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Archivo para Febrero, 2010


El nuevo orden

*Por el Cardenal Antonio Cañizares

Desde instancias influyentes se piensa y trabaja por un Nuevo Orden. Se pretende llevar a cabo, con implacable ingeniería social, un cambio cultural de gran envergadura, un gran proyecto para una nueva identidad. Se diga o no, en el fondo, se está tratando de construir un mundo en el que ya no hay nada verdadero, ni bueno, ni valioso, ni justo en sí y por sí mismo, nada trascendente, ni nadie que esté por encima de nosotros. El relativismo se adueña de la cultura y de las mentes.

La negación de la verdad y del bien es el motor que impulsa un proceso de expulsión de Dios y de la religión del ámbito público. Si el bien y la verdad no pueden conocerse entonces sólo puede ligarse la ley a un sentido procedimental; esto es, la ley viene a ser una manera de entenderse los hombres, de vivir en comunidad sin matarse, de garantizar un marco donde cada individuo pueda realizar su «plan de vida» sin causar daño a los otros.

Gracias a este primer paso –relativista– la religión queda reducida al ámbito de lo privado.
Hay un segundo paso. La visión contractualista de la sociedad se vuelve absoluta. porque el Estado no tiene límites. No hay
Dios, no hay ley natural, no hay ninguna verdad sobre el bien que esté encima de la voluntad del Estado. Es un Estado absoluto. La libertad del individuo es ilimitada según esta concepción filosófica. Cada hombre es libre para hacer lo que quiera. No hay ninguna ley superior que indique lo que se puede o no realizar. Sin embargo, para hacer posible la vida en la sociedad se realiza un pacto, a través del cual cedemos nuestros ilimitados derechos al Estado. Él velará para que estos ilimitados derechos se puedan cumplir asegurando al mismo tiempo solidaridad y seguridad. Ahora bien, si no existe una verdad última, que guíe y oriente la acción política, las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas para fines de poder. El pluralismo supuestamente es aceptado, pero con la excepción de aquellos que creen conocer la verdad. Estos no pueden ser aceptados porque son un peligro para la democracia.

Esta situación es real, la tenemos instalada en ciertos ámbitos del poder, y se extiende, sobre todo entre los sectores jóvenes, ante la pasividad o la resignación, como si nada ocurriera. Lo que está en juego detrás de todo, lo digo una vez más, es un mundo con Dios o sin Dios. En esta ausencia de Dios se funda la crisis de nuestra cultura. Por lo mismo, sólo se superará tal crisis si desaparece ese «silencio o ausencia» de Dios, si el hombre vuelve a Dios, o si se le devuelve a Dios el lugar vital y central que le corresponde en el corazón, en el pensamiento y en la vida del hombre. No acuso a nadie; menos aún condeno a nadie –tampoco a la sociedad que tiene anchas espaldas–.

Sé que decir esto es nadar contracorriente, esto «no se lleva». Pero no puedo ni debo hablar con palabras aduladoras. Es mucho, es todo, lo que aquí se juega. No olvido a San Pablo, para quien «la verdad era demasiado grande como para estar dispuesto a sacrificarla en aras de un éxito externo. Para él, la verdad que había experimentado en el encuentro con el Resucitado bien merecía la lucha, la persecución y el sufrimiento. Pero lo que le motivaba en lo más profundo era el hecho de ser amado por Jesucristo y el deseo de transmitir a los demás este amor. San Pablo era un hombre capaz de amar, y todo su obrar y sufrir sólo se explican a partir de este centro». (Benedicto XVI).

¿Te llaman loco?

Igor_Guk

Por Remedios Falaguera
Periodista

“Hazme eco: no es un sacrificio para los padres que Dios les pida sus hijos, ni para los que llama el Señor es un sacrificio seguirle. Es, por el contrario, un honor inmenso, un orgullo grande y santo, una muestra de predilección, un cariño particularísimo, que ha manifestado Dios en un momento concreto, pero que estaba en su mente desde toda la eternidad”. San Josemaría Escrivá de Balaguer

Querido amigo: Soy consciente de la gran inversión que has realizado para dirigir a mis hijos por el buen camino. Es más, no creas que me olvido de los largos ratos de oración y los innumerables sacrificios que has ofrecido por ellos. Y, por supuesto también, de los partidos de fútbol, de las excursiones al monte, de las noches de cine,…que os han hecho trataros, conoceros y quereros de un modo especial. Eres un excelente colaborador en su formación humana y espiritual, y te estoy muy agradecida por ello.

