Aprendiendo a vivir

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La verdad del sacerdocio

Archivado en: General — Kristin a las 9:59 pm en Sábado, Abril 24, 2010  Etiquetado , , ,

sacerdotecristo

Palabras de Benedicto XVI
(14-IV-2010)

En la Iglesia, Cristo no está nunca ausente; al contrario, está presente de una forma totalmente libre de los límites del espacio y del tiempo. El sacerdote representa a Cristo. Las tres tareas del sacerdote -enseñar, santificar y gobernar- son una especificación de esta representación eficaz. Éstas son en realidad las tres acciones del Cristo resucitado, lo mismo que hoy en la Iglesia y en el mundo enseña y así crea fe, reúne a su pueblo, crea presencia de la verdad y construye realmente la comunión de la Iglesia universal; y santifica y guía.

La tarea de enseñar resulta particularmente importante. Vivimos en una gran confusión sobre las elecciones fundamentales de nuestra vida y los interrogantes sobre qué es el mundo, de dónde viene, a dónde vamos, qué tenemos que hacer para realizar el bien, cómo tenemos que vivir, cuáles son los valores realmente importantes. La función in persona Christi del sacerdote hace presente, en la confusión y en la desorientación de nuestros tiempos, la luz de la palabra de Dios. El sacerdote no enseña ideas propias, no habla desde sí mismo, no habla por sí mismo, quizás para crearse admiradores o un propio partido; sino que, en la confusión de todas las ideologías, el sacerdote enseña en nombre de Cristo presente, propone la verdad que es Cristo mismo, su palabra, su modo de vivir y de ir adelante.
La enseñanza que el sacerdote está llamado a ofrecer, las verdades de la fe, deben ser interiorizadas y vividas en un intenso camino espiritual personal, para que así, realmente, el sacerdote entre en una profunda e interior comunión con Cristo mismo. El sacerdote cree, acoge e intenta vivir, ante todo como propio, lo que el Señor ha enseñado y la Iglesia ha transmitido.

En guerra contra Dios

Archivado en: General — Kristin a las 12:15 am en Domingo, Abril 18, 2010  Etiquetado , , ,

La embestida mediática contra la Iglesia Católica permite, al público en general, dimensionar los esfuerzos de manipulación a los que todos estamos siendo sometidos.

La feroz campaña de algunos medios de comunicación contra Benedicto XVI sobre los casos de abuso ocurridos dentro de la Iglesia Católica parecieran buscar desacreditar a la misma Iglesia, o si no, a todo el cristianismo; sin embargo, el objetivo de esos mal-informadores y sus patrocinadores es mucho más ambicioso: buscan desprestigiar a Dios.

Al Dios de los católicos, los musulmanes, evangélicos, judíos, mormones… Se pretende quitar a Dios de en medio, a esa “gran conciencia” para que, desvinculadas del referente religioso, las masas sean más fácilmente manipuladas.

Es una agresión a los creyentes de parte de aquellos que buscan se “sustituya la laicidad (aconfesionalidad) del Estado por un laicismo que promueva reducir el factor religioso al ámbito privado, negándole todo espacio y toda expresión pública”

Una agresión de quienes ven minado su negocio por ser contrario a la doctrina de las grandes religiones; aquellos que favorecen la “industria” del aborto, la prostitución, la pornografía, la farmacéutica volcada en las enfermedades de trasmisión sexual, que en 45 años han pasado de dos a más de 20, etcétera.

Si el objetivo es Dios… ¿Por qué atacar a la Iglesia Católica?
¿Conoce Usted al líder mundial de alguna de las otras grandes religiones del mundo? ¿Conoce acaso al líder mundial de la religión judía; de los evangélicos, musulmanes, mormones y otros?

Siendo el catolicismo la única de las grandes religiones que cuenta con un líder mundial visible y universalmente reconocido, resulta altamente efectivo debilitar la fe de la gran masa de creyentes, independientemente de sus creencias, golpeando a la imagen religiosa más representativa del planeta.

