cámara de Diputados de la Nación aprobó el derecho al matrimonio entre dos personas, sin discriminación por razón de sexo. Están en su derecho de votar lo que les parezca. Pero sería deseable que sean coherentes. Habría que aclarar qué significa matrimonio. Y también con qué criterio se llama a alguien homófobo. Porque no se le puede poner rápidamente al que piensa diferente a uno.

Si yo viera a  alguien intentando comer yogur metiéndoselo por la oreja -con todo respeto- le diría que quizás resulta inútil desde el punto de vista digestivo. Porque ese orificio no pertenece a ese sistema. Creo que diciéndoselo no lo estaría despreciando ni cayendo en la homofobia. Procuraría no ofenderlo, pero creo que tengo derecho a decirlo y, mucho más, a pensarlo.  El sistema reproductivo humano está tan fijado como el sistema digestivo. Es decir, hay actos que sirven para la reproducción y otros que no. Y esto no depende de las votaciones de la cámara de senadores ni de la de diputados. Espero con esto, no ofender a nadie ni hacerle perder su inocencia. Se da la  circunstancia de que cuando dos personas -varón y mujer- se unen adecuadamente, se puede producir ese  fenómeno biológico maravilloso que es la concepción de un ser humano. Pero si lo hacen de otra manera o no son varón y mujer, resulta que no se puede producir.

Se da también el hecho que la concepción es un asunto de alto interés porque es el único camino ordinario y masivo de aportar personas a la sociedad. Y se da la circunstancia de que todos los demás tipos de uniones no tienen interés reproductivo, y por tanto, apenas tienen relevancia social. Son asuntos privados de dos, en su intimidad.  Por este altísimo motivo que tiene la reproducción humana y por el valor de los hijos, la legislación universal – también la argentina- protege desde tiempo inmemorial al matrimonio, que significa literalmente el “oficio de la madre”. Y en cambio, apenas ha prestado atención a otro tipo de uniones privadas, que no tienen ese efecto. Hasta ahora. Por la presión de grupos gay, confundiendo toda la historia del derecho, se intenta decir que todo es matrimonio. Pero es evidente que se trata de fenómenos muy distintos, con un interés social muy distinto también. Y que es muy conveniente, para la inteligencia y para la vida social, distinguir lo que es distinto. Que los gays son distintos lo dicen a viva voz ellos mismos. Y que la unión gay es distinta del matrimonio protegido por la tradición de la ley es una evidencia biológica. Los que defendemos estas verdades básicas, lo único que hacemos es proteger el sentido común, el uso del lenguaje… y lo que es más importante a la familia que es de interés público. Y tenemos el mismo derecho que los demás a decirlo y a no ser insultados con comportamientos agresivos e intolerantes.

Pero hay más. Todos los que sienten una inclinación homosexual tienen el derecho de saber que esa orientación -en la generalidad de los casos- es  adquirida y no congénita. Que se puede cultivar o que se puede disminuir. Que tienen derecho a manifestar su condición,  o a no manifestarla. Y que cualquier presión en este sentido es un grave abuso. En una carta de lectores (La Nación, 10-05-10) Florencia de la V, decía:“ Los homosexuales somos individuos, y como tales merecemos ser amados, rechazados, odiados o ignorados como cualquiera, pero por aquellas conductas que nos definen como personas, no por nuestras conductas sexuales.  
En resumen: no pido que me quieran; exijo que me respeten”.
Expresa en parte –aunque no esté yo de acuerdo con todo su texto- exactamente lo que intento decir. Lo expresa y respeto, pero exijo lo mismo para mí.

Pero todas las personas –cualquiera sea su inclinación sexual- tienen  derecho a saber que el sexo se ordena por naturaleza, a la vida y al placer. A las dos cosas, no solo a una. Y que las familias de padre, madre e hijos son sumamente beneficiosas para la sociedad. Y que están muy necesitadas de que el Congreso les preste alguna atención. Resulta dudoso que sea competencia de senadores y diputados cambiar el vocabulario castellano contra su propia tradición jurídica. Lo que sí es seguro es que no pueden cambiar la realidad de la reproducción humana, como no pueden cambiar la de la alimentación. Con una votación de las dos cámaras no se conseguirá nunca que el acto de meter yogur por la oreja sea un acto de alimentación y tenga ese significado biológico y social. Pero pueden declararlo -si quieren- y aumentar la confusión. Si de paso durante estos días que los senadores están reunidos para votar a favor o en contra- tienen tiempo para ocuparse alguna vez de los derechos de las familias, mejor. hellersbignoli@arnet.com.ar.

