Aprendiendo a vivir

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Hagamos tres tiendas

Archivado en: General — Kristin a las 4:24 pm en Jueves, Agosto 6, 2009

Transfiguracion

La Iglesia Católica celebra hoy la Transfiguración del Señor. Leemos en la biblia que Jesús se llevó a un monte alto a Pedro, Santiago y Juan y allí se tranfiguró ante  ellos.

 

Intento ponerme en la piel de esos tres discípulos y entiendo su temor y desconcierto, a la vez que una sensación de bienestar que les lleva a pedir a Jésús levantar tres tiendas para quedarse allí. Supongo que para ellos fue un anticipo del Cielo.

 

Cuantas veces Dios se manifiesta en nuestra vidas a través de acontecimientos, personas o las cosas más sencillas y no somos capaces de verlo.

Señor, enséñanos a verte siempre.

Que no permanezcamos impasibles ante tu Amor.

San Juan María Vianney

Archivado en: General,Juan Pablo II,san Juan María Vianney — Kristin a las 12:24 am en Jueves, Agosto 6, 2009

juan-maria-vianneyJuan Pablo II, en “Don y Misterio”

«En el camino de regreso de Bélgica a Roma, tuve la suerte de detenerme en Ars. Era al final del mes de octubre de 1947, el domingo de Cristo Rey. Con gran emoción visité la vieja iglesita donde San Juan María Vianney confesaba, enseñaba el catecismo y predicaba
sus homilías.

Fue para mí una experiencia inolvidable. Desde los años del seminario había quedado impresionado por la figura del Cura de Ars, sobre todo por la lectura de su biografía escrita por Mons. Trochu. San Juan María Vianney sorprende en especial porque en él se manifiesta el poder de la gracia que actúa en la pobreza de los medios humanos. Me impresionaba profundamente, en particular, su heroico servicio en el confesionario.

Este humilde sacerdote que confesaba más de diez horas al día, comiendo poco y dedicando al descanso apenas unas horas, había logrado, en un difícil período histórico, provocar una especie de revolución espiritual en Francia y fuera de ella. Millares de personas pasaban por Ars y se arrodillaban en su confesionario. En medio del laicismo y del anticlericalismo del siglo XIX, su testimonio constituye un acontecimiento verdaderamente revolucionario.

Del encuentro con su figura llegué a la convicción de que el sacerdote realiza una parte esencial de su misión en el confesionario, por medio de aquel voluntario “hacerse prisionero del confesionario”. Muchas veces, confesando en Niegowic, en mi primera parroquia, y después en Cracovia, volvía con el pensamiento a esta experiencia inolvidable.

He procurado mantener siempre el vínculo con el confesionario tanto durante los trabajos científicos en Cracovia, confesando sobre todo en la Basílica de la Asunción de la Santísima Virgen María, como ahora en Roma, aunque sea de modo casi simbólico, volviendo cada año al confesionario el Viernes Santo en la Basílica de San Pedro»

Amabilidad

Archivado en: Virtudes humanas — Kristin a las 12:00 am en Domingo, Agosto 2, 2009  Etiquetado ,

amabilidadEl padre José Luis Martín Descalzo narraba una anécdota que le sucedió a un compañero de trabajo. Este amigo suyo volvía de la oficina a su casa. Al llegar a la estación compró, como siempre, un billete de metro, pero al pagar se llevó una sorpresa. La chica que le atendía, con una sonrisa tímida, le respondió:

«Hoy no tiene usted que pagar».

El hombre se quedó de una pieza. Preguntó el porqué.

«Porque ayer se fue sin coger la vuelta”

¿Acaso recordaba su rostro? ¿Conocía quién era? Nada de eso. La chica ni siquiera había estado el día anterior; pero una compañera le había dicho por la mañana: «Cuando venga el señor que siempre nos da las buenas tardes, dile que hoy no tiene que pagar». Con esta referencia, la muchacha en turno supo puntualmente de quién se trataba.

Una hermosa experiencia que hace brillar la nobleza de un corazón.

Sin embargo, esta misma luz pone de manifiesto la oscuridad de tantas personas que han olvidado ya ser amables con los demás. ¡Cuántas personas pasarían por aquellas taquillas del metro madrileño! Y sólo una de ellas era inconfundible porque era «el señor que siempre nos da las buenas tardes».

En la cultura que se ha ido imponiendo en nuestros días parece que ser amable es ser amilanado, débil o, simplemente, tonto. Expresiones que denotan respeto y educación se evitan, ya que el usarlas nos haría quedar mal delante de nuestro “círculo de amistades”.

Si le doy las gracias al camarero que me sirve la mesa dejaría entrever que estoy necesitado de su servicio. Como en todos los casos implica una degradación de nuestra grande personalidad, mejor no usarlas para poder aparecer como alguien fuerte y seguro de sí mismo.

Ser amable no es sinónimo de falta de reciedumbre. Todo lo contrario, produce más admiración y gratitud quien dice: «pase usted» que quien simplemente se echa a un lado para quitarse de enfrente de la puerta. Ser cordial indica mayor entereza y domino que poner un rostro frío de absoluta indiferencia. El “duro” se hace respetar, el cortés es respetado por lo que es.

Ocasiones no faltan

Siempre tenemos cientos de oportunidades para ser amables con los demás. Basta pensar que, cada mañana, podemos decir «buenos días» a nuestros padres, a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a los profesores, a los compañeros de oficina o al conductor del autobús.

Ceder el asiento en el metro a una señora o a un anciano se puede hacer con facilidad. Desear un buen día de trabajo al camarero de nuestro café preferido no cuesta mucho. Oportunidades, desde luego, no faltan; sólo hay que descubrirlas y hacer la costumbre.

Este tipo de detalles es el que cambia rostros y alegra atmósferas enteras. Las relaciones se estrechan. Las sonrisas se multiplican. El trabajo se disfruta. El corazón rejuvenece. Se acrecienta el deseo de compartir el tiempo. ¿Por qué? Porque la gente se siente tratada con el respeto y la dignidad de lo que verdaderamente son: personas e hijos de Dios. Y todo esto depende tan sólo de un sencillo «buenos días».

¡Vence el mal con el bien!

Por Andrés Ocádiz Amador

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