Aprendiendo a vivir

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Esa gente pequeña

Archivado en: General — Kristin a las 11:52 pm en Miércoles, Abril 6, 2011

Por Jesús Fonseca en www.larazon.es

Frente al pensamiento único, que impone un estilo de vida también único, cada vez más españoles, que no aspiran a ocupar el espacio político, quieren ejercer su legítimo derecho a estar e influir en lo público, pero desde sus propias convicciones. No es una utopía. Millones de pequeñas utopías ya están en marcha, para hacer realidad esa gran quimera. Una verdad incómoda para algunos. «Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo». Las palabras de Galeano cobran fuerza.

Otros modos de vida son posibles. Pero sólo las soluciones individuales lo conseguirán. Lo dicho: gentes pequeñas, en lugares pequeños, levantando la vida con cosas pequeñas. El verdadero argumento, por cierto, de Encontrarás dragones, la recién estrenada película de Roland Joffé. Sólo un agnóstico de izquierdas podía hacer un retrato tan humano, tan carnal, del fundador del Opus Dei, al presentar a un san Josemaría, con sus errores, debilidades y luchas interiores, pero anticipativo a la hora de ver que el secreto para transformar el mundo está en amarlo apasionadamente, en el día a día, desde el esfuerzo y la superación individual. Sí, las soluciones son personales. Lo demás son rodeos para escurrir el bulto. Lo que importa es ir a la raíz de los problemas sociales desde la propia raíz personal. Desde la grandeza de lo ordinario.

Dios y audacia

Archivado en: General,San Josemaría — Kristin a las 3:11 pm en Miércoles, Marzo 30, 2011

Dios y AudaciaEl cardenal don Julián Herranz, miembro de Opus Dei, ofrece en este nuevo libro una visión muy cercana y personal de san Josemaría Escrivá. Convivió el fundador del Opus Dei en Roma durante muchos años.
El libro está plagado de anécdotas de esas que no aparecen en la biografías oficiales. Presenta a un fundador del Opus Dei como un padrazo, con mucho sentido del humor y que quería a sus hijos con locura.

Para los más jóvenes en el Opus Dei este libro es de un valor incalculable. Es como si tu abuelo te contase cosas de su juventud, y de las personas con las que convivió a las que quieres porque son de tu familia, pero no conociste.
Con la chispa que le caracteriza, don Julián narra tantos hechos aparentemente insignificantes, pero que nos acercan a la figura de una de las personalidades más sobresalientes del siglo XX.
Sin duda, un libro indespensable para los que quieran conocer mejor al “santo de la vida ordinaria”.

Y «Hágase», le dije. Y el ángel sonrió

Archivado en: General,Virgen María — Kristin a las 1:02 am en Viernes, Marzo 25, 2011

anunciacionApócrifo de María: así se titula el libro que, en vísperas de la Anunciación del Señor, acaba de reeditar Sígueme. Su autor, José Luis Martín Descalzo, sigue llegando al alma, tantos años después, como el mejor de los expertos en acercamiento al Misterio. Al misterio prodigioso de la encarnación del Hijo de Dios han tratado de acercarse los artistas de todo tiempo.

El siguiente es un poema que Descalzo dedica a la Anunciación.

Y, cuando menos lo esperaba,
ocurrió. Y todo
fue tan sencillo
que no hay nada que decir ni que contar.
Era, sí, el mediodía.
El cielo estaba tenso como un mar sin orillas,
y no es que el aire fuera transparente,
es que era todo él como el interior de un lirio.
Y yo estaba allí,
suspendida en la luz,
sostenida por la mano de Aquel a quien rezaba.
¿Rezar? ¡Ah, qué simple!
Bastaba con respirar para hablarle,
el correr de los ríos de mi sangre era un salmo,
y el corazón, latiendo, sonaba como los timbales
del Templo de Jerusalén.
Y todo sin prodigios,
como maduran las frutas de los ángeles.

Y él vino entonces.
No sé muy bien si estuvo fuera o sólo lo vi dentro.
Sé que estuvo
y oí su voz como se escucha el viento.
¿Cómo era?, decís. ¿Y yo qué sé?
No hay puntos de comparación.
No era un hombre, era más.
¿Era una fruta que al mismo tiempo es pájaro?
No, era más, era más.
¿Era un relámpago vestido de sumo sacerdote?
Era más, mucho más.
Era la suma de las sumas,
el mensajero de la multiplicación
de las multiplicaciones.

