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Mi hermano, el Papa

Archivado en: Benedicto XVI,Espíritu Santo,Familia,Fidelidad,Sacerdocio,Virgen María,Virtudes humanas — Kristin a las 8:23 pm en Jueves, Abril 19, 2012

Fuente: R. B. en Alfa y Omega

El periodista e historiador alemán Michael Heseman ha publicado un libro entrevista a Georg Ratzinger, Mi hermano, el Papa, ahora publicado en español (ed. San Pablo). Georg ha sido una figura clave en la biografía de Benedicto XVI, aunque no menos que la hermana mayor de ambos, María, que lo dejó todo para servir a Joseph y permaneció a su lado hasta su repentina muerte, en 1991.

María Ratzinger nació el 7 de diciembre de 1921. Era más de dos años mayor que Georg, y cinco años y medio mayor que Joseph. Después de la guerra, trabajó como secretaria en un bufete de abogados en Munich. Cuando su hermano Joseph fue nombrado, en 1959, profesor de Teología Dogmática en la Universidad de Bonn, abandonó su trabajo para administrarle la casa y el despacho. «En mi opinión –afirma Michael Heseman–, le aburría su trabajo como secretaria; le atraía intelectualmente mucho más la perspectiva de trabajar como asistente de un profesor en una ciudad universitaria». Pero el factor decisivo en su decisión fue otro: «No quería dejar solo a su querido hermano pequeño, tan lejos de casa. Él lo agradeció mucho, porque no se le daba muy bien llevar los asuntos prácticos».

Maria continuó al lado de Joseph tras su ordenación episcopal, a pesar de que se le encomendara un secretario, y abandonó con él Alemania, cuando Juan Pablo II se lo llevó a Roma, en 1982, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Allí permaneció 9 años, hasta su repentina muerte, el 2 de noviembre de 1991, cuando los tres hermanos iban a visitar la tumba de sus padres, en Ratisbona. En su esquela, Georg Ratzinger escribió: «Durante 34 años, ha servido a su hermano Joseph en todas las etapas de su viaje con devoción infatigable y con gran bondad y humildad».

Hermana de dos genios

Para Heseman, «María Ratzinger era algo así como la parte más silenciosa, orante y también servicial de los hermanos Ratzinger. Hace honor a su nombre, María, la madre de Dios». Era consciente de que «sus padres, José y Maria Ratzinger, no sólo habían tenido dos hijos sacerdotes, sino dos verdaderos genios: un director de coro, mundialmente reconocido, y el más grande teólogo de habla alemana, finalmente elegido sucesor de Pedro. Y entre estos dos gigantes, que uno casi podría comparar con las torres de una catedral gótica, ella decide permanecer en la sombra».

Fue una decisión plenamente consciente. «Por carácter, era modesta y abnegada, pero también curiosa, una persona que buscaba desafíos. En esto no fue muy diferente de su madre, una mujer independiente que no se casó hasta los 36 años, que había trabajado en varias ciudades, y era cualquier cosa menos una ingenua chica bávara de campo».

María madre era «una mujer guapa y orgullosa, una auténtica todoterreno, que sabía cómo ser de utilidad en cualquier situación de la vida», según la describe Hesemann. Cuando no alcanzó el dinero en la familia, porque los dos hermanos quisieron entrar en el Seminario Menor, se buscó un trabajo en un hotel para aportar ingresos a la familia.

También la hermana del Papa fue una mujer inteligente; quiso ser maestra, pero dos hechos lo dificultaron. En primer lugar, las circunstancias históricas. «Era la época del dominio nazi. Todos los profesores jóvenes se habían convertido en cómplices de los ideólogos nacional-socialistas. Ella, al igual que su padre y sus hermanos, de ninguna manera quería ponerse al servicio de los aborrecidos nazis».

A esto se sumó el hecho de que la entrada en el Seminario de los dos hermanos agotó el presupuesto familiar. Así, abandonó la idea de convertirse en maestra. En su lugar, fue a una escuela privada, donde estudió economía doméstica, taquigrafía, contabilidad y mecanografía. Y, tras la guerra, se convirtió en secretaria. Hasta que lo dejó todo por Joseph.