La Manipulación Informática de los “Abusos”
Es claro que no hay justificación alguna para cualquiera que haya lastimado a un niño; en esto no debe caber duda.
Por eso, lo que aquí se discute es el daño social que está causando la irresponsable manipulación de algo que representa el día de hoy un gravísimo peligro para la niñez, cuya raíz y amenaza fundamental están fuera de cualquier institución religiosa. Veamos los hechos…

Noticias de Izquierdas y Derechas
Desafortunadamente, muchos medios de comunicación se han ideologizado; como si las noticias tuvieran color o partido; como si la verdad debiera acomodarse a sus opiniones particulares, llegando incluso a omitir datos para distorsionar la realidad a su conveniencia.

Y en el mejor de los casos, dicen ser neutrales, pero de entrada ya nos dan las noticias “editorializadas”; en los periódicos, enfatizando palabras, agregando signos de admiración, interrogación o comillas para sesgar la percepción del lector; juegan con los títulos de las noticias, sabedores de que el 80% de los lectores leen básicamente los encabezados y los pies de fotos.
En la TV, los locutores dan las noticias acompañadas de expresiones, gestos o comentarios influyendo en la opinión del auditorio.

La Crisis en la Iglesia Católica
Pues nada, que hoy no hay crisis. Lo que hay es una Iglesia Católica renovándose; reconociendo problemas del pasado para avanzar fortalecida hacia el futuro.

Hoy no hay más crisis que la inventada por algunos medios de comunicación. Porque los cuatro casos emblemáticos de esta “crisis” ocurrieron hace ya muchísimos años:
El Informe Ryan del 2009 sobre los problemas de la Iglesia Católica de Irlanda, se refiere a situaciones vividas en ese país hace ya, de entre 30 y 60 años (entre 1950 y 1980)
 La noticia sobre el fallecido sacerdote Lawrence Murphy con relación a una escuela de sordos en EEUU, pertenece a hechos ocurridos hace ya, de 35 a 60 años (entre 1950 y 1975)
 Los problemas del Coro de Ratisbona, fueron hace ya, de entre 37 a 52 años (de 1958 a 1973)
 El caso de un colegio católico de Berlín, se refiere a sucesos ocurridos hace ya, de 30 a 50 años (entre 1960 y 1980)

Así, los dos casos más recientes incluidos en esta campaña contra la Iglesia Católica corresponden a un religioso de 69 años, que fue condenado en Europa porque “al menos en dos ocasiones le tocó el pecho por encima de la ropa y en una de ellas la barriga por debajo de la camiseta” a una niña de 10 años en el 2009. Y el otro, es el de un religioso de 53 años sentenciado este año en Sudamérica “por almacenamiento de pornografía infantil”

Así que estamos hablando de un análisis histórico de algo ocurrido en la Iglesia Católica en el tercer cuarto del siglo pasado; un análisis muy importante, pero que no trata una situación reciente y mucho menos generalizada. “La plaga de la pedofilia (dentro de la Iglesia) es una tragedia del pasado, que se está combatiendo con eficacia”.

Hay de Abusos a Abusos
En las acusaciones a la Iglesia Católica se hace referencia a “ABUSOS” de manera generalizada; pero dentro de esta palabra acumulan cosas tan radicalmente distintas, que van desde una bofetada hasta un abuso sexual.

Pero además, se maneja el término “ABUSO SEXUAL” para cosas tan disímbolas como un tocamiento (como el mencionado en párrafos anteriores) y una violación; distorsionando gravemente la dimensión de los hechos.

Por ejemplo, Georg Ratzinger, hermano del Papa Benedicto XVI, ha pedido perdón por haber abofeteado a algunos niños del Coro de Ratisbona; lo cual no era necesario, pues la pedagogía de los años 60´s y 70´s era aquella de que “la letra con sangre entra”; eran los tiempos de la nalgada, el “reglazo” y la bofetada… y, además, no pasaba nada.

