Aprendiendo a vivir

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Ternura

Archivado en: General — Kristin a las 6:45 pm en Miércoles, Noviembre 11, 2009  Etiquetado ,

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Por José Mª Alimbau

Cuenta Georges Huber, testigo presencial: «Entre las camas de los niños enfermos del hospital del Niño Jesús, de Roma, el Papa Juan XXIII iba visitando a todos los niños enfermos. Les sonreía y saludaba. Ellos le devolvían el saludo y la sonrisa. Algunos niños le gritaban: «¡Papa Giovianni, vieni qui!» («Papa Juan, ven aquí») o sencillamente: «¡Giovanni, Giovanni!» («¡Juan, Juan!»). El santo Padre se paró ante la cama de un niño, de nombre a Ángelo, y le dijo:
«Tú te llamas Ángelo. Antes yo también tenía el mismo nombre. Después me lo hicieron cambiar por otro nombre».

Al llegar delante de la cama del niño Carmine Leinma, ciego a consecuencia de una meningitis, el «Papa bueno», lleno de ternura, no pudo por menos que ponerse a llorar, sin poder pronunciar ni una palabra. El niño ciego le dijo: «¡Tú eres el Papa Juan! ¡Lo sé! Pero no puedo verte…» Y la tristeza pesaba en la cara del niño ciego. Entonces el Papa se sentó al lado de su cama. Le abrazó y le acarició la el rostro del niño ciego, en un largo silencio lleno de amor y de ternura»…

San Roberto Belarmino afirmaba: «Más vale una onza de caridad –de amor, de bondad, de ternura– que cien carretadas de razones».

¿No deberíamos ofrecer más amor, más bondad, más ternura?

Dar calor

Archivado en: General — Kristin a las 3:06 pm en Miércoles, Septiembre 23, 2009  Etiquetado ,
 

celda

Había en un hospital penitenciario -informaba Cáritas- un enfermo de sida en fase terminal. Le concedieron libertad condicional para que muriese en su casa. Sin embargo, la familia no lo aceptó. Tuvo que quedarse en el centro.

Otro preso pidió permiso para compartir la celda. Estuvo compartiéndola con él – cuatro metros cuadrados- durante dos meses, atendiéndole de día y de noche. 

Los últimos días, antes de morirse, como el enfermo de sida no entraba en calor, este preso «buen samaritano» se metía en la cama con él para calentarlo.

 

«Venid, benditos de mi Padre» (Mt ,34),

- porque estaba enfermo y tuvisteis cuidado de mí;

- porque me era difícil alimentarme y me dábais de comer;

- porque tenía frío y me hacíais entrar en calor;

- porque lloraba y me consolabais;

- porque estaba solo y os pusisteis a mi lado;

- porque no podía moverme y vuestros brazos fueron mi ayuda.

 

 «Aquello que hacéis al otro, a Mí me lo hacéis»,dice Jesús.

 

 

 

 * Por José Mª Alimbau en www.larazon.es