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12 consejos para conseguir la paz

Archivado en: San Josemaría,Virgen María — Kristin a las 11:42 am en Miércoles, Enero 25, 2012  Etiquetado , ,

Textos de san Josemaría.

1. Santa María es —así la invoca la Iglesia— la Reina de la paz. Por eso, cuando se alborota tu alma, el ambiente familiar o el profesional, la convivencia en la sociedad o entre los pueblos, no ceses de aclamarla con ese título: «Regina pacis, ora pro nobis!» —Reina de la paz, ¡ruega por nosotros! ¿Has probado, al menos, cuando pierdes la tranquilidad?… —Te sorprenderás de su inmediata eficacia.
Surco, 874

2. Fomenta, en tu alma y en tu corazón —en tu inteligencia y en tu querer—, el espíritu de confianza y de abandono en la amorosa Voluntad del Padre celestial… —De ahí nace la paz interior que ansías.
Surco, 850

3.  Un remedio contra esas inquietudes tuyas: tener paciencia, rectitud de intención, y mirar las cosas con perspectiva sobrenatural.
Surco, 853

4.  Aleja enseguida de ti —¡si Dios está contigo!— el temor y la perturbación de espíritu…: evita de raíz esas reacciones, pues sólo sirven para multiplicar las tentaciones y acrecentar el peligro.
Surco, 854

5.  Aunque todo se hunda y se acabe, aunque los acontecimientos sucedan al revés de lo previsto, con tremenda adversidad, nada se gana turbándose. Además, recuerda la oración confiada del profeta: “el Señor es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Señor es nuestro Rey; Él es quien nos ha de salvar”.
—Rézala devotamente, a diario, para acomodar tu conducta a los designios de la Providencia, que nos gobierna para nuestro bien.
Surco, 855

6. Si —por tener fija la mirada en Dios— sabes mantenerte sereno ante las preocupaciones, si aprendes a olvidar las pequeñeces, los rencores y las envidias, te ahorrarás la pérdida de muchas energías, que te hacen falta para trabajar con eficacia, en servicio de los hombres.
Surco, 856

7.  Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas —a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos— no salen a tu gusto… Porque habrán “salido” como le conviene a Dios que salgan.
Surco, 860

8.  Cuando se está a oscuras, cegada e inquieta el alma, hemos de acudir, como Bartimeo, a la Luz. Repite, grita, insiste con más fuerza, «Domine, ut videam!» —¡Señor, que vea!… Y se hará el día para tus ojos, y podrás gozar con la luminaria que Él te concederá.
Surco, 862

9. Lucha contra las asperezas de tu carácter, contra tus egoísmos, contra tu comodidad, contra tus antipatías… Además de que hemos de ser corredentores, el premio que recibirás —piénsalo bien— guardará relación directísima con la siembra que hayas hecho.
Surco, 863

10.  Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser antinada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen.
—Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad.
Surco, 864

11.  Por caridad cristiana y por elegancia humana, debes esforzarte en no crear un abismo con nadie…, en dejar siempre una salida al prójimo, para que no se aleje aún más de la Verdad.
Surco, 865

12.  Paradoja: desde que me decidí a seguir el consejo del Salmo: “arroja sobre el Señor tus preocupaciones, y Él te sostendrá”, cada día tengo menos preocupaciones en la cabeza… Y a la vez, con el trabajo oportuno, se resuelve todo, ¡con más claridad!
Surco, 873

Confesonario con luz verde: una mano tendida

Archivado en: Monseñor Javier Echevarría,Opus Dei,Sacerdocio,San Josemaría — Kristin a las 4:02 pm en Domingo, Septiembre 25, 2011  Etiquetado ,

El Prelado del Opus Dei ha respondido a tres preguntas de la Agencia Zenit. Él ve en la luz verde del confesonario donde espera un sacerdote “una mano tendida a la conversión”.

¿Por qué la Eucaristía está en “el centro y la raíz” de la vida de cada cristiano?

Poner la Eucaristía en el centro de la vida cristiana significa meter a Jesús en el corazón de todas las cosas. La Eucaristía nos llama a entrar en el amor de la Trinidad. Nos unimos a Jesús y en Él a toda la Iglesia y a todos los hombres.

Esto era lo que san Josemaría enseñaba continuamente: “Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado!”. Jesús Eucaristía es el culmen de su entrega a la humanidad; si nos identificamos con Él, Él nos transmitirá el mismo deseo de donarnos y servir a los demás.

¿Qué importancia tienen en el espíritu del Opus Dei la confesión y la Eucaristía?

En el espíritu del Opus Dei, cuentan tanto como en el resto de la Iglesia: como todos los cristianos, deseamos ser personas penitentes y eucarísticas, que acuden con frecuencia a la confesión y participan en la Misa cada día.

El sacramento de la Reconciliación está profundamente unido a la Eucaristía. La confesión presupone la conciencia de ser pecadores y la confianza en la misericordia divina. Jesús nos purifica en su Sangre derramada en la Cruz, para que el cristiano pueda participar con más fidelidad en el sacrificio del Calvario, que se actualiza cada día en la Santa Misa.

Ambos sacramentos llenan el alma de alegría y paz. Basta recordar cómo el buen ladrón, viendo a Cristo en la cruz, se sintió movido a reconocer los propios pecados y, contrito, encontró la salvación eterna. Insisto, la confesión cuenta mucho en la vida del cristiano, porque es sacramento de alegría y puerta de acceso a la paz y a la felicidad que lleva consigo la Eucaristía.

La Iglesia en Italia ha celebrado un Congreso Eucaristico Nacional. ¿Qué aconsejaría para hacer para intensificar y difundir más la comunión y la confesión?

La Iglesia nos enseña desde siempre que en el sagrario se esconde la Fortaleza, el refugio más seguro contra los temores y las inquietudes. Pero no basta que cada uno, singularmente, busque y encuentre al Señor en la Eucaristía; tenemos que lograr “contagiar” con nuestro ejemplo a otras muchas personas, para que vean y descubran esta amistad.

La comunión espiritual es una gran ayuda para prepararse a la comunión eucarística. Para ser hombres o mujeres conscientes de nuestra filiación divina, tenemos que frecuentar más y más a Cristo, recibiéndolo si es posible a diario.

