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Archivo para Julio, 2009


El futuro en sus manos

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Crisis de valores. Es lo que argumentan algunas voces en los medios para justificar los desagradables sucesos que estamos viviendo: la desaparición de Marta del Castillo, y las diversas violaciones a menores por parte de adolescentes o crímenes pasionales.

Cierto es que la ausencia de valores, que no los proporciona ni el prototipo de juventud que promociona la televisión; ni el fomento de la promiscuidad; ni el fácil acceso al alcohol y las drogas; crea un caldo de cultivo ideal para que pequeños delincuentes campen a sus anchas sin ningún tipo de límite.

Por eso, cuando una tiene conocimiento de que aún quedan padres que no están dispuestos a claudicar en la formación de sus hijos, experimenta el alivio de que no todo está perdido. Existen medios y soluciones, aunque requieran el esfuerzo tanto de los padres como por parte de los hijos.

Tal es el caso del Proyecto Genia, que desde hace un par de años se pone en práctica en varias asociaciones culturales juveniles. Es un completísimo programa, del que se benefician adolescentes de 9 a 15 años. Los padres, junto con monitoras especializadas, invierten en la formación y educación de sus hijos en aquellos aspectos que parecen estar en desuso, pero que la experiencia está demostrando que son absolutamente necesarios.

Este proyecto puede ser adquirido por asociaciones y colegios, de modo que puedan beneficiarse de él chicos y chicas de cualquier parte del país.

Se intenta fomentar la dignidad de la mujer, eliminando cualquier elemento sexista. Los chicos aprenden nociones de protocolo, de urbanidad, cocina, decoración, técnicas de estudio que mejoren su rendimiento académico, moda, espíritu de servicio … todo esto bajo la suervisión paterna.

Ni que decir tiene que los padres están encantados, ya que ellos se están implicando más en la educación de sus hijos; y esto se manifiesta en la evolución positiva de los chicos. Lo que contibuye a la armonía familiar.

Triste es que los medios no se hagan eco de estos proyectos tan positivos para la sociedad y sólo se difundan noticias desagradables.

Muchos jóvenes dedican estos días estivales para colaborar con distintas ONGS en la India, en Sudamérica, África o en países europeos del Este que necesitan tiempo y ayuda para reconstruirse tras las guerras padecidas en los últimos años del s. XX.

Así es una mujer brillante

faceEllas sonríen cuando quieren gritar,
Cantan cuando quieren llorar,
Lloran cuando están felices y ríen cuando están nerviosas.
Luchan por lo que quieren.
No toman un “no” por respuesta cuando creen que hay una mejor solución.
Andan sin zapatos nuevos para que sus hijos los puedan tener.
Van al medico con una amiga asustada.
Aman incondicionalmente.
Son felices cuando se enteran de un nacimiento o un nuevo matrimonio.
Sufren con la pérdida de un miembro de la familia, aunque son fuertes cuando creen haber perdido la fuerza.
Saben que un beso y un abrazo pueden curar un corazón herido.
Ellas conducen, vuelan, caminan, corren o escriben por correo electrónico para demostrarte cuanto les importas.
El corazón de una mujer es lo que hace al mundo girar.
Las mujeres hacen más que dar a luz. Traen alegría y esperanza. Ellas dan compasión e ideales.
Dan apoyo moral a sus familiares y amigos.
Las mujeres tienen mucho que decir y mucho que dar.

Assumpta Marti Carbonell

Memoria ingenua

balcellsExiste muy buena bibliografía sobre el Opus Dei, así como testimonios de los primeros miembros de la Obra.

La editorial Rialp ha ido editando algunos de esos libros, que no dejan de ser históricos. Me refeiero, a que ya no es sólo la historia del Opus Dei, sino el contexto socio cultural en que se desarrollan los hechos en cada país.

Estos libros despiertan mi interés especialmente, ya que sus distintos autores cuentan de primera mano como se fue desarrollando el Opus Dei en sus primeros años. Son personas, algunas ya fallecidas, que vivieron con san Josemaría unos comienzos difíciles. Los que hemos venido a la Obra cuando esta ya estaba constituidda como Prelatura Personal, nos hemos encontrado uncamino trillado gracias a la entrega y fidelidad “de los mayores” a su vocación y a las enseñanzas de San Josemaría. Así que su lectura es para mí interesante.