Esta manipulación de las palabras la encontramos en los encabezados de muchas notas periodísticas, los cuales no coinciden con el contenido de la nota; aquí algunos ejemplos:
 “La Iglesia…. pide perdón por los casos de abusos sexuales”
El arzobispo… lamenta la violencia física y mental practicada por religiosos…”
 “…prisión para un religioso que abusó de dos niñas…”
“Un religioso… ha sido condenado… por realizar tocamientos a dos niñas…”
 “La Iglesia católica irlandesa ocultó los abusos sexuales a menores…”
“El Informe Ryan…, es un catálogo de… tropelías, de agresiones físicas y verbales cometidas por sacerdotes, monjas y personal seglar…”
 “Las denuncias de abusos de niños… siguen apareciendo…”
“…seis personas dijeron haber sido abofeteadas y golpeadas… en los años 70”

Pronosticando el Pasado
Estimado lector, ¿Cuándo fue la primera vez que Usted oyó o supo del significado de las palabras pederastia y pedofilia o paidofilia?; ¿Hace 5, 10 o 15 años?

¿Cómo habría reaccionado Usted hace 40 años si se enterara de que su hijo o su hermano es un pederasta? …Es difícil de saber, ¿no?

Hoy es más fácil juzgar estas conductas por la información de la que disponemos; pero hace 40 años, al enterarnos de uno de estos casos en algún familiar cercano, de seguro nos llevaría de la sorpresa a la desesperación, el coraje, la confusión… ¡cualquier mezcla de emociones y actitudes!

Por eso me sorprende que algunos sabios periodistas y críticos de la Iglesia Católica, hagan reclamos al Papa Benedicto XVI, no porque no haya actuado, sino porque no reaccionó con la velocidad que a ellos les gustaría —desde su perspectiva de hoy— a algunos casos de pederastia de hace 40 años.

¡Es que es muy fácil pronosticar el pasado!

Dimensionando el Problema

Un solo caso de pedofilia o pederastia debe ser causa de indignación y repugnancia; por eso mismo, cuando el fanatismo anticlerical quiere hacer parecer que alguno de esos problemas está generalizado entre los sacerdotes católicos, hay que pararlos en seco.
Es necesario que los datos de esta vergüenza eclesial sean expuestos en su justa dimensión con relación a la totalidad brutal del problema. Aquí algunas cifras…
 En EEUU, donde hay 109,000 sacerdotes y religiosos, fueron condenados 54 de ellos (en 42 años) por casos de pedofilia. Asimismo, durante ese periodo fueron condenados, alrededor de 6,000 entrenadores y profesores de gimnasia, por el mismo delito…
 En Alemania, durante los últimos 15 años se han denunciado 210,000 casos de delitos contra menores; donde los casos sospechosos dentro de la Iglesia Católica son 94.
 En Irlanda, (Informe Ryan-2009) de los testimonios de 1,090 personas con casos de violencia (no sólo sexuales, sino sobre todo física y psicológica) en el sistema escolar de la isla, de 1914 al 2000, los religiosos acusados de abuso sexual a niños fueron 23.
 A nivel mundial, durante los últimos nueve años se analizaron los delitos de pederastia cometidos en los últimos 50 años por unos 300 sacerdotes y religiosos; que representan el 0.07% de los 410,000 que hay en el mundo entero.