Y habló.
Y dijo palabras que iban cayendo sobre mí
como goterones de plomo derretido.
Palabras que no sabría repetir,
pero que me empujaban a una gran locura.
Yo tendría que crecer y crecer.
Desde arriba me estirarían el alma,
porque el que iba a venir
era tan diminuto y tan grande,
que sólo cabría en mí y en todo el universo.
Y todo aquello -¡qué bien lo comprendí entonces!-
se haría con risas y sangre.
El alma no crece como se estira
la masa del pan en la tahona;
crece desangrándose,
estirando el corazón con los siete caballos del misterio.
Creces sin entender
y empiezas a ser lo que tú eras.
Sabes que Alguien será tu hijo,
pero nunca sabrás quién es ese Alguien.
Y empiezas a sospechar
que este primer parto feliz
es tan sólo el ensayo de otro más sangriento.

Pero ¿cómo decirle No?
¿Cómo negarle al Sol su derecho a ser luz e iluminar?
¿Cómo regatear con Él,
ponerle condiciones,
pedirle garantías?
El amor es así: elegir sin elección.

Y «Hágase», le dije.
Y recuerdo que el ángel sonrió
como si acabase de quitarle un gran peso de encima,
como si ahora pudiera ya atreverse a regresar al cielo.
Y un pájaro cruzó tras la ventana.
Y la tarde se puso como si el Sol sangrase.
y el aire se llenó de campanillas,
como si el mismo Dios estuviera contento.

La Ceniza, una tradición del siglo IX

Archivado en: General — Kristin a las 6:26 pm en Miércoles, Marzo 9, 2011

La Cuaresma, tiempo de preparación interior a la celebración de la Muerte y Resurrección de Cristo, comienza con el miércoles de Ceniza.

Este día cae en diferentes fechas año a año, de acuerdo a la fecha móvil de Pascua. Puede acontecer entre el 4 de febrero y el 10 de marzo.

Que la Cuaresma dure 40 días es una costumbre que se fijó en el siglo IV. Siguiendo la tradición, en los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal.

Pero no es práctica habitual ayunar en domingo -por tratarse del día del Señor- por lo que se adelantó el inicio de la Cuaresma al miércoles.

En la imposición de la ceniza, el sacerdote traza una cruz sobre la frente de los fieles, mientras repite las palabras “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que polvo eres y en polvo te has de convertir“, para recordarnos que nuestro lugar definitivo es el Cielo.

El uso de la ceniza para simbolizar penitencia es antiguo: los judíos, por ejemplo, acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio, al igual que los ninivitas.

También en los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un “hábito penitencial”. Esto representaba su voluntad de convertirse.

En la Iglesia católica esta tradición perdura desde el siglo IX y existe para recordarnos que, al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por los demás hombres.

Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2011

Archivado en: Benedicto XVI,General — Kristin a las 11:33 pm en Martes, Marzo 1, 2011

«Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado» (cf. Col 2, 12)

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras específicas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor (cf. Prefacio 1 de Cuaresma).

1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo» (Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010).

San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.

El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.

Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia.

2. Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor -la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico-, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él.

El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida (cf. Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25). Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha «contra los Dominadores de este mundo tenebroso» (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.

El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) Y fortalece la voluntad de seguir al Señor.

La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.

El «domingo del ciego de nacimiento» presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nuestro único Salvador, Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz».

Cuando, en el quinto domingo, se proclama la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27).

La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza.

El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos «del agua y del Espíritu Santo», y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos.

3. Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la «tierra», que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. En Cristo, Dios se ha revelado como Amor (cf. 1 Jn. 4, 7 – 10). La Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), que se da para levantar al hombre y traerle la salvación: amor en su forma más radical (cf. Ene. Deus caritas est, 12). Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo.

El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa -y no sólo de lo superfluo- aprendemos a apartar la mirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, Y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Mc 12, 31).

En nuestro camino también nos encontrarnos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida.

¿Cómo comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro? La tentación es pensar, como el rico de la parábola: «Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años… Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma”» (Le 12, 19-20). La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia.

En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22) Y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna.

En síntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico. Encomendarnos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna.

Vaticano, 4 de noviembre de 2010.

SS Benedicto XVI

De lo que tú hagas…

Archivado en: General — Kristin a las 12:27 pm en Viernes, Febrero 25, 2011

“De que tú y yo nos portemos como Dios quiere —no lo olvides— dependen muchas cosas grandes.”

(San Josemaría, Camino, 755)

Rebosaban las pencas de lechuga sobre la cesta de la compra y debía pesar mucho, pues la señora la apoyó con cansancio en el banco, antes de hacer una genuflexión y de sentarse muy brevemente. Salió por la puerta por la que había entrado, a los pocos minutos, de nuevo cargada con la cesta, pero como aligerada, sonriendo.
Dentro de la catedral, Edith Stein observó a esta mujer y se conmovió. Aún faltaban años para su conversión al catolicismo; Stein estaba en una fase de agnosticismo, pero aquella mujer con la cesta de la compra la conmovió. Fue un tímido primer paso. Por supuesto, aquella mujer de la cesta nunca se enteró de lo que su corta visita a la catedral supuso para aquella joven filósofa y futura santa.
Supuso un asombro espiritual, porque aquella señora que venía del mercado cansada no iba a un oficio litúrgico determinado, como es habitual entre los protestantes y los judíos, sino que entró en la catedral un ratito, como de paso, como quien visita a un amigo. A un amigo del alma.

Esta anécdota de la vida de Stein resulta aleccionadora y emocionante, porque muestra la concatenación silenciosa, misteriosa y aleatoria de efectos involuntarios que nuestros actos -todos y cada uno de nuestros actos- provocan en quienes los presencian.
Esta es la gran responsabilidad cristiana de vivir en sociedad: ser edificante.
Una visitita corta a la iglesia, al salir del mercado, se puede vincular con un primer paso de una gran conversión, gracias al testimonio de quien lo vivió en primera persona. Aquella señora de la cesta rebosante edificó a una filósofa agnóstica. Pero hay miles de edificaciones silenciosas y diarias que nos ofrecemos mutuamente.

A diario, por la calle, en el Metro, en la escuela, en el trabajo, en el mercado, soy testigo de buenas acciones hechas por personas desconocidas que me enseñan, enternecen o asombran. Doy las gracias mentalmente a un montón de personas que son como el cauce social de la comunión de los santos, como la realización cotidiana de la petición del Padrenuestro: «Venga a nosotros tu Reino», que son cabal y ejemplarmente cristianas.

Esta tarea edificante -en su acepción figurada, infundir en otros sentimientos de piedad o virtud- es urgente recuperarla y promoverla entre los cristianos, como fórmula cercana, asequible, fácil, útil, de contrarrestar el escándalo diario que agita y distorsiona nuestra vida social en Occidente.
¿Pero cómo puedo yo edificar el Reino? ¿Pero cómo puedo yo, con mi vida tan sencilla y rutinaria, edificar a nadie? Y claro, la respuesta es que no somos nosotros, es Dios el único capaz de edificar, es el gran Arquitecto. Nosotros, hoy, en este momento preciso de la Historia, somos sus pies y sus manos, nosotros tan sólo acarreamos la cesta de la compra.

(Fuente: Leticia Escardó en www.alfayomega.es)

Empatía

Archivado en: General — Kristin a las 12:33 am en Miércoles, Febrero 9, 2011

empatiaPor Eduardo Arias Ayala

El término empatía literalmente significa «sentir dentro» de otra persona. En cambio la simpatía es «sentir con» el otro. En la actualidad se tiende a confundir ambos términos y se pierde el valor real del primer término. El poder ejercitar la empatía con los demás, colocándose, a decir popular, en los zapatos del otro, acrecienta el respeto entre las personas. La consideración del prójimo como «otro yo», lleva a valorar y a cuidar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente. La capacidad de ser «empático», se debe ejercitar constantemente en todas las circunstancias y en los roles sociales que se desempeñen: en el matrimonio, en el noviazgo, en el hogar, en las diferentes relaciones sociales y laborales, incluyendo aquellas en las que se encuentren personas con quienes se mantengan diferencias o enemistades. En el campo social, primordialmente en el político, debe primar esta capacidad, la de poder verse y sentirse como participante activo dentro del entorno de aquel que sufre, del que necesita, del indefenso, del contrario y del partidario.

