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Oración de Benedicto XVI por los sacerdotes

Archivado en: Benedicto XVI,san Juan María Vianney — Kristin a las 12:58 am en Sábado, Junio 27, 2009  Etiquetado , ,

La Santa Sede dio a conocer la oración que el Papa Benedicto XVI ha compuesto para el Año Sacerdotal que el Pontífice inauguró el pasado viernes 19 de junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y Jornada de Santificación Sacerdotal, y que conmemora el 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, el Cura de Ars.A continuación, el texto de la oración:

“Señor Jesús,

en San Juan María Vianney Tú has querido dar a la Iglesia la imagen viviente y una personificación de tu caridad pastoral.

Ayúdanos a bien vivir en su compañía, ayudados por su ejemplo en este Año Sacerdotal.

Haz que podamos aprender del Santo Cura de Ars delante de tu Eucaristía; aprender cómo es simple y diaria tu Palabra que nos instruye, cómo es tierno el amor con el cual acoges a los pecadores arrepentidos, cómo es consolador abandonarse confidencialmente a tu Madre Inmaculada, cómo es necesario luchar con fuerza contra el Maligno.

Haz, Señor Jesús, que, del ejemplo del Santo Cura de Ars, nuestros jóvenes sepan cuánto es necesario, humilde y generoso el ministerio sacerdotal, que quieres entregar a aquellos que escuchan tu llamada.

Haz también que en nuestras comunidades –como en aquel entonces la de Ars– sucedan aquellas maravillas de gracia, que tu haces que sobrevengan cuanto un sacerdote sabe ‘poner amor en su parroquia’.

Haz que nuestras familias cristianas sepan descubrir en la Iglesia su casa –donde puedan encontrar siempre a tus ministros– y sepan convertir su casa así de bonita como una iglesia.

Haz que la caridad de nuestros Pastores anime y encienda la caridad de todos los fieles, en tal manera que todas las vocaciones y todos los carismas, infundidos por el Espíritu Santo, puedan ser acogidos y valorizados.

Pero sobre todo, Señor Jesús, concédenos el ardor y la verdad del corazón a fin de que podamos dirigirnos a tu Padre celestial, haciendo nuestras las mismas palabras, que usaba San Juan María Vianney:

‘Te amo, mi Dios, y mi solo deseo

es amarte hasta el último respiro de mi vida.

Te amo, oh Dios infinitamente amable,

y prefiero morir amándote

antes que vivir un solo instante si amarte.

Te amo, Señor, y la única gracia que te pido

es aquella de amarte eternamente.

Dios mío, si mi lengua

no pudiera decir que te amo en cada instante,

quiero que mi corazón te lo repita

tantas veces cuantas respiro.

Te amo, oh mi Dios Salvador,

porque has sido crucificado por mí,

y me tienes acá crucificado por Ti.

Dios mío, dame la gracia de morir amándote

y sabiendo que te amo’.

Amén. 

Oración por los sacerdotes

Archivado en: Benedicto XVI — Kristin a las 10:34 pm en Viernes, Junio 19, 2009  Etiquetado ,
Amor de la Iglesia al sacerdote

Este Año comenzará mañana, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, Jornada de Santificación Sacerdotal, y tiene lugar con motivo del 150 aniversario de la muerte de san Juan María Vianney, el Cura de Ars (1786-1859), patrono del clero secular. De hecho, en la inauguración, que será presidida por Benedicto XVI en la basílica de San Pedro del Vaticano, estarán presentes las reliquias de este presbítero francés. El lema de estos doce meses será: Fidelidad de Cristo; fidelidad del sacerdote.
El Papa tiene muchas esperanzas para este Año, y ha hablado de ellas en varios encuentros públicos. El pasado domingo, por ejemplo, al dirigirse a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, decía: «Que este nuevo Año Jubilar constituya una ocasión propicia para profundizar en el valor y la importancia de la misión sacerdotal y para pedir al Señor que le dé a su Iglesia el don de numerosos y santos sacerdotes».

