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	<title>Aprendiendo a vivir &#187; Benedicto XVI</title>
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		<title>Mi hermano, el Papa</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Apr 2012 18:23:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kristin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Espíritu Santo]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Fidelidad]]></category>
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		<category><![CDATA[Virtudes humanas]]></category>

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		<description><![CDATA[Fuente: R. B. en Alfa y Omega El periodista e historiador alemán Michael Heseman ha publicado un libro entrevista a Georg Ratzinger, Mi hermano, el Papa, ahora publicado en español (ed. San Pablo). Georg ha sido una figura clave en la biografía de Benedicto XVI, aunque no menos que la hermana mayor de ambos, María, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080"><a href="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2010/07/bentoxviportugal-1.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-1103" src="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2010/07/bentoxviportugal-1-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080">Fuente: R. B. en Alfa y Omega</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080">El periodista e historiador alemán <strong>Michael Heseman</strong> ha publicado un libro entrevista a <strong>Georg Ratzinger</strong>, <strong>Mi hermano, el Papa</strong>, ahora publicado en español (ed.<a href="http://www.sanpablo.es/"> San Pablo</a>). <strong>Georg</strong> ha sido una figura clave en la biografía de <strong>Benedicto XVI</strong>, aunque no menos que la hermana mayor de ambos, <strong>María</strong>, que lo dejó todo para servir a <strong>Joseph</strong> y permaneció a su lado hasta su repentina muerte, en 1991.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080"><strong>María Ratzinger</strong> nació el 7 de diciembre de 1921. Era más de dos años mayor que <strong>Georg</strong>, y cinco años y medio mayor que <strong>Joseph</strong>. Después de la guerra, trabajó como secretaria en un bufete de abogados en Munich. Cuando su hermano <strong>Joseph</strong> fue nombrado, en 1959, profesor de<strong> Teología Dogmática en la Universidad de Bonn</strong>, abandonó su trabajo para administrarle la casa y el despacho. «<em>En mi opinión</em> –afirma <strong>Michael Heseman</strong>–, <em>le aburría su trabajo como secretaria; le atraía intelectualmente mucho más la perspectiva de trabajar como asistente de un profesor en una ciudad universitaria</em>». Pero el factor decisivo en su decisión fue otro: «<em>No quería dejar solo a su querido hermano pequeño, tan lejos de casa. Él lo agradeció mucho, porque no se le daba muy bien llevar los asuntos prácticos».</em></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080">Maria continuó al lado de <strong>Joseph</strong> tras su ordenación episcopal, a pesar de que se le encomendara un secretario, y abandonó con él Alemania, cuando<strong> Juan Pablo II</strong> se lo llevó a Roma, en 1982, como <strong>Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe</strong>. Allí permaneció 9 años, hasta su repentina muerte, el 2 de noviembre de 1991, cuando los tres hermanos iban a visitar la tumba de sus padres, en Ratisbona. En su esquela,<strong> Georg Ratzinger</strong> escribió: «<em>Durante 34 años, ha servido a su hermano Joseph en todas las etapas de su viaje con devoción infatigable y con gran bondad y humildad</em>».</span></p>
<p style="text-align: justify"><strong><span style="color: #800080">Hermana de dos genios</span></strong></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080">Para <strong>Heseman</strong>, «<em><strong>María Ratzinger</strong> era algo así como la parte más silenciosa, orante y también servicial de los hermanos Ratzinger. Hace honor a su nombre, <strong>María</strong>, la madre de <strong>Dios</strong></em>». Era consciente de que <em>«sus padres, <strong>José</strong> y <strong>Maria Ratzinge</strong>r, no sólo habían tenido dos hijos sacerdotes, sino dos verdaderos genios: un director de coro, mundialmente reconocido, y el más grande teólogo de habla alemana, finalmente elegido sucesor de <strong>Pedro</strong>. Y entre estos dos gigantes, que uno casi podría comparar con las torres de una catedral gótica, ella decide permanecer en la sombra</em>».</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080">Fue una decisión plenamente consciente. «<em>Por carácter, era modesta y abnegada, pero también curiosa, una persona que buscaba desafíos. En esto no fue muy diferente de su madre, una mujer independiente que no se casó hasta los 36 años, que había trabajado en varias ciudades, y era cualquier cosa menos una ingenua chica bávara de campo</em>».</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080">María madre era «<em>una mujer guapa y orgullosa, una auténtica todoterreno, que sabía cómo ser de utilidad en cualquier situación de la vida</em>», según la describe Hesemann. Cuando no alcanzó el dinero en la familia, porque los dos hermanos quisieron entrar en el <strong>Seminario Menor</strong>, se buscó un trabajo en un hotel para aportar ingresos a la familia.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080">También la hermana del <strong>Papa</strong> fue una mujer inteligente; quiso ser maestra, pero dos hechos lo dificultaron. En primer lugar, las circunstancias históricas. «<em>Era la época del dominio nazi. Todos los profesores jóvenes se habían convertido en cómplices de los ideólogos nacional-socialistas. Ella, al igual que su padre y sus hermanos, de ninguna manera quería ponerse al servicio de los aborrecidos nazis».</em></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080">A esto se sumó el hecho de que la entrada en el Seminario de los dos hermanos agotó el presupuesto familiar. Así, abandonó la idea de convertirse en maestra. En su lugar, fue a una escuela privada, donde estudió economía doméstica, taquigrafía, contabilidad y mecanografía. Y, tras la guerra, se convirtió en secretaria. Hasta que lo dejó todo por <strong>Joseph</strong>.</span></p>
<p style="text-align: justify"><strong><span style="color: #800080">Los Ratzinger, modelo de familia cristiana</span></strong></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080">El ambiente de fe en el hogar paterno marcó decisivamente a <strong>María</strong>. <em>Ya de niños, «las diferencias se resolvían en casa con oración</em>». Su padre era todo un referente de bondad y honradez, no sólo en la familia, sino también para la comunidad, ya que, como gendarme, era una autoridad local. «Se trata de personas, sencillamente, maravillosas. Los <strong>Ratzinger</strong> tenían una fe profunda y genuina. Ésa era la columna vertebral de la dinámica familiar. Son un verdadero modelo de familia cristiana a seguir», dice el biógrafo de <strong>Georg</strong>.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080">En el caso de <strong>María</strong>, ser miembro de la <strong>Tercera Orden Franciscana,</strong> y mujer de gran vida de oración, fue otro factor que, <em>«sin duda, le ayudó a comprender el servicio de su hermano, como un servicio a la Iglesia universal»</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #800080">«<em>En los tres hermanos, diría, nos encontramos una maravillosa mezcla de corazón, pureza, humildad, servicio y brillantez intelectual»</em>, concluye <strong>Heseman</strong>. «<em>Es verdad que María permaneció, al lado de Joseph, en un segundo plano, pero<strong> Joseph</strong> tampoco buscó nunca figurar en un papel protagonista, sino que fue empujado hacia adelante. Ambos son dos naturalezas espiritualmente afines, que se complementan maravillosamente».</em></span></p>
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		<title>Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma de 2012</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Feb 2012 12:43:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kristin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>