En situaciones específicas se tiende a emitir juicios temerarios y a realizar acciones irreflexivas, muchas veces debidas a la incapacidad de ponerse en el lugar del otro. Es decir, estas reacciones contrarias a la convivencia pacífica, son debidas en gran parte a la incapacidad de ser empático.

En la época actual la empatía pierde terreno y va aumentando cada vez más su campo de acción la apatía, que viene siendo todo lo contrario. «Ese es su problema, que vea como lo resuelve», es al parecer el lema que la actitud apática puso de moda en nuestro tiempo. Por otra parte es más frecuente encontrarse con personas que, con su agresividad, enojo persistente, insensibilidad marcada y perturbación por las más mínimas y aparentes contrariedades, parecen tener una actitud predominantemente «hepática» en todas sus relaciones interpersonales.

Se debe hacer conciencia del valor de la capacidad de poder ponerse en el lugar y en las situaciones de los demás. Con el ejercicio constante y esmerado de la empatía, se acrecentará el respeto, la caridad y la esperanza en los individuos y grupos sociales, colaborando así con la edificación de una sociedad justa y solidaria, impidiendo que la violencia, en todas sus formas, sea dueña del entorno y lograr que la convivencia pacífica sea una realidad.

Mensaje de Benedicto XVI para la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Archivado en: General — Kristin a las 7:22 pm en Martes, Enero 25, 2011

Fuente: www.vatican.va


Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: “Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital”

Queridos hermanos y hermanas

Con ocasión de la XLV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, deseo compartir algunas reflexiones, motivadas por un fenómeno característico de nuestro tiempo: la propagación de la comunicación a través de internet. Se extiende cada vez más la opinión de que, así como la revolución industrial produjo un cambio profundo en la sociedad, por las novedades introducidas en el ciclo productivo y en la vida de los trabajadores, la amplia transformación en el campo de las comunicaciones dirige las grandes mutaciones culturales y sociales de hoy. Las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural. Junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión.

Se presentan a nuestro alcance objetivos hasta ahora impensables, que asombran por las posibilidades de los nuevos medios, y que a la vez exigen con creciente urgencia una seria reflexión sobre el sentido de la comunicación en la era digital. Esto se ve más claramente aún cuando nos confrontamos con las extraordinarias potencialidades de internet y la complejidad de sus aplicaciones. Como todo fruto del ingenio humano, las nuevas tecnologías de comunicación deben ponerse al servicio del bien integral de la persona y de la humanidad entera. Si se usan con sabiduría, pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano.

Transmitir información en el mundo digital significa cada vez más introducirla en una red social, en la que el conocimiento se comparte en el ámbito de intercambios personales. Se relativiza la distinción entre el productor y el consumidor de información, y la comunicación ya no se reduce a un intercambio de datos, sino que se desea compartir. Esta dinámica ha contribuido a una renovada valoración del acto de comunicar, considerado sobre todo como diálogo, intercambio, solidaridad y creación de relaciones positivas. Por otro lado, todo ello tropieza con algunos límites típicos de la comunicación digital: una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar a la autocomplacencia.

De modo especial, los jóvenes están viviendo este cambio en la comunicación con todas las aspiraciones, las contradicciones y la creatividad propias de quienes se abren con entusiasmo y curiosidad a las nuevas experiencias de la vida. Cuanto más se participa en el espacio público digital, creado por las llamadas redes sociales, se establecen nuevas formas de relación interpersonal que inciden en la imagen que se tiene de uno mismo. Es inevitable que ello haga plantearse no sólo la pregunta sobre la calidad del propio actuar, sino también sobre la autenticidad del propio ser. La presencia en estos espacios virtuales puede ser expresión de una búsqueda sincera de un encuentro personal con el otro, si se evitan ciertos riesgos, como buscar refugio en una especie de mundo paralelo, o una excesiva exposición al mundo virtual. El anhelo de compartir, de establecer “amistades”, implica el desafío de ser auténticos, fieles a sí mismos, sin ceder a la ilusión de construir artificialmente el propio “perfil” público.