En cuanto a la Penitencia, me parece especialmente importante la disponibilidad generosa de los sacerdotes para escuchar la confesión: un confesor disponibile, un confesonario “con la luz verde” es una mano tendida a la conversión. Sobre este punto, Benedicto XVI ha sugerido recentemente “seguir el ejemplo de los grandes santos de la historia, desde san Giovanni Maria Vianney a san Giovanni Bosco, desde san Josemaría Escrivá a san Pio da Pietrelcina, san Giuseppe Cafasso o san Leopoldo Mandić” (Discurso a los participantes en el Curso promovido por la Penitenciaria Apostolica, 2011).

Dios y audacia

Archivado en: General,San Josemaría — Kristin a las 3:11 pm en Miércoles, Marzo 30, 2011

Dios y AudaciaEl cardenal don Julián Herranz, miembro de Opus Dei, ofrece en este nuevo libro una visión muy cercana y personal de san Josemaría Escrivá. Convivió el fundador del Opus Dei en Roma durante muchos años.
El libro está plagado de anécdotas de esas que no aparecen en la biografías oficiales. Presenta a un fundador del Opus Dei como un padrazo, con mucho sentido del humor y que quería a sus hijos con locura.

Para los más jóvenes en el Opus Dei este libro es de un valor incalculable. Es como si tu abuelo te contase cosas de su juventud, y de las personas con las que convivió a las que quieres porque son de tu familia, pero no conociste.
Con la chispa que le caracteriza, don Julián narra tantos hechos aparentemente insignificantes, pero que nos acercan a la figura de una de las personalidades más sobresalientes del siglo XX.
Sin duda, un libro indespensable para los que quieran conocer mejor al “santo de la vida ordinaria”.

Feliz Navidad

Archivado en: General,San Josemaría,Virgen María — Kristin a las 7:40 pm en Viernes, Diciembre 24, 2010

Navidad. Me escribes: “al hilo de la espera santa de María y de José, yo también espero, con impaciencia, al Niño. ¡Qué contento me pondré en Belén!: presiento que romperé en una alegría sin límite. ¡Ah!: y, con El, quiero también nacer de nuevo…” —¡Ojalá sea verdad este querer tuyo!

(San Josemaría. Camino, 62)

Periodismo y verdad

Archivado en: General,San Josemaría — Kristin a las 3:04 pm en Domingo, Noviembre 21, 2010

Conferencia dictada por don Carlos Soria Sáiz: “El Santo que quiere, empuja y exige a los periodistas

Fuente: http://www.simposiosanjosemaria.com

 

1. UN PATITO FEO

Dicen que el periodismo es pura bohemia en estado químicamente puro. O un oficio deshuesado. O casi una profesión. O lo más parecido al sacerdocio. O lo que linda con la actividad de titiriteros y trapecistas. O la escoria de los volcanes de comadres y murmuradores. O el perro guardián de la democracia. O el desaguadero de pasiones, rencores y afanes de revancha. O la única instancia capaz de resolver los pequeños y grandes problemas de los ciudadanos. O la superficialidad elevada a la categoría de prepotencia arrogante. O la conciencia crítica de la sociedad. O un puro negocio que se pretende ennoblecer con palabras altisonantes. O mil cosas más. Del periodismo, a estas alturas, se ha dicho de todo.

Lo interesante es retener esta idea: A este periodismo vapuleado, hecho trizas, desacreditado, cubierto de improperios, feo, a veces también adulado, subido a la altura del cielo o coronado como el rey del mambo, a ese periodismo -que sobre todo es o parece ser un patito feo-, es precisamente al que San Josemaría quiere, exige y empuja.

Nunca o casi nunca la prensa –valga la paradoja- ha tenido buena prensa. Tampoco los periodistas. Tampoco los propietarios de los medios, de quienes Mark Twain solía decir –con una ironía ácida y nada respetuosa – que si se sacaba del manicomio a un hombre idiota y se le casaba con una mujer idiota, pasadas cuatro generaciones, el resultado sería un editor de prensa.

Kierkegaard, a lo que se lee, tenía también malas pulgas con la prensa. Se atrevió a decir, sin despeinarse, que “mientras exista la prensa diaria, el cristianismo será imposible” y remataba su estimulante visión de los periodistas con esta perla: “Entre los carniceros pueden encontrarse magníficas personas, aunque haya una cierta dosis de crueldad inherente al carnicero; lo da la profesión. Pero ser periodista es peor… Si yo fuera padre y sedujeran a mi hija, siempre tendría la esperanza de que pudiera salvarse. Pero si un hijo mío se hiciera periodista y durante cinco años siguiera siéndolo, no habría ya nada que hacer”.

Hasta el mítico periodismo de investigación llega el acento crítico: ni a los que les gustan las salchichas ni a los que les gusta el periodismo de investigación- dirá Don Shelby- deben ver cómo se hacen las salchichas o el periodismo de investigación.

Incluso Helena, la chica del guardarropas en la novela de “Elena Soprano”, sentía el mal tufillo de los periodistas. “Cada tanto –dice Helena- también vienen periodistas. Se reconocen enseguida. Cansados y sudados, nunca dejan propina”.

2. QUERER AL PATITO FEO

Ese mundo del periodismo al que, según estos autores y muchos otros ciudadanos, hay que entrar tapándose las narices porque

– según ellos- segrega fetidez, inconsistencia, inmadurez o perdición; ese mundo fue el que quiso, el que quiere y el que querrá San Josemaría para transformarlo en un río, en un torrente, en un mar de aguas limpias capaz de quitar la sed y limpiar la mugre de todos nosotros, los periodistas.

San Josemaría nunca quiso unirse a ningún coro negativo, a ninguna voz destemplada o amarga que tuviera una visión injusta y miope del periodismo. Nunca se dejó vencer por ese celo amargo que suele acompañar al fracaso, al rencor o a la pequeña desesperación. Un celo amargo que con la coartada de empujar a todos al Cielo empieza por condenar al infierno a un buen montón de los caminantes.

Piropeó al periodismo: “Es una gran cosa el periodismo”.
Es cierto que piropeó a todas las profesiones. Dios le hizo ver que precisamente la profesión o el oficio eran el campo donde el Cielo llamaba a hombres y mujeres a ser santos. Pero no era nada corriente que San Josemaría alabara de esta forma una profesión concreta.

Tal vez hasta hubiera tenido una cierta justificación humana que San Josemaría hubiera abierto la caja de los truenos contra el periodismo.

Tenía una experiencia personal con los medios informativos y tenía también el dolor que esos medios informativos le proporcionaban cada vez que maltrataban a la Iglesia Católica.

