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Archivo para Octubre, 2009


El Perdón

corazon-en-mis-manos

Por Pedro Cabellos Llorente

No sé si lo he leído o lo escuché de San Josemaría: no he tenido que aprender a perdonar porque el Señor me ha enseñado a querer. Efectivamente, perdonó con un corazón abierto a todos. Además, no se atribuye el mérito, es de Dios.
He recordado estas palabras después de conversar sobre la guerra sin fin entre judíos y palestinos, entre otras complejas razones, porque desde que estuve un tiempo en Tierra Santa, tengo la percepción de que son dos pueblos no habituaados a perdonar, quizá por ser una actitud perdida.

El Antiguo Testamento contiene multitud de expresiones que manifiestan la misericordia y el perdón de Dios, pero quizá no fue captado igual para utilizarlo unos con otros, puesto que es Cristo quien declara abolida la ley del Talión e impera el amor a los enemigos, insta a la mansedumbre, a la bondad, a la comprensión.
Puede ser expresivo este texto de San Pablo: «Alejad de vosotros toda amargura, arrebato, cólera, gritería, blasfemia y toda malignidad. Sed más bien unos para otros bondadosos, compasivos y perdonaos los unos a los otros, como Dios os ha perdonado en Cristo». Pero esa doctrina admirable es ya cristiana.

Conozco menos el mundo musulmán, pero el perdón sólo es claro para los «creyentes». Sin perdón, no hay paz. En otro tono, nos sucede aquí con las heridas del pasado reciente, los roces autonómicos o la disputa política.
Hemos de aprender a querer para saber perdonar, tarea de una grandeza especial, porque el perdón, además de buen corazón, denota olvido del agravio, humildad y tantas virtudes que nos hacen más humanos y más libres.

Perdonar y aceptar el perdón, acercan a Dios Padre porque la paternidad es el contexto perfecto para el perdón. Escribió San Cipriano que es imposible alcanzar el perdón que pedimos de nuestros pecados si nosotros no actuamos de modo semejante con nuestros ofensores. Así decimos en el Padrenuestro.

Amar es perdonar. Yepes Stork une éste a otros muchos rasgos del amor, tales como que amar es, ayudar, cuidar al ser amado, curar, sufrir con quien se ama. Y explica que perdonar es borrar lo inaceptable y ofensivo de la conducta pasada del otro, como si no hubiera sucedido, es anular limitaciones y defectos ajenos, no tenerlos en cuenta sino para ayudarles a mejorar.
No se concibe el amor verdadero si no se sabe perdonar, puesto que no querríamos suprimir el error o lo feo de la vida del otro. Esto no sirve solamente para la familia, para los amigos, para los compañeros de trabajo más cercanos… Bien puede buscarse esta actitud entre colegas profesionales, entre rivales políticos, entre gentes de opiniones diversas u opuestas.

¿No se renovaría nuestra sociedad con este talante? El cristiano logra ser movido con medios de fe, pero todo hombre honrado puede buscar con empeño esa actitud tan necesitada. Con recio y delicado lenguaje, escribió Teresa de Ávila en Camino de perfección: «plegue a Dios que no se pierda ningún alma por guardar estos negros puntos de honra sin entender en qué está la honra».

Hay que ir a lo profundo de nuestras vidas buscando detectar en qué hemos de perdonar y en qué debemos solicitar el perdón. Esa doble actitud dignifica, mejora la sociedad y dota de más libertad interior, la más importante.

¿Me amas?

serenidad

*Por Juan Manuel de Prada en XLSemanal

Nuestro alejamiento de las lenguas clásicas –un barco a la deriva que se va hundiendo irreparablemente– nos impide disfrutar de delicadezas como la que Benedicto XVI resalta en un pasaje de su último libro, Los apóstoles y los primitivos discípulos de Cristo (Espasa), dedicado a Pedro.