Las nuevas tecnologías permiten a las personas encontrarse más allá de las fronteras del espacio y de las propias culturas, inaugurando así un mundo nuevo de amistades potenciales. Ésta es una gran oportunidad, pero supone también prestar una mayor atención y una toma de conciencia sobre los posibles riesgos. ¿Quién es mi “prójimo” en este nuevo mundo? ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria? ¿Tenemos el peligro de caer en la dispersión, dado que nuestra atención está fragmentada y absorta en un mundo “diferente” al que vivimos? ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas? Es importante recordar siempre que el contacto virtual no puede y no debe sustituir el contacto humano directo, en todos los aspectos de nuestra vida.

También en la era digital, cada uno siente la necesidad de ser una persona auténtica y reflexiva. Además, las redes sociales muestran que uno está siempre implicado en aquello que comunica. Cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a sí mismas, su visión del mundo, sus esperanzas, sus ideales. Por eso, puede decirse que existe un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro. Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él. Asimismo, tampoco se puede anunciar un mensaje en el mundo digital sin el testimonio coherente de quien lo anuncia. En los nuevos contextos y con las nuevas formas de expresión, el cristiano está llamado de nuevo a responder a quien le pida razón de su esperanza (cf.1 P 3,15).

El compromiso de ser testigos del Evangelio en la era digital exige a todos el estar muy atentos con respecto a los aspectos de ese mensaje que puedan contrastar con algunas lógicas típicas de la red. Hemos de tomar conciencia sobre todo de que el valor de la verdad que deseamos compartir no se basa en la “popularidad” o la cantidad de atención que provoca. Debemos darla a conocer en su integridad, más que intentar hacerla aceptable, quizá desvirtuándola. Debe transformarse en alimento cotidiano y no en atracción de un momento.

La verdad del Evangelio no puede ser objeto de consumo ni de disfrute superficial, sino un don que pide una respuesta libre. Esa verdad, incluso cuando se proclama en el espacio virtual de la red, está llamada siempre a encarnarse en el mundo real y en relación con los rostros concretos de los hermanos y hermanas con quienes compartimos la vida cotidiana. Por eso, siguen siendo fundamentales las relaciones humanas directas en la transmisión de la fe.

Con todo, deseo invitar a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana. La red está contribuyendo al desarrollo de nuevas y más complejas formas de conciencia intelectual y espiritual, de comprensión común. También en este campo estamos llamados a anunciar nuestra fe en Cristo, que es Dios, el Salvador del hombre y de la historia, Aquél en quien todas las cosas alcanzan su plenitud (cf. Ef 1, 10). La proclamación del Evangelio supone una forma de comunicación respetuosa y discreta, que incita el corazón y mueve la conciencia; una forma que evoca el estilo de Jesús resucitado cuando se hizo compañero de camino de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35), a quienes mediante su cercanía condujo gradualmente a la comprensión del misterio, dialogando con ellos, tratando con delicadeza que manifestaran lo que tenían en el corazón.

La Verdad, que es Cristo, es en definitiva la respuesta plena y auténtica a ese deseo humano de relación, de comunión y de sentido, que se manifiesta también en la participación masiva en las diversas redes sociales. Los creyentes, dando testimonio de sus más profundas convicciones, ofrecen una valiosa aportación, para que la red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás. Por el contrario, los creyentes animan a todos a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y la nostalgia por formas de vida auténticas, dignas de ser vividas. Esta tensión espiritual típicamente humana es precisamente la que fundamenta nuestra sed de verdad y de comunión, que nos empuja a comunicarnos con integridad y honradez.

Invito sobre todo a los jóvenes a hacer buen uso de su presencia en el espacio digital. Les reitero nuestra cita en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, cuya preparación debe mucho a las ventajas de las nuevas tecnologías. Para quienes trabajan en la comunicación, pido a Dios, por intercesión de su Patrón, san Francisco de Sales, la capacidad de ejercer su labor conscientemente y con escrupulosa profesionalidad, a la vez que imparto a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 24 de enero 2011, fiesta de san Francisco de Sales.

Ordinariato Personal de Nuestra Señora de Walsingham

Archivado en: Benedicto XVI,General — Kristin a las 10:34 pm en Jueves, Enero 20, 2011

Nuestra Señora de Walsingham 2El pasado 15 de enero, tres días antes del comienzo del octavario de oración por la unidad de los cristianos (18-25 enero), el cardenal William Levada –prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe– erigió el primer Ordinariato personal; fórmula creada por Benedicto XVI para recibir a los anglicanos que quieren ser católicos sin perder sus tradiciones litúrgicas.