El último de esos libros que he leído es Memoria Ingenua y su autor Alfonso Balcells Gorina, médico catalán que vivió los comienzos de la Obra en Barcelona, aún sin serlo él.

Con un estilo descomplicado nos habla de la burguesía barcelonesa antes, durante y tras la guerra civil española. Ballcels conoció a Escrivá en Teruel, durante la guerra civil, pero no fue hasta los años 40, tras haber terminado su carrera de medicina cuando pidió la admisión en el Opus Dei.

No obstante, habiendo creado una amistad con universitarios como Juan Bautista Torelló o Rafael Termes, entre otros; colaboró con la puesta en marcha de los primeros centros del Opus Dei en Barcelona.

Quien haya leído alguna biografía de san Josemaría, sabrá que él se refería a “la contradición de los buenos” a los sufrimientos que les causó a él mismo y a aquellos chicos universitarios las duras críticas e injurias dirigidas hacia ellos por parte de algunos clérigos. No entendían que señores que vestían traje de chaqueta y corbata pretendiesen ser santos.

La lectura del libro de Balcells ayuda a entender por qué tuvieron lugar estos acontecimientos, pues explica muy bien el ambiente de asociacionismo clerical existente en la Barcelona de los años 30.

Alfonso Balcells, con gran caridad excusa a aquellas personas, que seguramente obraron con rectitud de intención, aunque estuviesen equivocados. Esta situación que tanto hizo sufrir a quellos chicos y a sus familias, seguramente sirvió para afianzar la fidelidad a su vocación.

Recomiendo su lectura a todos los que queráis saber más sobre el tema.

Docilidad

dLa docilidad es el valor que nos hace tener la suficiente humildad y capacidad para considerar y la experiencia y conocimientos que los demás tienen.

La docilidad nos ayuda a ser más sencillos, pues nos dispone a escuchar con calma y atención, a considerar con mayor detenimiento las sugerencias que nos hacen y a tomar decisiones más serenas y prudentes en base a la información recibida.

Pocas veces en nuestra vida pensamos en la necesidad que tenemos de los demás, generalmente intentamos solucionar, decidir y ejecutar todo según nuestro criterio; y efectivamente, tendremos bastantes aciertos, pero también muchos fracasos y errores por considerar como inútiles los consejos que recibimos de quienes nos rodean.

Podemos suponer que la docilidad nos convierte en personas inútiles, dependientes, influenciables, faltos de carácter y de decisión, pero cualquier persona que desea aprender y desempeñarse satisfactoriamente en alguna disciplina (deporte, oratoria, pintura, mecánica, etc.), o mejorar en su vida personal, se pone voluntariamente bajo la tutela de alguien que conoce y domina el área en cuestión, con el fin de progresar rápidamente y por un camino seguro.

Pedir ayuda y dejarse guiar sería muy sencillo si evitáramos considerarnos superiores, la calidad de la opinión la medimos con unos criterios muy subjetivos: edad, posición profesional o social, grado de amistad y de mutua simpatía… y en resumidas cuentas nadie cumple con nuestras expectativas porque deseamos un guía que sea condescendiente con nuestro modo de ser y caprichos, con una exigencia “moderada” y un carácter a nuestro gusto.

Por si fuera poco vivimos con la certeza de ser el blanco de la mala voluntad de nuestros semejantes: nuestra falta de carácter nos hace ver críticas, molestias y envidias detrás de las recomendaciones que se hacen respecto a nuestro trabajo, conducta y personalidad. La docilidad nos permite advertir en cada situación una oportunidad de mejora personal o de beneficio para los demás.

Lo importante es reconocer que existen personas con experiencia y habilidades personales para aconsejarnos. Quien se interesa por nosotros nos hará ver defectos y errores; pedirá una reacción que afecte a nuestra comodidad y pereza; sanamente criticará nuestro modo de ser, carácter y conducta, pero todo persigue un fin: lograr nuestra mejora personal en todos sentidos. Ahora descubrimos a los padres, profesores, jefes y amigos que nos han dicho cosas que nos eran incómodas, pero tenían razón en exigirnos, en pedir un cambio en nuestro proceder. Si hubiéramos hecho caso esa vez…

Es curioso pensar que las personas menos dóciles, son aquellas que solicitan una mayor respuesta y disposición a las exigencias que proponen. La docilidad exige ejemplo, intercambio y disposición personal para lograr un beneficio mutuo.