Me alegra saber que has entregado tu corazón por completo a Dios, y te has comprometido a vivir el don del celibato para amar a Dios, sólo a Él y para siempre, como muchas otras personas, mientras gastas tu tiempo en la formación de los que se acercan a ti.

Tal vez, estoy segura de ello, esta llamada divina a vivir el celibato por Él puede suscitar suspicacias e incomprensiones. Pero, ¿quién puede decir que los hombres y mujeres son libres para enamorarse y querer formar una familia, pero no lo son para ofrecer su vida entera a Dios? ¿Cómo podemos afirmar que vivir este compromiso con Dios es anti-natural, fanatismo, o peor aún, impide al hombre y a la mujer realizarse plenamente?

Recuerdo una canción que cantaba de jovencita que decía así: “Por querer como te quiero todos mis amigos dicen que estoy loco. Pero ellos no comprenden lo que a mi me pasa, ellos saben poco. No conocen el motivo, no conocen nada de tus lindos ojos. Yo siento que estoy cambiado, estoy enamorado, me siento feliz”.

¿Qué te llaman loco? Locos de amor, diría yo. Esta decisión libre y responsable no sólo es meritoria, sino que me reafirma en mi convencimiento de que nuestros hijos no nos pertenecen, son de Dios. Nosotros somos simples colaboradores, “descubriéndoles nuevos horizontes, comunicándoles nuestra experiencia, haciéndoles reflexionar para que no se dejen arrastrar por estados emocionales pasajeros”, como comentaba San Josemaría Escrivá. Solo Él, sabe lo mejor para ellos.

Y es que , como afirmaba Juan Pablo II, vosotros , los jóvenes, “es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad; es Él quien los espera cuando no los satisface nada de lo que encuentran; es Él la belleza que tanto los atrae; es Él quien los provoca con esa sed de radicalidad que no les permite dejarse llevar del conformismo; es Él quien los empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien les lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que suscita en ustedes el deseo de hacer de sus vidas algo grande, la voluntad de seguir un ideal, el rechazo a dejarse atrapar por la mediocridad, la valentía de comprometerse con humildad y perseverancia para mejorarse a ustedes mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna”.

Y esto es lo que muchos padres olvidamos a menudo. Si Dios os llama para emplearos en el servicio de la Iglesia y de las almas, ¿Quiénes somos nosotros para ponerle trabas, para llamaros locos?

” Los padres que aman de verdad, que buscan sinceramente el bien de sus hijos,- solía señalar este gran santo- después de los consejos y de las consideraciones oportunas, han de retirarse con delicadeza para que nada perjudique el gran bien de la libertad, que hace al hombre capaz de amar y de servir a Dios. Deben recordar que Dios mismo ha querido que se le ame y se le sirva en libertad, y respeta siempre nuestras decisiones personales: dejó Dios al hombre —nos dice la Escritura— en manos de su albedrío (Eccli 15, 14.)

Pero, ya sabes, como dice Jesucristo en el Evangelio: “Quien pueda entender, que entienda”.

Es más, Él mismo, nos aseguró: “Todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna”.

¡El ciento por uno!, no te puedes quejar.

Y entonces recuerdo aquellas palabras que nos dirigió por Juan pablo II en Roma, allá por 1984, siendo yo una alocada jovencita:

“Me dirijo sobre todo a vosotros, queridísimos chicos y chicas, jóvenes y menos jóvenes, que os halláis en el momento decisivo de vuestra elección. Quisiera encontrarme con cada uno de vosotros personalmente, llamaros por vuestro nombre, hablaros de corazón a corazón de cosas extremadamente importantes, no sólo para vosotros individualmente, sino para la humanidad entera.

