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Precauciones para proteger tu matrimonio de la infidelidad

Archivado en: Familia,Fidelidad,Matrimonio — Kristin a las 5:35 pm en Lunes, Mayo 31, 2010  Etiquetado , ,

Cada vez es más evidente que nuestra sociedad es especialmente hostil contra el matrimonio. No basta con “quererse“. La misma noción de fidelidad y compromiso es sacudida por las prácticas de nuestro entorno y por leyes en las que, como se ha señalado, estamos obligados a mantener nuestro móvil al menos 6 meses mientras que podemos divorciarnos a los 3 meses de casados.

Si nos remitimos al momento en que se publicó esta información, en 2005 hubo en España casi 140.000 rupturas matrimoniales, entre divorcios y separaciones, un 10% más que en el año anterior. En 7 años, de seguir este ritmo, habrá el doble de rupturas, se calculaba ese año.
Lo peor del divorcio es que, como el suicidio, es contagioso. Cuando se han divorciado ya un par de parientes, hermanos, primos cercanos, y nadie parece haberse muerto de ello, es fácil asumirlo como “otra opción”. Una pareja joven en crisis cada vez tiene menos ejemplos a los que mirar, ejemplos de matrimonios jóvenes, firmes y alegres.

Peor aún, en nuestra sociedad apresurada hay pocos espacios y casi ningún tiempo para compartir nuestra intimidad con nuestro cónyuge e incluso con algún amigo o pariente muy cercano. Por eso es especialmente peligroso cuando se presenta la ocasión con alguna persona que empieza a ocupar el espacio que debería ocupar nuestro cónyuge.
“Hay un papá de estar en casa en nuestro vecindario que se ha convertido en mi mejor amigo”, le decía una joven madre a Jill Savage, fundadora de Hearts at Home, un servicio para animar a las madres que se quedan en casa a ser cada vez “más profesionales“. Jill enseguida se preocupó mientras escuchaba a la entusiasmada madre.
“Vamos juntos con los niños al parque, a comprar, incluso cocinamos juntos una vez al mes; es un gran tipo”, decía la mujer. “Es evidente que ella no tenía ni idea del peligro de esta situación aparentemente inofensiva”, escribió luego Jill Savage en un artículo. “La historia es siempre la misma: el cónyuge infiel desarrolló una relación que empezó como una inocente amistad, con alguien al que poder hablar, alguien que le escuchaba, que se preocupaba”.

En una sociedad especialmente hostil, es importante proteger el matrimonio con una atención especialmente fuerte. “Cada uno es tentado por sus propios deseos que le atraen y seducen; estos deseos, una vez concebidos, engendran el pecado, y el pecado, una vez crecido, engendra la muerte”, cita Jill la Carta de Santiago 1, 14-15.
“Necesitamos plantar un seto de protección alrededor de nuestro matrimonio, es decir, tomar decisiones ya, por adelantado, que mantengan la tentación lejos y hagan del matrimonio una prioridad”, recomendaba en 2006 Jill como asesora familiar y matrimonial. En concreto, ella recomendaba 8 precauciones para proteger la relación.

Precaución 1: Elige sabiamente.

Evita pasar tiempo innecesario con alguien del sexo opuesto. Por ejemplo, si buscas un entrenador personal en el gimnasio, elige mejor a alguien del mismo sexo que tú.

Precaución 2: Comparte sabiamente.

Si un día te das cuenta de que estás compartiendo con alguien secretos e intimidades sobre ti y tu matrimonio que no ha compartido con tu esposo o que no lo haría, eso es una señal de alerta.
Un lío emocional con alguien, incluso si no llega a ser sexual, también puede hacer mucho daño a la relación.

Precaución 3: Procura estar en sitios públicos.

Haz el propósito de no citarte a solas con alguien del otro sexo. Si un compañero te invita a comer o a que le acompañes. haz que venga una tercera persona. No titubees en explicarle, si hace falta, que así lo has acordado con tu cónyuge. Puede servir para dar ejemplo.

Precaución 4: No seas inocente.

La mayor parte de la gente que termina teniendo un lío no quería tenerlo; la infidelidad empieza como una relación inocente que termina alcanzando una profundidad emocional que cruza la línea de la fidelidad.