El Santo Padre ha encomendado a la Congregación para el Clero la animación de este Año, que se clausurará el 19 de junio de 2010 con un Encuentro mundial sacerdotal en la plaza de San Pedro, un acto con poquísimos precedentes en la Historia. Durante este Año Jubilar, está prevista la publicación de un Directorio para los confesores y directores espirituales y una antología de textos del Pontífice sobre los temas esenciales de la vida y de la misión sacerdotal hoy. La Congregación vaticana promoverá, además, Ejercicios espirituales y otras actividades.
Ahora bien, el secreto del Año Sacerdotal está en que sea vivido por las comunidades locales, por cada parroquia, en torno a sus sacerdotes. Por este motivo, como ha explicado a Alfa y Omega el Secretario de la Congregación para el Clero, el arzobispo italiano monseñor Mauro Piacenza, es vital que las diócesis y las parroquias impulsen iniciativas de profundización y celebración para demostrar a los sacerdotes que «la Iglesia los ama».Adopta, con la oración, a un sacerdote

En este sentido, la Congregación para el Clero está promoviendo una iniciativa que podrá resumirse de manera simplista, con la fórmula: Adopta un sacerdote. En realidad, busca promover la oración y la adoración ante el Santísimo Sacramento de la Eucaristía por parte de los presbíteros. En algunas diócesis, donde se ha realizado esta iniciativa en los últimos dos años, han empezado incluso a surgir vocaciones al sacerdocio entre jóvenes que participan en estos encuentros de oración. Esta maternidad espiritual de sacerdotes la está promoviendo la Santa Sede de manera particular entre las mujeres consagradas en la vida contemplativa, conscientes de que, detrás de un buen sacerdote, en la Historia, siempre ha habido mujeres que han rezado por su santidad.
En realidad, como explica monseñor Piacenza, de este Año depende el futuro de la Iglesia: «Es urgente y necesario en este tiempo recordar, tanto a los sacerdotes como al pueblo de Dios, la belleza, la importancia, el carácter indispensable del ministerio sacerdotal en la Iglesia para la salvación de la almas. Debemos prestar más atención a la santidad de los clérigos. El carácter específico e integral de su ministerio significa, en el fondo, atender toda la obra de evangelización. Ha llegado la hora de darse cuenta de esto, y todos deberíamos reparar en ello. Entre otras cosas, sólo habrá buenos laicos y buenos obispos si hay buenos sacerdotes».Monseñor Piacenza explica que, por este motivo, no se trata sólo de un Año de los sacerdotes, sino un Año de toda la Iglesia: «Cada uno de sus miembros -concluye- debe sentirse llamado a redescubrir, a la luz de su propia misión, la grandeza del don que el Señor ha querido dejar con el ministerio sacerdotal. Todos los laicos deben darse cuenta de que, con el don del sacerdocio, se les deja la frescura de la presencia de Cristo: no es un recuerdo de Cristo, sino una presencia actual, gracias a la Eucaristía»Por Jesús Colina en www.alfayomega.es

Dejar obrar a Dios

Archivado en: Benedicto XVI,Opus Dei,San Josemaría,Santidad — Kristin a las 10:39 pm en Miércoles, Mayo 13, 2009  Etiquetado , ,
Hoy volvía a releer este texto de Benedicto XVI, no me canso de hacerlo. Me admira el modo del Santo Padre de explicar en qué consiste la santidad.
Lo copio aquí para que la podáis disfrutar.

Transcripción de una intervención oral del cardenal Ratzinger publicada en el suplemento especial del Osservatore Romano realizado con ocasión de la canonización de Josemaría Escrivá el 6 de ocrubre de 2002.

“Siempre me ha llamado la atención el sentido que Josemaría Escrivá daba al nombre Opus Dei; una interpretación que podríamos llamar biográfica y que permite entender al fundador en su fisonomía espiritual. Escrivá sabía que debía fundar algo, y a la vez estaba convencido de que ese algo no era obra suya: él no había inventado nada: sencillamente el Señor se había servido de él y, en consecuencia, aquello no era su obra, sino la Obra de Dios. Él era solamente un instrumento a través del cual Dioshabía actuado.

Al considerar esta actitud me vienen a la mente las palabras del Señor recogidas en el evangelio de San Juan 5,17: “Mi Padre obra siempre”. Son palabras pronunciadas por Jesús en el curso de una discusión con algunos especialistas de la religión que no querían reconocer que Dios puede trabajar en el día del sábado. Un debate todavía abierto y actual, en cierto modo, entre los hombres –también cristianos- de nuestro tiempo. Algunos piensan que Dios, después de la creación, se ha “retirado” y ya no muestra interés alguno por nuestros asuntos de cada día. Según este modo de pensar, Dios no podría intervenir en el tejido de nuestra vida cotidiana; sin embargo, las palabras de Jesucristo nos indican mas bien lo contrario. Un hombre abierto a la presencia de Dios se da cuenta de que Dios obra siempre y de que también actúa hoy; por eso debemos dejarle entrar y facilitarle que obre en nosotros. Es así como nacen las cosas que abren el futuro y renuevan la humanidad.