San Josemaría probó en su carne las diferencias que hay entre el buen y el mal periodismo. Fue blanco de calumnias, de ataques increíbles, de murmuraciones sin cuento. No le importó, sin embargo, ser personalmente la escupidera de nadie. Todos esos ataques personales se los echaba a la espalda con paciencia, sentido sobrenatural y buen humor.

Pero sufrió hasta lo indecible cuantas veces vio que la Iglesia se convertía en la escupidera de unos medios de comunicación sectarios y fanáticos. Y sentía en su alma el dolor agudo de lo que él llamará “la política infame del silencio”.

Pero nada – ni su experiencia personal, ni haber sido la escupidera de algunos periodistas, ni el sufrimiento de ver cómo algunos medios maltrataban a la Iglesia santa- nada disminuyó su cariño, su aprecio, su amor grande por los periodistas y los periodismos de todos los tiempos. Nada pudo con su sentido positivo, estimulante, cálido, de concordia y paz, que tuvo y transmitió a todos.

Veía en el signo MAS (+), que es también –decía- el signo de la Cruz, el símbolo de su actitud ante el periodismo y los periodistas: sumar, disculpar, comprender, perdonar, sonreír, rezar.

3. ”OS BENDIGO LAS PLUMAS … Y LAS LENGUAS”

Era octubre de 1967. En la explanada que se abre enfrente de la Biblioteca antigua de la Universidad de Navarra, miles de personas se apiñaban en torno a San Josemaría. No había protocolo, ni discursos rimbombantes, ni lejanías ni ficciones. Era una tertulia. Las preguntas de unos y otros iban y venían, desordenadas. Y en ese ambiente de familia alguien formuló esta petición a San Josemaría:

-¡Padre! Soy periodista. ¿Puedo pedirle que bendiga nuestras plumas?-

Había en aquella petición el sabor de la fe, pero también un rastro de nostalgia como si aquel periodista sintiera la necesidad de que le ayudasen a hacer mejor las cosas, o como si hubiera percibido más de una vez que la sociedad no acababa de reconciliarse con él y con la gente de su profesión periodística.

Algo de todo esto debió de cruzar por la cabeza y el corazón del Fundador del Opus Dei. O quizás golpearon su memoria algunos recuerdos de su experiencia personal. El caso es que San Josemaría contestó:

-“Os bendigo las plumas… y las lenguas”-

Aquella bendición era la certeza de San Josemaría de que todos los periodistas -como todos los hombres- están llamados a ser santos en medio de aquel estanque – no del todo limpio- que surcan los patitos feos. Era su convicción humana y sobrenatural de que las plumas y las lenguas de los periodistas son capaces, si ellos quieren, de transformar el mundo. Aquella bendición era también la esperanza de San Josemaría de que todo esto que soñaba, ocurrirá, sin agobiar los tiempos.

4. LOS HIZO UNIVERSITARIOS

Arcadi Espada, en su libro Diarios – Premio Espasa Ensayo 2002- repasa con una mirada crítica, trufada de ironía y buen humor, los periódicos de enero a diciembre de 2001, el año en que enloquecieron las vacas y dos aviones destruyeron las Torres Gemelas. Es una reflexión llena de claroscuros donde la crítica pura y dura se equilibra con propuestas que intentan echar el periodismo hacia arriba.

En un momento determinado, Arcadi Espada dice una cosa terrible:

“El periodismo es un extraño oficio en el que a uno sólo le exigen dar lo mejor de sí mismo cuando aún no tiene nada que dar” .

¿Qué significa esto?

Es cierto que no todos los periodistas tenemos algo que decir ni mucho menos algo que decir continuamente. Más bien somos pescadores de perlas, discontinuos y condicionados por el estado de la mar. De vez en cuando las ostras de este mundo nos dejan ver y hasta tocar sus pequeños tesoros.

Pero un pescador de perlas – el periodista- no se improvisa. Ser un buen periodista es difícil y costoso. Se necesita nacer un poco periodista y hacerse, hacerse, hacerse periodista por la formación continua y el entrenamiento.

El periodismo es la pasión de saber qué pasa, por qué pasa lo que pasa y qué viene después. Es la pasión de intentar transformar el mundo y no sólo de describirlo. Es la pasión de forjarse convicciones y de defenderlas con una fuerte suavidad. Es la pasión de transformar en oro –como el rey Midas- todas las palabras de la comunicación.

Un periodista, ha escrito recientemente Juan Luis Cebrián, “necesita ejercitar el previo deseo de conocer, y en eso se asemeja a los filósofos, pero igualmente ha de sentir la necesidad de contar cosas, y en eso se parece a los juglares” .

Mitad filósofos, mitad juglares.

La inteligencia para iluminar las sombras de la vida, el sentido de la libertad para sembrar libertad, saber mirar más que ver, cultivar las convicciones donde anclar la propia existencia, llegar a tener todo esto – en dosis homeopáticas o por quintales- requiere una preparación honda, seria, científica, y hasta un poco mágica.

La formación universitaria de los periodistas no siempre está a la altura de las circunstancias. Pero lo que es seguro es que la ausencia de formación universitaria solamente por excepción alumbrará un buen periodista.

En 1882, Pulitzer ofreció dinero a la Universidad de Columbia en Estados Unidos para empezar una Escuela de periodismo, pero rechazaron su oferta. Insistió y se lo aceptaron en 1903, aunque la Escuela no se inauguró hasta 1912. Mientras tanto, abrieron sus puertas cinco escuelas más. La de la Universidad de Missouri, de 1908, es la más antigua.

San Josemaría está también inscrito en el libro de los pioneros que abrieron una senda en mitad del escepticismo o del puro aprendizaje empírico del periodismo. Un puñado muy pequeño de hombres que han puesto en marcha, con fuerza espiritual y trazos enérgicos, la investigación científica de la comunicación social y la preparación seria y solvente de las profesiones que la desarrollan y sirven.

Tan fuerte era el cariño de San Josemaría al periodismo, tan claro tenía que los periodistas necesitan una formación libre, con raíces, horizontes altos y sentido de responsabilidad, que quiso dar vida en 1958 – apenas habían transcurrido seis años desde la fundación de la Universidad de Navarra en 1952 – a la Facultad de Comunicación.

Era la primera vez que los estudios de periodismo llegaban a la Universidad.

