Archive for the 'Opus Dei al día' Category

Amistad

Fotografía del blog de Javier

Decía Ralph W. Emerson, pensador estadounidense, que “un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”. Hace ya bastante tiempo que leí por primera vez esta frase y desde entonces la tengo muy presente a la hora de otorgar el título de amigo a las personas que voy conociendo. Siempre he mantenido que “amigos” de tomar cervezas uno tiene muchos, pero de los de verdad, no hay tantos. Y he ido descubriendo síntomas para ir reconociendo a esos buenos amigos.

Mucho se comenta de cómo el Opus Dei fomenta la amistad como instrumento de proselitismo. Conmigo poco proselitismo pueden hacer y sin embargo debo decir que algunos de mis mejores amigos son del Opus Dei, me lo han demostrado y me lo siguen demostrando, con detalles muy concretos.

Hace poco, estando con un buen amigo y su mujer, esta me comentaba que uno de sus jefes es del Opus Dei. No me hablaba bien precisamente de él y me comentó algunas cosas de cómo actuaba. No se si efectivamente su jefe será de la Obra o no, pero lo que si me quedó claro es que esta amiga la imagen que tenía del Opus Dei y de la Iglesia es lo que su superior la transmitía. Me hizo pensar, y llegué a la conclusión que tengo que esforzarme por rezar más y ser mejor para que lo que los demás vean a través mía les pueda hacer el efecto de acercarse a Dios, o por lo menos que les cree la inquietud de comenzar a buscarle.

Dejo un enlace con el blog Citas y Frases, donde hoy he puesto otras frases sobre la amistad.

Amistad

Fotografía del blog de Javier

Decía Ralph W. Emerson, pensador estadounidense, que “un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”. Hace ya bastante tiempo que leí por primera vez esta frase y desde entonces la tengo muy presente a la hora de otorgar el título de amigo a las personas que voy conociendo. Siempre he mantenido que “amigos” de tomar cervezas uno tiene muchos, pero de los de verdad, no hay tantos. Y he ido descubriendo síntomas para ir reconociendo a esos buenos amigos.

Mucho se comenta de cómo el Opus Dei fomenta la amistad como instrumento de proselitismo. Conmigo poco proselitismo pueden hacer y sin embargo debo decir que algunos de mis mejores amigos son del Opus Dei, me lo han demostrado y me lo siguen demostrando, con detalles muy concretos.

Hace poco, estando con un buen amigo y su mujer, esta me comentaba que uno de sus jefes es del Opus Dei. No me hablaba bien precisamente de él y me comentó algunas cosas de cómo actuaba. No se si efectivamente su jefe será de la Obra o no, pero lo que si me quedó claro es que esta amiga la imagen que tenía del Opus Dei y de la Iglesia es lo que su superior la transmitía. Me hizo pensar, y llegué a la conclusión que tengo que esforzarme por rezar más y ser mejor para que lo que los demás vean a través mía les pueda hacer el efecto de acercarse a Dios, o por lo menos que les cree la inquietud de comenzar a buscarle.

Dejo un enlace con el blog Citas y Frases, donde hoy he puesto otras frases sobre la amistad.

Reencuentro con un amigo

Colinas azules
No recuerdo bien cuánto tiempo hacía que no nos veíamos, pero más de quince años seguro. Coincidimos una temporada trabajando en las EFAS (Escuelas Familiares Agrarias), en Madrid. De las cosas buenas que tiene Internet es la posibilidad de encontrar a gente; después de intentarlo durante un tiempo, le tenía ligeramente situado por la zona de Castilla León. En el mes de mayo me dio por buscar y “date”, ese día le entrevistaban en un periódico digital, hablando de la empresa en la que trabaja. Nada como buscar los datos de dicha empresa, una llamada y, por fin, quedamos hace dos domingos, en una visita que hizo a Madrid. Me reencontré con Eugenio.

Lleva más de una década en Valladolid, allí vive con su mujer y sus tres hijos. Da mucha alegría este tipo de reencuentros, por lo menos a mi. Tenía la sensación de que no hacía tanto que no nos veíamos, todo el tiempo transcurrido me pareció nada. Hablamos, me preguntó, pregunté. Nos pusimos al día en personas, “marujeamos” un rato. Recordamos sucesos, anécdotas. Fue muy bueno y muy corto el rato.