En griego existen dos verbos que designan la acción de amar: filéo, que expresa el amor de la amistad, tierno y entregado, pero no totalizador; y agapáo, que significa amar sin reservas, con una donación completa e incondicional a la persona amada. El evangelista Juan, cuando refiere el episodio de la aparición de Jesús resucitado a Pedro a orillas del lago Tiberíades, emplea ambos de un modo muy significativo y dilucidador. Podemos imaginarnos ese episodio como el encuentro de dos viejos amigos conscientes de la herida que se ha abierto en su relación, pero dispuestos a restañarla sinceramente, dispuestos a recibir y dar perdón, para que esa herida no ensombrezca el futuro de su amistad. Pedro sabe que, apenas unos días antes, cuando su amigo más lo necesitaba, lo ha traicionado por cobardía o por mero instinto de supervivencia, negándolo hasta tres veces después de prometerle lealtad absoluta. Y Jesús, por su parte, sabe que esa traición ha sido consecuencia de la debilidad de su amigo, consecuencia pues de la propia naturaleza humana; y sabe también que su amigo está avergonzado y mohíno por su falta de coraje. Entonces Jesús, dispuesto a olvidar ese desliz, le pregunta a bocajarro: «¿Me amas?».

El evangelista escribe agapâs-me; esto es: «¿Me amas con un amor completo e incondicional?». Es como si Jesús demandara a Pedro un amor superior al que hasta entonces le ha profesado, un amor que excluya las debilidades y que proclame una adhesión entusiasta, acérrima, tal vez sobrehumana. Nada hubiese resultado más sencillo para Pedro que responder agapô-se («te amo incondicionalmente»), satisfaciendo esa demanda de amor absoluto que Jesús le lanza; pero, consciente de sus limitaciones, consciente de que lo ha traicionado y de que en el futuro tal vez vuelva a hacerlo (aunque, desde luego, nada más alejado de su propósito), Pedro le responde con pudorosa y escueta humildad: Kyrie, filô-se; esto es: «Señor, te quiero al modo humano, con mis limitaciones». Podemos imaginar que la respuesta de Pedro por un segundo defraudaría a Jesús: ha ofrecido a su amigo su perdón sincero y algo más que su perdón, a cambio de que nunca más le vuelva a fallar; pero su amigo no desea defraudarlo con esperanzas vanas, no desea que Jesús le atribuya virtudes sobrehumanas. Entonces Jesús insiste y vuelve a usar el verbo agapáo: «¿Me amas más que éstos?», refiriéndose a los discípulos que se hallan junto a Pedro a orillas del lago. Esta segunda pregunta de Jesús debió de incorporar un matiz perentorio, incluso exasperado, algo así como: «Oye, te estoy preguntando que si me amas a muerte, no me vengas con medias tintas». Pedro sin duda captó ese tono requirente, tal vez incluso enojado de Jesús; y algo debió de temblar dentro de él, tal vez el miedo a decepcionar a su amigo; y no parece improbable que su respuesta tuviese un tono compungido, desfalleciente, lastimado, temeroso de recibir una reprimenda. Pero así y todo volvió a emplear el verbo filéo: «Señor, te quiero a mi pobre y defectuosa manera, con todas mis fragilidades a cuestas».

Entonces Jesús vuelve a interpelarlo por tercera vez, como tres habían sido las veces que su amigo lo había negado, en la noche amarga; pero, para sorpresa de Pedro, que ya estaría esperando un chaparrón de maldiciones e invectivas, Jesús emplea ahora el mismo verbo al que Pedro se había aferrado antes: Fileis-me? Es un momento de gran fuerza conmovedora, porque Jesús se da cuenta de que no puede exigirle a su amigo algo que no está en la frágil naturaleza humana; y, olvidándose de esa exigencia sobrehumana, se adapta, se amolda a la debilidad de Pedro, a la frágil condición humana, porque entiende que en su amor renqueante que tropieza y cae y sin embargo se vuelve a levantar dispuesto a proseguir sin titubeos su camino puede haber un ímpetu, una alegría de andar superior incluso a la de un amor que se cree vacunado contra todos los tropiezos. Entonces Pedro, gratificado por el perdón de su amigo que lo acepta como es, que lo abraza también en el tropiezo y en la caída, afirma con alivio, con decisión, con alborozo: «Sabes que te quiero» (filô-se).