Precaución 5: Aumenta tu inversión en hogar.

Los matrimonios fuertes se consiguen pasando tiempo juntos, riendo juntos, jugando juntos. Si no tienes citas con tu pareja, planea ya citas para los meses que vienen y haz que pasar tiempo juntos sea una prioridad.

Precaución 6: Presta atención a lo que piensas.

Si todo el día estás pensando en los fallos de tu cónyuge, si el tiempo que dedicas a pensar en él o ella se centra en defectos y reproches, es fácil que cualquier otra persona pueda parecerte mejor y te atraiga. Haz una lista por escrito de los puntos fuertes que inicialmente te atrajeron de tu pareja. Aumenta el animar y apoyar y disminuye las críticas.

Precaución 7: No juegues a comparar.

Todos tenemos malas costumbres, manías y errores. Es muy tramposo comparar a tu esposa o esposo con un nuevo conocido, porque al recién llegado no lo estamos viendo en el mundo real, en el mundo de compartir techo, cuidar niños a las tres de la mañana, cuadrar cuentas, etc…

Precaución 8: Busca ayuda.

Buscar ayuda es un signo de fortaleza, no de debilidad. Busca ayuda quien está dispuesta a presentar batalla, es un primer paso de fuerza. Un terapeuta familiar cristiano, un buen consejero, etc… te darán una perspectiva serena, valiosa, para establecer nuevas estrategias paraproteger o defender o reconstruir tu matrimonio.

Estos consejos, publicados en Christianity Today (verano 2006, Vol. 23, n2,pág. 42) son de Jill Savage

( www.jillsavage.org ), fundadora de www.hearts-athome.org

Benedicto XVI habla del divorcio

Archivado en: General — Kristin a las 5:50 pm en Martes, Febrero 9, 2010  Etiquetado , ,

divorcio

Respondiendo al mito de que el divorcio no afecta a los hijos y que en algunos casos podría ser la “mejor” solución, el Papa Benedicto XVI recordó hoy que esta ruptura matrimonial tiene serias consecuencias sobre los niños, que siempre necesitan vivir y desarrollarse en medio de una familia unida que rece, dialogue y esté fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer que se complementan.

El Santo Padre explicó en su discurso de hoy al Pontificio Consejo para la Familia que la institución familiar “fundada sobre el matrimonio entre hombre y mujer es la ayuda más grande que se puede ofrecer a los niños. Ellos quieren ser amados por una madre y un padre que se aman, y necesitan vivir, crecer y estar juntos con los dos padres, porque las figuras materna y paterna son complementarias en la educación de los hijos y en la construcción de sus personalidades y su identidad”.

Por ello, dijo el
Papa Benedicto, “es importante entonces que se haga todo lo posible para hacerlos crecer en una familia unida y estable. Para tal fin, es necesario exhortar a los cónyuges a no perder nunca de vista las razones profundas y la sacramentalidad de su pacto conyugal y a reafirmarlo con la escucha de la Palabra de Dios, la oración, el diálogo constante y el perdón mutuo”.

Finalmente Benedicto XVI resaltó que “un ambiente familia no sereno, la división de los padres y, en particular, la separación con el divorcio, tienen consecuencias sobre los niños, mientras que sostener a la familia y promover su verdadero bien, sus derechos, su unidad y estabilidad es siempre el mejor modo de tutelar los derechos y las auténticas exigencias de los menores”.

Fidelidad matrimonial

Archivado en: General — Kristin a las 4:22 pm en Lunes, Enero 4, 2010  Etiquetado , ,

dos

LA FIDELIDAD MATRIMONIAL

Tomás Trigo


La fidelidad es la virtud que dispone al hombre a mantener aquello que ha prometido (cfr. S.Th., II-II, q. 110, a. 3, ad 5). Puede considerarse un aspecto de la veracidad. Esta consiste en la conformidad de las palabras y acciones con las realidades que expresan; la fidelidad es la conformidad de lo que se hace con lo que se ha dicho, con la palabra dada.

Por tanto, la fidelidad matrimonial podría definirse como la virtud que capacita a los esposos para hacer verdadera a lo largo de la vida, en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, la “palabra dada”, es decir, los compromisos que de verdad y libremente han adquirido y manifestado ante Dios y la Iglesia en la alianza esponsal.