El es supernumerario del Opus Dei, cuando le conocí ya lo era. Me preguntó –anteponiéndome que si quería le respondiera- por qué dejé la Obra. Le dije, más o menos, algo. Después de casi veinte años de haberme ido del Opus Dei, sigo sin encontrar una respuesta clara a mi marcha. Bueno, si: yo. No me voy a extender en los motivos, quedan entre el Señor y yo, y quien corresponda.

Cuando leo, y escucho, testimonios de personas que fueron de la Obra, procuro ponerme en su lugar y “comparar” con lo que yo viví siendo del Opus Dei. Tengo que reconocer que en bastantes ocasiones –y no exagero- no tiene nada que ver lo que he leído con lo que he vivido. De hecho en alguna ocasión he quedado en persona, cara a cara, con algunos de los que escriben en una web cuyo objeto es la de “desenmascarar” las mentiras del Opus Dei y hemos charlado durante largas horas, sacando mis conclusiones, como supongo que la otra parte también lo hiciera. Y me duele.

Me duele, porque veo parte de mi vida en ellos, en el sentido de no haberme enterado de que la vocación al Opus Dei es una vocación a la santidad, por lo tanto, no me enteré que tenía que ser santo, esforzarme en ello. Y tengo que decir que la vida que llevaba en mi última etapa no era, desde luego, ejemplo de un cristiano en busca de su identificación con Cristo. He comentado en varias ocasiones que la culpa de mis actos es solamente mía, no culpo a los demás de mis errores. Y de esa web he aprendido a encontrarme porque he visto detalles que antes no había percibido, descubriendo horizontes que me han dejado con la boca abierta, de mi torpeza, claro. Por ello a veces dejo mis “perlas” en el foro de Opus Dei al día.

Ayer leí sobre mí, no es que hablaran de mí. Haciendo mi rato de lectura espiritual, me dio un pedazo de colleja el Señor con un párrafo. Me estaba hablando claro sobre unos asuntos que tenemos. Conclusión: oración, pero no sólo hablar, también escuchar. Y por lo noche, un buen examen de conciencia en el que sea objetivo a la hora de puntuarme, me va la eternidad.

Y seguro que mañana vuelvo a caer, pero no importa las veces que caiga, importa las veces que me levente. Es curioso que esta última frase la tenga tatuada un jugador del Atlético de Madrid en uno de sus brazos, de esto si que saben mucho los de este equipo.

Reencuentro con un amigo

No recuerdo bien cuánto tiempo hacía que no nos veíamos, pero más de quince años seguro. Coincidimos una temporada trabajando en las EFAS (Escuelas Familiares Agrarias), en Madrid. De las cosas buenas que tiene Internet es la posibilidad de encontrar a gente; después de intentarlo durante un tiempo, le tenía ligeramente situado por la zona de Castilla León. En el mes de mayo me dio por buscar y “date”, ese día le entrevistaban en un periódico digital, hablando de la empresa en la que trabaja. Nada como buscar los datos de dicha empresa, una llamada y, por fin, quedamos hace dos domingos, en una visita que hizo a Madrid. Me reencontré con Eugenio.

Lleva más de una década en Valladolid, allí vive con su mujer y sus tres hijos. Da mucha alegría este tipo de reencuentros, por lo menos a mi. Tenía la sensación de que no hacía tanto que no nos veíamos, todo el tiempo transcurrido me pareció nada. Hablamos, me preguntó, pregunté. Nos pusimos al día en personas, “marujeamos” un rato. Recordamos sucesos, anécdotas. Fue muy bueno y muy corto el rato.

El es supernumerario del Opus Dei, cuando le conocí ya lo era. Me preguntó –anteponiéndome que si quería le respondiera- por qué dejé la Obra. Le dije, más o menos, algo. Después de casi veinte años de haberme ido del Opus Dei, sigo sin encontrar una respuesta clara a mi marcha. Bueno, si: yo. No me voy a extender en los motivos, quedan entre el Señor y yo, y quien corresponda.

Cuando leo, y escucho, testimonios de personas que fueron de la Obra, procuro ponerme en su lugar y “comparar” con lo que yo viví siendo del Opus Dei. Tengo que reconocer que en bastantes ocasiones –y no exagero- no tiene nada que ver lo que he leído con lo que he vivido. De hecho en alguna ocasión he quedado en persona, cara a cara, con algunos de los que escriben en una web cuyo objeto es la de “desenmascarar” las mentiras del Opus Dei y hemos charlado durante largas horas, sacando mis conclusiones, como supongo que la otra parte también lo hiciera. Y me duele.