5. DELIRIO Y PASIÓN

Laura Restrepo, en su novela, Delirio, describe un infierno donde las llamas y las chispas se han hecho sutilmente mucho más dolorosas que el fuego. “Te juro –dice uno de sus personajes- que el infierno debe ser un lugar donde te encierran con tus consecuencias y te obligan a lidiar con ellas”.
“Te encierran con tus consecuencias y te obligan a lidiar con ellas”… Es un modo estupendo de explicar esa fortísima aleación que existe entre libertad y responsabilidad .

Hay que seguir mejorando la pasión de ser periodista.

No escapar. No encogerse de hombros. No preparar un iglú para seguir vegetando. No arriar la bandera de ser mejores personas. No renunciar a transformar el mundo.

Hay que seguir cultivando – en palabras de Umbral- ese “placer ancho y casi marinero de desplegar un periódico, que es como desplegar una vela marinera”.

Hay que seguir preparando para todas las redacciones esos hombres-hombro de los que habla Arturo San Agustín. Un hombre y un hombro siempre dispuestos a que se reclinen las cabezas llorosas, malhumoradas o al borde de la desesperación periodística. Sólo el hombre-hombro es capaz de entender por qué casi todas las mujeres sensibles piensan a menudo en aquella escena de la película Memorias de Africa en la que Robert Redford lava los cabellos lentamente, con dulzura, poco a poco, a Meryl Streep…

Hay que seguir adelgazando por dentro, quemar o perder mucha grasa porque, a pesar de las apariencias, es posible. Nos lo cuenta Tomás Eloy Martínez en su última novela, El cantor de tango, a propósito de un personaje de George Orwell, que se describía a sí mismo de esta forma: “Soy gordo, pero delgado por dentro. ¿Nunca se les ha ocurrido pensar que hay un hombre delgado dentro de cada gordo, así como hay una estatua en cada bloque de piedra?”

Hay que formarse en el periodismo hasta el final de los días de cada uno. En el trabajo. Al reflexionar sobre la propia experiencia. Con los libros que merece la pena leer. Volviendo de vez en cuando al mundo de la Universidad. Mejorar al ver cómo hacen y cómo trabajan los compañeros que están a la vanguardia de la profesión. Formarse en la fuente de la intimidad personal. Alzar los ojos al Cielo…

6. EL SANTO EMPUJA Y SE HACE EXIGENTE

Con la misma mirada cálida y cariñosa de San Josemaría a los periodistas, con esa misma mirada aprieta, empuja y dice al oído de cada periodista que hay que levantar el horizonte de las exigencias.
Detrás y debajo de las funciones clásicas del periodismo de todos los tiempo – informar, formar y entretener-, San Josemaría entrelaza y funde cuatro finalidades llamadas a dar al periodismo toda su fuerza, toda su belleza, toda su trascendencia social, toda su soberana consistencia.

En su pensamiento, el periodismo ha de contribuir a estas cuatro finalidades ( Conversaciones, 86):

- promover el amor a los ideales nobles

- promover el afán de superación del egoísmo personal

- promover la sensibilidad ante los quehaceres colectivos

- promover la fraternidad.

Con estos trazos sencillos y vigorosos, San Josemaría está pensando en un periodismo que levante hacia arriba al público, le ayude a fomentar las alas del espíritu, cultive ese humus de nobleza que todo hombre tiene, le haga más rico en ideas, en sentimientos, en actitudes, un periodismo que catalice una vida con menos telarañas en los ojos.

Pero será imposible hacer todo esto – ennoblecer y no encanallar al público- si los periodistas no luchan por consolidar su rectitud personal. La información verdadera – dirá San Josemaría- “es aquella que no tiene miedo a la verdad y que no se deja llevar por motivos de medro, de falso prestigio, o de ventajas económicas” (Conversaciones, 86).

San Josemaría entiende el periodismo como una siembra de generosidad social que saque a los hombres de un autismo egoísta y ridículo, del iglú frío, helado y cerrado con más hielo, y abra sus vidas a la idea de servicio, a un servicio generoso a los demás.

San Josemaría considera que el periodismo puede y debe contribuir a curar ese individualismo que renuncia a pensar en términos sociales, sofoca en beneficio propio los intereses generales y no quiere dar su brazo o su hombro para la construcción de la sociedad.“Es difícil –dirá San Josemaría- que haya verdadera convivencia donde falta verdadera información” ( Conversaciones, 86).

Al proponer la fraternidad como una de las finalidades últimas de la información, San Josemaría está diciendo no al odio, no a los enfrentamientos y a la lucha como métodos de avance social, no a la discriminación, no a ningún racismo. Es esa fraternidad la que exige que se trate informativamente con respeto y dignidad a todas y cada una de las personas, con independencia de cuales hayan sido sus actos, porque así lo merece la dignidad de su condición humana.

7. SANTIFICACIÓN DEL TRABAJO VERSUS ESTRÉS

No hay muchos datos empíricos sobre el estrés de los periodistas, pero, como ocurre con las meigas gallegas que haberlas, haylas, haber estrés en el periodismo, también haylo.

Hay un estrés bueno y un estrés malo, como pasa con el colesterol . Sin unas cotas altas del estrés bueno es difícil un periodismo fuerte y competente.

Lo dice de una forma rotunda Indro Montanelli – un periodista de raza que ya nos dejó-: “Quien no padezca estrés diario no es apto para un oficio en el cual el estrés es el abono y el catalizador” .

Periodistas soft, sin uñas ni garras, sin ambición ni autoestima, sanchopancistas, que idolatran los horarios cómodos, dejan de pensar en periodismo apenas dicen adiós a la redacción, se sienten felices todo el día pegados a un ordenador porque odian salir a la calle, ralentizan las urgencias y las presiones por tener la información antes, más y mejor que los demás, que ni se enfadan ni gritan ni juran de vez en cuando en arameo… Estas gentes no tendrán estrés, pero ¿son realmente periodistas?

El mundo clásico cristiano tenía una fórmula maravillosa contra la tristeza, unas veces causa y otras veces consecuencia del estrés. La tristeza se combate – se proponía- con un reconfortante baño caliente, una comida rica, durmiendo y rezando.