Conclusión

El problema de la pederastia y la pedofilia es muy grave en todos los ámbitos de la sociedad y está creciendo.
Y aquí habría que preguntar a los “amos de la manipulación”: ¿Por qué distraen la atención del problema central atacando esa Iglesia que ha enseñado a la humanidad el reconocimiento a la dignidad humana, a esa que inventó los hospitales y las universidades mientras que actúa con disimulo ante el creciente “negocio” de la prostitución y pornografía infantil?
¿Por qué no hay un ataque tan frontal de los medios a problemas como el de que México es el primer lugar en descargas de pornografía infantil de internet y el tercer productor mundial de la misma?
Es pregunta…

Juan M. Dabdoub Giacoman
juan123xyz@yahoo.com.mx
Monterrey, N.L.;México-13 de Abril de 2010

El hombre puede y debe alcanzar la santidad

Archivado en: General — Kristin a las 3:18 pm en Domingo, Marzo 7, 2010  Etiquetado , , ,

*Por Enrique Cases

El Concilio Vaticano II ha recordado que todos los hombres, sin excepción, están llamados a adquirir la santidad.

En efecto, Dios creó al hombre para que alcanzara su plenitud y su felicidad. Esta plenitud sólo puede alcanzarla el hombre poseyendo el bien sumo, que es el mismo Dios.

Dios es la misma bondad; por eso Dios es santo. En Él no hay nada sucio ni torcido, ni falso. En Él no hay nada de mal. Por eso, el hombre alcanzará su plenitud haciéndose santo.

El camino para que el hombre alcance su plenitud, la santidad, es realizar obras buenas. Lo más importante para el hombre es, como decía Calderón de la Barca: «obrar bien, que Dios es Dios». (Gran teatro del mundo).

Obrar bien significa tener una conducta buena, unas costumbres buenas. No bastará con que obre bien alguna vez, sino habitualmente. A esa conducta se le llama moralmente buena. Por eso la Moral es el estudio de las costumbres humanas.

El hombre es un ser espiritual y material. Vive en el mundo material, del que forma parte, pero es superior a él por su espíritu. La espiritualidad se manifiesta en que es inteligente y libre. Esa libertad no es absoluta, pues entonces sería omnipotente, pero hace que el hombre pueda elegir, y ahí radica la moralidad de las acciones humanas: el hombre puede elegir bien o mal.

Dios al crearlo le impuso un mandato para que ejerciese su libertad. La ejercitaría bien, si lo cumplía, pues habría elegido lo bueno: lo que Dios quiere.

La posibilidad de pecar es un riesgo, pero no quita la grandeza del hombre, que es capaz de amar, de elegir el bien libremente, de unirse a la voluntad de Dios. Dios ha querido que el hombre pueda ser su amigo; «El hombre es la única criatura en la tierra que Dios ha amado por sí misma» (GS, 24), y San Pablo indica esta grandeza de la bondad divina: «Él nos eligió en Cristo, antes de crear el mundo, para que seamos santos ;e irreprochables por el amor» (Ef. 1, 4).

A la búsqueda de un ideal

Cada persona lleva dentro una imagen ideal de sí mismo, que le dice cómo debe ser. la realidad de cada día, sin embargo, es bien distinta: aparecen los fallos y las limitaciones. Entonces surge un sentimiento de vergüenza y de molestia por lo que uno “es, frente a lo que querría o debería ser. El hombre vive así en una lucha interior. Se encuentra dividido: -El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago- (Rom. 7, 19).

San Pablo ve en esta división una situación de esclavitud, propia del hombre apartado de la gracia de Dios: Sé muy bien que no es bueno eso que habita en mí es decir, en mi carne; porque el querer lo bueno lo tengo a mano, pero el hacerlo, no. (Rom. 7, 18).El Antiguo Testamento nos habla de la Ley dada por Dios al pueblo de Israel. Ella muestra al pueblo el camino para el encuentro con Dios y con los hombres. Es un ideal moral y religioso: le dice a todo hombre cómo debe ser. (C.v.e., pág. 312)

¿En qué consiste la dignidad de la persona humana? En poseer una vida superior a los demás seres creados. El hombre puede conocer y amar, porque es inteligente y libre. Al afirmar la espiritualidad y la inmortalidad del alma alcanza la verdad más profunda de su ser (cf. GS, 14).

