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Confesonario con luz verde: una mano tendida

Archivado en: Monseñor Javier Echevarría,Opus Dei,Sacerdocio,San Josemaría — Kristin a las 4:02 pm en Domingo, Septiembre 25, 2011  Etiquetado ,

El Prelado del Opus Dei ha respondido a tres preguntas de la Agencia Zenit. Él ve en la luz verde del confesonario donde espera un sacerdote “una mano tendida a la conversión”.

¿Por qué la Eucaristía está en “el centro y la raíz” de la vida de cada cristiano?

Poner la Eucaristía en el centro de la vida cristiana significa meter a Jesús en el corazón de todas las cosas. La Eucaristía nos llama a entrar en el amor de la Trinidad. Nos unimos a Jesús y en Él a toda la Iglesia y a todos los hombres.

Esto era lo que san Josemaría enseñaba continuamente: “Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado!”. Jesús Eucaristía es el culmen de su entrega a la humanidad; si nos identificamos con Él, Él nos transmitirá el mismo deseo de donarnos y servir a los demás.

¿Qué importancia tienen en el espíritu del Opus Dei la confesión y la Eucaristía?

En el espíritu del Opus Dei, cuentan tanto como en el resto de la Iglesia: como todos los cristianos, deseamos ser personas penitentes y eucarísticas, que acuden con frecuencia a la confesión y participan en la Misa cada día.

El sacramento de la Reconciliación está profundamente unido a la Eucaristía. La confesión presupone la conciencia de ser pecadores y la confianza en la misericordia divina. Jesús nos purifica en su Sangre derramada en la Cruz, para que el cristiano pueda participar con más fidelidad en el sacrificio del Calvario, que se actualiza cada día en la Santa Misa.

Ambos sacramentos llenan el alma de alegría y paz. Basta recordar cómo el buen ladrón, viendo a Cristo en la cruz, se sintió movido a reconocer los propios pecados y, contrito, encontró la salvación eterna. Insisto, la confesión cuenta mucho en la vida del cristiano, porque es sacramento de alegría y puerta de acceso a la paz y a la felicidad que lleva consigo la Eucaristía.

La Iglesia en Italia ha celebrado un Congreso Eucaristico Nacional. ¿Qué aconsejaría para hacer para intensificar y difundir más la comunión y la confesión?

La Iglesia nos enseña desde siempre que en el sagrario se esconde la Fortaleza, el refugio más seguro contra los temores y las inquietudes. Pero no basta que cada uno, singularmente, busque y encuentre al Señor en la Eucaristía; tenemos que lograr “contagiar” con nuestro ejemplo a otras muchas personas, para que vean y descubran esta amistad.

La comunión espiritual es una gran ayuda para prepararse a la comunión eucarística. Para ser hombres o mujeres conscientes de nuestra filiación divina, tenemos que frecuentar más y más a Cristo, recibiéndolo si es posible a diario.

En cuanto a la Penitencia, me parece especialmente importante la disponibilidad generosa de los sacerdotes para escuchar la confesión: un confesor disponibile, un confesonario “con la luz verde” es una mano tendida a la conversión. Sobre este punto, Benedicto XVI ha sugerido recentemente “seguir el ejemplo de los grandes santos de la historia, desde san Giovanni Maria Vianney a san Giovanni Bosco, desde san Josemaría Escrivá a san Pio da Pietrelcina, san Giuseppe Cafasso o san Leopoldo Mandić” (Discurso a los participantes en el Curso promovido por la Penitenciaria Apostolica, 2011).

Qué es y para qué sirve el examen de conciencia

Archivado en: General — Kristin a las 11:00 pm en Lunes, Septiembre 7, 2009  Etiquetado , ,

PERDON

Se trata de examinar nuestra conciencia en oración ante Dios, a la luz de las enseñanzas de la Iglesia, a partir de nuestra última confesión. Es paso necesario antes de hacer una buena confesión. Además es aconsejable hacer un examen del día antes de dormir.
El fin del examen no es angustiarse con las culpas sino reconocerlas con seriedad y confianza en Dios para confesarlas sabiendo que seremos perdonados. Todo el proceso se mueve en la misericordia infinita de Dios manifestada en Jesucristo.