Quisiera preguntaros a cada uno de vosotros: ¿Qué vas a hacer de tu vida? ¿Cuáles son tus proyectos? ¿Has pensado alguna vez en entregar tu existencia totalmente a Cristo? ¿Crees que pueda haber algo más grande que llevar a Jesús a los hombres y los hombres a Jesús?

Hay un modo maravilloso de realizar el amor en la vida: se trata de la vocación de seguir a Cristo en el celibato libremente elegido o en la virginidad por amor del reino de los cielos. Pido a cada uno de vosotros que se interrogue seriamente sobre si Dios no lo llama hacia uno de estos caminos. Y a todos los que sospechan tener esta posible vocación personal, les digo: rezad tenazmente para tener la claridad necesaria, pero luego decid un alegre sí.

En efecto, Dios ha pensado en nosotros desde la eternidad y nos ha amado como personas únicas e irrepetibles, llamándonos a cada uno por nuestro nombre, como el Buen Pastor que «a sus ovejas las llama a cada una por su nombre».

Jóvenes: Cristo necesita de vosotros y os llama para ayudar a millones de hermanos vuestros a salvarse. ¡Sed valientes!¡Abrid las puertas a Cristo, no temáis!”.

Ya ves, Cristo os necesita. No sois demasiado jóvenes, sabéis bien lo que debéis hacer. ¡Ánimo y al toro!

Qué es el “Miércoles de ceniza”

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

ceniza

Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”

Origen de la costumbre

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un “hábito penitencial”. Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se “arrepentirían” durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada.

El ayuno y la abstinencia

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.
La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El sacrificio

Al hacer sacrificios (cuyo significado es “hacer sagradas las cosas”), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

Conclusión

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

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80 aniversario de las mujeres del Opus Dei

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El 14 de febrero de 2010 celebramos el 80 aniversario de la fundaciónde las mujeres del Opus Dei.

Selección del artículo publicado por Francisca Quiroga, profesora de Filosofía en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en “Studia et Documenta” (2007).

¿En qué consistió el hecho fundacional del 14 de febrero de 1930? Se podría contestar a esta pregunta de una manera escueta diciendo: San Josemaría entendió que Dios llamaba a las mujeres a ser y hacer el Opus Dei.

Por tanto, lo que sucedió en la fecha que nos ocupa hay que situarlo en la perspectiva de la realización de este proyecto que tuvo su inicio el 2 de octubre de 1928[1].

El fundador detallaba siempre la fecha en que percibió que Dios quería la sección femenina del Opus Dei; algunas veces añadía también las circunstancias de lugar y de situación. El lugar fue el oratorio de la casa de la Marquesa de Onteiro[2], en Madrid. La situación: mientras celebraba la Misa; el momento preciso: inmediatamente después de la Comunión.

Él mismo anotaría más tarde lo que había sucedido en su alma: “el 14 de febrero de 1930, celebraba yo la misa en la capillita de la vieja marquesa de Onteiro, madre de Luz Casanova, a la que yo atendía espiritualmente, mientras era Capellán del Patronato. Dentro de la Misa, inmediatamente después de la Comunión, ¡toda la Obra femenina! No puedo decir que vi, pero que sí que intelectualmente, con detalle (después yo añadí otras cosas, al desarrollar la visión intelectual), cogí lo que había de ser la Sección femenina del Opus Dei [3].

Y en una meditación dirigida en Villa Tevere[4], en el oratorio de Pentecostés: “Yo iba a casa de una anciana señora de ochenta años que se confesaba conmigo, para celebrar Misa en aquel oratorio pequeño que tenía. Y fue allí, después de la Comunión, en la Misa, cuando vino al mundo la Sección femenina. Luego, a su tiempo, me fui corriendo a mi confesor, que me dijo: esto es tan de Dios como lo demás” [5].

Aparece ese día algo nuevo, pero que no es una institución diversa, sino un ensanchamiento de lo que había comenzado el 2 de octubre de 1928[6]. De formas diferentes, siempre que se refería a lo que empezó el 14 de febrero de 1930, quedaba patente que había una plena continuidad con lo que vio el 2 de octubre de 1928.