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		<description><![CDATA[Queridos hermanos y hermanas, La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080"><a href="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2009/07/lealtad.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-199" src="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2009/07/lealtad.jpg" alt="" width="263" height="267" /></a>Queridos hermanos y hermanas,</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">La <strong>Cuaresma</strong> nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la<strong> Palabra de Dios</strong> y de los <strong>Sacramentos</strong>, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «<em>Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras</em>» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en <strong>Jesucristo</strong> como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a <strong>Dios</strong>. El fruto de acoger a <strong>Cristo</strong> es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al <strong>Señor</strong> «<em>con corazón sincero y llenos de fe</em>» (v. 22), de mantenernos firmes «<em>en la esperanza que profesamos</em>» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «<em>la caridad y las buenas obras</em>» (v. 24).</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080"> Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la<strong> meta escatológica</strong>: <span style="text-decoration: underline">la comunión plena en <strong>Dios</strong></span> (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana:<span style="text-decoration: underline;color: #008000"> la atención al otro</span>, <span style="text-decoration: underline;color: #008000">la reciprocidad</span> y la <span style="text-decoration: underline;color: #008000">santidad personal</span>.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">1. <span style="color: #008000"><strong>Fijarse en el otro</strong></span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">El primer elemento es la invitación a «<em>fijarse</em>»: el verbo griego usado es <em>katanoein</em>, que significa <span style="text-decoration: underline">observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad</span>. Lo encontramos en el <strong>Evangelio</strong>, cuando <strong>Jesús</strong> invita a los discípulos a «<em>fijarse</em>» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «<em>reparar</em>» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma<strong> Carta a los Hebreos</strong>, como invitación a «<em>fijarse en <strong>Jesús</strong></em>» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación <span style="text-decoration: underline">invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en <strong>Jesús</strong>, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos</span>. </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «<em>esfera privada</em>». También hoy resuena con fuerza la voz del <strong>Señor</strong> que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy <strong>Dios</strong> nos sigue pidiendo que seamos «<em>guardianes</em>» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de <strong>Dios</strong>: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a <span style="text-decoration: underline">ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el <strong>Señor</strong> ama infinitamente</span>. </span><span style="color: #000080">Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">El Siervo de Dios</span><strong> Pablo VI</strong><span style="color: #000080"> afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «</span><em>El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos</em><span style="color: #000080">» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080"><span style="text-decoration: underline">La atención al otro conlleva desear el <span style="color: #008000;text-decoration: underline">bien</span> para él o para ella en todos los aspectos: <span style="color: #008000;text-decoration: underline">físico</span>, <span style="color: #008000;text-decoration: underline">moral <span style="color: #000080;text-decoration: underline">y</span> espiritual</span></span>. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario <span style="text-decoration: underline">reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque <strong>Dios</strong> es «<em>bueno y hace el bien</em>»</span> (Sal 119,68). <span style="text-decoration: underline">El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión</span>. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, <span style="text-decoration: underline">querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades</span>. </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">La<strong> Sagrada Escritura</strong> nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «<em>anestesia espiritua</em>l» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista <strong>Lucas</strong> refiere dos parábolas de <strong>Jesús</strong>, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «<em>dieron un rodeo</em>», con indiferencia, delante del hombre al que los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico <strong>Epulón</strong>, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre <strong>Lázaro</strong>, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «<em>fijarse</em>», de mirar con amor y compasión. </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el <span style="text-decoration: underline">anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás</span>. Nunca debemos ser incapaces de «<em>tener misericordia</em>» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «<em>El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). </em>Se comprende así la bienaventuranza de<em> «los que lloran</em>» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">El «<em>fijarse</em>» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la <span style="text-decoration: underline"><strong>corrección fraterna</strong> con vistas a la salvación eterna</span>. </span><span style="color: #000080">Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la </span><strong>Iglesia</strong><span style="color: #000080"> de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la</span><strong> Sagrada Escritura</strong><span style="color: #000080"> leemos: «</span><em>Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina</em><span style="color: #000080">» (Pr 9,8ss). </span><strong>Cristo</strong><span style="color: #000080"> mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —<em>elenchein</em>—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la </span><strong>Iglesia</strong><span style="color: #000080"> enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «</span><em>corregir al que se equivoca</em><span style="color: #000080">». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080"> Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol <strong>Pablo</strong> afirma: «<em>Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado</em>» (Ga 6,1). </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">En nuestro mundo impregnado de individualismo, es <span style="text-decoration: underline">necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «<em>el justo cae siete veces</em>»</span> (Pr 24,16), dice la <strong>Escritura</strong>, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del <strong>Señor</strong>. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace <strong>Dios</strong> con cada uno de nosotros.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">2.<span style="color: #008000"><strong> &#8220;<em>Los unos en los otros</em>&#8220;: el don de la reciprocidad</strong></span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Este ser «<em>guardianes</em>» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol <strong>Pablo</strong> invita a <span style="text-decoration: underline">buscar lo que «<em>fomente la paz y la mutua edificación</em>»</span> (Rm 14,19), tratando de <span style="text-decoration: underline">«</span><em><span style="text-decoration: underline">agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación»</span> (ib. 15,2), <span style="text-decoration: underline">sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven</span></em><span style="text-decoration: underline">»</span> (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Los discípulos del <strong>Señor</strong>, unidos a <strong>Cristo</strong> mediante la <strong>Eucaristía</strong>, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un <span style="text-decoration: underline">elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social.</span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080"> En la <strong>Iglesia</strong>, cuerpo místico de <strong>Cristo</strong>, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. <em>«Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros</em>» (1 Co 12,25), afirma <strong>san Pablo</strong>, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la <strong>Iglesia</strong>. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el <strong>Señor</strong> realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el <strong>Dios</strong> bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del <strong>Espíritu Santo</strong> en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al <strong>Padre</strong> que está en los cielos (cf. Mt 5,16).</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">3.<span style="color: #008000"> <strong>“<em>Para estímulo de la caridad y las buenas obras</em>”: caminar juntos en la santidad</strong></span></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la <strong>llamada universal a la santidad</strong>, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «<em>como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día</em>» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en <strong>Dios</strong>. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de <strong>Dios</strong>. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de <strong>Cristo</strong> (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el <strong>Espíritu</strong>, de negarse a «<em>comerciar con los talentos</em>» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la <strong>Iglesia</strong> y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «<em>alto grado de la vida cristiana</em>» (<strong>Juan Pablo II</strong>, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. <strong>San Pablo</strong> exhorta: «<em>Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo</em>» (Rm 12,10).</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al <strong>Señor</strong>, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la <strong>Pascua</strong>. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda <strong>Cuaresma</strong>, os encomiendo a la intercesión de la <strong>Santísima Virgen María</strong> y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Vaticano, 3 de noviembre de 2011</span></p>
