Aprendiendo a vivir

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¿Naces elegante o aprendes a serlo?

Archivado en: General — Kristin a las 3:08 pm en Lunes, Agosto 10, 2009  Etiquetado ,

chicSe puede nacer siendo elegante, pero también se puede aprender a ser elegante. Todo comienza con una decisión interna.

La verdadera elegancia surge de tu interior de mujer; y es la que expresa la forma en que te percibes y te valoras. Así como te sientes, te proyectas. Hoy en día no podemos negar que nuestra presentación personal nos puede servir para abrir puertas o cerrarlas. Pero no es todo. Vemos como hay mujeres que impresionan por su arreglo pero que a la hora de conversar con ellas o poner a prueba sus habilidades en el trabajo dejan mucho que desear. Por lo tanto, ¿Cómo debe ser nuestra imagen?La imagen que des a los demás debe ser auténtica

Quiero decir con esto, que lo que te pongas, que la forma en que te maquilles, que el estilo que escojas para tu cabello debe revelar o acentuar lo mejor de ti misma y de tu propia personalidad. De otra forma, entonces el resultado de tu arreglo personal sería algo “frívolo y falso”.

En proyección de imagen es importante que yo debo seguir siendo yo misma y no una caricatura o alguien que en realidad no soy. Es por esto, que a la hora de arreglarte, sobre todo debes preguntarte: Este peinado ¿afirma que esta soy yo? ¿Esta ropa prolonga la belleza de mi carácter? Este maquillaje ¿complementa mi belleza interior? En conjunto: ¿me siento yo misma?

La imagen que proyectes debe incluir los buenos modales

De nada sirve ver a una mujer vestida a la última y con un maquillaje y cabello impecable, si a la hora de relacionarse con los demás, espanta por sus actitudes personales. Los Buenos modales, lo exquisito del alma femenina es lo que hace que una mujer sea elegante o no lo sea. La forma en que saludas, la manera en que caminas, te sientas, hablas… sí comunica todo de ti a los otros. Por esto, ten cuidado a la hora de expresarte. Sobre todo, si eres una profesional nueva o una chica en búsqueda de su primer empleo.

Además de tu talento profesional, tu talento en relaciones humanas cuenta. Pues las relaciones humanas son la esencia de la consideración y el respeto que los demás merecen.

Nuestra imagen debe proyectar nuestros valores personales

Tú estás exhibiendo una pintura de ti misma. Eres tu propio retrato. Cuando un pintor, tiene en mente una nueva obra, piensa en todo y el resultado de su obra, es la expresión misma de su alma. Por lo tanto, el conjunto total de tu persona a la hora de vestirte, debe ser el resultado y la proyección de tus valores personales y de tus metas como mujer y profesional.

“Dime con quien andas y te diré quien eres…” dice el refrán. Dime cómo te vistes y te diré a donde quieres llegar y cuanto te respetas… agrego. Piensa muy bien en esto, ¿Por qué una mujer que tiene aspiraciones políticas es muy cuidadosa en su apariencia? ¿Por qué cuando vamos a una entrevista en una empresa como la banca o empresa educativa ponemos cuidado en el largo de la falda? ¿Por qué, a pesar del culto que hoy se le da al cuerpo, sigue existiendo la moda clásica y conservadora? ¿Por qué será que muchas veces al reflexionar en todo esto, nos parece un poco anticuado?

Vivimos en una época en que si no eres parte de la masa, entonces “eres diferente” y la sociedad rechaza a todo aquel que se atreve a ser diferente. Por esto, es muy importante, que a la hora de ir en la búsqueda de tu propio estilo personal, analices muy bien que tu imagen debe ser auténtica, que los modales son importantes y que no se puede ser elegante si no están de por medio los valores personales.

*Por Sheila Morataya

Vístete a la moda e ilumínala con tus valores

Archivado en: General — Kristin a las 9:04 pm en Martes, Julio 21, 2009  Etiquetado ,

modLa moda es un fenómeno universal- en el tiempo y en el espacio porque es humano, “naturalmente” humano, y profundamente humano, escribe Rafael Alvira, catedrático de Filosofía de la Universidad de Navarra. Por esto mismo más que al hombre la moda apasiona a la mujer. El hombre y la mujer desde los tiempos más remotos y a partir de los primeros relatos de la Biblia en Adán y Eva se dan cuenta que no tienen, es decir que no están vestidos. Inmediatamente buscan cubrirse con hojas y después seguramente con pieles de animales. Se puede decir que los primeros padres de la humanidad iniciaron así el concepto del vestido.En esta época de la modernidad vestirse es importante tanto como lo ha sido en siglos pasados, épocas en el período de Luis XV y María Antonieta serán recordadas siempre por la exhuberancia y lujo en los vestidos y cabellos no sólo de mujeres sino también de hombres. Y es que con el vestido expresamos nuestra personalidad, valores y espíritu. Además con el vestido anunciamos nuestra pertenencia a una u otra clase social. La vestimenta definitivamente refleja el pensamiento de una persona y por ello mismo el acto de vestirse o de adoptar un estilo personal propio no es algo de deba tomarse tan a la ligera.