Lo expresaba de una manera muy clara en una reunión en Buenos Aires en 1974: “Fue el 2 de octubre del veintiocho, fiesta de los Santos Ángeles Custodios, cuando el Señor quiso que comenzáramos a trabajar. El 14 de febrero del treinta completó la Sección femenina esta gran movilización universal de cristianos para la paz, para el bienestar, para la comprensión, para la fraternidad”[7].

Veamos también un texto más antiguo, de 1959. Reunido con algunas mujeres del Opus Dei que vivían en Roma, les decía: “Quería estar hoy con vosotras, mis hijas, porque celebramos el aniversario de aquel día en que Nuestro Señor se dignó abrir a las mujeres este camino divino en la tierra”[8].

En un apunte de una conversación con el fundador, en febrero de 1955, se refleja cómo entendía que la integridad del Opus Dei incluía a hombres y mujeres. Les decía: “La Obra, verdaderamente, sin esa voluntad expresa del Señor y sin vuestras hermanas, hubiera quedado manca”[9].

Hombres y mujeres en el Opus Dei forman parte de una sola institución; tienen una misma llamada, una misma misión, idéntico espíritu y modos apostólicos[10]; constituyen una sola familia que tiene como cabeza al “Padre” que, desde que el Opus Dei alcanzó su forma jurídica definitiva en 1982, es su Prelado propio[11].

Así lo transmitió el fundador de formas variadísimas, con palabras y con hechos. Y así lo entendieron los miembros del Opus Dei desde el principio. Parece significativa una anotación del diario del primer centro de mujeres, fechada el 14 de febrero de 1943, en la que se percibe el eco de las palabras de san Josemaría: “Nuestra primera mirada en este día tan grande para nosotras ha sido para el Jesús (sic) que desde el Sagrario nos preside, en ella ha habido una acción de gracias muy honda por haber inspirado la colaboración femenina en su Obra[12]. La expresión “colaboración femenina”, aunque es inexacta, refleja bien dos aspectos que san Josemaría les transmitía: el Opus Dei es una institución única, con dos secciones; la iniciativa es divina, por tanto, todos –las mujeres y los hombres– “colaboran” con Dios.

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[1] Cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, pp. 251-324.

[2] Doña Leónides García San Miguel, Marquesa de Onteiro: cfr. ibid., p. 258, nota 17. Su casa era un hotelito situado en la calle Alcalá Galiano; fue demolida años más tarde para construir un edificio de apartamentos. Cfr. Ana Sastre, op. cit., pp. 101-102.

[3] Josemaría Escrivá, Apuntes íntimos, n. 1871, anotación hecha en 1948, en Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, p. 323. Sobre la relevancia histórica y teológica de este texto, cfr. Antonio Aranda, “El Beato Josemaría…”, pp. 131-136.

[4] Villa Tevere es el nombre del conjunto de edificios que albergan la sede central del Opus Dei en Roma: cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. III, p. 105.

[5] Apuntes tomados en una meditación, 14-II-1964, AGP, Sec. P09, p. 74. Cfr. Andrés Vázquez de Prada, op. cit., vol. I, pp. 315-324.

[6] “En los meses que siguen al 2 de octubre de 1928, Don Josemaría Escrivá de Balaguer, aunque percibió claramente el alcance universal de la luz recibida, pensó que el Opus Dei estaba destinado solamente a varones. El 14 de febrero de 1930, mientras decía la Santa Misa, vio que debía promover esa vocación también entre mujeres, dando así origen a una nueva rama o sección del Opus Dei. La Prelatura del Opus Dei –que constituye una unidad pastoral orgánica e indivisible– realiza sus apostolados por medio de la Sección de varones y de la Sección de mujeres, bajo el gobierno y dirección del Prelado, que da y asegura la unidad fundamental de espíritu y de jurisdicción entre las dos Secciones”: José Luis Illanes, op. cit., p. 130, nota 74.