Al poner nuestro criterio por encima de todo, mostramos resistencia y poca apertura a todo lo que significa cambio: el profesor que se empeña en corregir nuestro comportamiento o el nuevo sistema de trabajo que debemos implementar y seguir. En algunos temas nos consideramos especialistas y rechazamos ideas y opiniones por auténtica necedad: el pariente que opina sobre como educar a los hijos; el amigo que nos aconseja dedicar más tiempo a la familia: la vecina que habla sobre la manera de administrar y organizar las labores del hogar.

Es necesario estar alerta para descubrir a cada instante las oportunidades que la vida nos da para ser mejores, los buenos consejos y sugerencias pueden venir de cualquier persona en los momentos y lugares menos esperados.

Para ser más dóciles podemos considerar los siguientes puntos:

- Considera que las personas que más te exigen, te estiman o cumplen con su obligación (casa, escuela, trabajo).

- Aprende a considerar todo lo que te sugieren aunque no necesariamente te guste. No olvides concretar tu buena disposición con acciones.

- Primero obedece y sigue indicaciones, después haz las observaciones pertinentes.

- Haz el propósito de mejorar en un punto de los que más te insisten en casa, la oficina, la escuela o con los amigos, siguiendo los consejos recibidos; siempre y cuando sea algo bueno.

- Evita criticar a las personas que insisten en orientarte y procura descubrir su buena intención y el benéfico que obtendrás.

Al ser dóciles obtenemos muchos benéficos personales, pues hace de nuestra obediencia una colaboración gustosa para alcanzar objetivos personales o de conjunto; incrementa nuestra capacidad de adaptación a las nuevas exigencias y circunstancias que con relativa frecuencia se presentan; nos da la madurez para evitar empeñarnos en ser nuestros propios guías y jueces; se incrementa nuestro respeto y consideración por todas las personas.

Lo más importante es saber que la persona dócil es feliz poniéndose en manos de los demás, generando confianza por la seguridad que tiene de aprender a mejorar todo lo que a su persona concierne.

La ternura de una madre

mano-sobreUn joven, después de sufrir un grave accidente de circulación, fue llevado a un hospital. Poco tiempo después avisaron a su madre de que su hijo estaba muy grave. La mujer se personó en el hospital y pidió ver a su hijo. Los médicos le dijeron que su hijo luchaba entre la vida y la muerte, que la menor excitación podía resultarle letal… además que no la reconocería porque estaba inconsciente.
La madre prometió que no le hablaría ni haría el menor ruido, pero suplicó que le permitieran entrar en la UVI, y estar un tiempo con él. Accedieron a su petición, pero le encarecieron que no pronunciara ni una sola palabra. La madre, con el corazón destrozado, obedeció.

Los ojos de su hijo estaban cerrados. Ella le puso suavemente la mano en su frente y le acarició la mejilla, tal como ella solía hacerlo cuando el joven moribundo era niño.
No transcurrió mucho tiempo cuando el joven, sin abrir los ojos, susurró:
- «Madre, has venido…»

Así despertó. El contacto, la caricia, la ternura, el afecto venidos de la mano de la madre le devolvió a su infancia, recordándole su protección y seguri­dad. Supo que su madre estaba allí, junto a él. Era el poder de la ternura.

- El ojo de la ternura que nunca duerme… es la madre.
- El oído que jamás se cierra… es la madre.
- La mano que ayuda, acuna y acaricia… es la madre.
- Hay un amor, una ternura que nunca falla… es la madre.
- Balzac escribía: «Las flores siempre hacen bien y nunca mal».

- Pablo VI decía: «Toda la historia de la salvación y todo el evangelio es amor, es la ternura de Dios que salva».

