El mundo de los jóvenes (y VII)
Conclusión
Los post-adolescentes aspiran a realizar su propio ingreso en la vida. A pesar de cierta falta de raíces culturales, religiosas y morales, intentan encontrar las vías de acceso, porque a menudo se han formado a sí mismos, en un narcisismo difuso e inconstancia. La fragilidad del yo, una visión temporal reducida a los deseos del momento y a las circunstancias, y una interioridad restringida sólo a la resonancia psíquica lo confinan al individualismo. Por eso algunos están angustiados por el empeño y la relación institucional, a pesar de desear casarse y fundar una familia. Prefieren mantener relaciones intimistas y lúdicas, naturalmente entre más personas, pero que son relaciones que permanecen fuera del vínculo social. Su perfil psicológico es también el resultado de una educación centrada en lo afectivo, en el placer inmediato y en la separación de los padres a causa del divorcio que, entre otras cosas, en las representaciones sociales es el origen de la inseguridad afectiva, de la duda de uno mismo con respecto al otro y del sentido del compromiso. Es posible promover una educación más realista que no encierre a la persona en los objetos mentales y en el narcisismo de la adolescencia, sino que estimule el interés por hacerse adulto.
Los jóvenes de la generación actual están haciendo una revolución religiosa silenciosa, pero decidida. Suscitan interrogativos entre los cristianos y no tienen miedo de manifestarse como tales. No quieren dejarse intimidar ni constreñir al silencio y menos aún insultar. Los jóvenes provenientes de África, de América Latina, Asia y del Oriente viven su fe como una emancipación y una liberación en Dios, a veces en el martirio, actitud que debería inspirar las viejas comunidades cristianas.
Cada JMJ es una etapa histórica para los jóvenes participantes. Ya no podemos hablar de la religión del mismo modo como lo hacíamos antes. Además esto se nota fácilmente en la prensa: la mayor parte de los informadores y comentaristas políticos, esclavos de determinadas categorías sociológicas o de clichés, no consiguen dar una valoración exacta del evento. Desde hace varios años los encuentros de jóvenes promovidos por la Iglesia reúnen un número significativo de participantes, pero raramente se habla de estos jóvenes en búsqueda de los espiritual. Éstos no dan que hablar en los telediarios. ¿Es que un encuentro de jóvenes por motivos religiosos no es acaso un evento para la prensa? La información a menudo es desfasada respecto a lo que se vive y se prepara silenciosamente en la sociedad, hasta el día en el que alguno se despierta preguntándose: “¿Qué ha sucedido?”. Los desafíos nacidos de la sed de un ideal y una espiritualidad de los jóvenes no son tomados en serio por la sociedad.
La Iglesia no está agonizando, como pretenden algunos: encuentra la misma dificultad que todas las demás instituciones que padecen los efectos del individualismo, del subjetivismo y de una forma de socialización. En una sociedad en la que el individuo vive como víctima de la vida de los demás, con la mentalidad del consumador, a un ritmo concebido en función del instante y con una representación de la vida mediática y virtual, es urgente hacer descubrir el sentido de la realidad, promover vínculos de socialización y transmisión entre las generaciones, para adquirir el sentido de las instituciones. La experiencia espiritual cristiana implica tal dimensión y constituye su riqueza, que se despliega en las diferentes tradiciones a través de los siglos.
Le toca a la Iglesia asegurar una continuidad a la JMJ y poner en práctica una catequesis más activa y renovada. La inteligencia de la fe necesita ser nutrida. La acción pastoral tendrá que preocuparse de sensibilizar a las familias sobre la importancia de la educación religiosa y del catecismo en particular. Pero las familias, a su vez, plantean una cuestión a la sociedad, que ha cancelado la dimensión religiosa de la vida con una precisa voluntad política. La laicización, como habíamos dicho, es la distinción entre el poder político y el religioso y no la exclusión de la religión del campo social. La vida escolástica debe respetar el tiempo que se debe dedicar a la enseñanza religiosa.