Los Ratzinger, modelo de familia cristiana

El ambiente de fe en el hogar paterno marcó decisivamente a María. Ya de niños, «las diferencias se resolvían en casa con oración». Su padre era todo un referente de bondad y honradez, no sólo en la familia, sino también para la comunidad, ya que, como gendarme, era una autoridad local. «Se trata de personas, sencillamente, maravillosas. Los Ratzinger tenían una fe profunda y genuina. Ésa era la columna vertebral de la dinámica familiar. Son un verdadero modelo de familia cristiana a seguir», dice el biógrafo de Georg.

En el caso de María, ser miembro de la Tercera Orden Franciscana, y mujer de gran vida de oración, fue otro factor que, «sin duda, le ayudó a comprender el servicio de su hermano, como un servicio a la Iglesia universal».

«En los tres hermanos, diría, nos encontramos una maravillosa mezcla de corazón, pureza, humildad, servicio y brillantez intelectual», concluye Heseman. «Es verdad que María permaneció, al lado de Joseph, en un segundo plano, pero Joseph tampoco buscó nunca figurar en un papel protagonista, sino que fue empujado hacia adelante. Ambos son dos naturalezas espiritualmente afines, que se complementan maravillosamente».

Separaciones y divorcios

Archivado en: Familia,Fidelidad,Matrimonio — Kristin a las 10:27 pm en Domingo, Octubre 24, 2010

Insieme-ma-soliHablar forma parte de la vida. Si no, ¿cómo convives? Unos y otras encuentran tema en el deporte. Otras y unos, en cambio, prefieren el corazón o los ecos de sociedad.

Con mayor peligro, claro, de que te pase lo que le decía una dama a otra, en la magnífica novela de Tolstoi, Ana Karenina:

«Procure no morderse la lengua porque se puede envenenar». Porque en este terreno muchas veces no se respeta el viejo precepto que es “la regla de oro de la moral” y la expresión más elemental de la justicia: «No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti». En estos días, la separación de una persona de la vida política ha soltado las lenguas de unos y otras. La cuestión no es sólo la del veneno. Es que también se oye mucha confusión.

Que en España el matrimonio ya no es lo que era, lo sabe todo el mundo. Ni es lo que era, ni es lo que es. A base de descosidos legales, hechos sin consulta pública en un tema grave que nos afecta a todos, el matrimonio español ya no tiene ni marido ni mujer, ni padre ni madre, ni compromiso de por vida, ni relación entre los dos sexos. Además, ya no hace falta ningún motivo para divorciarse, sino que se puede hacer a iniciativa de parte. Con lo que un matrimonio español se disuelve más fácilmente que una venta por correo. Con o sin hijos.

Esto y que la gente se casa y se descasa a toda velocidad, lo confunde todo. Los famosos, con reportaje y pose de fotos, debidamente contratado, te explican sus líos. Aunque ya empieza a haber, no una sino muchas estrellas arrugadas de Hollywood que confiesan que, después de 8 maridos, no han encontrado la felicidad. Es que la felicidad, como cualquier cristiano sabe, tiene más que ver con darse que con recibir. Dicho sea de paso, ellos no suelen contártelo de la misma manera, porque si han tenido 8 mujeres, todo el mundo sabe que lo que buscaban no era la felicidad. No somos iguales unas y otros.

El matrimonio español ha cambiado tanto que ya no se parece nada al punto de partida Pero el matrimonio cristiano sigue en el mismo punto de partida: uno con una y para siempre.

Y no va a cambiar a pesar de todas las presiones ambientales, porque lo dijo el Señor: «Serán una sola carne, y lo que Dios ha unido no lo separe el hombre». Es bonito, porque responde a lo que reclama espontáneamente el amor. Pero es difícil, porque el amor es difícil. Y las cosas no salen siempre de acuerdo con el ideal.

¿Y entonces? En la Iglesia no existe el divorcio, porque el compromiso es para toda la vida. Existe la anulación que es una cosa muy distinta, y se da cuando se demuestra que no hubo matrimonio. O sea que se casaron mal, o porque no eran capaces o porque no estaban dispuestos a asumir lo que es el matrimonio.