1. Fidelidad conyugal y Alianza de Dios con los hombres

La alianza esponsal que se establece entre el hombre y la mujer es una expresión significativa de la comunión de amor entre Dios y los hombres, contenido fundamental de la Revelación y de la experiencia de fe de Israel. El vínculo de amor entre los esposos “se convierte en imagen y símbolo de la Alianza que une a Dios con su pueblo” (FC, 12).

En el orden de la Redención, el matrimonio es signo de la Nueva Alianza de Cristo con la Iglesia. “El Espíritu Santo infundido en la celebración sacramental ofrece a los esposos cristianos el don de una comunión nueva de amor, que es imagen viva y real de la singularísima unidad que hace de la Iglesia el indivisible Cuerpo Místico del Señor Jesús” (FC, 19).

“El sacramento del matrimonio hace entrar al hombre y a la mujer en el misterio de la fidelidad de Cristo para con la Iglesia” (CEC, 2365). Hace que la unión de los esposos sea imagen de esa fidelidad porque es su participación. En consecuencia, los esposos han de hacer visible ese amor de Dios el uno al otro, ante los hijos y ante los demás. Así como Cristo se ha unido a su Iglesia para siempre y es fiel a esa unidad, también los esposos deben estar unidos y hacer visible esa unidad para siempre (cfr. A. Sarmiento, 123).


2. Fidelidad: don y tarea

La fidelidad, como el amor, es, ante todo, una iniciativa y un don de Dios. En esta verdad se fundamenta el optimismo y la seguridad que deben tener los esposos.

Ciertamente la fidelidad es una tarea personal, requiere esfuerzo y lucha. Pero, así como es un error confiar exclusivamente en las propias fuerzas, lo es también pensar en la debilidad humana sin tener en cuenta la ayuda constante y eficaz de Dios.

Cristo renueva el corazón del hombre por medio de la gracia, las virtudes sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo. Además, la gracia sacramental específica que se recibe en el sacramento del matrimonio, ayuda a vivir la fidelidad conyugal en todas las circunstancias por las que deban atravesar los esposos. “Cristo renueva el designio primitivo que el Creador ha inscrito en el corazón del hombre y de la mujer, y en la celebración del sacramento del matrimonio ofrece un «corazón nuevo»: de este modo los cónyuges no sólo pueden superar la «dureza de corazón» (cfr. Mt 19,8), sino que también y principalmente pueden compartir el amor pleno y definitivo de Cristo, nueva y eterna Alianza hecha carne. Así como el Señor Jesús es el «testigo fiel» (Ap 3,14), es el «sí» de las promesas de Dios (cfr. 2 Cor 1,20) y consiguientemente la realización suprema de la fidelidad incondicional con la que Dios ama a su pueblo, así también los cónyuges cristianos están llamados a participar realmente en la indisolubilidad irrevocable, que une a Cristo con la Iglesia su esposa, amada por Él hasta el fin (cfr. Jn 13,1)” (FC, 20).

La ayuda de Dios a los esposos es constante. Jesucristo no les retira sus dones. “El don de Jesucristo no se agota en la celebración del sacramento del matrimonio, sino que acompaña a los cónyuges a lo largo de toda su existencia. Lo recuerda explícitamente el Concilio Vaticano II cuando dice que Jesucristo «permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella… Por ello los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortificados y como consagrados por un sacramento especial, con cuya virtud, al cumplir su misión conyugal y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación, y, por tanto, conjuntamente, a la glorificación de Dios» (GS, 49)” (FC, 56).


3. Crecimiento de la fidelidad, crecimiento en el amor

La comunión conyugal está llamada “a crecer continuamente a través de la fidelidad cotidiana a la promesa matrimonial de la recíproca donación total” (FC, 19). La fidelidad, como todas las virtudes, no es algo estático, está llamada a crecer.

El don del Espíritu Santo infundido en los corazones del hombre y de la mujer con la celebración del sacramento “es mandamiento de vida para los esposos cristianos y al mismo tiempo impulso estimulante, a fin de que cada día progresen hacia una unión cada vez más recia entre ellos en todos los niveles —del cuerpo, del carácter, del corazón, de la inteligencia, de la voluntad, del alma— revelando así a la Iglesia y al mundo la nueva comunión de amor donada por la gracia de Cristo” (FC, 19).