San Josémaría no le tenía miedo a trabajar duro, de forma constante, horas y horas, con ganas y sin ellas. Trabajó sin descanso en su juventud o cuando era menos joven, con un sentido sencillamente heroico del aprovechamiento del tiempo. Fue un trabajador impenitente. Tuvo, retuvo y fortaleció la pasión de trabajar. El trabajo era una enfermedad incurable, progresiva y contagiosa. Trabajaba de tal modo que no necesitaba ni planning ni reloj: “Mi planning – dirá- está en las manos de Dios”; “no necesito reloj: detrás de una cosa viene otra”; “no tengo tiempo de pensar en mi”.

El buen estrés periodístico hay que mantenerlo a raya para que no se desborde hacia la zona mala del estrés. Esto se consigue poniendo en práctica múltiples consejos humanos -todos ellos muy útiles: dormir regularmente siete horas y media, desayunar fuerte en casa si es posible con toda la familia o al menos con una notable representación; andar un poco a paso rápido, beber agua y no otras cosas, no estar siempre rodeado – hasta en las vacaciones y similares- de periodistas, practicar algunos hobbies que no sean leer periódicos, entender que la tristeza es uno de los enemigos del hombre, dominar los pensamientos negativos, practicar la soledad sólo en dosis no mortíferas, para no convertirse ni en un lobo estepario ni en un caballo triste, saber perdonar, no tener enemigos ni confeccionar listas negras de agraviadores…

San Josemaría estaría- estoy seguro- muy de acuerdo con estos y otros remedios contra el estrés. Pero Dios quiso que nos transmitiera el mensaje más luminoso y esperanzado que, entre otras cosas, pone siempre en su sitio a todo estrés: la santificación del trabajo ordinario. Todo trabajo noble – y el periodismo lo es en grado eminente- es el ámbito, la materia, el lugar, la permanente ocasión para que los hombres – con la gracia de Dios- se hagan santos.

“Sabedlo bien – dirá-: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir” ( Conversaciones, 114).

Santificar el periodismo es trabajar mucho- tanto como el estrés bueno lo permita- trabajar muy bien – con la máxima perfección humana posible- y trabajar con ese espíritu que lleva a buscar y encontrar ese algo santo y divino que está escondido en la vida ordinaria del trabajo periodístico.

8.LA DIFICIL ASIGNATURA DE LA VERDAD

Suele decirse con humor que un camello es un caballo diseñado por…una comisión.

Algo similar podría decirse del periodismo con alguna frecuencia.

Uno de los rasgos más característicos del periodista tal vez sea su función de contar a los demás lo que está pasando. Lo que está pasando en el mundo físico y en el mundo intelectual y moral.

Y aquí nos salen al paso dos dragones que pueden hacer que el caballo se convierta en un camello. Es imposible contar lo que está pasando porque están pasando casi infinitas cosas; y además- como ha escrito Tomás Eloy Martínez- porque “la realidad (,,,) no se puede contar ni repetir. Lo único que se puede hacer con la realidad en inventarla de nuevo”.

Pero por muchos dragones que tenga el camino, nunca las noticias pueden consistir en la no verdad. A lo mejor sólo son una parte de la verdad, una verdad parcial , pero siempre han de ser verdad.“La verdad es lo que es y seguirá siendo verdad aunque se piense al revés”, dejó dicho con evidente intuición poética Antonio Machado.

Un hombre poco sospechoso de ver enredos, conspiraciones o brujas en el periodismo, como es Arcadi Espada, parte de la base de que “cada día se publican noticias falsas en los periódicos. La mayoría por errores. Otras muchas de modo voluntario”.

San Josemaría se acercó a la verdad que maneja el periodismo con comprensión por su dificultad pero también con acentos de fuerte exigencia.

Primero supo hacer en muy pocas palabras una disección de las tentaciones que suelen rondar las redacciones de todo el mundo: “Me repugna el sensacionalismo de algunos periodistas, que dicen la verdad a medias”. “Informar no es quedarse a mitad de camino entre la verdad y la mentira” (Conversaciones, 86) .

Mantiene un no rotundo a la difusión informativa de rumores infundados: El buen periodismo – dirá- “es el que no se contenta con los rumores infundados, con los se dice inventados por imaginaciones calenturientas” (Conversaciones ,86) Este punto de vista es coincidente con el de todos los Códigos éticos de la profesión y los diferentes Libros de Estilo. Los rumores no se publican.

Ese no rotundo también lo extiende San Josemaría a las verdades a medias, a esas verdades que entre dos aguas se quedan “a mitad de camino entre la verdad y la mentira” .

La exigencia de la verdad periodística se mueve en el pensamiento de San Josemaría en tres direcciones: a) Hay que informar -dirá- “con hechos, con resultados”. Es decir, con los materiales que tienen la consistencia de la realidad aunque esa consistencia sea confusa, ande entremezclada o esté oscurecida de forma interesada. Hechos o resultados es todo lo que está fuera de la mente del informador; b) La información con hechos, con resultados ha de hacerse –añade San Josemaría- “sin juzgar las intenciones”. El mundo de las intenciones humanas está cerrado a la información porque es un conocimiento imposible, a nos ser que el interesado lo manifieste al exterior; y c) Al informar de hechos o resultados- concluirá San Josemaría- hay que mantener “la legítima diversidad de opiniones en un plano ecuánime, sin descender al ataque personal”. Sobre hechos o resultados caben diferentes opiniones que serán siempre legítimas y ante las que el informador ha de mantenerse en un plano imparcial y respetuoso.

San Josemaría empuja a los periodistas a abrir al máximo sus ojos a la realidad. Sin cerrarlos por el peso de sus prejuicios . Les anima a buscar la verdad de las cosas trabajando bien, con la técnica, el arte y las reglas que exige el buen periodismo.

7. NO AL PERIODISMO DOMESTICADO

El día de mi cumpleaños y el de nuestra Nicolasa, la Constitución Española”, el día 6 de diciembre – San Nicolás de Bari- de 1866, Flaubert escribe una carta a George Sand en la que le plantea una pregunta metafísica que sigue siendo válida para nuestro tiempo : ¿Acaso ha dado Dios alguna vez su opinión.

Tampoco en esta materia quisiera tener el mínimo encontronazo con metafísicos y menos aún con teólogos. Pero de momento me atrevería a contestar a Flaubert que Dios no ha dado nunca su opinión por el simple hecho de que Dios no tiene opiniones. La opinión es una mochila de hombres y de hombres caminantes que en la mayoría de las cuestiones que les asaltan por el camino han de tantear, con oscuridad y hasta provisionalmente, la verdadera respuesta a sus incógnitas.