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		<title>La Santa Sede perfila el programa del Año de la fe</title>
		<link>http://opusdeiblogs.es/kristin/la-santa-sede-perfila-el-programa-del-ano-de-la-fe.html</link>
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		<pubDate>Fri, 13 Jan 2012 13:06:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kristin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Jesús colina en alfayomega.es Cuando el cardenal Joseph Ratzinger fue elegido Papa, algunos vaticinaron una reforma a fondo de la Curia romana. Han pasado ya casi siete años desde su elección, y Benedicto XVI, sin abandonar el surco trazado por Juan Pablo II, ha demostrado, en efecto, que es un Papa reformador. Pero la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Por Jesús colina en alfayomega.es</p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399">Cuando el cardenal Joseph Ratzinger fue elegido Papa, algunos vaticinaron una reforma a fondo de la Curia romana. Han pasado ya casi siete años desde su elección, y Benedicto XVI, sin abandonar el surco trazado por Juan Pablo II, ha demostrado, en efecto, que es un Papa reformador. Pero la gran reforma que él propone no es la que muchos podrían haber esperado; es mucho más profunda y ambiciosa. Las líneas maestras de esa reforma se concentran en el Año de la fe, que se abrirá en octubre.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399">Esta hoja de ruta ha sido detallada con la publicación, el 7 de enero, de una Nota con indicaciones pastorales para el Año de la fe de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Con este documento, Benedicto XVI busca que el Año de la fe, que ha convocado entre octubre de 2012 y noviembre de 2013, se convierta en un hecho transformador para cada bautizado. Un plan pastoral tan detallado y ambicioso no había sido publicado para la Iglesia universal desde el gran Jubileo del año 2000, que se convirtió en uno de los grandes esfuerzos del pontificado de Karol Wojtyla. En este caso, como ha explicado el mismo Papa a sus colaboradores de la Curia romana, el 22 de diciembre, el objetivo busca promover una verdadera reforma de la Iglesia, pues el núcleo de la crisis que, en estos momentos, afronta es la crisis de fe, manifestada por esa enorme indiferencia ante Dios, típica del consumismo.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399">Las indicaciones que presenta la Santa Sede en ese documento tienen características particulares, pues no sólo se dirigen a Conferencias Episcopales y obispos, como suele suceder, sino que ofrecen iniciativas concretas también para renovar las parroquias, comunidades católicas, asociaciones o movimientos. Se evita así un debate que ha tenido lugar, en años precedentes, en la Iglesia, según el cual, estas realidades eclesiales corren el riesgo de vivir programas pastorales paralelos a los del resto de la Iglesia.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399"><strong>Indicaciones para la Iglesia</strong></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399">Diez de las indicaciones pastorales ofrecidas por la Santa Sede se aplican al ámbito de la Iglesia universal. Entre otras cosas, el documento propone promover peregrinaciones de Profesión de la fe a la tumba de los apóstoles Pedro y Pablo, en Roma, así como a los santos lugares en Tierra Santa, y a los santuarios marianos esparcidos por el mundo. El documento promueve ya la movilización para la celebración de la próxima Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro, en julio de 2013, que «ofrecerá a los jóvenes una ocasión privilegiada para experimentar el gozo que proviene de la fe en el Señor Jesús y de la comunión con el Santo Padre, en la gran familia de la Iglesia». En el Año de la fe se celebrarán también iniciativas ecuménicas «dirigidas a invocar de Dios y favorecer la restauración de la unidad entre todos los cristianos». En particular, tendrá lugar una solemne celebración ecuménica para reafirmar la fe en Cristo de todos los bautizados, ortodoxos, hijos de la Reforma luterana, anglicanos, etc.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399"> El Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, creado por Benedicto XVI en el Vaticano, establecerá una Secretaría especial para coordinar las diversas iniciativas sobre el Año de la fe y abrirá un sitio especial en Internet, para proporcionar información útil para vivir de manera efectiva el Año de la fe.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399"><strong>Para los diferentes países</strong></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399">El Vaticano ha dado también indicaciones a las Conferencias Episcopales para que, en los diferentes países, se promueva la vivencia de este año de renovación. Se busca, sobre todo, hacer de los bautizados pregoneros de la fe. Para ello, se organizarán Jornadas de estudio y Congresos sobre el Catecismo de la Iglesia católica y las enseñanzas del Concilio Vaticano II. En este sentido, las iniciativas pueden realmente suponer auténticos cambios. Como, por ejemplo, cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe pide «promover transmisiones televisivas o radiofónicas, películas y publicaciones, incluso a nivel popular, accesibles a un público amplio, sobre el tema de la fe, sus principios y contenidos, así como la importancia eclesial del Concilio Vaticano II».</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399"> Dado que «el mundo contemporáneo es sensible a la relación entre fe y arte», se recomienda a las Conferencias Episcopales que, «para enriquecimiento de la catequesis y una eventual colaboración ecuménica, se fomente el aprecio por el patrimonio artístico que se encuentra en lugares confiados a su cuidado pastoral». El texto invita también a los profesores de los centros de estudios teológicos, Seminarios y Universidades católicas a verificar la relevancia que, en su enseñanza, tienen los contenidos del Catecismo de la Iglesia católica y las implicaciones que se derivan para sus respectivas disciplinas.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399">El Vaticano pide preparar con la ayuda de teólogos y escritores de renombre, publicaciones divulgativas «para que los fieles puedan responder mejor a las preguntas que surgen en los distintos contextos culturales. Se trata de los desafíos de las sectas, los problemas asociados con el secularismo y el relativismo, y de los interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos, así como de otras dificultades específicas».</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399"><strong>En el ámbito diocesano</strong></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399">La Santa Sede pide que cada diócesis se una al Año de la fe, con la organización de una apertura y clausura solemne, con una Jornada sobre el Catecismo de la Iglesia, eventos catequísticos para jóvenes y para quienes buscan encontrar el sentido de la vida, «con el fin de descubrir la belleza de la fe de la Iglesia, aprovechando la oportunidad de reunirse con sus testigos más reconocidos». Se espera la participación del mundo académico y de la cultura «en un diálogo renovado y creativo entre fe y razón, a través de simposios, Congresos y Jornadas de estudio, especialmente en las Universidades católicas, que muestren cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad». Se promoverán encuentros con personas que, «aun no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo».</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399"> El Año de la fe será, además, una ocasión para dar mayor atención a las escuelas católicas, lugares privilegiados para ofrecer a los alumnos un testimonio vivo del Señor, y cultivar la fe con una oportuna referencia al uso de buenos instrumentos catequísticos.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399"><strong>Parroquias y movimientos</strong></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399">El Papa quiere que, realmente, todos los fieles se unan al Año de la fe y, por eso, sus indicaciones se integran incluso en cada parroquia o movimiento. Ante todo, claro está, el Año de la fe «será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía».</span><br />