Para crecer en la fidelidad es necesario, por tanto, poner los medios sobrenaturales (oración y sacramentos, especialmente la penitencia y la Eucaristía) y los humanos. Al mismo tiempo que piden ayuda a Dios, los esposos han de esforzarse por mantener viva “la voluntad (…) de compartir todo su proyecto, lo que tienen y lo que son” (FC, 19). Renovar el amor y la fidelidad es una tarea de cada día, en las alegrías y en las penas, y también en aquellas circunstancias que no se podían prever; una tarea que requiere ser pacientes y humildes, saber comprender y perdonar, y no solo cuando resulta fácil, sino también cuando Dios pide verdadero heroísmo.

De esta manera, las dificultades por las que los cónyuges tienen que atravesar, lejos de enfriar el amor, lo hacen crecer. “Digo constantemente, a los que han sido llamados por Dios a formar un hogar, que se quieran siempre, que se quieran con el amor ilusionado que se tuvieron cuando eran novios. Pobre concepto tiene del matrimonio —que es un sacramento, un ideal y una vocación—, el que piensa que el amor se acaba cuando empiezan las penas y los contratiempos, que la vida lleva siempre consigo. Es entonces cuando el cariño se enrecia. Las torrenteras de las penas y de las contrariedades no son capaces de anegar el verdadero amor: une más el sacrificio generosamente compartido. Como dice la Escritura, aquae multae —las muchas dificultades, físicas y morales— non potuerunt extinguere caritatem (Cant 8, 7), no podrán apagar el cariño” (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 24).


4. Educación de la fidelidad

Como todas las virtudes humanas, la fidelidad tiene que ser formada, educada, adquirida. Se trata de uno de los objetivos más importantes en la preparación para el matrimonio. La encíclica Familiaris consortio (n. 81) insta a los pastores a enseñar “a cultivar el sentido de la fidelidad en la educación moral y religiosa de los jóvenes; instruyéndoles sobre las condiciones y estructuras que favorecen tal fidelidad, sin la cual no se da verdadera libertad; ayudándoles a madurar espiritualmente y haciéndoles comprender la rica realidad humana y sobrenatural del matrimonio-sacramento”.

La fidelidad necesita de todas las virtudes, porque todas están conectadas, pero parece solicitar especialmente el desarrollo de la fortaleza, la virtud que nos ayuda a amar el bien a pesar de las dificultades que se presenten, o a huir de las tentaciones que puedan ponerlo en peligro. Y también de la castidad, que encauza el amor conyugal exclusivamente hacia el otro cónyuge, y evita todo lo que puede poner en peligro la fidelidad.

5. Fidelidad a pesar de la infidelidad

En la Sagrada Escritura, el amor siempre fiel de Dios se pone como ejemplo de las relaciones de amor fiel que deben existir entre los esposos (cfr. Os, 3). Y así, del mismo modo que la infidelidad de Israel no destruye la fidelidad eterna del Señor, la infidelidad de uno de los cónyuges no debe destruir la del otro.

Es el caso, por ejemplo, de un cónyuge inocente que sufre la separación por culpa del otro. “En este caso la comunidad eclesial debe particularmente sostenerlo, procurarle estima, solidaridad, comprensión y ayuda concreta, de manera que le sea posible conservar la fidelidad, incluso en la difícil situación en la que se encuentra; ayudarle a cultivar la exigencia del perdón, propio del amor cristiano y la disponibilidad a reanudar eventualmente la vida conyugal anterior” (FC, 83). “Parecido es el caso del cónyuge que ha tenido que sufrir el divorcio, pero que —conociendo bien la indisolubilidad del vínculo matrimonial válido— no se deja implicar en una nueva unión, empeñándose en cambio en el cumplimiento prioritario de sus deberes familiares y de las responsabilidades de la vida cristiana. En tal caso su ejemplo de fidelidad y de coherencia cristiana asume un particular valor de testimonio frente al mundo y a la Iglesia, haciendo todavía más necesaria, por parte de ésta, una acción continua de amor y de ayuda, sin que exista obstáculo alguno para la admisión a los sacramentos” (FC, 83).