Y existe la separación, cuando hay causa justa. El Código de Derecho Canónico le dedica un capítulo. Separarse es, sencillamente, dejar de convivir, sin que se rompa ni el compromiso de fidelidad ni el matrimonio. Y esto lo puede hacer un cristiano. Todos conocemos a personas a las que la vida ha puesto en esta situación.

Y que la procuran vivir cristianamente, manteniéndose fieles al compromiso contraído, y al ideal cristiano de matrimonio, que no se puede disolver. Son también un elocuente testimonio cristiano en medio de una sociedad atacada de frivolidad. ¿La felicidad? La felicidad está en la entrega, en lo que la vida le pide a cada uno. Es cuestión de responder honradamente a esa voz de la vida, que es la voz de la conciencia y, al final, la voz de Dios. Pero entonces ¿la felicidad tiene más que ver con la conciencia que con el sexo?

Pues sí, mira por dónde. Lo sabe cualquiera que haya vivido un poco. Pero se olvida cuando se habla demasiado, porque se va la fuerza, la fuerza que tiene la vida, por la boca.

Juan Luis Lorda
Facultad de Teología Universidad de Navarra
Diario de Navarra

Precauciones para proteger tu matrimonio de la infidelidad

Archivado en: Familia,Fidelidad,Matrimonio — Kristin a las 5:35 pm en Lunes, Mayo 31, 2010  Etiquetado , ,

Cada vez es más evidente que nuestra sociedad es especialmente hostil contra el matrimonio. No basta con “quererse“. La misma noción de fidelidad y compromiso es sacudida por las prácticas de nuestro entorno y por leyes en las que, como se ha señalado, estamos obligados a mantener nuestro móvil al menos 6 meses mientras que podemos divorciarnos a los 3 meses de casados.

Si nos remitimos al momento en que se publicó esta información, en 2005 hubo en España casi 140.000 rupturas matrimoniales, entre divorcios y separaciones, un 10% más que en el año anterior. En 7 años, de seguir este ritmo, habrá el doble de rupturas, se calculaba ese año.
Lo peor del divorcio es que, como el suicidio, es contagioso. Cuando se han divorciado ya un par de parientes, hermanos, primos cercanos, y nadie parece haberse muerto de ello, es fácil asumirlo como “otra opción”. Una pareja joven en crisis cada vez tiene menos ejemplos a los que mirar, ejemplos de matrimonios jóvenes, firmes y alegres.

Peor aún, en nuestra sociedad apresurada hay pocos espacios y casi ningún tiempo para compartir nuestra intimidad con nuestro cónyuge e incluso con algún amigo o pariente muy cercano. Por eso es especialmente peligroso cuando se presenta la ocasión con alguna persona que empieza a ocupar el espacio que debería ocupar nuestro cónyuge.
“Hay un papá de estar en casa en nuestro vecindario que se ha convertido en mi mejor amigo”, le decía una joven madre a Jill Savage, fundadora de Hearts at Home, un servicio para animar a las madres que se quedan en casa a ser cada vez “más profesionales“. Jill enseguida se preocupó mientras escuchaba a la entusiasmada madre.
“Vamos juntos con los niños al parque, a comprar, incluso cocinamos juntos una vez al mes; es un gran tipo”, decía la mujer. “Es evidente que ella no tenía ni idea del peligro de esta situación aparentemente inofensiva”, escribió luego Jill Savage en un artículo. “La historia es siempre la misma: el cónyuge infiel desarrolló una relación que empezó como una inocente amistad, con alguien al que poder hablar, alguien que le escuchaba, que se preocupaba”.

En una sociedad especialmente hostil, es importante proteger el matrimonio con una atención especialmente fuerte. “Cada uno es tentado por sus propios deseos que le atraen y seducen; estos deseos, una vez concebidos, engendran el pecado, y el pecado, una vez crecido, engendra la muerte”, cita Jill la Carta de Santiago 1, 14-15.
“Necesitamos plantar un seto de protección alrededor de nuestro matrimonio, es decir, tomar decisiones ya, por adelantado, que mantengan la tentación lejos y hagan del matrimonio una prioridad”, recomendaba en 2006 Jill como asesora familiar y matrimonial. En concreto, ella recomendaba 8 precauciones para proteger la relación.