<span style="color: #333399"> «Se espera por parte de las parroquias un renovado compromiso en la difusión y distribución del Catecismo de la Iglesia católica y de otros subsidios aptos para las familias, auténticas Iglesias domésticas y lugares primarios de la transmisión de la fe -explica la Santa Sede-. El contexto de tal difusión podría ser, por ejemplo, las bendiciones de las casas, el Bautismo de adultos, las Confirmaciones y los Matrimonios. Esto contribuirá a confesar y profundizar la doctrina católica en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre».</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399"> Las asociaciones y los movimientos eclesiales están invitados a hacerse promotores de iniciativas específicas que, mediante la contribución del propio carisma y en colaboración con los pastores locales, se incorporen al gran evento del Año de la fe.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #333399">Por último, concluye el Vaticano, «todos los fieles, llamados a reavivar el don de la fe, tratarán de comunicar su propia experiencia de fe y caridad, dialogando con sus hermanos y hermanas, incluso de otras confesiones cristianas, sin dejar de lado a los creyentes de otras religiones y a los que no creen o son indiferentes. Así se espera que todo el pueblo cristiano comience una especie de misión entre las personas con quienes viven y trabajan, conscientes de haber recibido la Buena Nueva de la salvación para comunicarla a todos».</span></p>
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		<title>Tres deseos del Papa para Navidad</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Dec 2011 10:18:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kristin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Virgen María]]></category>

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		<description><![CDATA[Benedicto XVI encendió en la tarde del miércoles, 7 de diciembre -desde su apartamento pontificio y gracias a un &#8220;tablet&#8221; conectado con el cuadro eléctrico-, el árbol de Navidad más grande del mundo, que se encuentra en la ciudad italiana de Gubbio. Previamente, dirigió unas palabras -transmitidas por televisión- a cuantos asistían a la ceremonia. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003300"><strong><a href="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2010/01/h1top.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-718" src="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2010/01/h1top-300x158.jpg" alt="" width="300" height="158" /></a>Benedicto XVI</strong> encendió en la tarde del miércoles, 7 de diciembre -desde su apartamento pontificio y gracias a un &#8220;tablet&#8221; conectado con el cuadro eléctrico-, el árbol de <strong>Navidad</strong> más grande del mundo, que se encuentra en la ciudad italiana de Gubbio. Previamente, dirigió unas palabras -transmitidas por televisión- a cuantos asistían a la ceremonia.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003300">&#8220;<em>Antes de encender el árbol</em> -dijo- <em>quisiera expresar tres deseos. Este árbol de <strong>Navidad</strong> tan grande está en las laderas del monte Ingino, en cuya cima se encuentra la basílica del patrón de Gubbio, <strong>San Ubaldo</strong>. Cuando lo miramos, nuestros ojos se dirigen hacia arriba, hacia el cielo, hacia el mundo de <strong>Dios</strong>&#8220;</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003300">&#8220;<strong>Mi primer deseo</strong> es, por lo tanto, que nuestra mirada, la de la mente y la del corazón, no se detenga solamente en el horizonte de este mundo, en las cosas materiales, sino que sea de alguna forma como este árbol, que tienda hacia arriba, que se dirija a <strong>Dios</strong>. <strong>Dios</strong> nunca nos olvida, pero también nos pide que no nos olvidemos de <strong>Él</strong>&#8220;.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003300">&#8220;El <strong>Evangelio</strong> narra que en la noche santa de <strong>Navidad</strong> una luz envolvió a los pastores, anunciándoles una gran alegría: el nacimiento de <strong>Jesús</strong>, de <strong>Aquel</strong> que nos trajo la luz, más aún, de <strong>Aquel</strong> que es la luz verdadera que ilumina a todos. El gran árbol que encenderé dentro de poco domina la ciudad de <strong>Gubbio</strong> e iluminará con su luz la oscuridad de la noche&#8221;.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003300">&#8220;<strong>El segundo deseo</strong> es que nos recuerde que también nosotros necesitamos una luz que ilumine el camino de nuestra vida y nos de esperanza, especialmente en esta época en que sentimos tanto el peso de las dificultades, de los problemas, de los sufrimientos, y parece que nos envuelve un velo de tinieblas. Pero ¿qué luz puede iluminar verdaderamente nuestro corazón y darnos una esperanza firme y segura? Es el <strong>Niño</strong> que contemplamos en la <strong>Navidad</strong> santa, en un pobre y humilde pesebre, porque es el <strong>Señor</strong> que se acerca a cada uno de nosotros y pide que lo acojamos nuevamente en nuestra vida, nos pide que lo queramos, que tengamos confianza en <strong>Él</strong>, que sintamos su presencia que nos acompaña, nos sostiene y nos ayuda&#8221;.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003300">&#8220;Pero este árbol tan grande lo forman muchas luces. <strong>El último deseo</strong> es que cada uno de nosotros aporte algo de luz en los ambientes en que vive: en la familia, en el trabajo, en el barrio, en los pueblos, en las ciudades&#8230; Que cada uno sea una luz para quien tiene al lado; que deje de lado el egoísmo que, tan a menudo, cierra el corazón y lleva a pensar sólo en uno mismo; que preste más atención a los demás, que los ame más. Cualquier pequeño gesto de bondad es como una luz de este gran árbol: junto con las otras luces ilumina la oscuridad de la noche, incluso de la noche más oscura&#8221;.</span></p>
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		<title>La religión al servicio de la paz</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Nov 2011 21:38:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kristin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[El Papa invita en Asís a los líderes religiosos y a los no creyentes a defender &#8220;la paz y la dignidad humana&#8221; Intervención del Santo Padre Benedicto XVI en la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo &#8220;Peregrinos de la Verdad, peregrinos de la Paz&#8221;, en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong><em>El Papa invita en Asís a los líderes religiosos y a los no creyentes a defender &#8220;la paz y la dignidad humana&#8221;</em></strong></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366"><em>Intervención del <strong>Santo Padre Benedicto XVI</strong> en la<strong> Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo &#8220;Peregrinos de la Verdad, peregrinos de la Paz&#8221;</strong>, en la Basílica de Santa María de los Ángeles, de Asís, el 27 de octubre de 2011</em></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366"><em>Queridos hermanos y hermanas,</em></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366"><em>Distinguidos Jefes y representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales</em></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366"><em>y de las Religiones del mundo,</em></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366"><em>queridos amigos</em></span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">      Han pasado veinticinco años desde que el beato <strong>Papa Juan Pablo II</strong> invitó por vez primera a los representantes de las religiones del mundo a <strong>Asís</strong> para una oración por la paz. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? ¿A qué punto está hoy la causa de la paz? En aquel entonces, la gran amenaza para la paz en el mundo provenía de la división del planeta en dos bloques contrastantes entre sí. El símbolo llamativo de esta división era el muro de <strong>Berlín</strong> que, pasando por el medio de la ciudad, trazaba la frontera entre dos mundos. </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">En 1989, tres años después de Asís, el muro cayó sin derramamiento de sangre. De repente, los enormes arsenales que había tras el muro dejaron de tener sentido alguno. Perdieron su capacidad de aterrorizar. El deseo de los pueblos de ser libres era más fuerte que los armamentos de la violencia. La cuestión sobre las causas de este derrumbe es compleja y no puede encontrar una respuesta con fórmulas simples. Pero, junto a los factores económicos y políticos, la causa más profunda de dicho acontecimiento es de carácter espiritual: detrás del poder material ya no había ninguna convicción espiritual. Al final, la voluntad de ser libres fue más fuerte que el miedo ante la violencia, que ya no contaba con ningún respaldo espiritual. Apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo también una victoria de la paz. Y es preciso añadir en este contexto que, aunque no se tratara sólo, y quizás ni siquiera en primer lugar, de la libertad de creer, también se trataba de ella. Por eso podemos relacionar también todo esto en cierto modo con la oración por la paz.