Esta dignidad de la persona humana tiene muchos aspectos, pero hay uno que es el más importante: el hombre es un ser moral. Ser moral quiere decir que es verdaderamente libre, es decir capaz de elegir. Ahí está el gran drama humano, puede elegir el bien o el mal. El hombre está hecho de forma que puede perfeccionarse o desgraciarse. La tendencia a la verdad y el bien es evidente, pero también lo es la existencia de errores y de pecados.

- Todo hombre está llamado a la santidad.
- La santidad es la plenitud y felicidad del hombre.
- El hombre, para alcanzar su plenitud, ha de obrar bien.
- El hombre posee una vida superior a la de los demás seres creados.
- El hombre puede conocer y amar.
- El hombre es un ser moral: por ser libre, es capaz de elegir entre el bien y el mal.

¿Cómo capta el hombre el bien y el mal?

Todos y cada uno de los hombres pueden captar el bien en lo más profundo de su conciencia. la voz de la conciencia resuena en su interior advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal.

Existe una conciencia general que indica los primeros principios: Haz el bien y evita el mal. Todos los hombres coinciden en estos principios generales. Esta coincidencia procede de que todos los hombres han sido creados por Dios. Después existe una conciencia práctica que desciende a juzgar la bondad o maldad de las acciones concretas, por ejemplo, no matar, no mentir, honrar a los padres, trabajar, ser sincero, etcétera.

Así como en la conciencia general todos los hombres coinciden, en la conciencia práctica pueden disentir incurriendo en error. Esto es así porque la conciencia puede estar obscurecido por la ignorancia, y, sobre todo, por el pecado. El pecador que no quiere rectificar sus errores o se ha acostumbrado a sus pecados, busca justificarse diciendo que es bueno lo que es malo. Este es el camino de la degradación de la dignidad humana, y así será posible justificar la violencia, la mentira, la impureza, la deslealtad, etcétera.

El nuevo orden

Archivado en: General — Kristin a las 5:29 pm en Jueves, Febrero 25, 2010  Etiquetado ,

*Por el Cardenal Antonio Cañizares

Desde instancias influyentes se piensa y trabaja por un Nuevo Orden. Se pretende llevar a cabo, con implacable ingeniería social, un cambio cultural de gran envergadura, un gran proyecto para una nueva identidad. Se diga o no, en el fondo, se está tratando de construir un mundo en el que ya no hay nada verdadero, ni bueno, ni valioso, ni justo en sí y por sí mismo, nada trascendente, ni nadie que esté por encima de nosotros. El relativismo se adueña de la cultura y de las mentes.

La negación de la verdad y del bien es el motor que impulsa un proceso de expulsión de Dios y de la religión del ámbito público. Si el bien y la verdad no pueden conocerse entonces sólo puede ligarse la ley a un sentido procedimental; esto es, la ley viene a ser una manera de entenderse los hombres, de vivir en comunidad sin matarse, de garantizar un marco donde cada individuo pueda realizar su «plan de vida» sin causar daño a los otros.

Gracias a este primer paso –relativista– la religión queda reducida al ámbito de lo privado.
Hay un segundo paso. La visión contractualista de la sociedad se vuelve absoluta. porque el Estado no tiene límites. No hay
Dios, no hay ley natural, no hay ninguna verdad sobre el bien que esté encima de la voluntad del Estado. Es un Estado absoluto. La libertad del individuo es ilimitada según esta concepción filosófica. Cada hombre es libre para hacer lo que quiera. No hay ninguna ley superior que indique lo que se puede o no realizar. Sin embargo, para hacer posible la vida en la sociedad se realiza un pacto, a través del cual cedemos nuestros ilimitados derechos al Estado. Él velará para que estos ilimitados derechos se puedan cumplir asegurando al mismo tiempo solidaridad y seguridad. Ahora bien, si no existe una verdad última, que guíe y oriente la acción política, las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas para fines de poder. El pluralismo supuestamente es aceptado, pero con la excepción de aquellos que creen conocer la verdad. Estos no pueden ser aceptados porque son un peligro para la democracia.