Por J. M. Alimbau

Vístete a la moda e ilumínala con tus valores

modLa moda es un fenómeno universal- en el tiempo y en el espacio porque es humano, “naturalmente” humano, y profundamente humano, escribe Rafael Alvira, catedrático de Filosofía de la Universidad de Navarra. Por esto mismo más que al hombre la moda apasiona a la mujer. El hombre y la mujer desde los tiempos más remotos y a partir de los primeros relatos de la Biblia en Adán y Eva se dan cuenta que no tienen, es decir que no están vestidos. Inmediatamente buscan cubrirse con hojas y después seguramente con pieles de animales. Se puede decir que los primeros padres de la humanidad iniciaron así el concepto del vestido.En esta época de la modernidad vestirse es importante tanto como lo ha sido en siglos pasados, épocas en el período de Luis XV y María Antonieta serán recordadas siempre por la exhuberancia y lujo en los vestidos y cabellos no sólo de mujeres sino también de hombres. Y es que con el vestido expresamos nuestra personalidad, valores y espíritu. Además con el vestido anunciamos nuestra pertenencia a una u otra clase social. La vestimenta definitivamente refleja el pensamiento de una persona y por ello mismo el acto de vestirse o de adoptar un estilo personal propio no es algo de deba tomarse tan a la ligera.

Ser y vestirse

El vestido tanto para el hombre como para la mujer tiene una función expresiva muy particular. En el caso de la mujer cada una busca expresar sus gustos, finura o ausencia de espíritu, valores o no que rigen la vida. Cuando la mujer se viste y acicala su imagen, el motivo que debería moverla no debería ser exhibir un cuerpo lindo y bien conservado por las dietas o los ejercicios, sino más bien el inspirar a través de su buen gusto y decoro a otras más jóvenes a ir tras la búsqueda de la verdad, manifestada en su arreglo personal. Sólo las mujeres podemos hacer esto y enseñarlo a otras.

A manera de ejemplo se puede mencionar que los animales no se visten porque no son capaces, en sentido radical, de tener. Además de esto, ellos no tienen nada que expresar pues no esconden nada, ni tienen que pasar esta o aquella prueba en sociedad. En realidad la exterioridad en el sentido propio de la palabra sólo la puede tener aquel que posee una interioridad. Y es el ser humano constituido por una unidad substancial de cuerpo y espíritu el único que puede vivir una interioridad desde su sexualidad masculina o femenina.

Es precisamente y aunque suene repetitivo como de acuerdo a esa finura de ser interior el hombre o la mujer se visten, son creativos con su arreglo personal y su forma de presentarse exteriormente al mundo. Si en ese interior hay valores vivos el resultado será una presencia que encanta, llena de buen gusto y elegancia. Si por el contrario se va por el mundo comprando todo lo que esta de moda sin considerar el mundo interior, el resultado exterior anunciará frivolidad y vacío.

Por eso se podría aseverar la frase “vístete y muéstrame tu dentro”. Ya que el vestido, la ropa, sirve para que cada uno exteriorice del modo en que a mi me parezca, lo que soy por dentro. Con lo que me ponga como mujer busco ser vista, llamar la atención de una forma provocativa o por el contrario inspirar respeto. Con el vestido puedo dejar las piernas al descubierto con una minifalda o cubrirlas para cuidar el interior. Como mujer si tengo un cuerpo lindo, no importando la edad que tenga, puedo decidir hasta donde voy a mostrar y exhibirlo. Pero para poder ver claramente esto debo estar en íntima conexión con los valores que me he decidido a vivir.

Por Sheyla Morataya

Pero sé quién es ella

lo seUn hombre de cierta edad vino a la clínica donde trabajo, para curarse una herida en la mano. Tenía bastante prisa y mientras lo atendía le pregunté sobre el motivo de su urgencia.

Me aclaró que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí.

Llevaba algún tiempo en ese lugar y sufría Alzheimer. Mientras terminaba de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.

- No, me dijo, ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.

- Entonces, le pregunté extrañado, ¿y si ya no sabe quién es usted, por qué esa necesidad de ir todas las mañanas y de llegar tan puntual?

Me sonrió, y dándome una palmadita en la mano, me dijo: «Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella».

Tuve que contener las lágrimas, y mientras salía pensé: «Ésa es la clase de amor que quiero para mi vida; el verdadero amor no se reduce a lo físico o romántico, el verdadero amor, es la aceptación de todo lo que el otro verdaderamente es, de lo que ha sido, de lo que será, y de lo que ya nunca podrá ser».