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">      Pero, ¿qué ha sucedido después? Desgraciadamente, no podemos decir que desde entonces la situación se haya caracterizado por la libertad y la paz. Aunque no haya a la vista amenazas de una gran guerra, el mundo está desafortunadamente lleno de discordia. No se trata sólo de que haya guerras frecuentemente aquí o allá; es que la violencia en cuanto tal siempre está potencialmente presente, y caracteriza la condición de nuestro mundo. La libertad es un gran bien. Pero el mundo de la libertad se ha mostrado en buena parte carente de orientación, y muchos tergiversan la libertad entendiéndola como libertad también para la violencia. La discordia asume formas nuevas y espantosas, y la lucha por la paz nos debe estimular a todos nosotros de modo nuevo.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">      Tratemos de identificar más de cerca los nuevos rostros de la violencia y la discordia. A grandes líneas —según mi parecer— se pueden identificar dos tipologías diferentes de nuevas formas de violencia, diametralmente opuestas por su motivación, y que manifiestan luego muchas variantes en sus particularidades. Tenemos ante todo el terrorismo, en el cual, en lugar de una gran guerra, se emplean ataques muy precisos, que deben golpear destructivamente en puntos importantes al adversario, sin ningún respeto por las vidas humanas inocentes que de este modo resultan cruelmente heridas o muertas. A los ojos de los responsables, la gran causa de perjudicar al enemigo justifica toda forma de crueldad. Se deja de lado todo lo que en el derecho internacional ha sido comúnmente reconocido y sancionado como límite a la violencia. Sabemos que el terrorismo es a menudo motivado religiosamente y que, precisamente el carácter religioso de los ataques sirve como justificación para una crueldad despiadada, que cree poder relegar las normas del derecho en razón del «bien» pretendido. Aquí, la religión no está al servicio de la paz, sino de la justificación de la violencia.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">      A partir de la Ilustración, la crítica de la religión ha sostenido reiteradamente que la religión era causa de violencia, y con eso ha fomentado la hostilidad contra las religiones. En este punto, que la religión motive de hecho la violencia es algo que, como personas religiosas, nos debe preocupar profundamente. De una forma más sutil, pero siempre cruel, vemos la religión como causa de violencia también allí donde se practica la violencia por parte de defensores de una religión contra los otros. </span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">Los representantes de las religiones reunidos en <strong>Asís</strong> en 1986 quisieron decir —y nosotros lo repetimos con vigor y gran firmeza— que esta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción. Contra eso, se objeta: Pero, ¿cómo sabéis cuál es la verdadera naturaleza de la religión? Vuestra pretensión, ¿no se deriva quizás de que la fuerza de la religión se ha apagado entre vosotros? Y otros dirán: ¿Acaso existe realmente una naturaleza común de la religión, que se manifiesta en todas las religiones y que, por tanto, es válida para todas? Debemos afrontar estas preguntas si queremos contrastar de manera realista y creíble el recurso a la violencia por motivos religiosos. Aquí se coloca una tarea fundamental del diálogo interreligioso, una tarea que se ha de subrayar de nuevo en este encuentro. A este punto, quisiera decir como cristiano: Sí, también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergüenza. Pero es absolutamente claro que éste ha sido un uso abusivo de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza. El <strong>Dios</strong> en que nosotros los cristianos creemos es el <strong>Creador</strong> y <strong>Padre</strong> de todos los hombres, por el cual todos son entre sí hermanos y hermanas y forman una única familia. La <strong>Cruz</strong> de <strong>Cristo</strong> es para nosotros el signo del <strong>Dios</strong> que, en el puesto de la violencia, pone el sufrir con el otro y el amar con el otro. Su nombre es «<strong>Dios</strong> del amor y de la paz» (<em>2 Co</em>13,11). Es tarea de todos los que tienen alguna responsabilidad de la fe cristiana el purificar constantemente la religión de los cristianos partiendo de su centro interior, para que —no obstante la debilidad del hombre— sea realmente instrumento de la paz de <strong>Dios</strong> en el mundo.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">      Si bien una tipología fundamental de la violencia se funda hoy religiosamente, poniendo con ello a las religiones frente a la cuestión sobre su naturaleza, y obligándonos todos a una purificación, una segunda tipología de violencia de aspecto multiforme tiene una motivación exactamente opuesta: es la consecuencia de la ausencia de <strong>Dios</strong>, de su negación, que va a la par con la pérdida de humanidad. Los enemigos de la religión —como hemos dicho— ven en ella una fuente primaria de violencia en la historia de la humanidad, y pretenden por tanto la desaparición de la religión. Pero el «no» a <strong>Dios</strong> ha producido una crueldad y una violencia sin medida, que ha sido posible sólo porque el hombre ya no reconocía norma alguna ni juez alguno por encima de sí, sino que tomaba como norma solamente a sí mismo. Los horrores de los campos de concentración muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de <strong>Dios</strong>.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">      Pero no quisiera detenerme aquí sobre el ateísmo impuesto por el Estado; quisiera hablar más bien de la «<em>decadencia</em>» del hombre, como consecuencia de la cual se produce de manera silenciosa, y por tanto más peligrosa, un cambio del clima espiritual. La adoración de Mamón, del tener y del poder, se revela una anti-religión, en la cual ya no cuenta el hombre, sino únicamente el beneficio personal. El deseo de felicidad degenera, por ejemplo, en un afán desenfrenado e inhumano, como se manifiesta en el sometimiento a la droga en sus diversas formas. Hay algunos poderosos que hacen con ella sus negocios, y después muchos otros seducidos y arruinados por ella, tanto en el cuerpo como en el ánimo. La violencia se convierte en algo normal y amenaza con destruir nuestra juventud en algunas partes del mundo. Puesto que la violencia llega a hacerse normal, se destruye la paz y, en esta falta de paz, el hombre se destruye a sí mismo</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">      La ausencia de <strong>Dios</strong> lleva al decaimiento del hombre y del humanismo. Pero, ¿dónde está <strong>Dios</strong>? ¿Lo conocemos y lo podemos mostrar de nuevo a la humanidad para fundar una verdadera paz? Resumamos ante todo brevemente las reflexiones que hemos hecho hasta ahora. He dicho que hay una concepción y un uso de la religión por la que esta se convierte en fuente de violencia, mientras que la orientación del hombre hacia Dios, vivido rectamente, es una fuerza de paz. En este contexto me he referido a la necesidad del diálogo, y he hablado de la purificación, siempre necesaria, de la religión vivida. Por otro lado, he afirmado que la negación de <strong>Dios</strong> corrompe al hombre, le priva de medidas y le lleva a la violencia.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">      Junto a estas dos formas de religión y anti-religión, existe también en el mundo en expansión del agnosticismo otra orientación de fondo: personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, están en la búsqueda de <strong>Dios</strong>. Personas como éstas no afirman simplemente: «<em>No existe ningún <strong>Dios</strong></em>». Sufren a causa de su ausencia y, buscando lo auténtico y lo bueno, están interiormente en camino hacia <strong>Él</strong>. Son «<em>peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz</em>». Plantean preguntas tanto a una como a la otra parte. Despojan a los ateos combativos de su falsa certeza, con la cual pretenden saber que no hay un <strong>Dios</strong>, y los invitan a que, en vez de polémicos, se conviertan en personas en búsqueda, que no pierden la esperanza de que la verdad exista y que nosotros podemos y debemos vivir en función de ella. Pero también llaman en causa a los seguidores de las religiones, para que no consideren a <strong>Dios</strong> como una propiedad que les pertenece a ellos hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia respecto a los demás. Estas personas buscan la verdad, buscan al verdadero <strong>Dios</strong>, cuya imagen en las religiones, por el modo en que muchas veces se practican, queda frecuentemente oculta. Que ellos no logren encontrar a <strong>Dios</strong>, depende también de los creyentes, con su imagen reducida o deformada de <strong>Dios</strong>. Así, su lucha interior y su interrogarse es también una llamada a nosotros creyentes, a todos los creyentes a purificar su propia fe, para que <strong>Dios</strong> –el verdadero <strong>Dios</strong>– se haga accesible. Por eso he invitado de propósito a representantes de este tercer grupo a nuestro encuentro en <strong>Asís</strong>, que no sólo reúne representantes de instituciones religiosas. Se trata más bien del estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho. Para concluir, quisiera aseguraros que la<strong> Iglesia católica</strong> no cejará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo. Estamos animados por el deseo común de ser «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz». Muchas gracias.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366"><strong><em>Benedicto XVI</em></strong></span></p>