A propósito de los 80 años de las mujeres en el Opus Dei

Marzo 8th, 2010 by Bea María Bignoli de Hellers
bea hellers

bea hellers

San Josemaría había dicho poco tiempo antes, que ni en broma quería mujeres en el Opus Dei. Sin embargo, Dios le hizo ver claramente el 14 de febrero de 1930, que Él si las quería. Lo consultó con su confesor, que le respondió: “Esto es tan de Dios como lo otro”

Con motivo de este aniversario, los invito a que lean la entrevista que le hice a una de las primeras Numerarias de la Argentina.

En Buenos Aires, existe un barrio, Belgrano “R” bordado de casa lindas, con jardines llenos de árboles, pájaros y flores. En uno de esos jardines se encuentra el taller de Imaginería de Alba. Se llama “El quincho”. Y se haya en concreto detrás del Centro de Estudios de La Residencia “Sur”

Allí me encontré con ella una fría mañana de mayo del año pasado. Nadie diría la edad que tiene, enfundada en su delantal a cuadros y trabajando con barro sus futuras imágenes.

Alba es una de las primeras Numerarias de Argentina. Nació en Rosario. Dónde se crió entre las esculturas de su padre. No sabe si por los genes o porqué recién el 1980 se le despertó su vocación artística a los 55 años, cuando preguntó a una escultora como se hacía para “moldear un angelito”. Se ríe, mientras me cuenta que al fin no utilizó aquella técnica nunca… pero fue el puntapié inicial para comenzar como imaginera.

Había visto su vocación de Numeraria en Rosario –primera ciudad dónde se empezó la labor en Argentina- hace mucos años. Y se vino para Buenos Aires mucho después.

Humildemente repite varias veces: “Yo no soy escultora, soy imaginera, trabajo con el barro, mi padre sí que era escultor”.

El año pasado, ante la pronta necesidad de un nuevo Oratorio en el nuevo centro para actividades para chicas “Larbel”, le preguntaron si podía hacer Nacimientos, venderlos y llegar a una suma determinada. No solo lo logró, sino que –como es su costumbre- al mismo tiempo realizó un apostolado tremendo porque las supernumerarias y cooperadoras que trabajaron con ella, llevaron-a su vez- a muchas señoras, que se encontraron con el clima de laboriosidad, primor, empeño y desinterés que se vive en “El Quincho”.

Ella no se ajusta al estereotipo de quienes tienen su edad. Es activa, movediza, inquieta. No le alcanza el tiempo. Está ocupada permanentemente, y por supuesto que no me refiero solo al “Taller”. Tiene pasión por la vida, que sumado al cuidado de su alma, al apostolado y a la santificación de sus trabajos dejan al descubierto a una jovencita.
Es un ejemplo de “súper-mujer” mayor, que seguramente será la puerta de entrada para que otras prolonguemos la juventud y vitalidad más allá de lo esperado.

Hay una sola respuesta: Está enamorada de Dios. Y el amor siempre nos mantiene jóvenes.

Bea Hellers

Me hice del Opus Dei lentamente y sin que nadie me obligara a nada

Febrero 12th, 2010 by Bea María Bignoli de Hellers

No fue necesario hacerle un reportaje, Bibiana me llamó por teléfono hace unos días, porque leía mi blog en opusdeialdia.org y quería hablar de su experiencia para ayudar tal vez a otros. Nos sentamos en mi casa y me relató lo siguiente: “Primero quiero que sepas de mi conversión, porque sin ella nada tendría sentido. En 1999 era una chica de 20 años, presbiteriana, mis padres lo eran también. Pero lo cierto es que yo no creía ni practicaba. Pensaba que algo existía sin saber hasta que punto podía haber un Dios tan maravilloso.
Durante  ese año comenzó a gustarme un chico católico y del Opus Dei –yo no sabía muy bien de que se trataba ni si lo era realmente-  que congenió conmigo bastante. Me invitó a ir con él un sábado a visitar y trabajar con familias de asentamientos muy pobres en las afueras de Buenos Aires. Me pareció fabulosa la tarea que hacían. Y en una de nuestras conversaciones salió que yo no  era católica ni tenía fe. Ni siquiera creía en la Virgen, a Quién ellos dedicaban esas tareas de los sábados.
Este chico me propuso asistir a clases de Catecismo –que dictaban en un club de chicas de la Obra… aunque sea para conocer la fe católica. Y accedí, aunque sólo fuera por cultura. Poco a poco, fui conociendo las verdades de fe, aprendí a rezar el Rosario…. Rezaba pidiéndole que Dios me diera la fe –la que tenía mi amigo- y me fui formando. Un día entré en el oratorio del club y otra chica me explicó que Dios estaba en el Sagrario. Lo primero que hizo fue enseñarme a hacer la genuflexión, entonces, me dijo que, además del gesto, había que acompañarla de algo más y me sugirió que podía decir: “Señor, creo firmemente que estás aquí”. Y así lo hice, creyendo -¡ni yo me lo podía creer!- que Dios estaba en el Sagrario. Dios me dio la fe que le pedía porque empecé a creer aquello que le decía, a hacer oración.
El siguiente paso, era decirle a mis padres que quería bautizarme. Se lo dije y me contestaron que no, que “nosotros éramos presbiterianos y yo ya estaba bautizada en esa iglesia”, Mientras tanto ese chico que me invitó aquel sábado, ya no era solo alguien con quién congeniaba, éramos excelentes amigos y pronto fuimos novios. Cuando cumplí 21 años, le pedí a mi padre como regalo de cumpleaños mi Conversión de fe, porque era cierto que ya estaba bautizada, y me volvió a decir que no. Como ya era mayor de edad, decidí “tomar las riendas” por mi sola. Ese año hice mi Conversión delante del párroco de mi novio, me confesé, recibí la Primera Comunión y me confirmé, todo junto. Mi familia no asistió a la ceremonia, pero estuve muy arropada por Rafael
-mi novio- y todas las chicas del club.