Precaución 1: Elige sabiamente.

Evita pasar tiempo innecesario con alguien del sexo opuesto. Por ejemplo, si buscas un entrenador personal en el gimnasio, elige mejor a alguien del mismo sexo que tú.

Precaución 2: Comparte sabiamente.

Si un día te das cuenta de que estás compartiendo con alguien secretos e intimidades sobre ti y tu matrimonio que no ha compartido con tu esposo o que no lo haría, eso es una señal de alerta.
Un lío emocional con alguien, incluso si no llega a ser sexual, también puede hacer mucho daño a la relación.

Precaución 3: Procura estar en sitios públicos.

Haz el propósito de no citarte a solas con alguien del otro sexo. Si un compañero te invita a comer o a que le acompañes. haz que venga una tercera persona. No titubees en explicarle, si hace falta, que así lo has acordado con tu cónyuge. Puede servir para dar ejemplo.

Precaución 4: No seas inocente.

La mayor parte de la gente que termina teniendo un lío no quería tenerlo; la infidelidad empieza como una relación inocente que termina alcanzando una profundidad emocional que cruza la línea de la fidelidad.

Precaución 5: Aumenta tu inversión en hogar.

Los matrimonios fuertes se consiguen pasando tiempo juntos, riendo juntos, jugando juntos. Si no tienes citas con tu pareja, planea ya citas para los meses que vienen y haz que pasar tiempo juntos sea una prioridad.

Precaución 6: Presta atención a lo que piensas.

Si todo el día estás pensando en los fallos de tu cónyuge, si el tiempo que dedicas a pensar en él o ella se centra en defectos y reproches, es fácil que cualquier otra persona pueda parecerte mejor y te atraiga. Haz una lista por escrito de los puntos fuertes que inicialmente te atrajeron de tu pareja. Aumenta el animar y apoyar y disminuye las críticas.

Precaución 7: No juegues a comparar.

Todos tenemos malas costumbres, manías y errores. Es muy tramposo comparar a tu esposa o esposo con un nuevo conocido, porque al recién llegado no lo estamos viendo en el mundo real, en el mundo de compartir techo, cuidar niños a las tres de la mañana, cuadrar cuentas, etc…

Precaución 8: Busca ayuda.

Buscar ayuda es un signo de fortaleza, no de debilidad. Busca ayuda quien está dispuesta a presentar batalla, es un primer paso de fuerza. Un terapeuta familiar cristiano, un buen consejero, etc… te darán una perspectiva serena, valiosa, para establecer nuevas estrategias paraproteger o defender o reconstruir tu matrimonio.

Estos consejos, publicados en Christianity Today (verano 2006, Vol. 23, n2,pág. 42) son de Jill Savage

( www.jillsavage.org ), fundadora de www.hearts-athome.org

Virgen Fiel

Archivado en: Fidelidad,Virgen María — Kristin a las 2:08 pm en Jueves, Mayo 20, 2010

William-Adolphe_Bouguereau_The_Madonna_of_the_Roses_(1903)La fidelidad es un valor que quizá hoy no es valorado en toda su amplitud. La fidelidad es hoy un valor mal comprendido, poco practicado y bastante devaluado. Es una palabra que muchas personas, jóvenes y mayores, han desterrado en su obrar personal, cristiano, social, conyugal, profesional y político. La práctica de la fidelidad se ha debilitado y oscurecido sensiblemente.
La fidelidad es uno de los rasgos más acusados del rostro de Dios en la Biblia, Dios se nos ha retratado como un “Dios misericordioso y fiel”.

También el rostro de nuestra Madre se nos ha manifestado como una Madre de misericordia y una Virgen Fiel, y así se lo decimos cuando rezamos el Rosario y la Letanía. María ha experimentado, de un modo único y privilegiado, la misericordia y la fidelidad de Dios. Por esta razón, constituida “Madre de los Redimidos por su Hijo”, acoge a todo hombre o mujer que la invoca y se refugia en Ella. Por ser “Virgen Fiel” y llena de “ternura” está siempre atenta a los ruegos de sus hijos e hijas, para obtenernos de Dios, todas nuestras súplicas.