Esta situación es real, la tenemos instalada en ciertos ámbitos del poder, y se extiende, sobre todo entre los sectores jóvenes, ante la pasividad o la resignación, como si nada ocurriera. Lo que está en juego detrás de todo, lo digo una vez más, es un mundo con Dios o sin Dios. En esta ausencia de Dios se funda la crisis de nuestra cultura. Por lo mismo, sólo se superará tal crisis si desaparece ese «silencio o ausencia» de Dios, si el hombre vuelve a Dios, o si se le devuelve a Dios el lugar vital y central que le corresponde en el corazón, en el pensamiento y en la vida del hombre. No acuso a nadie; menos aún condeno a nadie –tampoco a la sociedad que tiene anchas espaldas–.

Sé que decir esto es nadar contracorriente, esto «no se lleva». Pero no puedo ni debo hablar con palabras aduladoras. Es mucho, es todo, lo que aquí se juega. No olvido a San Pablo, para quien «la verdad era demasiado grande como para estar dispuesto a sacrificarla en aras de un éxito externo. Para él, la verdad que había experimentado en el encuentro con el Resucitado bien merecía la lucha, la persecución y el sufrimiento. Pero lo que le motivaba en lo más profundo era el hecho de ser amado por Jesucristo y el deseo de transmitir a los demás este amor. San Pablo era un hombre capaz de amar, y todo su obrar y sufrir sólo se explican a partir de este centro». (Benedicto XVI).

¿Te llaman loco?

Archivado en: General — Kristin a las 7:49 pm en Martes, Febrero 23, 2010  Etiquetado , , ,

Por Remedios Falaguera

Periodista

“Hazme eco: no es un sacrificio para los padres que Dios les pida sus hijos, ni para los que llama el Señor es un sacrificio seguirle. Es, por el contrario, un honor inmenso, un orgullo grande y santo, una muestra de predilección, un cariño particularísimo, que ha manifestado Dios en un momento concreto, pero que estaba en su mente desde toda la eternidad”. San Josemaría Escrivá de Balaguer

Querido amigo: Soy consciente de la gran inversión que has realizado para dirigir a mis hijos por el buen camino. Es más, no creas que me olvido de los largos ratos de oración y los innumerables sacrificios que has ofrecido por ellos. Y, por supuesto también, de los partidos de fútbol, de las excursiones al monte, de las noches de cine,…que os han hecho trataros, conoceros y quereros de un modo especial. Eres un excelente colaborador en su formación humana y espiritual, y te estoy muy agradecida por ello.

Me alegra saber que has entregado tu corazón por completo a Dios, y te has comprometido a vivir el don del celibato para amar a Dios, sólo a Él y para siempre, como muchas otras personas, mientras gastas tu tiempo en la formación de los que se acercan a ti.

Tal vez, estoy segura de ello, esta llamada divina a vivir el celibato por Él puede suscitar suspicacias e incomprensiones. Pero, ¿quién puede decir que los hombres y mujeres son libres para enamorarse y querer formar una familia, pero no lo son para ofrecer su vida entera a Dios? ¿Cómo podemos afirmar que vivir este compromiso con Dios es anti-natural, fanatismo, o peor aún, impide al hombre y a la mujer realizarse plenamente?

Recuerdo una canción que cantaba de jovencita que decía así: “Por querer como te quiero todos mis amigos dicen que estoy loco. Pero ellos no comprenden lo que a mi me pasa, ellos saben poco. No conocen el motivo, no conocen nada de tus lindos ojos. Yo siento que estoy cambiado, estoy enamorado, me siento feliz”.