Bibliografía

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, nn. 1644-1645; 2360-2400.

JUAN PABLO II, Exh. Apost. Familiaris consortio, 22-XI-1981.

S. JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Homilía “El matrimonio, vocación cristiana”, en Es Cristo que pasa, nn. 22-30.

A. SARMIENTO, Al servicio del amor y de la vida. El matrimonio y la familia, Instituto de Ciencias para la Familia, Universidad de Navarra, Rialp, Madrid 2006, especialmente pp. 121-132.

El futuro en sus manos

Archivado en: Educación,Familia,Virtudes humanas — Kristin a las 3:33 pm en Jueves, Julio 30, 2009  Etiquetado , ,

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Crisis de valores. Es lo que argumentan algunas voces en los medios para justificar los desagradables sucesos que estamos viviendo: la desaparición de Marta del Castillo, y las diversas violaciones a menores por parte de adolescentes o crímenes pasionales.

Cierto es que la ausencia de valores, que no los proporciona ni el prototipo de juventud que promociona la televisión; ni el fomento de la promiscuidad; ni el fácil acceso al alcohol y las drogas; crea un caldo de cultivo ideal para que pequeños delincuentes campen a sus anchas sin ningún tipo de límite.

Por eso, cuando una tiene conocimiento de que aún quedan padres que no están dispuestos a claudicar en la formación de sus hijos, experimenta el alivio de que no todo está perdido. Existen medios y soluciones, aunque requieran el esfuerzo tanto de los padres como por parte de los hijos.

Tal es el caso del Proyecto Genia, que desde hace un par de años se pone en práctica en varias asociaciones culturales juveniles. Es un completísimo programa, del que se benefician adolescentes de 9 a 15 años. Los padres, junto con monitoras especializadas, invierten en la formación y educación de sus hijos en aquellos aspectos que parecen estar en desuso, pero que la experiencia está demostrando que son absolutamente necesarios.

Este proyecto puede ser adquirido por asociaciones y colegios, de modo que puedan beneficiarse de él chicos y chicas de cualquier parte del país.

Se intenta fomentar la dignidad de la mujer, eliminando cualquier elemento sexista. Los chicos aprenden nociones de protocolo, de urbanidad, cocina, decoración, técnicas de estudio que mejoren su rendimiento académico, moda, espíritu de servicio … todo esto bajo la suervisión paterna.

Ni que decir tiene que los padres están encantados, ya que ellos se están implicando más en la educación de sus hijos; y esto se manifiesta en la evolución positiva de los chicos. Lo que contibuye a la armonía familiar.

Triste es que los medios no se hagan eco de estos proyectos tan positivos para la sociedad y sólo se difundan noticias desagradables.

Muchos jóvenes dedican estos días estivales para colaborar con distintas ONGS en la India, en Sudamérica, África o en países europeos del Este que necesitan tiempo y ayuda para reconstruirse tras las guerras padecidas en los últimos años del s. XX.

La ternura de una madre

Archivado en: General — Kristin a las 11:32 pm en Jueves, Julio 23, 2009  Etiquetado ,

mano-sobreUn joven, después de sufrir un grave accidente de circulación, fue llevado a un hospital. Poco tiempo después avisaron a su madre de que su hijo estaba muy grave. La mujer se personó en el hospital y pidió ver a su hijo. Los médicos le dijeron que su hijo luchaba entre la vida y la muerte, que la menor excitación podía resultarle letal… además que no la reconocería porque estaba inconsciente.
La madre prometió que no le hablaría ni haría el menor ruido, pero suplicó que le permitieran entrar en la UVI, y estar un tiempo con él. Accedieron a su petición, pero le encarecieron que no pronunciara ni una sola palabra. La madre, con el corazón destrozado, obedeció.

Los ojos de su hijo estaban cerrados. Ella le puso suavemente la mano en su frente y le acarició la mejilla, tal como ella solía hacerlo cuando el joven moribundo era niño.
No transcurrió mucho tiempo cuando el joven, sin abrir los ojos, susurró:
- «Madre, has venido…»

Así despertó. El contacto, la caricia, la ternura, el afecto venidos de la mano de la madre le devolvió a su infancia, recordándole su protección y seguri­dad. Supo que su madre estaba allí, junto a él. Era el poder de la ternura.