Divórciate

Archivado en: Fidelidad — Kristin a las 5:56 pm en Lunes, Agosto 24, 2009  Etiquetado ,

“Una vez, cuenta un sacerdote, asusté a un joven marido que me pedía consejo sobre su matrimonio en peligro. Este me había hablado de su esposa con tantos detalles negativos que parecía imposible que pudiera seguir viviendo con ella. Yo le di entonces mi consejo. “Tienes que divorciarte de tu mujer”. Aquel joven marido quedó asombrado que un sacerdote le diera este consejo, y casi se cayó de espalda cuando el padre insistió diciéndole:

- “¡Sí, tienes que divorciarte y casarte con otra mujer!

- “Pero, ¿cómo me dice esto? No entiendo,” replicó.

Y yo le expliqué sonriendo. “Sí , tienes que divorciarte de la mujer ideal de tus sueños, y casarte con la mujer de carne y hueso que tienes en tu casa”.

Amar de veras implica querer al otro como es, con todos los defectos que tiene y no como tendría que ser o cómo nos gustaría que fuese. Dios no nos ama porque somos dignos de amor sino que somos dignos de amor porque Dios nos ama. Y Dios nos ama como somos, así, en concreto, con los ojos abiertos sobre nuestras virtudes. y nuestros defectos.

El amor de los novios es ciego en cuanto a los defectos del otro, pero también vidente en cuanto a las cualidades que sólo el enamorado es capaz de ver. Cuando, con el pasar de los años, las cualidades, que tanto los encantaban, disminuyen o desaparecen y quedan al descubierto los defectos, que antes estaban escondidos. Entonces parece que el amor ya no existe y los esposos llegan a pensar que el amor se ha ido. En realidad, amor únicamente fundado sobre las cualidades, no es verdadero amor. Se aman las cualidades físicas o psicológicas o morales pero no se ama a la persona que es el sujeto profundo de las cualidades. Si el amor desaparece, es que probablemente, nunca existió. Pero si el amor llega a ser un amor personal, un amor a la persona única e irrepetible, entonces no va a desaparecer por el hecho de que desaparecen las cualidades. La persona es siempre la misma aunque cambia a lo largo del tiempo.

Fidelidad

Archivado en: Fidelidad,Virtudes humanas — Kristin a las 12:15 am en Domingo, Julio 5, 2009  Etiquetado ,

Amar, entregarse, sacrificarse, donarse… son diversas formas de conjugar la fidelidad.
Es bien conocida la historia de El Señor de los Anillos. Frodo, de un momento a otro se encuentra enredado en la historia de un anillo que significa la salvación de toda la Tierra Media. Ha sido elegido para una misión que jamás había sospechado. No está sólo. Tiene una comunidad.

La pequeña comitiva pasa por mil peripecias para conseguir su objetivo. La nieve pantanosa en las montañas nevadas, la batalla en las Minas de Moria. Gandalf desaparece. Las sucesivas peleas contra los orcos. La gran victoria frente al reto que se les presentó en el abismo de Helm. La destrucción de Sarumán. Al final Frodo se queda solo. También Sam se ha separado.

Tolkien plasma de modo loable el aspecto psicológico del protagonista en estos momentos. Toda la responsabilidad recae sobre Frodo. No tiene a nadie. Su fidelidad es la suya y nadie le puede sustituir. Los enemigos siguen al acecho. Ha recibido una misión y que se cumpla depende de él y sólo de él. Todos conocemos el desenlace de la historia. Hizo hasta lo imposible y la providencia se encargó de que el anillo fuera destruido…, junto con Gollum.

Todos hemos recibido una misión y la obra de nuestra vida es realizarla. La fidelidad es una virtud que se consigue día a día, minuto a minuto. Es la constancia en las propias determinaciones. En el campo humano y profesional ésta alcanza su mayor grado en la realización de la propia elección de vida. A Frodo le ofrecieron la misión de destruir el anillo, aceptó y fue consecuente con su respuesta hasta donde pudo.