[7] Apuntes tomados en una reunión en Buenos Aires, el 26-VI-1974, AGP, Sec. P05, I, p. 595.

[8] Apuntes tomados en una charla el 14-II-1959, AGP, Sec. P02, 1992, p. 600.

[9] Apuntes de una conversación, febrero 1955, AGP, Sec. P01, II, p. 6.

[10] Cfr. Pedro Rodríguez — Fernando Ocáriz — José Luis Illanes, op. cit., pp. 69-86 y 162-198.

[11] Cfr. Statuta, nn. 1 y 130, en Amadeo de Fuenmayor — Valentín Gómez-Iglesias — José Luis Illanes, op. cit., pp. 628 y 647.

[12] Diario del centro de la calle de Jorge Manrique, 14-II-1943, AGP (Subfondo Asesoría Central), D-1004.

Transfundir ánimo

chicos

Vive el momento presente con ánimo… vivirás mejor.
–Sé generoso… experimentarás la alegría interior.
– Sonríe… romperás barreras, reducirás distancias.– Sé amable… transmitirás confianza.
– La cordialidad muestra, al interlocutor, buenos deseos.
–Si amas de verdad… imposibilitarás la envidia en ti.
– Aprende a servir… Ello indica voluntad y mejor espíritu.
– Intenta reír y reírte de ti mismo. Ganarás en salud.– Haz el bien. Serás recordado. Se te premiará.
– Irradia luz, energía, coraje… a quien está caído, hundido.
– Para dar espiritualidad, uno ha de poseer vida espiritual.
– Si pretendemos reanimar a otra persona, habremos de transfundirle «sangre», «coraje», «fuerza», «ilusión», «entusiasmo», «ayuda»… tal como nos pide Jesús.
Para todo ello, es imprescindible poseer un corazón generoso, dadivoso, espléndido, sin egoísmo ni envidias ni bajezas, que ofrezca vida y amor. Y tener un alma grande, llena a rebosar de los dones del Espíritu. Así transmitiremos paz, gozo, alegría, ánimo, espiritualidad.

Por José Mª Alimbau.

La iglesia más bonita de la Gran Vía madrileña

caballero

Las placas que se ven en la fachada norte del Real Oratorio de Caballero de Gracia dan fe del autor y la fecha de la reforma que sirvió para construir esta parte, tras abrir un tramo de la calle.

JAIME GARCÍA – SARA MEDIALDEA | ABC, MADRID Domingo, 07-02-10

A poco de iniciarse el paseo por la Gran Vía, desde la calle de Alcalá, se encuentra uno con un edificio de fachada singular, que se distingue sobre todos los demás. Es único en muchos aspectos. Sobre todo, por su uso: es un lugar de oración, una iglesia, que la apertura de la Gran Vía cercenó en parte pero también dotó de una nueva fachada hacia el norte, que posteriores reformas arquitectónicas han «abierto» parcialmente a los ciudadanos.
De hecho, cuando nació esa fachada norte no estaba como ahora: daba a la calle de San Miguel, una de las desaparecidas durante el proceso de apertura de la Gran Vía. Entonces fueron sacrificadas la sacristía, la sala de juntas y las viviendas de los sacerdotes. Y a su lado, también cayó bajo la piqueta el colegio de las niñas de Leganés, un centro «para niñas pobres y hermosas, que en la época se consideraban las más expuestas a perder la virtud», según las crónicas de la época.

Vidriera Altar Mayor

Vidriera Altar Mayor

Con la Gran Vía, se le abrió al oratorio la fachada norte, diseñada por el arquitecto Carlos de Luque -1911-1916-, y que posteriormente (1989-1991) se rehizo de la mano del arquitecto Javier Feduchi, para integrarla mejor en el conjunto: se derribó el cuerpo central, y fue construido en su lugar una especie de gran arco de triunfo que permite ver parte del ábside desde la calle.
El Oratorio, convertido así en única iglesia con puerta a la Gran Vía, es una bella pieza de arquitectura, construida en 1654 por iniciativa de la congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento, fundada por el sacerdote italiano Jacobo Gratij, conocido como el Caballero de Gracia. La Asociación Eucarística del Caballero de Gracia -que en 2009 cumplió 400 años- ya mandó, a mediados del siglo XVII, rehabilitar el edificio, que entonces estaba arruinado, y puso su futuro en manos de Juan de Villanueva, que realizó obras en el mismo entre 1786 y 1795.