Esta cuestión de las opiniones va, casi por definición, de la mano de la libertad humana, que es una libertad limitada.

No es posible entender al hombre si se prescinde de su libertad; ni tampoco se puede entender el periodismo si se prescinde o se agosta la libertad. Tendré que decirlo cuanto antes para que no haya la menor duda de lo que me ronda por la cabeza: sólo hay una manera de ejercitar el derecho a la información o de cumplir el deber de informar – asuntos los dos nucleares en el periodismo- y la única manera es hacerlo libremente.

Con una interpolación a una de sus citas, que – estoy seguro- Umbral me perdonará, se podría decir que “a los libros, como a los gatos ( como a la información, añado yo), hay que renunciar a domesticarlos”.

Y en este tema de la libertad -ese imprescindible oxígeno del periodismo- , San Josemaría nos provee de infinitos balones de oxígeno. Su sentido de la libertad será siempre joven porque está radicado en Dios, el más joven de todos nosotros, como repetía el pensamiento clásico.

San Josemaría veía la libertad con la transparencia luminosa que da entenderla como un don de Dios. Oía el canto de la libertad en todos los misterios de la fe católica.

Gritaba constantemente su amor a la libertad. Se definió alguna vez como “el último romántico” que buscaba, y buscaba, y buscaba, la libertad soñada y no la hallaba en ninguna parte del mundo.

Hasta se desconcertaba un poquito cuando se encontraba en su camino con personas que desconfiaban de la libertad, “ como si sospechasen que la defensa de la libertad entrañara un peligro para la fe”. (Amigos de Dios, 32 )

Defendió siempre la libertad de todos los hombres, la libertad de todos los cristianos, la libertad de todos sus hijos, y lo hizo con su oración, con su pluma, con su lengua, a gritos, con susurros, ante los poderosos y ante los hombres sencillos.

Fundió – para hacer más fuerte la libertad- dos palabras hasta hacerlas en su vida y en su pensamiento una aleación inseparable: libertad y responsabilidad. Una libertad personal que va siempre unida a una responsabilidad también personal.

Con una expresión suya -¡”en la duda, por la libertad!”- hizo de la libertad un principio interpretativo del pensamiento y la acción.

San Josemaría rechaza el concepto autista de la libertad que adora la idea de ser libre por ser libre, sin ningún norte ni guía, en un entendimiento de la libertad como una brújula loca. Tampoco comparte un concepto puramente epidérmico, emocional, instintivo que lleva a gritar ¡libertad, libertad, libertad!, pero que es frágil y quebradizo porque carece de fundamentos. Tampoco defiende una libertad constitutivamente paralítica, que huye del compromiso y termina arrastrada en cualquier dirección por cualquier viento. Ni piensa que la libertad pueda definirse únicamente como ausencia de coacción. Ni da a la libertad humana, aquí, en la tierra, una dimensión de plenitud.

La verdad que da sentido a la libertad y abre todas sus puertas es resumida por San Josemaría con una sencillez conmovedora. La verdad liberadora es “saber que hemos salido de las manos de Dios, que somos objeto de la predilección de la Trinidad Beatísima, que somos hijos de tan gran Padre” ( Amigos de Dios, 26).

La filiación divina confiere por tanto su sentido a la libertad humana y señala también su finalidad. En el pensamiento de San Josemaría, la libertad de los hombres es para ser, sentirse y vivir libremente como hijos de Dios.

San Josemaría amó el pluralismo en la vida civil y en la vida religiosa, la espontaneidad en la acción cristiana, la libertad de las conciencias, la libertad de los cristianos en todas las materias opinables. No le gustaban ni poco ni nada los grandes o los pequeños tiranos. Potenciaba la diversidad. Respetaba y hacía respetar la personalidad de cada persona. Le asfixiaba esa libertad que Luisa Castro ha llamado “libertad de corral”. Encaraba a las almas ante su personal responsabilidad delante de Dios y de los hombres. No quería ni almas ni personalidades en serie. Nunca pensó en la violencia ni para vencer ni para convencer. Fue siempre partidario del agua clara, del aire limpio, de los espacios abiertos, para que las almas pudieran tratar antes, más y mejor, de tú a tú con Dios.

8. UNA PROMESA RECONFORTANTE

San Josemaría – ha escrito José Miguel Ibáñez- no escribió para ser leído como escritor, es decir, en cuanto artista del lenguaje. “Su lenguaje es diáfano, creador, directo, imaginativo, plástico, poético a ratos, a ratos ensayístico, dramático a veces y a veces discursivo(…) . Tiene San Josemaría “una prosa directa y fuerte, sabrosa y amable, tan impecable como coloquial, tan hermosa como sincera. Sincera en el sentido más alto: porque si escribió como habló y habló como escribió, también y sobre todo escribió y habló como quien fue: Como un santo.”

Le gustaban los pensamientos breves, las imágenes sensoriales que revelan verdades espirituales, las figuras que hacen cristalizar intuiciones poéticas, las pinceladas rápidas, plásticas, esenciales, las parábolas en su acepción retórica y evangélica ( Jose Miguel Ibáñez).

Pero no le gustaba exagerar ni menos aún decir una cosa por otra. Por eso tiene una grandeza especial, y merece la pena tomárselo al pie de la letra, la promesa que San Josemaría le hizo al conversar en 1967 al periodista Andrés Garrigó .

Están hablando del periodismo. Del periodismo de verdad y del periodismo de mentira. De los verdaderos periodistas y de los falsos periodistas. En ese momento, San Josemaría dice:

“Os he de confesar que, por lo que a mí toca, esos falsos periodistas salen ganando: porque no hay día en el que no rece cariñosamente por ellos, pidiendo al Señor que les aclare la conciencia” (Conversaciones, 86).

Permitidme que saque dos consecuencias de sus palabras.

La primera es ésta: Si todos los días rezaba por los falsos periodistas, con tanta o más razón todos los día rezaba por los verdaderos periodistas, es decir, todos los días rezaba por nosotros, los periodistas.

La segunda consecuencia es ésta otra: Si todos los días, San Josemaría rezaba aquí, en la tierra, por todos los periodistas, ¿ no es razonable que ahora, en el Cielo, rodeado eternamente de sus grandes Amores, “donde Cristo mismo –son palabras de San Josemaría, que glosan el Apocalipsis- enjugará las lágrimas de nuestros ojos y donde no habrá muerte, ni llanto, ni gritos de fatiga, porque el mundo viejo ya habrá terminado” Conversaciones, 113) – ¿no es razonable que siga rezando todos los días de su Cielo por todos los periodistas de todos los tiempos?

