Aprendiendo a vivir

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La última cima

Archivado en: General — Kristin a las 6:48 pm en Martes, Junio 8, 2010  Etiquetado ,


Los expertos me lo han dicho claramente: «Si hoy crucifico a un sacerdote en público voy a tener éxito y me van a dar importantes premios». Si, por el contrario, hablo bien de un cura, me van a crucificar a mí.

Por Pablo Ginés. Forum Libertas

«He querido dar la cara por los curas», dice Juan Manuel Cotelo, director de La Última Cima, que se estrenó en los cines españoles el viernes 4 de junio. Se trata de un documental emocionante, con humor, profundidad y lágrimas. Es difícil no llorar, y sin embargo no es sensiblero, sino, simplemente, cercano y honesto.

Juan Manuel Cotelo aparece en su documental, haciendo preguntas que interpelan, aunque lo más provocativo es el proyecto en sí: hablar de la huella que dejó un sacerdote normal, de Madrid, Pablo Domínguez, muerto en 2009 en un accidente de montaña en el Moncayo.

«No era pederasta, ni mujeriego, ni ladrón, tampoco era misionero en la selva, ni el fundador de una nueva institución de la Iglesia», explica Cotelo en la película. El reto es contar la historia de, simplemente, un cura bueno. Un cura que impactó en mucha gente: al funeral de Dominguez, decano de filosofía en la Facultad de San Dámaso de Madrid, acudieron unas 3.000 personas y más de 20 obispos.

A Cotelo no le gusta usar la «voz en off». Se pone delante de la cámara y con toda sinceridad cuenta lo que le parece. Después coge la cámara y sale a la calle a preguntar a los viandantes. «Descubrí que 8 de cada 10 personas que pregunté tenía buena opinión de los curas, decían que era gente humilde, o muy espiritual, que les había hecho pensar; no es lo que suelen mostrar los medios». Luego hace otra pregunta: «¿cuánto tiempo de tu vida has dedicado a hablar con un cura?». El mismo Cotelo admite que «ni siquiera sé como se llama mi párroco, de verdad, y desde aquí ahora mismo le pido perdón; deberíamos conocer a nuestros sacerdotes».

Carta de un sacerdote al New York Times

Archivado en: Sacerdocio — Kristin a las 4:21 pm en Viernes, Junio 4, 2010  Etiquetado , ,

Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola, como misionero. Me da un gran dolor el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios hayan sido un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda de que la Iglesia no puede estar sino del lado de los débiles, de los más indefensos.

Veo en muchos medios, sobre todo vuestro periódico, la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles de la vida de algún sacerdote pedófilo. Se ven presentaciones ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta de odio. Es curioso el desinterés por miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo. Pienso que a vuestro medio no le interesa que yo haya tenido que transportar por caminos minados a muchos niños desnutridos, desde Cangumbe a Lwena (Angola); que haya tenido que enterrar a decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y retornados; que hayamos salvado la vida a miles de personas en México, mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educarse, en 10 años, a más de 110.000 niños…

No es de interés que, con otros sacerdotes, hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno ni de la ONU.

No es noticia que un sacerdote de 75 años, el padre Roberto, por las noches, recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida para que se desintoxiquen de la gasolina, y alfabetice a cientos de presos. No es noticia que mi amigo, el padre Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario; que otros hayan saltado por los aires a causa de una mina… En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región. Ninguno pasa de los 40 años. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir a sus hermanos.

Insistir de forma obsesionada y persecutoria en un tema, perdiendo la visión de conjunto, crea caricaturas ofensivas del sacerdocio católico. Sólo le pido, amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza.

Padre Martín Lasarte, salesiano.

La verdad del sacerdocio

Archivado en: General — Kristin a las 9:59 pm en Sábado, Abril 24, 2010  Etiquetado , , ,

sacerdotecristo

Palabras de Benedicto XVI
(14-IV-2010)

En la Iglesia, Cristo no está nunca ausente; al contrario, está presente de una forma totalmente libre de los límites del espacio y del tiempo. El sacerdote representa a Cristo. Las tres tareas del sacerdote -enseñar, santificar y gobernar- son una especificación de esta representación eficaz. Éstas son en realidad las tres acciones del Cristo resucitado, lo mismo que hoy en la Iglesia y en el mundo enseña y así crea fe, reúne a su pueblo, crea presencia de la verdad y construye realmente la comunión de la Iglesia universal; y santifica y guía.