¿Qué te llaman loco? Locos de amor, diría yo. Esta decisión libre y responsable no sólo es meritoria, sino que me reafirma en mi convencimiento de que nuestros hijos no nos pertenecen, son de Dios. Nosotros somos simples colaboradores, “descubriéndoles nuevos horizontes, comunicándoles nuestra experiencia, haciéndoles reflexionar para que no se dejen arrastrar por estados emocionales pasajeros”, como comentaba San Josemaría Escrivá. Solo Él, sabe lo mejor para ellos.

Y es que , como afirmaba Juan Pablo II, vosotros , los jóvenes, “es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad; es Él quien los espera cuando no los satisface nada de lo que encuentran; es Él la belleza que tanto los atrae; es Él quien los provoca con esa sed de radicalidad que no les permite dejarse llevar del conformismo; es Él quien los empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien les lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que suscita en ustedes el deseo de hacer de sus vidas algo grande, la voluntad de seguir un ideal, el rechazo a dejarse atrapar por la mediocridad, la valentía de comprometerse con humildad y perseverancia para mejorarse a ustedes mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna”.

Y esto es lo que muchos padres olvidamos a menudo. Si Dios os llama para emplearos en el servicio de la Iglesia y de las almas, ¿Quiénes somos nosotros para ponerle trabas, para llamaros locos?

” Los padres que aman de verdad, que buscan sinceramente el bien de sus hijos,- solía señalar este gran santo- después de los consejos y de las consideraciones oportunas, han de retirarse con delicadeza para que nada perjudique el gran bien de la libertad, que hace al hombre capaz de amar y de servir a Dios. Deben recordar que Dios mismo ha querido que se le ame y se le sirva en libertad, y respeta siempre nuestras decisiones personales: dejó Dios al hombre —nos dice la Escritura— en manos de su albedrío (Eccli 15, 14.)

Pero, ya sabes, como dice Jesucristo en el Evangelio: “Quien pueda entender, que entienda”.

Es más, Él mismo, nos aseguró: “Todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna”.

¡El ciento por uno!, no te puedes quejar.

Y entonces recuerdo aquellas palabras que nos dirigió por Juan pablo II en Roma, allá por 1984, siendo yo una alocada jovencita:

“Me dirijo sobre todo a vosotros, queridísimos chicos y chicas, jóvenes y menos jóvenes, que os halláis en el momento decisivo de vuestra elección. Quisiera encontrarme con cada uno de vosotros personalmente, llamaros por vuestro nombre, hablaros de corazón a corazón de cosas extremadamente importantes, no sólo para vosotros individualmente, sino para la humanidad entera.

Quisiera preguntaros a cada uno de vosotros: ¿Qué vas a hacer de tu vida? ¿Cuáles son tus proyectos? ¿Has pensado alguna vez en entregar tu existencia totalmente a Cristo? ¿Crees que pueda haber algo más grande que llevar a Jesús a los hombres y los hombres a Jesús?

Hay un modo maravilloso de realizar el amor en la vida: se trata de la vocación de seguir a Cristo en el celibato libremente elegido o en la virginidad por amor del reino de los cielos. Pido a cada uno de vosotros que se interrogue seriamente sobre si Dios no lo llama hacia uno de estos caminos. Y a todos los que sospechan tener esta posible vocación personal, les digo: rezad tenazmente para tener la claridad necesaria, pero luego decid un alegre sí.

En efecto, Dios ha pensado en nosotros desde la eternidad y nos ha amado como personas únicas e irrepetibles, llamándonos a cada uno por nuestro nombre, como el Buen Pastor que «a sus ovejas las llama a cada una por su nombre».

Jóvenes: Cristo necesita de vosotros y os llama para ayudar a millones de hermanos vuestros a salvarse. ¡Sed valientes!¡Abrid las puertas a Cristo, no temáis!”.

Ya ves, Cristo os necesita. No sois demasiado jóvenes, sabéis bien lo que debéis hacer. ¡Ánimo y al toro!