Santo Rosario

Archivado en: San Josemaría,Virgen María — Kristin a las 11:16 pm en Lunes, Octubre 4, 2010

Virgen del RosarioAmigo mío: si tienes deseos de ser grande, hazte pequeño.
Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños…, rezar como rezan los niños.

Y todo esto junto es preciso para llevar a la práctica lo que voy a descubrirte en estas líneas:

El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima.

—¿Quieres amar a la Virgen? —Pues, ¡trátala! ¿Cómo? —Rezando bien el Rosario de nuestra Señora.

Pero, en el Rosario… ¡decimos siempre lo mismo! —¿Siempre lo mismo? ¿Y no se dicen siempre lo mismo los que se aman?… ¿Acaso no habrá monotonía en tu Rosario, porque en lugar de pronunciar palabras como hombre, emites sonidos como animal, estando tu pensamiento muy lejos de Dios? —Además, mira: antes de cada decena, se indica el misterio que se va a contemplar.

—Tú… ¿has contemplado alguna vez estos misterios?

Hazte pequeño. Ven conmigo y —este es el nervio de mi confidencia— viviremos la vida de Jesús, María y José.

Cada día les prestaremos un nuevo servicio. Oiremos sus pláticas de familia. Veremos crecer al Mesías. Admiraremos sus treinta años de oscuridad… Asistiremos a su Pasión y Muerte… Nos pasmaremos ante la gloria de su Resurrección… En una palabra: contemplaremos, locos de Amor (no hay más amor que el Amor), todos y cada uno de los instantes de Cristo Jesús.

¿San Josemaría, prólogo de Santo Rosario)

Newman y Escrivá

Archivado en: Cardenal Newman,San Josemaría — Kristin a las 10:06 pm en Viernes, Septiembre 10, 2010

John Henry Newman (2)El próximo 19 de septiembre, su santidad el Papa Benedicto XVI presidirá la ceremonia de beatificación del Cardenal John Henry Newman que tendrá lugar en Reino Unido. El Santo Padre ha aceptado la amable invitación del Gobierno británico a realizar la que se convertirá en la primera visita oficial de un Pontífice al Reino Unido, puesto que la que realizó Juan Pablo II en 1982 era una visita pastoral.

Este artículo ha sido publicado en el portal Church Forum.org y en él se relaciona la figura de Newman y la de san Josemaría a la hora de realzar el importante papel que los laicos están llamados a desempeñar dentro de la Iglesia:

“Puede parecer muy forzada la comparación, muy tenue la relación que existe entre estos dos personajes señeros en la vida de la Iglesia, uno del s. XIX y el otro del XX. El contexto social, cultural e histórico es bastante diverso; uno es un converso, ensayista y apologista que llegó a ser cardenal, el otro un fundador de una institución de la Iglesia. Sin embargo, mirándolos con atención se descubre una gran sintonía espiritual y un análogo proyecto pastoral. Menciono algunos ejemplos.

Ambos son verdaderos ‘profetas’ de la misión y del importante papel que los laicos están llamados a desempeñar dentro de la Iglesia. Ambos sufrieron con motivo de esta última aseveración, ya que cuando comenzaron a predicar parecía una novedad insostenible. Newman por ejemplo afirmaba que el ‘sentido de la fe’ del pueblo de Dios debería ser considerado como ‘lugar teológico’, es decir, como una fuente a la que se puede consultar para conocer cuál es el contenido auténtico de la fe.

La Iglesia, como depositaria de la revelación divina, no puede prescindir en su determinación de una parte importantísima de ella misma: el pueblo fiel; si lo hace, además de perder una fuente privilegiada, desemboca en el clericalismo, una reducción de lo que es auténticamente la Iglesia, restringiéndola a los ministros ordenados y la jerarquía. San Josemaría por su parte, también hubo de sufrir incomprensiones por afirmar taxativamente -mucho antes del Vaticano II- que los laicos están llamados a la plenitud de la vida cristiana, a la santidad, que no son cristianos de segunda y gozan de una vocación divina específica, por ejemplo la vocación matrimonial: es decir, un modo de seguir y hacer la voluntad de Dios en la Iglesia y el mundo. Al ‘sentido de la fe’ newmaniano, san Josemaría lo llamará, más coloquialmente, ‘nariz católica’ del pueblo de Dios.

Empeño y formación constantes
Ambos percibieron claramente, que no por el mero hecho de ser laica una persona se convierte en portavoz del Espíritu Santo.

Se precisa una profunda formación y un empeño constante para ser coherente con la fe. Newman dedicó todo su esfuerzo intelectual y pastoral a ese objetivo: la revista Rambler, la Universidad Católica de Dublín por él dirigida, la escuela del Oratorio de Birmingham son ejemplos elocuentes de ello.

San Josemaría, por su parte, además de su riquísima predicación y sus numerosos libros espirituales, que tanto han ayudado a los laicos a encontrar a Dios en su vida ordinaria, fundó –por querer divino- una institución que tiene como fin recordar la llamada universal a la santidad y hacerla asequible: es decir, no sólo afirmar que debemos ser santos en la vida corriente, sino mostrar el cómo, prestando la ayuda adecuada para poder alcanzar ese objetivo. Por eso definía al Opus Dei como “una gran catequesis“, donde se da la formación precisa, particularmente orientada a fomentar en las personas que la reciben la “unidad de vida“, concepto que quiere reflejar la ardua, pero necesaria coherencia entre lo que se cree y lo que se vive; sin intromisiones abusivas y sin divorcios escandalosos.

El ejemplo de los primeros cristianos
Los dos eran concientes de que lo que ellos proponían, en el fondo no era una novedad: “como el Evangelio, Nuevo y como el Evangelio, viejo” diría Escrivá. Ambos tuvieron como fuente de inspiración la vida de los primeros cristianos, a los que había que remitirse para recuperar la integridad de la fe, según Newman. Los dos insistían en la necesidad de alcanzar una profunda unidad entre fe y razón, cimentada en el estudio de las ciencias, tanto profanas como eclesiásticas.

