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Amabilidad

Archivado en: Virtudes humanas — Kristin a las 12:00 am en Domingo, Agosto 2, 2009  Etiquetado ,

amabilidadEl padre José Luis Martín Descalzo narraba una anécdota que le sucedió a un compañero de trabajo. Este amigo suyo volvía de la oficina a su casa. Al llegar a la estación compró, como siempre, un billete de metro, pero al pagar se llevó una sorpresa. La chica que le atendía, con una sonrisa tímida, le respondió:

«Hoy no tiene usted que pagar».

El hombre se quedó de una pieza. Preguntó el porqué.

«Porque ayer se fue sin coger la vuelta”

¿Acaso recordaba su rostro? ¿Conocía quién era? Nada de eso. La chica ni siquiera había estado el día anterior; pero una compañera le había dicho por la mañana: «Cuando venga el señor que siempre nos da las buenas tardes, dile que hoy no tiene que pagar». Con esta referencia, la muchacha en turno supo puntualmente de quién se trataba.

Una hermosa experiencia que hace brillar la nobleza de un corazón.

Sin embargo, esta misma luz pone de manifiesto la oscuridad de tantas personas que han olvidado ya ser amables con los demás. ¡Cuántas personas pasarían por aquellas taquillas del metro madrileño! Y sólo una de ellas era inconfundible porque era «el señor que siempre nos da las buenas tardes».

En la cultura que se ha ido imponiendo en nuestros días parece que ser amable es ser amilanado, débil o, simplemente, tonto. Expresiones que denotan respeto y educación se evitan, ya que el usarlas nos haría quedar mal delante de nuestro “círculo de amistades”.

Si le doy las gracias al camarero que me sirve la mesa dejaría entrever que estoy necesitado de su servicio. Como en todos los casos implica una degradación de nuestra grande personalidad, mejor no usarlas para poder aparecer como alguien fuerte y seguro de sí mismo.

Ser amable no es sinónimo de falta de reciedumbre. Todo lo contrario, produce más admiración y gratitud quien dice: «pase usted» que quien simplemente se echa a un lado para quitarse de enfrente de la puerta. Ser cordial indica mayor entereza y domino que poner un rostro frío de absoluta indiferencia. El “duro” se hace respetar, el cortés es respetado por lo que es.

Ocasiones no faltan

Siempre tenemos cientos de oportunidades para ser amables con los demás. Basta pensar que, cada mañana, podemos decir «buenos días» a nuestros padres, a nuestro cónyuge, a nuestros hijos, a los profesores, a los compañeros de oficina o al conductor del autobús.

Ceder el asiento en el metro a una señora o a un anciano se puede hacer con facilidad. Desear un buen día de trabajo al camarero de nuestro café preferido no cuesta mucho. Oportunidades, desde luego, no faltan; sólo hay que descubrirlas y hacer la costumbre.

Este tipo de detalles es el que cambia rostros y alegra atmósferas enteras. Las relaciones se estrechan. Las sonrisas se multiplican. El trabajo se disfruta. El corazón rejuvenece. Se acrecienta el deseo de compartir el tiempo. ¿Por qué? Porque la gente se siente tratada con el respeto y la dignidad de lo que verdaderamente son: personas e hijos de Dios. Y todo esto depende tan sólo de un sencillo «buenos días».

¡Vence el mal con el bien!

Por Andrés Ocádiz Amador

Ser amable

Archivado en: Virtudes humanas — Kristin a las 12:47 am en Miércoles, Julio 15, 2009  Etiquetado ,

amable

Una de las virtudes mejor valorada por todas las personas es la amabilidad, ser afables. Una persona puede ser educada, bien vestida…, pero si además es agradable y amable, entonces es una persona encantadora. Una persona amable, por norma general, es una persona con buenos modales.

Hay un frase, de Alfred Capus, que nos indica de forma perfecta que es la amabilidad: ” Una persona amable es aquella que escucha con una sonrisa lo que ya sabe, de labios de alguien que no lo sabe”. La amabilidad nos ayuda a causar buena impresión a los demás, aún a costa de hacer algún pequeño sacrificio.

Aunque el término “amabílitas” proviene del latín con un significado de amado, de ser amado o preferido, para nosotros hemos tomado el significado más actual y moderno que tiene que ver con las normas de conducta más que con los sentimientos.

El término amabilidad. engloba muchos conceptos: interés por los demás, respeto, consideración … En sí misma encierra muchos de los aspectos fundamentales de una persona bien educada.

“Aunque pudiera hacerme temible, preferiría hacerme amable” dijo Michel Eyquem de la Montaigne. Y es que una persona amable es querida y respetada. La amabilidad es un profundo sentimiento que solamente se manifiesta en ciertas actitudes. La amabilidad se manifiesta en cualquier momento; debe surgir de manera espontánea. La amabilidad no se fuerza, pues perdería su naturalidad dejando de ser amabilidad para convertirse en algo fingido, parecido a la amabilidad sin serlo.

La amabilidad es generosidad y hay que derrocharla. Hay que ser amables con todo el mundo, no sólo con las personas que conocemos. La amabilidad abre puertas, auna culturas y ayuda a una convivencia mejor .

Una persona amable es aquella que nos ayuda, por ejemplo, a cambiar una rueda pinchada de nuestro automóvil, que nos deja llamar por teléfono desde su casa si lo necesitamos, que nos deja una herramienta, etc. Estamos rodeados de gente amable. Sigamos pasando ese “testigo” y contagiando la amabilidad. Solamente una cosa más, no abuse de ella. No sea empalagoso, llevando su amabilidad al límite de lo exagerado, siendo demasiado “atento”.