- El ojo de la ternura que nunca duerme… es la madre.
- El oído que jamás se cierra… es la madre.
- La mano que ayuda, acuna y acaricia… es la madre.
- Hay un amor, una ternura que nunca falla… es la madre.
- Balzac escribía: «Las flores siempre hacen bien y nunca mal».

- Pablo VI decía: «Toda la historia de la salvación y todo el evangelio es amor, es la ternura de Dios que salva».

Por J. M. Alimbau

Argumentario para familias numerosas

Archivado en: General — Kristin a las 10:28 pm en Domingo, Julio 12, 2009  Etiquetado

Traigo este texto de la web de Familias numerosas de Albacete. Humor y sentido común.

(Traducido de una recopilación realizada por Karen Plomp, cuyo original puede leerse aquí)

Como madre de familia numerosa me formulan las mismas preguntas una y otra vez; y otros padres de familia numerosa me han comentado que les sucede lo mismo. Algunos de nosotros responden con ingenio, aunque algunas respuestas son ligeramente sarcásticas para mí. En cualquier caso es divertido fantasear que las usas con alguien. Aquí tenéis la Lista Oficial de Preguntas más Frecuentes (FAQ). Siéntete libre para usarla o distribuirla siempre que conserves el copyright. Una observación: la gente a veces se sorprende y dice las cosas correctamente, no me importa en estos casos contestar amablemente al cuarto que, en 10 minutos, me dice “¡estaréis entretenidos!”, pero otras preguntas como “¿y no pensáis parar?” las considero improcedentes y no me siento obligada a ser amable con ellos.

Quiero agradecer su participación a toda la gente que ha contribuido a este FAQ, ha sido divertido leer vuestros comentarios y escuchar vuestras experiencias.

“¡Estaréis entretenidos!”

•Sí y muy contentos.
•Sí, y nuestro cariño también.
•Sí, mejor estar entretenido que aburrido.

“¿Son todos suyos?”

•No, vengo de alquilarlos.
•Sí, y el mayor se ha quedado en casa con los trillizos.
•No, hay dos del cartero y otro que no estoy segura de quién es…

•No, hay dos que nos siguen desde hace unos minutos.
•No, hay dos que los he comprado en el super.
•¡Oh, nunca había oído esa pregunta antes!
•Por supuesto, ¿o es que se piensa que me los he comprado en una tienda para divertirme?
•Sí, son todos nuestros. Llevamos 22 años casados y son lo único que tenemos para demostrarlo.
•No, tengo dos más en casa.
•Bueno, no son nuestros de nuestra propiedad sino fruto de nuestro cariño…
•¡Síííí, y es que están tan ricos!!! (a los niños les encanta).
•Por supuesto, son… a ver espera… ¿Quién es ése? No es nuestro … ay sí, no me acordaba de que era mío.
•Pues no lo sé… ¿Cuántos hay?.
•Sí, y si tienes alguno que no quieras, también me lo quedo encantada.
•(Si estoy embarazada) Sí, y éste también (tocándome la barriga).
•No, los colecciono desde hace años y acabo de llevarme éstos.
•Sí, es lo que se cree mi marido.
•(Normalmente llevo conmigo a los 7 más pequeños, así que cuando alguien me pregunta esto digo que sí y uno de ellos dice que hay 4 más. Entonces esperamos a que sume 7+4 y vemos la cara que pone).

“¿Vas a tener más?”

•Sí, nos encanta el sexo.
•¿Y a tiqué te importa?.
•Sí, aunque no en este preciso momento.
•Intentamos entrar en el Libro Guiness de los Records de … (añadir lo que sea aquí, record de hijos, de familia más grande viviendo en una misma casa, etc.).
•Sí, siempre quiero tener uno más.
•Es que tenemos un monovolumen de 12 plazas y queremos llenarlo.
•Pregúntamelo dentro de nueve meses.

“¿Y por qué tienes tantos hijos?”