Así por ejemplo, Escrivá exigió a los sacerdotes del Opus Dei que fueran peritos en algún saber profano –todos tienen licenciatura, muchos doctorado civil-, al tiempo que bastantes laicos a su vez cultivaran las ciencias teológicas a su nivel, muchos de ellos alcanzando un doctorado eclesiástico. Newman afirmará por su parte: “Quiero que los seglares intelectuales sean religiosos, y los eclesiásticos devotos sean intelectuales“.

Libertad de las conciencias
Los dos fueron profetas de la ‘libertad de las conciencias’ dentro de la Iglesia. Escrivá predicó incansablemente sobre la libertad y la autonomía de los laicos en asuntos temporales, señalando que no debería haber ninguna ingerencia eclesiástica sobre ellos en esos asuntos. Debían sin embargo esforzarse por ser coherentes con su fe y fieles a su conciencia, evitando cualquier tipo de esquizofrenia oportunista que los descalificara moralmente. Newman incidiría en el valor de la conciencia como lugar de encuentro con Dios, sagrario del hombre y motor de toda conducta moral.

Muchas más aspectos podrían subrayarse: necesidad de aunar piedad y doctrina en la profundización teológica; el ejercicio prudente y responsable, cara a la Iglesia, de la labor teológica, y una profunda percepción de la Iglesia como Misterio, como sacramento, que teniendo un elemento humano, conduce sin embargo a la comunión con lo divino. Baste por lo pronto con lo dicho ahora para justificar la sintonía entre Newman y Escrivá“.

Autor: Rvdo. Arroyo Martínez es Doctor en Filosofía por la Università della Santa Croce

Felicidades, María

Archivado en: San Josemaría,Virgen María — Kristin a las 9:30 pm en Miércoles, Septiembre 8, 2010

nNuestra Madre es modelo de correspondencia a la gracia y, al contemplar su vida, el Señor nos dará luz para que sepamos divinizar nuestra existencia ordinaria. A lo largo del año, cuando celebramos las fiestas marianas, y en bastantes momentos de cada jornada corriente, los cristianos pensamos muchas veces en la Virgen. Si aprovechamos esos instantes, imaginando cómo se conduciría Nuestra Madre en las tareas que nosotros hemos de realizar, poco a poco iremos aprendiendo: y acabaremos pareciéndonos a Ella, como los hijos se parecen a su madre.

Decisiones firmes

Imitar, en primer lugar, su amor. La caridad no se queda en sentimientos: ha de estar en las palabras, pero sobre todo en las obras. La Virgen no sólo dijo fiat, sino que cumplió en todo momento esa decisión firme e irrevocable. Así nosotros: cuando nos aguijonee el amor de Dios y conozcamos lo que El quiere, debemos comprometernos a ser fieles, leales, y a serlo efectivamente. Porque no todo aquel que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; sino aquel que hace la voluntad de mi Padre celestial.

Hemos de imitar su natural y sobrenatural elegancia. Ella es una criatura privilegiada de la historia de la salvación: en María, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Fue testigo delicado, que pasa oculto; no le gustó recibir alabanzas, porque no ambicionó su propia gloria.

Cuando todos huyen

María asiste a los misterios de la infancia de su Hijo, misterios, si cabe hablar así, normales: a la hora de los grandes milagros y de las aclamaciones de las masas, desaparece. En Jerusalén, cuando Cristo —cabalgando un borriquito— es vitoreado como Rey, no está María. Pero reaparece junto a la Cruz, cuando todos huyen. Este modo de comportarse tiene el sabor, no buscado, de la grandeza, de la profundidad, de la santidad de su alma.

Tratemos de aprender, siguiendo su ejemplo en la obediencia a Dios, en esa delicada combinación de esclavitud y de señorío. En María no hay nada de aquella actitud de las vírgenes necias, que obedecen, pero alocadamente. Nuestra Señora oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la voluntad divina: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. ¿Veis la maravilla? Santa María, maestra de toda nuestra conducta, nos enseña ahora que la obediencia a Dios no es servilismo, no sojuzga la conciencia: nos mueve íntimamente a que descubramos la libertad de los hijos de Dios.

San Josemaría, Es Cristo que pasa, 173.

Santa María Reina

Archivado en: San Josemaría,Virgen María — Kristin a las 12:45 pm en Domingo, Agosto 22, 2010

VelázquezEres toda hermosa, y no hay en ti mancha. —Huerto cerrado eres, hermana mía, Esposa, huerto cerrado, fuente sellada. —Veni: coronaberis. —Ven: serás coronada. (Cant., IV, 7, 12 y 8.)

Si tú y yo hubiéramos tenido poder, la hubiéramos hecho también Reina y Señora de todo lo creado.

Una gran señal apareció en el cielo: una mujer con corona de doce estrellas sobre su cabeza. —Vestido de sol. —La luna a sus pies. (Apoc., XII, 1.) María, Virgen sin mancilla, reparó la caída de Eva: y ha pisado, con su planta inmaculada, la cabeza del dragón infernal. Hija de Dios, Madre de Dios, Esposa de Dios.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo la coronan como Emperatriz que es del Universo.

Y le rinden pleitesía de vasallos los Angeles…, y los patriarcas y los profetas y los Apóstoles…, y los mártires y los confesores y las vírgenes y todos los santos…, y todos los pecadores y tú y yo.

(San Josemaría, Santo Rosario)

Asunción de María

Archivado en: San Josemaría,Virgen María — Kristin a las 2:34 pm en Domingo, Agosto 15, 2010

asuncioAssumpta est Maria in coelum: gaudent angeli! —María ha sido llevada por Dios, en cuerpo y alma, a los cielos: ¡y los Ángeles se alegran!

Así canta la Iglesia. —Y así, con ese clamor de regocijo, comenzamos la contemplación en esta decena del Santo Rosario:

Se ha dormido la Madre de Dios. —Están alrededor de su lecho los doce Apóstoles. —Matías sustituyó a Judas.

Y nosotros, por gracia que todos respetan, estamos a su lado también.

Pero Jesús quiere tener a su Madre, en cuerpo y alma, en la Gloria. —Y la Corte celestial despliega todo su aparato, para agasajar a la Señora. —Tú y yo —niños, al fin— tomamos la cola del espléndido manto azul de la Virgen, y así podemos contemplar aquella maravilla.

La Trinidad beatísima recibe y colma de honores a la Hija, Madre y Esposa de Dios… —Y es tanta la majestad de la Señora, que hace preguntar a los Angeles: ¿Quién es ésta?

(San Josemaría, de Santo Rosario)

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