La verdadera alegría
Frederick Faber (1814-1863) era catedrático de Oxford y ministro anglicano. Se convirtió al catolicismo y junto al también converso cardenal Newmann fundó el Oratorio inglés, en Londres.
Faber comprobó que cada vez había más personas en el Reino Unido que lo tenían todo –eran los dueños del mundo– pero padecían hipocondría –gran sensibilidad del sistema nervioso– y vivían con melancolía y tristeza habitual.
Fiel a San Felipe Neri (que según Goethe era «el santo de la alegría») Faber escribió sobre la necesidad de la alegría en cada cristiano. La alegría, dijo, es uno de los elementos más importantes de la vida espiritual.
Muchos que se detienen en el camino de la vida espiritual o de su vocación es porque les falta alegría.
La alegría es el ambiente de todas las virtudes heroicas. También nos enseña a ser amables, animosos, serviciales… La alegría es lo primitivo, lo original, lo eterno. El dolor es un estado transitorio…
¿Cuál es el fin de la creación sino la participación de la alegría de su Señor?
La redención es, por lo mismo, un segundo efluvio de alegría. El hombre más feliz, el más grande, el más semejante a Dios, es aquel que ha añadido una alegría única y verdadera al capital de felicidad que disfruta el mundo.
Por J.M. Alimbau en www.larazon.es