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		<title>Consagración de los jóvenes al Sagrado Corazón de Jesús</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Aug 2011 20:58:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kristin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Sagrado Corazón de Jesús]]></category>

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		<description><![CDATA[Oración con la que Benedicto XVI consagró a los jóvenes al Sagrado Corazón de Jesús el sábado 20 de agosto durante la vigilia de oración con los jóvenes de la JMJ en Cuatro Vientos, al final de la adoración y antes de la bendición. Señor Jesucristo, Hermano, Amigo y Redentor del hombre, mira con amor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span style="color: #000000">Oración con la que <strong>Benedicto XVI</strong> consagró a los jóvenes al <strong>Sagrado Corazón de Jesús</strong> el sábado 20 de agosto durante la vigilia de oración con los jóvenes de la JMJ en Cuatro Vientos, al final de la adoración y antes de la bendición.</span></p>
<blockquote><p><span style="color: #993300">Señor Jesucristo,</span><br />
<span style="color: #993300"> Hermano, Amigo y Redentor del hombre,</span><br />
<span style="color: #993300"> mira con amor a los jóvenes aquí reunidos</span><br />
<span style="color: #993300"> y abre para ellos la fuente eterna</span><br />
<span style="color: #993300"> de tu misericordia</span><br />
<span style="color: #993300"> que mana de tu Corazón abierto en la Cruz.</span><br />
<span style="color: #993300"> Dóciles a tu llamada,</span><br />
<span style="color: #993300"> han venido para estar contigo y adorarte.</span><br />
<span style="color: #993300"> Con ardiente plegaria</span><br />
<span style="color: #993300"> los consagro a tu Corazón</span><br />
<span style="color: #993300"> para que, arraigados y edificados en ti,</span><br />
<span style="color: #993300"> sean siempre tuyos, en la vida y en la muerte.</span><br />
<span style="color: #993300"> ¡Que jamás se aparten de ti!</span><br />
<span style="color: #993300"> Otórgales un corazón semejante al tuyo,</span><br />
<span style="color: #993300"> manso y humilde,</span><br />
<span style="color: #993300"> para que escuchen siempre tu voz</span><br />
<span style="color: #993300"> y tus mandatos,</span><br />
<span style="color: #993300"> cumplan tu voluntad</span><br />
<span style="color: #993300"> y sean en medio del mundo</span><br />
<span style="color: #993300"> alabanza de tu gloria,</span><br />
<span style="color: #993300"> de modo que los hombres,</span><br />
<span style="color: #993300"> contemplando sus obras,</span><br />
<span style="color: #993300"> den gloria al Padre con quien vives,</span><br />
<span style="color: #993300"> feliz para siempre,</span><br />
<span style="color: #993300"> en la unidad del Espíritu Santo</span><br />
<span style="color: #993300"> por los siglos de los siglos.</span><br />
<span style="color: #993300"> Amén.</span></p></blockquote>
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		<title>Historias de la JMJ</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Aug 2011 13:53:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kristin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Juventud]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo II]]></category>

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		<description><![CDATA[Una vez acabados todos los actos de la JMJ, empezamos a conocer historias grandes y pequeñas de los que ha ido sucediendo estos días, más allá de lo que cada uno haya podido vivir o conocer a través de los medios de comunicación. Aquí dejo el relato de una de ellas:   Cuatro Vientos. Carpa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Una vez acabados todos los actos de la <a href="http://www.madrid11.com/">JMJ</a>, empezamos a conocer historias grandes y pequeñas de los que ha ido sucediendo estos días, más allá de lo que cada uno haya podido vivir o conocer a través de los medios de comunicación. Aquí dejo el relato de una de ellas:</p>
<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1441" style="border-style: initial;border-color: initial" src="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2011/08/custodia-237x300.jpg" alt="" width="237" height="300" /></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366"><strong>  Cuatro Vientos. Carpa 3 </strong></span><br />
<span style="color: #003366"> <strong>  Ángel Cabrero Ugarte</strong>, sacerdote.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">Sábado 20 de agosto. A las 9:00 en la entrada nº 1 de Cuatro Vientos. Tres sacerdotes nos hacíamos cargo de la carpa eucarística 3. Entré en el recinto de la base aérea, por primera vez, y el primer reconocimiento visual de lo que había visto en el papel me permitía ver, a lo lejos, la que debería ser mi carpa. Media hora de reloj, a buen paso, me costó llegar. Fue el primer descubrimiento de la magnitud del lugar. Celebramos misa, con el motivo principal de reservar la Sagrada Forma que se veneraría en la Exposición prevista de 12 a 6 de la madrugada en cada carpa.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">Teóricamente nuestra función el resto del día, hasta la hora la Vela, era custodiar el lugar. Teníamos asignados cinco voluntarios que, podría pensarse, no iban a tener mucho trabajo. Pero, a pesar de ser la carpa más apartada, pronto llegaron jóvenes a rezar. Desde el principio tuvimos algunos sacerdotes que se presentaron dispuestos a confesar. Teníamos 7 sillas, que en muchos momentos estuvieron ocupadas por confesores. Empezó desfilar un goteo constante de penitentes. Desde las primeras horas hubo sacerdotes que pidieron celebrar misa para sus grupos. Una misa detrás de otra. Varios sacerdotes confesando todo el día.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">El calor tórrido hacía muy apetecible la carpa para &#8220;tomar la sombra&#8221;. Suponía un esfuerzo adicional para los voluntarios ir indicando a los jóvenes que entraban que aquel era un lugar de oración. En seguida se daban cuenta de si la indumentaria no era decorosa o que no era lugar para entrar con la Coca Cola. Y aquella gigantesca tienda, del tamaño de un campo de tenis, con la presencia de Santísimo Sacramento en una arqueta apropiada, fue un lugar de oración, de recepción de los sacramentos, de mucha Gracia de Dios.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">El Maligno debía estar muy enfadado ante aquel panorama, y apareció en forma de tremenda tormenta. Un golpe de viento muy fuerte arrancó las fijaciones de los grandes pilares de hierro que sostenían toda la carpa. Fue un momento de pánico. Cogimos la arqueta del Santísimo y la gente salió despavorida. Fuera llovía muy fuerte. Todo ocurría mientras el Papa estaba presidiendo la Vigilia de oración. Llevamos al Santísimo a una pequeña capilla en el lugar donde se revestían los obispos, pasando por numerosos controles. Después de mucho caos, lluvia, viento, depositamos la arqueta en el pequeño altar. Hasta allí, acompañando al Señor, llegamos tres sacerdotes, un voluntario y una religiosa. El voluntario, un muchacho joven, dijo: &#8220;deberíamos rezar algo&#8221;. De rodillas estuvimos unos minutos de silencio y luego la religiosa comenzó a rezar en voz alta: &#8220;Te damos gracias, Señor, porque nos proteges de la tormenta, te damos gracias por todos estos jóvenes…&#8221;.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">Después de comunicar a los organizadores lo que conocíamos de la dimensión del estropicio –carpas 2, 3 y 12 inutilizadas- nos dispusimos a volver al lugar de los hechos, pero la Vigilia había acabado –nosotros no habíamos visto nada- y tuvimos que esperar a que salieran los obispos. La manifestación más gráfica de la universalidad de la Iglesia fue aquel muestrario de 800 obispos que desfiló ante de nosotros.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #003366">El diablo se salió con la suya: no hubo adoración eucarística en algunas carpas. Pero la abundancia de Gracia derramada durante todo el día ya nadie podía evitarlo. Y dimos muchas gracias a Dios por tanta maravilla.</span></p>
<p style="text-align: justify">
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		<title>Himno de Santa María la Real de la Almudena</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Aug 2011 12:58:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kristin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[Salve, Señora de tez morena Virgen y Madre del Redentor, Santa María de la Almudena, Reina del Cielo, Madre de amor. Santa María de la Almudena, Reina del Cielo, Madre de amor. Tú que estuviste oculta en los muros de este querido y viejo Madrid, hoy resplandeces ante tu pueblo, que te venera y espera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><a href="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2011/08/Almudena.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1427" src="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2011/08/Almudena-206x300.jpg" alt="" width="206" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: center"><span style="color: #000080">Salve, Señora de tez morena</span><br />