Ser y vestirse

El vestido tanto para el hombre como para la mujer tiene una función expresiva muy particular. En el caso de la mujer cada una busca expresar sus gustos, finura o ausencia de espíritu, valores o no que rigen la vida. Cuando la mujer se viste y acicala su imagen, el motivo que debería moverla no debería ser exhibir un cuerpo lindo y bien conservado por las dietas o los ejercicios, sino más bien el inspirar a través de su buen gusto y decoro a otras más jóvenes a ir tras la búsqueda de la verdad, manifestada en su arreglo personal. Sólo las mujeres podemos hacer esto y enseñarlo a otras.

A manera de ejemplo se puede mencionar que los animales no se visten porque no son capaces, en sentido radical, de tener. Además de esto, ellos no tienen nada que expresar pues no esconden nada, ni tienen que pasar esta o aquella prueba en sociedad. En realidad la exterioridad en el sentido propio de la palabra sólo la puede tener aquel que posee una interioridad. Y es el ser humano constituido por una unidad substancial de cuerpo y espíritu el único que puede vivir una interioridad desde su sexualidad masculina o femenina.

Es precisamente y aunque suene repetitivo como de acuerdo a esa finura de ser interior el hombre o la mujer se visten, son creativos con su arreglo personal y su forma de presentarse exteriormente al mundo. Si en ese interior hay valores vivos el resultado será una presencia que encanta, llena de buen gusto y elegancia. Si por el contrario se va por el mundo comprando todo lo que esta de moda sin considerar el mundo interior, el resultado exterior anunciará frivolidad y vacío.

Por eso se podría aseverar la frase “vístete y muéstrame tu dentro”. Ya que el vestido, la ropa, sirve para que cada uno exteriorice del modo en que a mi me parezca, lo que soy por dentro. Con lo que me ponga como mujer busco ser vista, llamar la atención de una forma provocativa o por el contrario inspirar respeto. Con el vestido puedo dejar las piernas al descubierto con una minifalda o cubrirlas para cuidar el interior. Como mujer si tengo un cuerpo lindo, no importando la edad que tenga, puedo decidir hasta donde voy a mostrar y exhibirlo. Pero para poder ver claramente esto debo estar en íntima conexión con los valores que me he decidido a vivir.

Por Sheyla Morataya

Elegancia y sentido crítico

Archivado en: General — Kristin a las 10:20 pm en Sábado, Julio 18, 2009  Etiquetado ,

elegante

La elegancia no se puede explicar. Como la belleza, sólo se puede mostrar. No es codificable. No se puede elaborar un prontuario al cual acudir en caso de duda; la persona elegante encuentra en sí misma el modo de comportarse y de vestirse.

Es, sin embargo, un pequeño código personal que se alimenta de la experiencia, el recuerdo, la tradición personal; se nutre desde la percepción interior de lo bello, de la costumbre personal del gusto por lo bello. Un pequeño código que, cada día y con medida, se va renovando; no es elegante el que viste siempre de la misma manera, repite siempre los mismos gestos, se comporta siempre del mismo modo, sino quién, en nuevas circunstancias, sabe encontrar el nuevo modo de comportarse, se renueva. La elegancia se mueve, por tanto, entre el ritmo tradicional y las tensiones de lo nuevo.

La elegancia tiene como presupuesto que el traje responda a la edad, a la personalidad, conformación física de quién lo lleva y, además, se encuentre en armonía con el lugar y la circunstancia en los que se lleva. Se desvela, además, por los detalles, es la suma de pocos y pequeños elementos: una joya, un cinturón, los zapatos o el bolso, el peinado, etcétera.

Ir “a la moda” no es siempre ser elegante. A menudo la moda es un factor de… falta de elegancia si no es filtrada por los criterios estéticos personales: un depósito de moda que consiste en la propia esencia, la forma de presentarse, actuar, moverse y vestirse que han originado en cada uno su estilo personal.

Si aquello que está de moda es por sí mismo elegante, incluso quién no tiene ese estilo corre pocos peligros al llevarlo… pero si la moda de por sí no lo es, es muy fácil caer en la vulgaridad.