Esto exige varios requisitos: objetivos claros, constancia, tenacidad, reciedumbre, “amor a la camiseta”, cultivo de los detalles en la vivencia de lo que se ha elegido. Con los actos de hoy construimos el hombre maduro que queremos ser mañana. La fidelidad es la corona y la gloria del hombre que ha amado con pasión lo que ha hecho de su vida.

La fidelidad es una virtud que está al alcance de todos y que tiene infinitas expresiones en cualquier campo de la vida humana. Es fiel el amigo que no vuelve la espalda a los suyos en los momentos de dificultad, más aún los acompaña y les brinda todo su apoyo moral y material.

Es fiel el novio que ni de lejos juega con el amor de su prometida, sino que lo cultiva con los pequeños detalles de cariño y afecto: la invita a salir, la respeta, evita lo que le molesta.

Es fiel el esposo que, después de una larga aventura de años y años con su mujer, cada mañana le brinda la misma frescura de su amor en su beso de “¡Buenos días!”. Reina entre los dos un ambiente de total confianza porque saben que son fieles y ninguno fallará.

Es fiel el hombre consagrado que cada mañana se presenta ante su Señor con una sonrisa en los labios y un sincero “Gracias por el nuevo día. Aquí estoy para hacer tu voluntad”.

Nadie es verdaderamente fiel por temor al castigo. Esto no sería auténtica fidelidad. La fidelidad es un compromiso que nace de lo más hondo de nosotros mismos. Es un “conozco las consecuencias y quiero, con todo lo que implique…”. El hombre fiel es el que confirma su opción fundamental con cada una de las pequeñas decisiones que forman el entramado de su existencia. Es un hombre libre que aceptó y sigue aceptando, que amó y sigue amando. La fidelidad es la confirmación diaria de un sí que no pertenece al pasado.

Los frutos del que es fiel no se hacen esperar. La felicidad profunda y la alegría verdadera vienen a constituir el fruto más evidente de la auténtica fidelidad. El hombre fiel es maduro, sincero, trabajador, realista. Hay una coherencia entre lo que es y dice ser.

Ser fiel es creer, confiar, amar…, sufrir con resignación, aguantar con paciencia, esperar contra toda esperanza, luchar sin desalentarse, empeñarse en la meta, apasionarse por el ideal, perseverar en medio de las más atroces dificultades… para corresponder a otro que primero nos ha sido fiel. Para nosotros, católicos, ese Otro se escribe con mayúscula y su nombre es Jesucristo.

Para el cristiano ser fiel significa corresponder al inmenso amor de Dios a la propia persona. Ser un fiel católico no significa cumplir pura y secamente los mandamientos… “porque si no me voy a condenar”.

La fidelidad no se edifica sobre los cimientos inconsistentes de una moral negativa que cifra todo en torno al “no”. La formulación negativa de algunos mandamientos del decálogo tiene su razón de ser en el Amor, que jamás es negativo: “Amarás A Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Renunciamos a aquello para amar más a Dios.

“El cristianismo es el encuentro con una persona: Jesucristo”, nos decía el Papa Benedicto XVI en su primera encíclica. Es a Él a quien le somos fieles, porque antes él ha sido fiel a su amor hacia nosotros.

La gran obra de una vida, sea en el matrimonio, sea en la vida sacerdotal o religiosa, sea en el campo profesional o social se encuentra en la fidelidad a Dios, a los demás y a nosotros mismos. Cada uno, como Frodo, tiene una misión para la que fue creado por Dios. Está en sus manos realizarla o hacerla fracasar.

Dificultades y sufrimientos no faltarán, y esto se constata en toda vida humana. Pero el hombre fiel tiene su mirada clavada en un ideal y nada lo mueve de allí.

El grado de plenitud de nuestra vida es el grado de lo fieles que somos. Siendo lo que somos y hemos elegido ser llevaremos en alto nuestra dignidad de cristianos, católicos, seguidores de Jesucristo, seguros de alcanzar un día no muy lejano la recompensa prometida: “Ven siervo bueno y fiel, porque has sido fiel en lo poco, te recompensaré en lo mucho, entra en el gozo de tu Señor…”