<span style="color: #000080"> Virgen y Madre del Redentor,</span><br />
<span style="color: #000080"> Santa María de la Almudena,</span><br />
<span style="color: #000080"> Reina del Cielo, Madre de amor.</span></p>
<p style="text-align: center"><span style="color: #000080">Santa María de la Almudena,</span><br />
<span style="color: #000080"> Reina del Cielo, Madre de amor.</span><br />
<span style="color: #000080"> Tú que estuviste oculta en los muros</span><br />
<span style="color: #000080"> de este querido y viejo Madrid,</span><br />
<span style="color: #000080"> hoy resplandeces ante tu pueblo,</span><br />
<span style="color: #000080"> que te venera y espera en ti.</span></p>
<p style="text-align: center"><span style="color: #000080">Bajo tu manto, Virgen sencilla,</span><br />
<span style="color: #000080"> busca en tus hijos la protección.</span><br />
<span style="color: #000080"> Tú eres patrona de nuestra Villa,</span><br />
<span style="color: #000080"> Madre amorosa, Templo de Dios.</span></p>
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		<title>Mensaje de Benedicto XVI para la JMJ de Madrid 2011</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Aug 2011 22:06:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kristin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Pablo II]]></category>
		<category><![CDATA[JMJ]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe&#8220;(cf. Col 2, 7) Queridos amigos: Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center">
<p style="text-align: center"><span style="color: #000080">&#8220;<em>Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe</em>&#8220;(cf. Col 2, 7)</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080"> Queridos amigos:</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos jóvenes y de toda la Iglesia. Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.</span></p>
<div id="attachment_1427" class="wp-caption alignleft" style="width: 216px"><a href="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2011/08/Almudena.jpg"><img class="size-medium wp-image-1427" src="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2011/08/Almudena-206x300.jpg" alt="" width="206" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Nuestra Señora de la Almudena</p></div>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">En cada época, también en nuestros días, numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz. Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes. Sí, la cuestión del lugar de trabajo, y con ello la de tener el porvenir asegurado, es un problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por así decir, &#8220;encerrados&#8221; por el poder dominante. Por ello, queríamos salir afuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación. Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su &#8220;huella&#8221;. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye» (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudium et Spes, 36). La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio -como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia-, se constata una especie de &#8220;eclipse de Dios&#8221;, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Por este motivo, queridos amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto.</span></p>
<p style="text-align: justify"><strong><span style="color: #000080">2. Arraigados y edificados en Cristo</span></strong></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres términos que san Pablo utiliza en: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Aquí podemos distinguir tres imágenes: &#8220;arraigado&#8221; evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; &#8220;edificado&#8221; se refiere a la construcción; &#8220;firme&#8221; alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes. Antes de comentarlas, hay que señalar que en el texto original las tres expresiones, desde el punto de vista gramatical, están en pasivo: quiere decir, que es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta Jeremías escribe: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8). Echar raíces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad. «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo» (1 Jn 5,11). Jesús mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cuál será nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qué afectos hay que desarrollar. En este contexto, vuelvo a pensar en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tomé conciencia de que el Señor me quería sacerdote. Pero más adelante, después de la guerra, cuando en el seminario y en la universidad me dirigía hacia esa meta, tuve que reconquistar esa certeza. Tuve que preguntarme: ¿es éste de verdad mi camino? ¿Es de verdad la voluntad del Señor para mí? ¿Seré capaz de permanecerle fiel y estar totalmente a disposición de Él, a su servicio? Una decisión así también causa sufrimiento. No puede ser de otro modo. Pero después tuve la certeza: ¡así está bien! Sí, el Señor me quiere, por ello me dará también la fuerza. Escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo. No cuenta la realización de mis propios deseos, sino su voluntad. Así, la vida se vuelve auténtica.</span></p>
<div id="attachment_1429" class="wp-caption alignleft" style="width: 310px"><a href="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2011/08/confesonarios-jmj.jpg"><img class="size-medium wp-image-1429" src="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2011/08/confesonarios-jmj-300x264.jpg" alt="" width="300" height="264" /></a><p class="wp-caption-text">Confesionario Paseo de Coches del Retiro, Madrid.</p></div>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que &#8220;cavó y ahondó&#8221;. Intentad también vosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino. Acoged con gratitud este don espiritual que habéis recibido de vuestras familias y esforzaos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios, convirtiéndoos en adultos en la fe. No creáis a los que os digan que no necesitáis a los demás para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Señor el haberla recibido y haberla hecho vuestra.</span></p>
<p style="text-align: justify"><strong><span style="color: #000080">3. Firmes en la fe</span></strong></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Estad «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). La carta de la cual está tomada esta invitación, fue escrita por san Pablo para responder a una necesidad concreta de los cristianos de la ciudad de Colosas. Aquella comunidad, de hecho, estaba amenazada por la influencia de ciertas tendencias culturales de la época, que apartaban a los fieles del Evangelio. Nuestro contexto cultural, queridos jóvenes, tiene numerosas analogías con el de los colosenses de entonces. En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un &#8220;paraíso&#8221; sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un &#8220;infierno&#8221;, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">El apóstol Pablo recuerda a los hermanos, contagiados por las ideas contrarias al Evangelio, el poder de Cristo muerto y resucitado. Este misterio es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana. Todas las filosofías que lo ignoran, considerándolo &#8220;necedad&#8221; (1 Co 1, 23), muestran sus límites ante las grandes preguntas presentes en el corazón del hombre. Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32). Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el &#8220;sí&#8221; de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.</span></p>
<p style="text-align: justify"><strong><span style="color: #000080">4. Creer en Jesucristo sin verlo</span></strong></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">En el Evangelio se nos describe la experiencia de fe del apóstol Tomás cuando acoge el misterio de la cruz y resurrección de Cristo. Tomás, uno de los doce apóstoles, siguió a Jesús, fue testigo directo de sus curaciones y milagros, escuchó sus palabras, vivió el desconcierto ante su muerte. En la tarde de Pascua, el Señor se aparece a los discípulos, pero Tomás no está presente, y cuando le cuentan que Jesús está vivo y se les ha aparecido, dice: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25).</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">También nosotros quisiéramos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más intensamente aún su presencia. A muchos se les hace hoy difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona. Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer. De hecho, Jesús mismo, apareciéndose nuevamente a los discípulos después de ocho días, dice a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27). También para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús, meter, por así decir, la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos jóvenes, aprended a &#8220;ver&#8221;, a &#8220;encontrar&#8221; a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 150). Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!».</span></p>