Vemos nuestras faltas en relación con:
- Los Diez Mandamientos.
- Los Siete Pecados Capitales.
- Los defectos de carácter.
- Los dones que Dios nos ha dado para servirle.
- Las responsabilidades de nuestra vocación.

Precisamente por ser pecadores, nos cegamos ante nuestros pecados. Satanás quiere hacernos ver que no hay mal en lo que hacemos. Entonces el corazón se endurece, se hace insensible a las exigencias del amor. Por eso es tan importante la conversión del corazón.
“Por eso, como dice el Espíritu Santo: “Si escucháis hoy mi voz, no endurezcáis el corazón… ¡Atención hermanos! Que ninguno de ustedes tenga un corazón malo e incrédulo…” Hb 3.

Dios es un Padre amoroso que nos hace ver el pecado para darnos la gracia del arrepentimiento y perdonarnos. Él nos quiere libres. El demonio no quiere que veamos nuestro pecado. Pero si buscamos el camino de Dios, tratará de acusarnos con nuestros pecados para que nos desanimemos y volvamos atrás. Podemos discernir entonces la diferencia: Dios enseña el pecado para liberar y perdonar; el demonio lo esconde, pero cuando lo enseña es para que desesperemos. Debemos rechazar enérgicamente estos pensamientos e ir a la confesión con toda confianza en el perdón de Dios. Dios SIEMPRE perdona cuando hay arrepentimiento.

Es muy provechoso hacer examen de conciencia diario y también, con toda humildad, abrirnos a que personas cerca de nosotros nos corrijan. “Si nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos condenados.” (1 Cor. 11, 31)
El examen se hace ante Dios, escuchando su voz en la conciencia

 

 

Me confieso con Dios

Archivado en: General — Kristin a las 4:16 pm en Domingo, Septiembre 6, 2009  Etiquetado ,
confesion medjugoreEs lo que dicen algunos cuando les hablas de confesión.

La verdad es que yo también me confieso con Dios. Cada semana me pongo de rodillas en un confesionario y me acuso de los pecados y faltas que he cometido esos días. Habitualmente, se lo cuento al mismo sacerdote, porque como ya me conoce, sabe dónde y cómo apretarme las tuercas.

Y en ese momento sé que no le hablo de mis miserias a un tipo cualquiera, sino al mismo Cristo. Que para ello ese tipo ha recibido el sacramento del orden sacerdotal, y Dios le ha concedido la potestad de perdonar en su nombre los pecados.

Y no es que el tema me divierta, que a veces cuesta abrir el alma. Primero haciendo examen de conciencia, que es como mirarse al espejo y aceptar lo que una es, no lo que le gustaría ser. Entonces ves tantas cosas que no van, que te desvían del camino… y como quieres ir en línea recta hacia el cielo, le dices al sacerdote todas esas cosas. El sacerdote, te coge y te limpia el alma.

Es como cuando te caías de pequeña y te hacías una herida; tu padre te tomaba en brazos, te desinfectaba la herida con alcohol, te ponía una tirita y a seguir jugando. El alcohol escocía, y mientras te quejabas, tu padre te decía que porque escocía, curaba.

Así veo la confesión. Dios, lejos de enfadarse por lo que has hecho mal, te recibe con los brazos abiertos, te cura, te perdona, te consuela… y te vas tan contenta y llena de paz a seguir luchando. Segura de que aunque vuelvas a caer en el mismo sitio y hacerte la misma herida, Él siempre te espera con los brazos abiertos, porque te quiere tanto, tanto, tanto, que se arriesga a que yo tenga la libertad de soltarme de su mano, darme un batacazo y ofenderle.

Por suerte, nos ha puesto un ángel de la guarda para que acudamos a él y no caigamos tanto. El mío debe ir en silla de ruedas por recogerme de tantos abismos. Y nos ha dado a su Madre, que está deseando enseñarnos a querer a su hijo. 

Un amigo, que ha peregrinado a Medjugore, me contaba impactado lo que allí vivió. Yo no sé si estas apariciones serán de verdad o no, lo que está claro es que el todo el que va allí vuelve renovado. Y que hay sacerdotes por todos sitios confesando a miles de personas. Mi amigo me enviaba la foto de arriba. ¿Es o no es emocionante?