La tarea de enseñar resulta particularmente importante. Vivimos en una gran confusión sobre las elecciones fundamentales de nuestra vida y los interrogantes sobre qué es el mundo, de dónde viene, a dónde vamos, qué tenemos que hacer para realizar el bien, cómo tenemos que vivir, cuáles son los valores realmente importantes. La función in persona Christi del sacerdote hace presente, en la confusión y en la desorientación de nuestros tiempos, la luz de la palabra de Dios. El sacerdote no enseña ideas propias, no habla desde sí mismo, no habla por sí mismo, quizás para crearse admiradores o un propio partido; sino que, en la confusión de todas las ideologías, el sacerdote enseña en nombre de Cristo presente, propone la verdad que es Cristo mismo, su palabra, su modo de vivir y de ir adelante.
La enseñanza que el sacerdote está llamado a ofrecer, las verdades de la fe, deben ser interiorizadas y vividas en un intenso camino espiritual personal, para que así, realmente, el sacerdote entre en una profunda e interior comunión con Cristo mismo. El sacerdote cree, acoge e intenta vivir, ante todo como propio, lo que el Señor ha enseñado y la Iglesia ha transmitido.

Benedicto XVI habla de su ordenación sacerdotal

Archivado en: Benedicto XVI — Kristin a las 11:43 pm en Jueves, Enero 28, 2010  Etiquetado ,

benedicto-xvi

El día de mi ordenación

Después de la guerra, tras una larga espera, finalmente había llegado el momento en el que el Seminario de Frisinga podía abrir la puerta a cuantos volvían. Éramos felices, no sólo porque finalmente habíamos escapado a las miserias y a las amenazas de la guerra y del dominio nazi, sino también porque éramos libres y, sobre todo, porque estábamos en el camino al que nos sentíamos llamados. Sabíamos que Cristo era más fuerte que la tiranía, que el de la ideología nazi y que sus mecanismos de opresión. Sabíamos que a Cristo pertenecen el tiempo y el futuro, y sabíamos que Él nos había llamado y que nos necesitaba, que había necesidad de nosotros. Sabíamos que la gente de aquellos tiempos cambiados nos esperaba, esperaba sacerdotes que llegaran con un nuevo empuje de fe para construir la casa viva de Dios.

Recuerdo, durante mi ordenación sacerdotal, el estar tumbados por tierra durante las Letanías de los santos. Uno se hace consciente una vez más de la propia pobreza y se pregunta: ¿De verdad soy capaz de ello? Y al mismo tiempo resuenan los nombres de todos los santos de la Historia y la imploración de los fieles: «Escúchanos, ayúdalos». Crece así la conciencia: Sí, soy débil e inadecuado, pero no estoy solo, hay otros conmigo, la entera comunidad de los santos está conmigo.

Recuerdo la imposición de las manos por parte del venerable cardenal Faulhaber, y la conciencia de que es el Señor el que pone sus manos sobre mí y me dice: Me perteneces a mí, no te perteneces simplemente a ti mismo, te quiero, estás a mi servicio. Y también la conciencia de que esta imposición de las manos es una gracia, que no crea sólo obligaciones, sino que es sobre todo un don, que Él está conmigo y que su amor me protege y me acompaña.

(20-I-2010)

Un sacerdote español en Tierra Santa

Archivado en: General — Kristin a las 12:56 pm en Viernes, Octubre 9, 2009  Etiquetado , , ,
 

don santiago quemadahttp://www.unsacerdoteentierrasanta.blogspot.com es la tarjeta de presentación del sacerdote logroñés don Santiago Quemada, que vive en Jerusalén desde hace años. Desde su blog narra al exterior las andanzas y vicisitudes de un sacerdote en una tierra no siempre fácil para los cristianos.

¿Qué hace un sacerdote español en Tierra Santa?

Yo soy un sacerdote del Opus Dei. La Obra está extendida por los cinco continentes, y tiene vocación universal. En Tierra Santa llevamos pocos años todavía; por tanto, que haya venido a Tierra Santa tiene que ver con la labor de la Obra en este país. He venido aquí para servir a la Iglesia de esta manera, con la finalidad de promover la santificación de los cristianos en su vida ordinaria, en su vida familiar y en su trabajo profesional, ayudándoles a hacerlo con perfección y ofreciéndoselo a Dios. Pienso que esto es algo muy necesario en todo el mundo, pero en esta Tierra de un modo especial es importante la virtud de la justicia en el trabajo y en las relaciones sociales.

¿Cuáles son las principales dificultades con las que se ha ido encontrando?
Los idiomas son una dificultad grande. En Jerusalén más o menos la gente habla inglés, pero cuando me iba a Nazaret me encontraba con personas que sólo hablaban árabe o hebreo. Después de estos años, me manejo con el árabe, pero todavía noto que me queda. Cuando me sienta más seguro, espero empezar con el hebreo. También hay muchos rusos en el país. Nos hemos encontrado personas que viven en lugares de Israel donde sólo hablan ruso. En fin, el problema de los idiomas aquí es grande, pero nunca he dejado de comunicarme con alguien que tuviera interés en hablar conmigo.