<p style="text-align: justify"><strong><span style="color: #000080">5. Sostenidos por la fe de la Iglesia, para ser testigos</span></strong></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">En aquel momento Jesús exclama: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). Pensaba en el camino de la Iglesia, fundada sobre la fe de los testigos oculares: los Apóstoles. Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal. El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucaristía nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jesús nos ha revelado: «Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros» (Catecismo de la Iglesia Católica, 166). Agradezcamos siempre al Señor el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31).</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">En la historia de la Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. De hecho, como dice el apóstol Juan: «¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5, 5). La victoria que nace de la fe es la del amor. Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, Jesús, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn 11, 40). También vosotros, si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo.</span></p>
<div id="attachment_1425" class="wp-caption alignright" style="width: 235px"><a href="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2011/08/Icono.jpg"><img class="size-medium wp-image-1425" src="http://opusdeiblogs.es/kristin/files/2011/08/Icono-225x300.jpg" alt="" width="225" height="300" /></a><p class="wp-caption-text">Cruz e Icono de la JMJ</p></div>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Queridos amigos, os reitero la invitación a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Con profunda alegría, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia. La elección de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia. A lo largo de este año, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Queridos jóvenes, la <strong>Iglesia</strong> cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. Por ello, las Jornadas Mundiales de la Juventud son una gracia no sólo para vosotros, sino para todo el Pueblo de Dios. La Iglesia en España se está preparando intensamente para acogeros y vivir la experiencia gozosa de la fe. Agradezco a las diócesis, las parroquias, los santuarios, las comunidades religiosas, las asociaciones y los movimientos eclesiales, que están trabajando con generosidad en la preparación de este evento. El Señor no dejará de bendecirles. Que la <strong>Virgen María</strong> acompañe este camino de preparación. Ella, al anuncio del <strong>Ángel</strong>, acogió con fe la Palabra de Dios; con fe consintió que la obra de Dios se cumpliera en ella. Pronunciando su &#8220;fiat&#8221;, su &#8220;sí&#8221;, recibió el don de una caridad inmensa, que la impulsó a entregarse enteramente a <strong>Dios</strong>. Que <strong>Ella</strong> interceda por todos vosotros, para que en la próxima <strong>Jornada Mundial</strong> podáis crecer en la fe y en el amor. Os aseguro mi recuerdo paterno en la oración y os bendigo de corazón.</span></p>
<p style="text-align: justify"><span style="color: #000080">Vaticano, 6 de agosto de 2010</span></p>
<p style="text-align: justify"><strong><span style="color: #000080">Benedictus PP. XVI</span></strong></p>
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		<title>Carta abierta al Santo Padre</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Jul 2011 12:30:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Kristin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Jornada Mundial de la Juventud]]></category>

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		<description><![CDATA[Cardenal Julián Herranz, ex Presidente del Consejo Pontificio para los Textos Legislativos. Santidad: permítame enlazar idealmente un recuerdo personal de juventud a una hermosa frase de su Mensaje a la próxima JMJ, que en su bondad ha deseado celebrar en España. Quisiera corresponder así al particular empeño de Vuestra Santidad en recordar a los jóvenes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><strong>Cardenal Julián Herranz</strong>, ex Presidente del <strong>Consejo Pontificio para los Textos Legislativos</strong>.</p>
<p style="text-align: justify">Santidad: permítame enlazar idealmente un recuerdo personal de juventud a una hermosa frase de su Mensaje a la próxima JMJ, que en su bondad ha deseado celebrar en España. Quisiera corresponder así al particular empeño de Vuestra Santidad en recordar a los jóvenes -especialmente si se llaman cristianos- que la principal riqueza y belleza de la juventud consiste en ser vivida como tiempo de reflexión vocacional, de esperanza en un futuro de verdadera felicidad.<br />
Como todos o casi todos los jóvenes de ahora y de siempre, yo también me preguntaba, hace muchos años, en estas tierras de vieja cristiandad: ¿Qué debo hacer para que mi vida tenga verdadero sentido? ¿Cómo puedo emplearla al servicio de algo verdaderamente grande?, y añadía también, de cara a la eternidad: ¿Cuál es la voluntad divina en mi vida? ¿Qué espera Dios de mí? Sentía en mi alma un ansia de cosas grandes, de dedicar mi existencia a ideales altos aunque fueran arduos. Era una serena inquietud, que reflejaban bien estas palabras de un conocido poeta español, José María Valverde: «Tú, amigo, tú que tienes veinte años, dime: ¿qué vas a hacer con ellos?» La respuesta la encontré en otra pregunta hecha con no menor ímpetu juvenil por un sacerdote, Josemaría Escrivá, a cuya canonización Vuestra Santidad y yo hemos asistido, hace nueve años, en la plaza de San Pedro: «¿No gritaríais de buena gana a la juventud que bulle alrededor vuestro: ¡Locos!, dejad esas cosas mundanas que achican el corazón&#8230;, y muchas veces lo envilecen&#8230;, dejad eso y venid con nosotros tras el Amor?» (Camino, 790).<br />
Esas cosas mundanas, en el sentido negativo del término, eran entonces y lo son hoy -Juan Pablo II y Vuestra Santidad lo recuerdan exhortando a ir contracorriente- los falsos dioses de las tres principales concupiscencias que tientan a la naturaleza humana caída: el ídolo de la avaricia y del poseer a toda costa (concupiscencia de los ojos), el ídolo de la lujuria y de la droga (concupiscencia de la carne) y el ídolo del poder egoísta y prepotente (soberbia de la vida). Frente a esos falsos dioses que achican el corazón&#8230;, y muchas veces lo envilecen, se alzaban con fuerza las palabras de una decidida invitación siempre actual: Venid con nosotros tras el Amor, el Amor con mayúscula, Cristo, arrebatadora Imagen del Dios invisible, Maestro y Amigo, paz y alegría del mundo, Camino de esperanza y de felicidad, Palabra que no pasa, Verdad que ilumina y consuela, Vida que sana y resucita. Aquella invitación del joven sacerdote Josemaría sonó en mi alma como el Sígueme de Jesús a sus primeros discípulos junto al mar de Galilea.</p>
<p style="text-align: justify">Santo Padre: podrá comprender fácilmente con qué gozo he leído, sesenta años después, en esta primavera romana de 2011, las siguientes hermosas palabras de su Mensaje a la próxima Jornada Mundial de la Juventud: «Sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: Nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. (&#8230;) El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud».<br />
A la mayoría de los jóvenes que encontrará en Madrid deseosos de crecer en amistad con Jesús de Nazaret, el Señor los habrá llamado o los llamará al matrimonio, esa íntima comunión de vida y de amor conyugal, única, indisoluble y abierta a la fecundidad, fundamento insustituible de una sociedad sana, que Cristo ha elevado a la condición de sacramento. Pero debemos esperar también, como ocurrió en Colonia, en Sidney y en otros muchos encuentros de Vuestra Santidad con los jóvenes, que a algunos y a algunas el Señor les pedirá más.<br />
Es seguro -la experiencia de la pastoral juvenil lo demuestra- que, de frente a los desafíos del agnosticismo religioso y la banalización de la sexualidad, la gracia de Dios desvelará también en España a no pocos jóvenes el valor siempre actual del celibato apostólico, de la completa donación de sí mismos, en la totalidad corpórea-espiritual, al amor de Cristo y a los demás por amor de Dios. Un particular anhelo de lo realmente grande llevará a esas almas a responder a la llamada de Cristo al celibato apostólico (propter me et propter evangelium: Mc 10, 29): ya sea en el sacerdocio de Cristo Pastor, sin el cual no habría Eucaristía ni Reconciliación, ya sea en la peculiar consagración del estado religioso o en la también completa donación a Dios en las circunstancias ordinarias de la vida secular.<br />
Santidad: gracias en nombre personal y de los jóvenes de la JMJ por esa hermosa frase de su Mensaje, y que María Santísima, la Señora del fiat, les enseñe a ellos y nos enseñe a todos siempre a saber discernir, amar y cumplir la voluntad de Dios.</p>
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