Cuando comenzamos a hablar de casarnos, me presentaron a una madre joven, simpática y con muchos hijos. Me dio clases para prepararme como futura esposa. Fue una experiencia alucinante: Yo iba todos los viernes a su casa y ella me daba charlas de arreglo de la casa, de la diferencia y complemento del hombre y la mujer, del Sacramento del Matrimonio. Un día, le pregunte-después de dos meses- si ella era del Opus Dei… Y sí, era supernumeraria. Me había llamado la atención que a pesar de que todos sus hijos llegaban del cole, cuando nos atrasábamos un poco, ella les daba un gran beso a cada uno, les preguntaba como les había ido y les decía tranquilamente: “El té está en la mesa, en cinco minutos estoy con uds. “ Terminábamos en ese tiempo y nos despedíamos hasta el viernes siguiente. Aunque varias veces me quedé  con ella y sus hijos. ¡Y fue fantástico! Viéndola a trabajar, me enseñó que el gran secreto era ofrecer a Dios su labor diaria… y poco a poco mi propio trabajo me fue gustando cada día más y lo ofrecía al igual que ella.. Dios me fue mostrando mi vocación así: Sin que nadie me obligara a acortar los tiempos, lentamente. Y le dije a mi amiga-profesora que deseaba ser del Opus Dei. No me dijeron que sí enseguida, pero cuando nos casamos en diciembre del 2000, yo ya era de la Obra. Una vez le pregunté porque no me había dicho que era supernumeraria. Y me contestó: “Me pareció que Dios buscaba el que te dieras cuenta sola y que vieras tu vocación”. Hoy no me cambió por nadie, me apasiona mi trabajo, mi casa, ocuparme de mi marido y mis cuatro hijos y, por supuesto, mi vocación. La relación con mis padres mejoró. Además los dos son cooperadores-no católicos del Opus Dei.. Rezo por ellos, para que encuentren la verdadera fe… como yo encontré la mía y mi vocación, sin presiones, lentamente y sin que nadie me obligara, ni mi novio, ni las chicas del club ni esa amorosa que me enseño tanto de la vida en familia, de cómo ser una buena esposa y madre y del sacramento del Matrimonio. “.

Encontré a Dios en mi propio colectivo

Febrero 12th, 2010 by Bea María Bignoli de Hellers

Testimonio de Pedro, chofer del colectivo de la línea 60, en Buenos Aires desde hace más de diez años y padre de seis hijos.

“Hace ocho o nueve años, noté que a la misma hora subía a mi colectivo, un cura con sotana, es decir: vestido de sacerdote. Lo observé durante varios viajes, vi que rezaba el Rosario… pero por sobretodo me llamó la atención que cada vez que pasábamos por delante de dos iglesias que están en mi recorrido se santiguaba y movía sus labios. Como siempre le tocaba viajar conmigo, no mucho después de conocerlo y como estaba parado al lado de mi asiento, le pregunté:

-Perdóneme padre, pero me gustaría saber que dice por lo bajo cuando se santigua y pasamos por delante de una iglesia”.

Me contestó:-”Solamente le digo al Señor que está dentro del Sagrario, que lo quiero mucho, que lo acompaño, que no basta solo con hacer la señal de la Cruz, también  de alguna forma quiero decirle que lo quiero”

-“¿Y qué podría hacer yo para decirle lo mismo… sin soltar las manos del volante para no armar tremendo desastre chocando contra otro?”

-Y eso se lo puede preguntar UD a Él. ¿No le parece?

Lo cierto es que lo pensé y se lo pregunté al mismo Dios muchas veces, cuando rezaba antes de dormir con mis hijos, que era lo único que hacía por Él por aquellos años. Cuando encontré al sacerdote a la semana, le dije muy contento:

-“Padre: ¿No es una falta de respeto si cada vez que pase por una iglesia le toque a Dios tres bocinazos bien fuertes, para decirle que lo quiero?