Jacobo Gratii, el "Caballero de Gracia"

Jacobo Gratii, el "Caballero de Gracia"

Basílica
Dicen los expertos que el arquitecto quiso hacer el Oratorio a modo de una pequeña basílica. Dentro conserva piezas de gran valor, como los frescos de la cúpula, de
Zacarías González Velázquez; las vidrieras de Maumejean, y un bellísimo Cristo de la Agonía, de Juan Sánchez Barba.
Precisamente a este templo acudía, cuando era estudiante de Arquitectura en Madrid, un vecino de la zona que ha llegado a santo:
Fray María Rafael Arnáiz Barón, canonizado por Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009.

La Virgen Niña con san Joaquín y santa Ana

La Virgen Niña con san Joaquín y santa Ana

Benedicto XVI habla del divorcio

divorcio

Respondiendo al mito de que el divorcio no afecta a los hijos y que en algunos casos podría ser la “mejor” solución, el Papa Benedicto XVI recordó hoy que esta ruptura matrimonial tiene serias consecuencias sobre los niños, que siempre necesitan vivir y desarrollarse en medio de una familia unida que rece, dialogue y esté fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer que se complementan.

El Santo Padre explicó en su discurso de hoy al Pontificio Consejo para la Familia que la institución familiar “fundada sobre el matrimonio entre hombre y mujer es la ayuda más grande que se puede ofrecer a los niños. Ellos quieren ser amados por una madre y un padre que se aman, y necesitan vivir, crecer y estar juntos con los dos padres, porque las figuras materna y paterna son complementarias en la educación de los hijos y en la construcción de sus personalidades y su identidad”.

Por ello, dijo el
Papa Benedicto, “es importante entonces que se haga todo lo posible para hacerlos crecer en una familia unida y estable. Para tal fin, es necesario exhortar a los cónyuges a no perder nunca de vista las razones profundas y la sacramentalidad de su pacto conyugal y a reafirmarlo con la escucha de la Palabra de Dios, la oración, el diálogo constante y el perdón mutuo”.

Finalmente Benedicto XVI resaltó que “un ambiente familia no sereno, la división de los padres y, en particular, la separación con el divorcio, tienen consecuencias sobre los niños, mientras que sostener a la familia y promover su verdadero bien, sus derechos, su unidad y estabilidad es siempre el mejor modo de tutelar los derechos y las auténticas exigencias de los menores”.

Un artista que no se esconde

santi

Entrevista realizada al actor y humorista Santi Rodríguez por Gonzalo Altozano, publicada en el semanario Alba.

Algunos pensaron que se trataba de un expediente equis: Santi Rodríguez, el frutero de Siete vidas, en el IV Simposio sobre… ¡san Josemaría Escrivá! Los incrédulos pueden encontrar en internet el vídeo con su intervención.

-¿Se arrepiente de haber asistido a aquel congreso?
-No sólo no me arrepiento, sino que me alegro; la lástima es no haber ido a los otros.

-Espero que tampoco se arrepienta de esta entrevista.
-En absoluto. Hacer este tipo de cosas viene muy bien. Son como inyecciones que hay que ponerse de vez en cuando. Los cristianos debemos dar testimonio.

-¿Por qué Escrivá?
-Porque le tengo mucho cariño. Me viene de mis padres, que son de la Obra; del colegio, del que guardo un recuerdo maravilloso…

-Otros salieron tarifando.
-A veces, oyendo hablar del Opus, me pregunto a qué colegio habrán ido algunos. ¿A uno en Sri Lanka? Lo que cuentan no tiene nada que ver con mi experiencia.

-¿Me la cuenta?
-Lo primero, dejar claro que no soy de la Obra, sino simpatizante. Dicho esto, en el Opus Dei me inculcaron unas creencias que han sido de gran ayuda en momentos difíciles. Por eso lo defiendo a muerte.