Y fueron amigos para siempre. Tal vez porque el amor más exigente e incondicional es el que brindamos a quien no nos viene con demasiadas condiciones y exigencias.

Servir al enfermo

 

CuidarEnfermo

Son siete Reglas de la espiritualidad de las Hermanas Hospitalarias de la Santa Cruz, que nacieron en Barcelona en 1792 y que desde 1401 servían en el Hospital de la Santa Cruz a enfermos pobres.

La Reglas dicen:

1.- «Servirán a los enfermos con la mayor solicitud, delicadeza, amor, ternura y alegría, pensando que sirven al mismo Nuestro Señor Jesucristo».

2.- «Su entrega al enfermo, a quien sufre, a los necesitados, a los niños, a los leprosos, a los dementes… será total y generosa».

3.- «Las que velen por las noches a los enfermos se informarán del estado de cada uno de ellos, a fin de evitar cualquier equivocación».

4.- «A los agonizantes no les removerán la cama. Estarán junto a ellos, acompañándoles, contemplándoles, rezando por ellos».

5.- «Limpiarán los recintos de los enfermos, dos veces al día. Regarán el suelo. Y harán perfumes con hierbas olorosas».

6.- «No harán diferencias entre enfermos. Si encuentran a alguien impertinente, se le mostrará más amor, si cabe».

7.- «No cumplirán con su vocación si ,fatigándose para el bien corporal de los enfermos, se desentendieran de la salud de su alma: los Santos Sacramentos, una instrucción básica del catecismo, inspirarles una total confianza en la infinita misericordia de Dios y un gran deseo del cielo».

 

Aquel que ha llorado mucho

cruz

“Me gusta mucho repetir -porque lo tengo bien experimentado- aquellos versos de escaso arte, pero muy gráficos:San Josemaría

 mi vida es toda de amor

y, si en amor estoy ducho,

es por fuerza del dolor,

que no hay amante mejor

que aquel que ha sufrido mucho

Ocúpate de tus deberes profesionales por Amor: lleva a cabo todo por Amor, insisto, y comprobarás -precisamente porque amas, aunque saborees la amargura de la incomprensión, de la injusticia, del desagradecimiento y aun del mismo fracaso humano- las maravillas que produce tu trabajo. ¡Frutos sabrosos, semilla de eternidad!”

San Josemaría y la Virgen del Pilar

Virgen del Pilar

“La devoción a la Virgen del Pilar comienza en mi vida, desde que con su piedad de aragoneses la infundieron mis padres en el alma de cada uno de sus hijos. Más tarde, durante mis estudios sacerdotales, y también cuando cursé la carrera de Derecho en la Universidad de Zaragoza, mis visitas al Pilar eran diarias”.

“Tenía barruntos de que el Señor quería algo: pasaron muchos años sin saber qué era, y —mientras— decía de continuo una jaculatoria acordándome del ciego del Evangelio, yo ciego también, en cuanto a mi porvenir y al servicio que Dios deseaba de mí: Domine, ut videam! Domine, ut sit,! he repetido durante años: que sea, que se haga eso que Tú quieres; que yo lo sepa, da luz a mi alma. Las luces no venían, pero evidentemente rezar era el camino”.

“Como tenía buena amistad con varios de los clérigos que cuidaban de la Basílica, pude un día quedarme en la iglesia después de cerradas las puertas. Me dirigí hacia la Virgen, con la complicidad de uno de aquellos buenos

sacerdotes ya difunto, subí las pocas escaleras que tan bien conocen los infanticos y, acercándome, besé la imagen de nuestra Madre”.