Aunque es verdad que cada uno es libre de abrazar o no un fe religiosa, la sociedad no puede relegar la religión a la sección de lo opcional de la vida, al campo de lo escondido y lo privado, pensando que la fe no debe tener ninguna repercusión en la vida y la sociedad. El hecho religioso es un hecho social que no se puede relegar a la esfera de lo privado; es más bien la fuente del vínculo social y permanece inscrito en el ritmo del calendario. A esta privatización de la vida religiosa han respondido los jóvenes, con su comportamiento, con un “no” contundente con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud. La vida espiritual es una exigencia humana que el poder público debe reconocer, respetar y honrar porque califica a cada persona y constituye uno de los componentes esenciales de la realidad social.
En su Mensaje con ocasión de la XVIII Jornada Mundial de la Juventud 2003, el Santo Padre recuerda el papel que los jóvenes pueden desarrollar: “La humanidad tiene necesidad imperiosa del testimonio de jóvenes libres y valientes, que se atrevan a caminar contra corriente y a proclamar con fuerza y entusiasmo la propia fe en Dios, Señor y Salvador“ (n1 6).

Enero 26th, 2010 a las 20:14
Ves como sí intentas que los demás asumamos tus ideas? “Aunque es verdad que cada uno es libre de abrazar o no un fe religiosa, la sociedad no puede relegar la religión a la sección de lo opcional de la vida”. ¿Cómo se puede ser libre para no creer si la sociedad no debe situarlo en el campo de lo opcional? Es muy enrevesado.
Afortunadamente a día de hoy se puede elegir ir a clase de religión o no. Sea religión católica o musulmana, evangelista… Es decisión de cada padre, no de la sociedad, lo que debe enseñar a su hijo con respecto a su fe. Yo no tuve esa opción hasta que estaba en el último año de clase de religión. Y aún así no me convencieron.
Y en cuanto a manifestaciones de la juventud… Creo que ya nos manifestamos bastante no yendo a Misa los domingos, casi tanto como los católicos, lo que pasa es que no quedamos todos para celebrarlo. Según datos extraídos del barómetro de septiembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del 13 de octubre de 2009 el 74,7% de los jóvenes de entre 25 y 34 años, y el 71,1% de los jóvenes de entre 18 y 24 años, afirma que no asiste a misa habitualmente, En el extremo opuesto, se encuentran los mayores de 65 años, con un 67,3 por ciento de asistencia. Imagínate qué fiestón podríamos montar! Lo que pasa es que no necesito decir que soy rubia si lo soy y estoy segura de ello….
Enero 26th, 2010 a las 20:29
Expongo mis ideas, no intento que los demás las asuman. ¡Viva la libertad!
¿Vives en España? Yo sí, y actualmente los padres no pueden elegir libremente la educación para sus hijos. Porque si no tienes pasta para pagar un cole privado, tienes que llevar a tus hijos a la escuela pública, donde la única opción es que te adoctrine el estado. Así que no hay muchas opciones.
Lo más repateante es que los mismos que imponen el tipo de enseñanza, la evitan para sus hijos. La mayoría de los políticos del gobierno tienen a sus hijos en colegios privados aquí y en el extranjero. ¿No es sospechoso?
Febrero 5th, 2010 a las 15:54
Pues eso debe ser por el desconocimiento tan grande que los jóvenes tienen del valor real de la Santa Misa. Si lo supieran seguro que no se la perdían.
Seguro que tu no sabes ni de que va, rubia y todo.
Afortunadamente para muchos políticos, a estas alturas de la vida les resulta evidentemente muy fácil manejar a gente como tu, por que han comido y bebido de sus manos, y no saben pensar por ellos mismos, ni ir a contracorriente.
A los borregos se les lleva en rebaño: les dan una borrega, y un poco de pienso compuesto y no necesitan más. ¿Es esa la libertad de la que hablas?
Conozco a jóvenes de verdad, que luchan por sus ideales, y por un mundo un poco mejor.
Que piensan en el futuro de unos hijos que también sueñan tener en un futuro.
Esos merecen todo mi respeto.
Son jóvenes. Tienen esperanzas y luchan por ellas. Tienen ilusiones y luchan por ellas. La juventud se dá, pero sin condiciones.
Antares