-Conclusión: san Josemaría es santo de su devoción.
-Siempre que me he dirigido a él me he sentido atendido. Por cierto, que, a veces, es la costumbre, me sale llamarle monseñor. Y le digo: “¡Huy! Perdona, que te he descendido de categoría”.

-De aquel simposio se fue con unos vídeos debajo del brazo.
-Con charlas del padre, sí. Tenía el recuerdo de haberlos visto en el colegio y quería volver a verlos. También compré su biografía, que estoy releyendo.

-¿Tanto le ha gustado?
-Sí. Además, cuando me preguntan qué libro estoy leyendo, me divierte responder la biografía de san Josemaría. ¡Ponen una cara! Me gusta ir de transgresor.

-¿También en lo religioso?
-Es una lástima que manifestarse cristiano sea una forma de transgresión. Pero así están las cosas.

-¿Cómo sobrevivir en el intento?
-En mi caso, siendo un tío campechano. Eso me sirve para hacer apostolado, dar testimonio de Dios, demostrar que los católicos somos gente normal.

-Normal, normal…
-Lo que no podemos es permanecer encerrados. Tenemos que salir del armario o de donde estemos metidos y decir aquí estamos. ¡Coño, que parece que han tirado una bomba nuclear! ¿Y la gente que veo en misa todos los domingos? Somos como seguidores del Atleti.

-¿Del Atleti?
-Orgullosos de nuestro club…, pero callados.

-Usted no se calla.
-Antes medía más las cosas, me preocupaba el qué dirán. Ahora si me aceptan como soy, bien. Y si no, peor para ellos.

-¿Ser católico es para ir presumiendo?
-Pero con cuidado de no creer que lo sabemos todo y los demás están equivocados, de tratar de imponer nuestro criterio.

-¿Alguna vez lo ha hecho?
-Sí, y es el arma más ineficaz.

-¿Cómo deshacer el entuerto?
-Diciéndole al de arriba: “Perdóname porque lo que he hecho no ha servido de nada. Y, encima, te he ofendido”.

-Aquel simposio, esta entrevista… ¿Qué dirán algunos?
-Lo de tantas veces: “Santi, no te pega”. Lo que por un lado me hace gracia y por otro me molesta. ¿Cómo que no me pega?

*Entrevista íntegra en el número 263 del semanario, desde el viernes 5 de febrero en los quioscos.

Identidad sacerdotal, piedad sacerdotal

prelado

Con ocasión del Año sacerdotal y con el título “Identidad sacerdotal, piedad sacerdotal”, Mons. Javier Echevarría pronunció el 5 de febrero una conferencia en el marco de los Diálogos de Teología Almudí, invitado por Mons. Carlos Osoro, Arzobispo de Valencia.

Tras recordar el especial afecto que el fundador del Opus Dei, San Josemaría, tuvo por la ciudad de Valencia donde se produjo la primera expansión de la Obra, así como a destacados servidores de la Iglesia que pasaron por la ciudad del Turia, monseñor Echevarría entró e lleno en el tema de su conferencia para destacar algunas consecuencias del oficio sacerdotal ejercido en nombre de Cristo y en favor del hombres. En este sentido recordó que todo sacerdocio en la Iglesia es participación del único sacerdocio de Jesucristo, según muestra admirablemente la carta a los Hebreos. Dios, llegada «la plenitud de los tiempos», quiso suscitar un nuevo sacerdocio que sustituyera el sacerdocio levítico.

Seguidamente, en alusión a San Pablo, el prelado del Opus Dei afirmó que, en definitiva, el autor de la carta a los Hebreos “quiere decirnos que Cristo realizó un sacrificio de tal eficacia —infinita— que los que participan con sinceridad de corazón cuando se hace presente en el altar, pueden alcanzar la perfección, la santidad de vida, el perdón de los pecados, la pureza de conciencia, el acceso a la vida íntima de Dios”. Merced a la ofrenda hecha por Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, cabe repetir —con palabras de San Josemaría pronunciadas en una homilía del Viernes Santo— que «el abismo de malicia, que el pecado lleva consigo, ha sido salvado por una Caridad infinita. Dios no abandona a los hombres.