•No lo sé ¿podrías decímerlo tú?.
•Conocemos las razones y nos encanta. Gracias.
•Sí, por fin encontramos la causa y ahora colocamos los cepillos de dientes en vasos separados.
•Me enteré tarde de los motivos: ahora lavo los calzoncillos de mi marido por separado.
•Es porque tenemos una vida sexual intensa.
•Sonría y diga con entusiasmo: “Conozco las causas y me encanta”.
•Apuéstese algo a que es por… amor, amor, amor, sexo, sexo, sexo…
•¡Conozco las causas, así que no se acerque mucho a mí!
•Es por algo que hay en el agua ¿Quiere un vaso?
•O es por algo que hay en el agua o por culpa del sexo, pero no vamos a renunciar a ninguno de ellos.
•Sí, conozco las causas ¡Dios nos los mandó!
•Pues… ¡Será por las frías noches de invierno!
•¡Por culpa de amor y de más amor!
•Sé que es por culpa de algo que me hace sentirme muy bien después de hacerlo…
•¡Porque Dios nos ha querido bendecir con ello!
•Las causas son tres: una buena relación matrimonial, dos corazones generosos y porque Dios ha querido.

“¿Y vais a parar ya?”

•¡Con lo bien que funcionamos!
•¡Con lo bien que nos salen!
•¿Y para qué lo quieres saber?
•¡Con lo bien que nos van las cosas!

“No me explico cómo lo haces, yo no puedo con uno (o con dos)”

•Si yo tuviera dos como los tuyos tampoco podría.
•Sí, no me pareces el tipo de persona que pueda con más de uno (o dos).
•Lo hago como todo el mundo, en la cama y mientras los niños duermen.
•Les pongo asas, es más fácil manejarlos.
•El día tiene 24 horas para todo el mundo, pero no todos hacen el mismo uso de ellas…
•Con paciencia, paciencia y paciencia.
•Voy a su cuarto y les observo dormir. Entonces me doy cuenta de lo dulces que son estos benditos y me anima a seguir.
•Oh, simplemente “lo hago”. Me levanto por la mañana, hago lo que tengo que hacer durante el día, me voy a la cama y ya ésta.
•Selecciona con cuidado tus batallas diarias. Ser selectivo ayuda.
•¡No me agobio por pequeñeces!

“¿Planeáis a tener más?”

•Siempre pensé que lo que se planeaba era no tener más.
•Antes de casarnos planeamos tener dos, pero resulta que mi marido no sabía contar.
•Los seis primeros no los planeamos. Y los seis siguientes tampoco.

“¡Espero que no planeéis tener más!”

•¿Ahora que descubro algo en lo que soy realmente eficaz y me estás pidiendo que pare?
•Díselo a Dios… es cosa de Él.
•Bueno, es que tenemos una habitación en nuestra roulotte para dos más.
•No, no pienso planear el próximo ¡Me encantan las sorpresas!
•Sí, vamos a seguir insistiendo hasta que nos salga uno feo.

“¿No hacéis planificación familiar?”

•Sí, pero gracias a Dios no funciona
•Sí, he oído hablar de eso, espero que lo use Vd.
•Es que no encuentro preservativos de mi talla.
•Eso es para gente con hijos feos.
•Sí, lo conocemos, pero eso es para gente que no quiere niños.
“¿No tenéis televisión?”

•No, tenemos cosas mejores que hacer por la noche.
•Sí, tenemos 4 ¿Por qué lo pregunta?

“¿Cómo pueden tener tantos con lo cara que está la vida?”

•Lo caro es el estilo de vida, no los niños.
•Ni vivimos de ayudas, ni endeudados, ni mi marido es médico, ni abogado. Simplemente somos buenos administradores.
•¿No conoce a nuestro asesor fiscal? Es Dios.
•No sé cómo podemos pero ¡funciona!

“¿Y tenéis tiempo para vosotros?”

•Por supuesto que lo tenemos, por eso tenemos seis niños.

“¿Son todos suyos o adoptados?”

•Y eso qué mas da, son todos míos, o qué se piensa ¿que se le van cayendo por ahí a la cigüeña?
•Son “porquemedalagana”

Cuando se queden mirando fijamente a tu familia…”

•¡No! ¡Ni somos católicos ni mormones!
•¡Sí! ¡Son todos míos!
•No, no intentamos superpoblar el planeta, simplemente superar al número de idiotas.