Al día siguiente, fueron ordenados como sacerdotes católicos por el arzobispo de Westminster, Vicent Nichols, tres ex obispos de la Iglesia de Inglaterra que habían dado ya el paso a la plena comunión con Roma a principios de enero: Keith Newton, John Broadhurst y Andrew Burnham.

Los tres terminarán de poner a punto –junto con la Congregación para la Doctrina de la Fe y la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales– el denominado Ordinariato Personal de Nuestra Señora de Walsingham.
Creado dentro de los confines territoriales de Inglaterra y Gales, el Ordinariato tiene como patrono al nuevo beato John Henry Newman. El domingo de Pascua, cerca de 1.000 fieles laicos anglicanos se incorporarán a este marco jurídico; y en Pentecostés se ordenarán sacerdotes católicos una cuarentena de ex ministros anglicanos.

Según explica el decreto de erección, el Ordinariato Personal de Nuestra Señora de Walsingham es jurídicamente equiparable a una diócesis. Se trata de una circunscripción personal, ya que la jurisdicción del Ordinario y de los párrocos no está circunscrita a un territorio sino que se ejerce sobre todos los fieles que pertenecen al Ordinariato.

Las líneas maestras del marco jurídico de los Ordinariatos personales están recogidas en la constitución apostólica Anglicanorum coetibus de Benedicto XVI y en unas “Normas complementarias” de la Congregación para la Doctrina de la Fe, si bien el decreto concreta algunas disposiciones.

El Ordinariato Personal de Nuestra Señora de Walsingham estará formado por fieles laicos, clérigos y religiosos, originariamente pertenecientes a la Comunión Anglicana, o bien aquellos que vienen a la fe católica a través del Ordinariato.
Los fieles anglicanos que deseen formar parte del Ordinariato personal deben manifestar esta voluntad por escrito y asistir a un curso de formación sobre el Catecismo de la Iglesia Católica.

En camino hacia la unidad

Benedicto XVI ha puesto al frente del Ordinariato Personal de Nuestra Señora de Walsingham a Keith Newton, uno de los tres ex obispos anglicanos que fue ordenado sacerdote católico el domingo. Como está casado y es padre de tres hijos, será Ordinario a título de sacerdote, no de obispo.

Su designación se hizo pública el sábado 15. Ese mismo día, Newton quiso dar las gracias a todos los que le han ayudado en su camino hacia la plena comunión con la Iglesia católica.

“Miro a estos 35 años que llevo ordenado ministro con enorme gratitud. La Iglesia de Inglaterra me nutrió en mi fe cristiana y gracias a ella descubrí, cuando era adolescente, mi vocación al sacerdocio que me ha llevado a prestar mis servicios tanto en Inglaterra como en África. No veo mi llegada a la Iglesia católica como una ruptura radical, sino como parte de mi camino en la fe que inicié en el bautismo”.

“Desde mi adolescencia, he deseado y rezado por mi adhesión a la Iglesia católica. Y la publicación de la constitución apostólica [Anglicanorum coetibus] me ha brindado la oportunidad de realizar este sueño”.

“Estoy particularmente agradecido al arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, por la paciencia y la generosidad que ha mostrado con todos los que hemos estado pendientes de esta solución en los últimos meses”.

“La Iglesia católica, tanto aquí como en Roma, me ha brindado un caluroso apoyo para dar este paso. Doy las gracias por las incontables palabras y muestras de afecto que he recibido de muchos miembros de la Iglesia católica durante estos días recientes”.

“Confío en que el Ordinariato sea un regalo para la Iglesia católica y que yo, junto con los otros sacerdotes y demás fieles que nos integremos en el Ordinariato, prestemos un servicio a la Iglesia entera”.

Fuente: www.aceprensa.com

Juan Pablo II subirá a los altares el 1 de mayo

Archivado en: General,Juan Pablo II — Kristin a las 8:00 pm en Domingo, Enero 16, 2011

juan-pablo-iiJuan Pablo II, el Papa más mediático de la historia y uno de los personajes más influyentes del siglo XX, será beatificado en Roma el próximo 1 de mayo, domingo, festividad de la Divina Misericordia, una celebración instituida por él mismo.