A una sencilla imagen de la Virgen del Pilar confiaba yo por aquellos años mi oración, para que el Señor me concediera entender lo que ya barruntaba mi alma. Domina! —le decía con términos latinos, no precisamente clásicos, pero sí embellecidos por el cariño—, ut sit!, que sea de mí lo que Dios quiere que sea.”

Un sacerdote español en Tierra Santa

 

don santiago quemadahttp://www.unsacerdoteentierrasanta.blogspot.com es la tarjeta de presentación del sacerdote logroñés don Santiago Quemada, que vive en Jerusalén desde hace años. Desde su blog narra al exterior las andanzas y vicisitudes de un sacerdote en una tierra no siempre fácil para los cristianos.

¿Qué hace un sacerdote español en Tierra Santa?

Yo soy un sacerdote del Opus Dei. La Obra está extendida por los cinco continentes, y tiene vocación universal. En Tierra Santa llevamos pocos años todavía; por tanto, que haya venido a Tierra Santa tiene que ver con la labor de la Obra en este país. He venido aquí para servir a la Iglesia de esta manera, con la finalidad de promover la santificación de los cristianos en su vida ordinaria, en su vida familiar y en su trabajo profesional, ayudándoles a hacerlo con perfección y ofreciéndoselo a Dios. Pienso que esto es algo muy necesario en todo el mundo, pero en esta Tierra de un modo especial es importante la virtud de la justicia en el trabajo y en las relaciones sociales.

¿Cuáles son las principales dificultades con las que se ha ido encontrando?
Los idiomas son una dificultad grande. En Jerusalén más o menos la gente habla inglés, pero cuando me iba a Nazaret me encontraba con personas que sólo hablaban árabe o hebreo. Después de estos años, me manejo con el árabe, pero todavía noto que me queda. Cuando me sienta más seguro, espero empezar con el hebreo. También hay muchos rusos en el país. Nos hemos encontrado personas que viven en lugares de Israel donde sólo hablan ruso. En fin, el problema de los idiomas aquí es grande, pero nunca he dejado de comunicarme con alguien que tuviera interés en hablar conmigo.

Cuenta usted en su blog que trabaja con niños, entre otras cosas. ¿Cómo son los niños de Tierra Santa?
He atendido durante tres años los clubes que tenemos aquí, y he podido conocer bien a niños y niñas de estos lugares. Los niños de aquí son iguales que en todos los lados. Tienen las virtudes de los niños: sencillez, confianza, audacia… Y también las dificultades de la sociedad actual: se distraen mucho, están todo el día jugando con el ordenador o la Play Station. Si están fuera de su casa, siempre llevan su móvil y no paran de jugar con él. Como también comprobé en España, para el trato con Dios, si se les enseña, tienen una piedad especial, facilitada por las virtudes que decía antes: sencillez, confianza… Les atraen mucho las cosas de Dios, y muchas veces dan ejemplo a sus padres para que recen más y se acerquen a Dios.

¿Es fácil, para un cristiano, vivir allí? Muchos hablan de pesimismo, de soledad…
Los cristianos aquí tienen muy poca formación. No suelen conocer bien su fe, aunque tienen una profunda conciencia de su identidad cristiana. Viven de la tradición que han recibido de sus familias, y se agarran a eso con gran seguridad y convicción. Les falta conocer y profundizar su fe. No suelen hablar de cuestiones de religión con otras personas, en parte porque les faltan ideas, argumentos. Ésta es una de nuestras primeras labores aquí: dar formación cristiana. San Josemaría decía que el Opus Dei era una gran catequesis. Otra tarea que también tiene que ver con la fe es el optimismo. La visión que nos encontramos aquí es muy pesimista. Muchos árabes cristianos han ido, poco a poco, abandonando esta tierra para irse a vivir fuera. Los que se quedan aquí conviven con la mentalidad de que no hay esperanza. Este pesimismo se ha ido trasladando, también, sin darse cuenta, al aspecto personal, una visión de la vida negativa.
La vida de un cristiano en Tierra Santa no es fácil. Su vida aquí es una vocación a mantener viva la fe en la Tierra donde nació, vivió, murió y resucitó nuestro Señor. A los que rezan y profundizan en la fe, esto les llena de ilusión, y les lleva a quedarse y procurar formar un núcleo familiar cristiano que vaya, poco a poco, influyendo en la sociedad. Es necesario que así sea, y ésta es nuestra misión aquí.