Todo esto nos ayuda a comprender por qué Josemaría Escrivá no se consideraba “fundador” de nada, y por qué se veía solamente como un hombre que quiere cumplir una voluntad de Dios, secundar esa acción, la obra –en efecto- de Dios. En este sentido, constituye para mí un mensaje de gran importancia el teocentrismo de Escrivá de Balaguer: está en coherencia con las palabras de Jesús esa confianza en que Dios no se ha retirado del mundo, porque está actuando constantemente; y en que a nosotros nos corresponde solamente ponernos a su disposición, estar disponibles, siendo capaces de responder a su llamada. Es un mensaje que ayuda también a superar lo que puede considerarse como la gran tentación de nuestro tiempo: la pretensión de pensar que después del big bang, Dios se ha retirado de la historia. La acción de Dios no “se ha parado” en el momento del big bang, sino que continúa en el curso del tiempo, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de los hombres.

El fundador de la Obra decía: yo no he inventado nada; es Otro quien lo ha hecho todo; yo he procurado estar disponible y servirle como instrumento. La palabra y toda la realidad que llamamos Opus Dei está profundamente ensamblada con la vida interior del Fundador, que aun procurando ser muy discreto en este punto, da a entender que permanecía en diálogo constante, en contacto real con Aquél que nos ha creado y obra por nosotros y con nosotros. De Moisés se dice en el libro del Éxodo (33,11) que Dios hablaba con él “cara a cara, como un amigo habla con un amigo”. Me parece que, si bien el velo de la discreción esconde algunas pequeñas señales, hay fundamento suficiente para poder aplicar muy bien a Josemaría Escrivá eso de “hablar como un amigo habla con un amigo”, que abre las puertas del mundo para que Dios pueda hacerse presente, obrar y transformar todo.

En esta perspectiva se comprende mejor qué significa santidad y vocación universal a la santidad. Conociendo un poco la historia de los santos, sabiendo que en los procesos de canonización se busca la virtud “heroica” podemos tener, casi inevitablemente, un concepto equivocado de la santidad porque tendemos a pensar: “esto no es para mí”; “yo no me siento capaz de practicar virtudes heroicas”; “es un ideal demasiado alto para mí”. En ese caso la santidad estaría reservada para algunos “grandes” de quienes vemos sus imágenes en los altares y que son muy diferentes a nosotros, normales pecadores. Esa sería una idea totalmente equivocada de la santidad, una concepción errónea que ha sido corregida – y esto me parece un punto central- precisamente por Josemaría Escrivá.

Virtud heroica no quiere decir que el santo sea una especie de “gimnasta” de la santidad, que realiza unos ejercicios inasequibles para las personas normales. Quiere decir, por el contrario, que en la vida de un hombre se revela la presencia de Dios, y queda más patente todo lo que el hombre no es capaz de hacer por sí mismo. Quizá, en el fondo, se trate de una cuestión terminológica, porque el adjetivo “heroico” ha sido con frecuencia mal interpretado. Virtud heroica no significa exactamente que uno hace cosas grandes por sí mismo, sino que en su vida aparecen realidades que no ha hecho él, porque él sólo ha estado disponible para dejar que Dios actuara. Con otras palabras, ser santo no es otra cosa que hablar con Dios como un amigo habla con el amigo. Esto es la santidad.

Ser santo no comporta ser superior a los demás; por el contrario, el santo puede ser muy débil, y contar con numerosos errores en su vida. La santidad es el contacto profundo con Dios: es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer realmente que este mundo sea bueno y feliz. Cuando Josemaría Escrivá habla de que todos los hombres estamos llamados a ser santos, me parece que en el fondo está refiriéndose a su personal experiencia, porque nunca hizo por sí mismo cosas increíbles, sino que se limitó a dejar obrar a Dios. Y por eso ha nacido una gran renovación, una fuerza de bien en el mundo, aunque permanezcan presentes todas las debilidades humanas.

Verdaderamente todos somos capaces, todos estamos llamados a abrirnos a esa amistad con Dios, a no soltarnos de sus manos, a no cansarnos de volver y retornar al Señor hablando con Él como se habla con un amigo sabiendo, con certeza, que el Señor es el verdadero amigo de todos, también de todos los que no son capaces de hacer por sí mismos cosas grandes.

Por todo esto he comprendido mejor la fisonomía del Opus Dei: la fuerte trabazón que existe entre una absoluta fidelidad a la gran tradición de la Iglesia, a su fe, con desarmante simplicidad, y la apertura incondicionada a todos los desafíos de este mundo, sea en el ámbito académico, en el del trabajo ordinario, en la economía, etc. Quien tiene esta vinculación con Dios, quien mantiene un coloquio ininterrumpido con Él, puede atreverse a responder a nuevos desafíos, y no tiene miedo; porque quien está en las manos de Dios, cae siempre en las manos de Dios. Es así como desaparece el miedo y nace la valentía de responder a los retos del mundo de hoy.

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