.”¡No! Y bien contento estará Él de que le expreses tu cariño”. Cada uno debe encontrar a Dios en su trabajo, y quererlo así.”

De allí en más nos hicimos amigos. Y no solo el cura y yo, Dios y yo. Lo invité a comer a mi casita, ¡al cura! Porque a Dios ya lo tenía viviendo dentro entre nosotros. Me habló del Opus Dei, de la santificación en el trabajo de cada día, de que para querelo a Dios había que conocerlo… Y tantas cosas más. Ahora vamos todos juntos en familia los domingos, y cuando yo puedo algún día de semana. Pero lo que más agradezco al Opus Dei-después de los bocinazos, que sigo haciéndolos- es tener dirección espiritual y formación. Quiero decir, poder ir a un sacerdote o a un laico, como uno, que me ayuda en las cosas de la vida. Es algo fantástico tener una persona, en quien confiar, que desde fuera te pueda dar consejos y decirte cosas que te ayudan a pensar. Para mí ha sido muy útil como esposo y padre… Y colectivero. ¡Porque fue un cura el que me enseñó a saber que en mi colectivo encontré a Dios!

Conocí el Opus Dei desde dentro

Febrero 12th, 2010 by Bea María Bignoli de Hellers

Desde dentro

Bea Hellers

El otro día, yendo por el centro de Buenos Aires, a un  ritmo bastante acelerado… Me choco de frente con Pablo. ¡Qué alegría! Él es hijo de un matrimonio amigo de supernumerarios, ex-alumno de un colegio –labor personal de padres de familia- con dirección espiritual de sacerdotes del Opus Dei.  Muy cariñoso, simpático. Pero, como suele ocurrir cuando se dan las anteriores premisas… con prejuicios en contra de la Obra… por lo menos hasta que lo vi la última vez hace casi cuatro años.

Entrevista completa

Cooperadora desde hace 20 años: como pez en el agua

Febrero 12th, 2010 by Bea María Bignoli de Hellers

Lía es muy guapa. Abuela joven, rubia, alta y muy bien vestida. Abogada. Cuando le propuse entrevistarla, se sorprendió. Desde hace veinte años es Cooperadora del Opus Dei.

-Lía, ¿Cómo y porqué conociste la Obra?

-Mirá, hace veinte años, uno de mis hijos estaba por recibir la 1ºComunión, y asistiendo a las charlas para padres en la parroquia, una amiga –que también era madre- me invitó a unas charlas en lo de otra amiga. Mi amiga era y es Cooperadora. No tengo muy claro si fui por curiosidad o porque realmente me interesaba formarme. Pero fui, y aquí estoy.

Entrevista completa

Entrevista a una de las primeras supernumerarias de Argentina

Febrero 12th, 2010 by Bea María Bignoli de Hellers

Hace cuarenta años me tiré a la pileta de natación sin saber si había agua

Me reuní con Marita, un día que llovía tremendamente en Buenos Aires. Hace mucho tiempo que habíamos hablado de poner por escrito como fueron las vocaciones de muchas al Opus Dei. Cuando le comenté de mi blog en opusdeialdia.org, y de mis ganas de contar su historia… se entusiasmó mucho. Llegamos nadando, más que caminando, a una confitería, y el frío que yo sentía-por estar empapada- se transformó en calor al escuchar sus respuestas.

Bea Hellers

Sobre mi Abuela y la confesión

Febrero 12th, 2010 by Bea María Bignoli de Hellers

Como todo el mundo tengo dos Abuelas, una italiana y otra alemana. Algo muy común en Argentina dónde las nacionalidades se amalgaman.

Hoy les quiero contar sobre mi Abuela alemana. Nació en un hogar luterano practicante, con sus consabidas costumbres y creencias. Cuando se casó con su marido-mi abuelo- lo hizo por la iglesia luterana, pero él le pidió que los hijos que tendrían serían bautizados católicos. Y así fue.

Mi marido en el cielo

Febrero 12th, 2010 by Bea María Bignoli de Hellers

Les quería contar algo sobre Enrique. Lo tengo a mi lado las 24 hrs. del día… y sin embargo lo extraño casa segundo.

Siempre nos tuvimos un amor tan grande, tan íntimo, tan especial, porque era solo nuestro. Ahora lo comparto más plenamente con Dios, y me crea una sensación desgarrante, extraña. Me hace doler el cuerpo y el corazón el no vivir juntos, en el mismo lugar. Mi alma está en paz, porque él vive en el lugar dónde luchó toda su vida por llegar, y mucho más intensamente los últimos once meses de su enfermedad.