Elegancia y sentido crítico

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La elegancia no se puede explicar. Como la belleza, sólo se puede mostrar. No es codificable. No se puede elaborar un prontuario al cual acudir en caso de duda; la persona elegante encuentra en sí misma el modo de comportarse y de vestirse.

Es, sin embargo, un pequeño código personal que se alimenta de la experiencia, el recuerdo, la tradición personal; se nutre desde la percepción interior de lo bello, de la costumbre personal del gusto por lo bello. Un pequeño código que, cada día y con medida, se va renovando; no es elegante el que viste siempre de la misma manera, repite siempre los mismos gestos, se comporta siempre del mismo modo, sino quién, en nuevas circunstancias, sabe encontrar el nuevo modo de comportarse, se renueva. La elegancia se mueve, por tanto, entre el ritmo tradicional y las tensiones de lo nuevo.

La elegancia tiene como presupuesto que el traje responda a la edad, a la personalidad, conformación física de quién lo lleva y, además, se encuentre en armonía con el lugar y la circunstancia en los que se lleva. Se desvela, además, por los detalles, es la suma de pocos y pequeños elementos: una joya, un cinturón, los zapatos o el bolso, el peinado, etcétera.

Ir “a la moda” no es siempre ser elegante. A menudo la moda es un factor de… falta de elegancia si no es filtrada por los criterios estéticos personales: un depósito de moda que consiste en la propia esencia, la forma de presentarse, actuar, moverse y vestirse que han originado en cada uno su estilo personal.

Si aquello que está de moda es por sí mismo elegante, incluso quién no tiene ese estilo corre pocos peligros al llevarlo… pero si la moda de por sí no lo es, es muy fácil caer en la vulgaridad.

La virtud de la paciencia

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Sin duda una virtud indispensable en nuestro caminar, es la paciencia. Y la necesitamos cada día, cada hora, siempre.Juan XXIII, el Papa Bueno, tenía por escrito este propósito: “Con el prójimo, mansedumbre, longanimidad, paciencia, paciencia, paciencia sin fin”.

Sí, la virtud de la paciencia hay que ejercitarla y para ello sobran oportunidades. En el hogar, en los viajes, en el trabajo, en el estudio, en el deporte, con el cónyuge, con los hijos, con los abuelos, con los vecinos, detrás y ante el mostrador… y con nosotros mismos.

Las sorpresas que nos presentan la vida, esas dificultades y contratiempos inesperados, nos obligan a practicar la paciencia. Esas molestias que debemos soportar son como la materia prima para construir nuestra santificación. Y esa es nuestra vocación. Y donde pasan los pacientes, los santos, se va quedando Dios.

Quien sabe soportar y aceptar con alegría los defectos que aparecen en el prójimo, se va convirtiendo en héroe. San Pablo, escribiendo a los de Éfeso les recomienda: “Sean humildes, amables, pacientes y sopórtense unos a otros con amor” (Efesios 4, 2)

Si rechazamos a personas molestas y “pesadas”, o escapamos diplomáticamente de una responsabilidad, desperdiciamos la ocasión que nos ofrece Dios de practicar la virtud de la paciencia.

La virtud de la paciencia nos ubica en un camino de autodisciplina que nos ejercita para saber callar, evitar roces, a no ventilar sufrimientos o aventuras ajenas, ni dolores propios… porque las lamentaciones nublan el día, entristecen el corazón y descontrolan la paz.

Dicen que no hay rosas sin espinas… Que en el jardín de nuestra vida florezcan la rosas de las buenas obras, pero que sus espinas no hieran a nadie. Aquí viene bien recordar el pensamiento poético de Teresa de Jesús:

“Nada te turbe,

nada te espante.

Todo se pasa.

Dios no se muda.

La paciencia todo lo alcanza.

Quien a Dios tiene nada le falta.

Sólo Dios basta”.

La práctica de la virtud de la paciencia nos da equilibrio y vigoriza nuestra personalidad.

El aguante de Dios

Se trata de la última entrada del blog Siete en familia

Recomiendo su lectura, porque es muy edificante.