Alegría

Es fácil reconocer los efectos de la alegría, pero ¿cuáles son sus causas?, todos queremos vivir felices y alegres pero, ¿cuáles son las fuentes de la alegría?, ¿cómo fomentar esta virtud en la familia?
a. El amor
La fuente más profunda de la alegría es el amor, particularmente el amor en matrimonio y en familia. Ese amor es el principal ‘combustible’ para estar alegres.
Quien no ama, no sonríe. Por eso, podemos decir que lo que más facilita esta virtud es la familia como comunidad de amor, o sea una familia donde se respire un ambiente de paz, donde todos se sientan amados por lo que son.
De esta manera se puede definir la alegría como el amor disfrutado; la alegría es la primera consecuencia del amor y cuanto más grande es el amor, mayor es la alegría.
b. La apertura y la generosidad
El dar y el darse a los demás por el bien de ellos, nos da la felicidad de la donación. El ambiente donde se aprende a entregarse sólo por el ‘gusto’ de ayudar a los demás es el hogar familiar.
Si papá llega del trabajo enojado, y mamá se encierra con seriedad en su habitación, o ninguno de los dos está disponible para los demás, no se puede pretender que los hijos vivan para ayudar y compartir con los demás, o en definitiva que sean alegres.
Por el contrario, la generosidad nos hace vivir para los otros, nos hace superar el cansancio, para escuchar a los niños, para dedicar un tiempo especial para jugar, nos hace salir de nosotros, conversar o ir de paseo con todos el fin de semana… La alegría familiar no se plasma en una fotografía, se va tejiendo todos los días con pequeños detalles de donación, de cariño y atención. La virtud de la alegría está pues, alejada del egoísmo.
c. Una vida ordenada y sencilla
Una familia en donde se enseñe a disfrutar de las cosas simples de la vida es fuente de alegría para sus miembros. En la familia se aprende a vivir con lo que se tiene, con lo que papá y mamá nos dan; se aprende a disfrutar de una comida todos juntos, de una salida al parque de diversiones, se aprende a ser feliz conviviendo con los hermanos, conversando en familia, etc.
En un ambiente familiar de serenidad, orden y alegría, todo esfuerzo se aligera, los deberes familiares no se ven como una carga sino como una entrega gustosa en beneficio de nuestros seres más queridos y cercanos.
d. Valorar el don de la vida
El tener vida ya es motivo suficiente de alegría, aún en las circunstancias adversas. Y si a este amor por la vida se le añaden las virtudes como la paciencia y la fortaleza, entonces se puede resistir en los momentos de dificultad con esperanza. Estas actitudes se aprenden en el seno familiar a través de los acontecimientos cotidianos y del ejemplo de los padres.
Por todo lo anterior podemos deducir que lo que impide disfrutar de este valor de la alegría es el egoísmo, que nos hace vivir encerrados en nuestra persona; el materialismo, que nos hace buscar la felicidad en tener más cosas, en lugar de buscar la felicidad de los demás y de tratar de ser mejores personas; el dar más importancia a las cosas de la que objetivamente tienen, el vivir más pendientes del exterior, en lugar de cultivar el interior, etc.