Tras meses de rumores y quinielas sobre la fecha en que el anterior Pontífice sería elevado a la dignidad de los altares, ayer Benedicto XVI descartó el otro día barajado (el 16 de octubre) y decidió, tras firmar el decreto de beatificación que le presentó el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, que la ceremonia tuviese lugar en esta señalada fecha.

Juan Pablo II será beato cuando hayan pasado poco más de seis años de su muerte, la cual tuvo lugar el 2 de abril de 2005. La causa se pudo iniciar antes de que pasasen los cinco años del fallecimiento que prevé el derecho canónico gracias a la dispensa aprobada en mayo de 2005 por Benedicto XVI, quien escuchó el grito de «¡Santo súbito!», la más gráfica síntesis de la fama de santidad que rodeó al anterior Pontífice durante su vida y tras su muerte. El primer Papa que derogó esta norma en la historia de la Iglesia fue el propio Juan Pablo II. La protagonista de la causa de beatificación era otro de los grandes personajes del siglo XX, la madre Teresa de Calcuta.

El milagro que sostiene la nueva dignidad de beato del fallecido Papa es la curación de la enfermedad de Parkinson que sufría la monja francesa Marie Simon Pierre Normand, a la que los médicos no han podido dar una explicación científica. Los relatores de la Congregación para la Causa de los Santos han examinado miles de documentos y cientos de testimonios de la vida y el pontificado de Juan Pablo II, entre los que han encontrado pruebas fehacientes de este milagro e indicios de otra media docena de curaciones inexplicables.

El cardenal Angelo Amato reconoció en los micrófonos de Radio Vaticana que, aunque la causa de beatificación se ha visto acelerada por la dispensa de Benedicto XVI y porque ha pasado por el «carril preferencial» del dicasterio, ha tenido que superar todos los requisitos. «Es más, justo para honrar dignamente la memoria de este gran Pontífice la causa ha sido sometida a una evaluación particularmente puntillosa, para disipar toda duda y superar toda dificultad», afirmó el purpurado.

La ceremonia de beatificación de Juan Pablo II tendrá lugar en Roma, en la plaza de San Pedro, y será presidida por Benedicto XVI. Se espera que acudan a ella cientos de miles de católicos de todo el mundo atraídos por la luz que desprendió el anterior Papa durante toda su vida y que todavía hoy sigue iluminando a millones de personas, tanto cristianas como creyentes de otras religiones o incluso agnósticos.

De momento, ya han empezado los preparativos para trasladar los restos mortales de Juan Pablo II desde las Grutas Vaticanas, donde hoy reposan, hasta la capilla de San Sebastián, situada en la parte derecha de la basílica de San Pedro. En su nuevo emplazamiento, el cuerpo sin vida del Pontífice podrá ser venerado con mayor comodidad y tranquilidad que ahora, ya que la gran afluencia de fieles y el espacio reducido de las Grutas Vaticanas obliga a los ujieres a impedir que los visitantes se detengan frente a la tumba.

El ataúd del Pontífice no será abierto ni durante el traslado ni cuando se encuentre en la capilla de San Sebastián. El portavoz vaticano, el jesuita Federico Lombardi, explicó que no habrá exhumación del cadáver y que éste no será expuesto en ningún momento. El féretro se depositará en un vano cerrado con una lápida de mármol en la que se podrá leer la siguiente inscripción en latín: «Beatus Ioannes Paulus II».

La mujer del milagro papal
Sor Marie Simon Pierre sufría párkinson y en 2005 ya apenas podía trabajar o dormir. Sus hermanas de comunidad rezaron a Juan Pablo II por ella, y el 3 de junio, al despertarse, notó que todos sus dolores habían desaparecido. La diócesis local, Aix-en-Provence, al sur de Francia, investigó los hechos en 2007 y la comisión médica comprobó que efectivamente era un tipo de párkinson incurable. El postulador de la causa de beatificación, Slawomir Oder, valoró que también Juan Pablo II sufrió párkinson, y que Sor Marie Simon trabaja con bebés en una maternidad, un signo pro vida.

Fuente: www.larazon.es

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