Para monseñor Echevarría, la condición de los presbíteros está caracterizada por una dimensión profundamente cristológica, razón por la que toda la vida sacerdotal ha de ser un reflejo de la santidad, autoridad y donación sin límites de Cristo. Por eso, sin dejar lugar a dudas, con una fe profunda, San Josemaría comentaba que la identidad del sacerdote es la de Cristo, que quiere perpetuar su sacerdocio —el único sacerdocio— a través de sus ministros.

Tras enumerar las caracteristicas del sacerdocio, el orador recordó otras palabras significativas de San Josemaría en las que salía al paso de la equivocación de quienes piensan que los cristianos desean ver, en el sacerdote, un hombre más, lo cual no es verdad. “En el sacerdote —decía—, quieren admirar las virtudes propias de cualquier cristiano, y aún de cualquier hombre honrado: la comprensión, la justicia, la vida de trabajo —labor sacerdotal en este caso—, la caridad, la educación, la delicadeza en el trato. Pero, junto a eso, los fieles pretenden que se destaque claramente el carácter sacerdotal».

Más adelante centró su atención en lo que ha de ser para el sacerdote el sacrificio eucarístico y afirmó que la Santa Misa ha de ser para todos nosotros «centro y raíz de la vida interior», como repetía San Josemaría a todos los fieles. Pero es preciso realizar una intensa tarea de catequesis, de formación y orientación en lo que se refiere a la vida sacramental, con el ejemplo y con la palabra. “Los sacerdotes –añadió- hemos de esmerarnos también en el culto eucarístico fuera de la Misa, en el trato con Jesucristo en el Sagrario”.

Como conclusión recordó lo que San Josemaría decía sobre el sacerdote: «El sacerdote, si tiene verdadero espíritu sacerdotal, si es hombre de vida interior, nunca se podrá sentir solo. ¡Nadie como él podrá tener un corazón tan enamorado! Es el hombre del Amor, el representante entre los hombres del Amor hecho hombre. Vive por Jesucristo, para Jesucristo, con Jesucristo y en Jesucristo. Es una realidad divina que me conmueve hasta las entrañas, cuando todos los días, alzando y teniendo en las manos el Cáliz y la Sagrada Hostia, repito despacio, saboreándolas, estas palabras del canon: Per Ipsum, et cum Ipso et in Ipso… Por Él, con Él, en Él, para Él y para las almas vivo yo. De su Amor y para su Amor vivo yo, a pesar de mis miserias personales. Y a pesar de esas miserias, quizá por ellas, es mi Amor un amor que cada día se renueva”.

Vivir la Santa Misa

vivirLa editorial Rialp acaba de publicar un nuevo libro, escrito por el prelado del Opus Dei, en el que Mons. Javier Echevarría sigue de cerca el desarrollo de los ritos litúrgicos y ofrece materia de meditación sobre la Santa Misa.

«Publico estas páginas con el afán de secundar las recomendaciones del Romano Pontífice, mientras suplico a la Trinidad, por intercesión de la Santísima Virgen, que produzcan un efecto saludable en los lectores», señala el autor en la presentación.

El prelado del Opus Dei expresa también su deseo «de ayudar a hacer realidad –en mí mismo y en otras muchas personas– la gran aspiración de San Josemaría Escrivá de Balaguer: “Ante todo, hemos de amar la Santa Misa que debe ser el centro de nuestro día. Si vivimos bien la Misa, ¿cómo no continuar luego el resto de la jornada con el pensamiento en el Señor, con la comezón de no apartarnos de su presencia, para trabajar como Él trabajaba y amar como Él amaba?”».

Mons. Javier Echevarría ha publicado otros libros como Itinerarios de vida cristiana; Para servir a la Iglesia; Getsemaní; Eucaristía y vida cristiana; Por Cristo, con Él y en Él; y, Memoria del Beato Josemaría Escrivá.