Publicado en www.alfayomega.es

Virgen del Rosario

ros

Por medio del Rosario se acude a la intercesión de la Madre de Dios. Se meditan los Misterios de Cristo bajo la guía de aquella que estuvo unida a la encarnación, pasión y resurrección del Hijo de Dios.

El rezo del Santo Rosario es una de las devociones más arraigadas en el pueblo cristiano. Lo popularizó el Papa Pío V el día del anivesario de la victoria de los cristianos en la Batalla de Lepanto del año 1571. Esto se debe a que el triunfo se le atribuye a la Madre de Dios. Así, la Iglesia nos invita a descubrir la importancia de María dentro del Misterio de la Salvación y a saludarla como Madre de Dios, repitiendo sin cesar: Ave María.

Así habló de esta devoción san Josemaría en 1973:

“El rezo del Santo Rosario, con la consideración de los misterios, la repetición del Padrenuestro y del Avemaría, las alabanzas a la Beatísima Trinidad y la constante invocación a la Madre de Dios, es un continuo acto de fe, de esperanza y de amor, de adoración y reparación.”

Paz

Nido
Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta.

Muchos artistas lo intentaron, el rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas, pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. En todo esto no se revelaba nada pacífico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, observó que tras la cascada había un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio de del rugir del la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido…

Sin dudarlo el Rey escogió esta pintura y explicó:

“Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas, exista calma y serenidad dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.”

Y tú… ¿ya sabes QUIÉN te da la verdadera paz del corazón?… así es, Dios nuestro Señor.

Oración de la sonrisa

sSeñor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición.

Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.

Que mi corazón sonría diariamente por las alegrías y los dolores que compartirmos.
Que mi boca sonría diariamente con la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamente de la alegría que tu brindas.
Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.

Madre Teresa de Calcuta.

Deja de preocuparte

op
-Deja ya de preocuparte, de angustiarte tanto… por el mañana.
Para la inmensa mayoría el mañana… es el hoy.
 
-Deja ya de preocuparte, de atormentarte… por tantas cosas secundarias
que no necesitas ni son esenciales para tu vida. Evitarás muchas congojas.
 
-Deja ya de preocuparte y de inquietarte… por nimiedades y por pequeñeces… que tu mente suele acrecentar, agigantar.
 
-Deja ya de preocuparte y de apurarte… por todo aquello que no depende de ti ni está en tus manos ni bajo tu control. Eso sí, ten anclada tu voluntad en la del Padre: «El viento mueve la veleta… no la torre». ¡Tú, se torre!
 
-Deja ya de preocuparte y de torturarte por lo que han dicho o lo que dirán. Tú actúa rectamente… y sigue adelante. Desaparecerán muchos de tus problemas.
 
-Deja de preocuparte y sentir desazón… porque alguien se ha portado mal, tal vez te ha herido… y experimentas la humillación… Mira una imagen de Cristo crucificado… Te ayudará.
 
-Deja ya de preocuparte y de inquietarte… porque no has podido ser… ni has obtenido aquello que tanto deseabas. La felicidad estriba en: «Ser lo que ahora eres… y disfrutar de lo que ahora tienes».
Como dice J. Anouilh: «Las preocupaciones acaban por comerse las unas a las otras… y al cabo de diez años… uno se da cuenta de que sigue viviendo».

 

Por José María Alimbau