Cuenta usted en su blog que trabaja con niños, entre otras cosas. ¿Cómo son los niños de Tierra Santa?
He atendido durante tres años los clubes que tenemos aquí, y he podido conocer bien a niños y niñas de estos lugares. Los niños de aquí son iguales que en todos los lados. Tienen las virtudes de los niños: sencillez, confianza, audacia… Y también las dificultades de la sociedad actual: se distraen mucho, están todo el día jugando con el ordenador o la Play Station. Si están fuera de su casa, siempre llevan su móvil y no paran de jugar con él. Como también comprobé en España, para el trato con Dios, si se les enseña, tienen una piedad especial, facilitada por las virtudes que decía antes: sencillez, confianza… Les atraen mucho las cosas de Dios, y muchas veces dan ejemplo a sus padres para que recen más y se acerquen a Dios.

¿Es fácil, para un cristiano, vivir allí? Muchos hablan de pesimismo, de soledad…
Los cristianos aquí tienen muy poca formación. No suelen conocer bien su fe, aunque tienen una profunda conciencia de su identidad cristiana. Viven de la tradición que han recibido de sus familias, y se agarran a eso con gran seguridad y convicción. Les falta conocer y profundizar su fe. No suelen hablar de cuestiones de religión con otras personas, en parte porque les faltan ideas, argumentos. Ésta es una de nuestras primeras labores aquí: dar formación cristiana. San Josemaría decía que el Opus Dei era una gran catequesis. Otra tarea que también tiene que ver con la fe es el optimismo. La visión que nos encontramos aquí es muy pesimista. Muchos árabes cristianos han ido, poco a poco, abandonando esta tierra para irse a vivir fuera. Los que se quedan aquí conviven con la mentalidad de que no hay esperanza. Este pesimismo se ha ido trasladando, también, sin darse cuenta, al aspecto personal, una visión de la vida negativa.
La vida de un cristiano en Tierra Santa no es fácil. Su vida aquí es una vocación a mantener viva la fe en la Tierra donde nació, vivió, murió y resucitó nuestro Señor. A los que rezan y profundizan en la fe, esto les llena de ilusión, y les lleva a quedarse y procurar formar un núcleo familiar cristiano que vaya, poco a poco, influyendo en la sociedad. Es necesario que así sea, y ésta es nuestra misión aquí.

Publicado en www.alfayomega.es

Oración de Benedicto XVI por los sacerdotes

Archivado en: Benedicto XVI,san Juan María Vianney — Kristin a las 12:58 am en Sábado, Junio 27, 2009  Etiquetado , ,

La Santa Sede dio a conocer la oración que el Papa Benedicto XVI ha compuesto para el Año Sacerdotal que el Pontífice inauguró el pasado viernes 19 de junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y Jornada de Santificación Sacerdotal, y que conmemora el 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, el Cura de Ars.A continuación, el texto de la oración:

“Señor Jesús,

en San Juan María Vianney Tú has querido dar a la Iglesia la imagen viviente y una personificación de tu caridad pastoral.

Ayúdanos a bien vivir en su compañía, ayudados por su ejemplo en este Año Sacerdotal.

Haz que podamos aprender del Santo Cura de Ars delante de tu Eucaristía; aprender cómo es simple y diaria tu Palabra que nos instruye, cómo es tierno el amor con el cual acoges a los pecadores arrepentidos, cómo es consolador abandonarse confidencialmente a tu Madre Inmaculada, cómo es necesario luchar con fuerza contra el Maligno.

Haz, Señor Jesús, que, del ejemplo del Santo Cura de Ars, nuestros jóvenes sepan cuánto es necesario, humilde y generoso el ministerio sacerdotal, que quieres entregar a aquellos que escuchan tu llamada.

Haz también que en nuestras comunidades –como en aquel entonces la de Ars– sucedan aquellas maravillas de gracia, que tu haces que sobrevengan cuanto un sacerdote sabe ‘poner amor en su parroquia’.

Haz que nuestras familias cristianas sepan descubrir en la Iglesia su casa –donde puedan encontrar siempre a tus ministros– y sepan convertir su casa así de bonita como una iglesia.

Haz que la caridad de nuestros Pastores anime y encienda la caridad de todos los fieles, en tal manera que todas las vocaciones y todos los carismas, infundidos por el Espíritu Santo, puedan ser acogidos y valorizados.

Pero sobre todo, Señor Jesús, concédenos el ardor y la verdad del corazón a fin de que podamos dirigirnos a tu Padre celestial, haciendo nuestras las mismas palabras, que usaba San Juan María Vianney:

‘Te amo, mi Dios, y mi solo deseo

es amarte hasta el último respiro de mi vida.

Te amo, oh Dios infinitamente amable,

y prefiero morir amándote

antes que vivir un solo instante si amarte.

Te amo, Señor, y la única gracia que te pido

es aquella de amarte eternamente.

Dios mío, si mi lengua

no pudiera decir que te amo en cada instante,

quiero que mi corazón te lo repita

tantas veces cuantas respiro.

Te amo, oh mi Dios Salvador,

porque has sido crucificado por mí,

y me tienes acá crucificado por Ti.

Dios mío, dame la gracia de morir amándote

y sabiendo que te amo’.

Amén.