Me duele, porque veo parte de mi vida en ellos, en el sentido de no haberme enterado de que la vocación al Opus Dei es una vocación a la santidad, por lo tanto, no me enteré que tenía que ser santo, esforzarme en ello. Y tengo que decir que la vida que llevaba en mi última etapa no era, desde luego, ejemplo de un cristiano en busca de su identificación con Cristo. He comentado en varias ocasiones que la culpa de mis actos es solamente mía, no culpo a los demás de mis errores. Y de esa web he aprendido a encontrarme porque he visto detalles que antes no había percibido, descubriendo horizontes que me han dejado con la boca abierta, de mi torpeza, claro. Por ello a veces dejo mis “perlas” en el foro de Opus Dei al día.

Ayer leí sobre mí, no es que hablaran de mí. Haciendo mi rato de lectura espiritual, me dio un pedazo de colleja el Señor con un párrafo. Me estaba hablando claro sobre unos asuntos que tenemos. Conclusión: oración, pero no sólo hablar, también escuchar. Y por lo noche, un buen examen de conciencia en el que sea objetivo a lo hora de puntuarme, me va la eternidad.

Y seguro que mañana vuelvo a caer, pero no importa las veces que caiga, importa las veces que me levente. Es curioso esta última frase la tiene tatuada un jugador del Atlético de Madrid en uno de sus brazos, y de esto saben mucho los de este equipo.

Foro sobre el Opus Dei

Dentro de la web de Opus Dei al día, existe un foro en donde la gente va dejando preguntas sobre las dudas que tienen sobre la Obra. Los hay también que exponen sus argumentos para realizar críticas sobre el Opus Dei. Hay un amplio índice de todo aquello que para unos son los grandes secretos del Opus Dei, tópicos, tabúes, temas donde algunos se empeñan en buscar donde no hay. Si alguien sugiere un tema nuevo, también se abre. En definitiva, bastante completo, en mi opinión.

En este foro, a diferencia de otros que conozco también sobre el Opus Dei, todos los comentarios son publicados, siendo los propios usuarios los que van respondiendo o comentando las distintas propuestas de los internautas. Los que contestan pueden ser de la Obra o no, cada uno de ellos, con su propio estilo y forma de expresarse, manifiestan su opinión, contando incluso algunos de ellos sus propias experiencias.

Merece la pena pasarse de vez en cuando por este lugar.

Nuevo año, vuelta a las tradiciones

Foto del blog de Javier titulada “minero de piedra”. Nosotros no somos de piedra

Recuerdo que cuando entrenaba, el día del partido, mantenía una serie de hábitos -algunos los podrán calificar de tontos e insignificantes- pero que a mi -a nosotros, los entrenadores- me ayudaban para llegar al encuentro lo mejor preparado posible. No por lo que yo hiciera luego íbamos a ganar, para nada, pues el resultado no dependía de mí sino de los jugadores que participan en el juego, en la cancha. Pero también es cierto que de la lectura que vayamos realizando del choque, de cómo efectuemos los cambios, el pedir oportunamente un tiempo muerto… puede modificar el rumbo del partido en un momento determinado.

Pues de alguna manera esto es lo que me he propuesto para este nuevo año. Volver a retomar modos con respecto a este blog. No se si me quedará tiempo para dejar comentarios en otros, pero aún así me acuerdo de los amigos. Con algunos hablo por el messenger, por mail, con otros por teléfono y a varios ya me los encuentro por ahí.

Hay una cosa que llevo dentro desde hace unos días, con el tiempo me extenderé algo más. La semana pasada estuve con una persona tomando un café y me di cuenta de lo grande que es que Dios te llame, con nombre y apellidos (por mi nombre y apellidos) para ayudarle en llevar a los demás hacia Él y que mi vida se oriente a Él en un camino determinado, dentro de la gran diversidad que hay en la Iglesia para elegir ese itinerario. También aprendí cómo se puede empequeñecer esa llamada si casi todo lo dejamos en el yo o en lo mío y lo mal que hacen los demás las cosas, sin tener en cuenta que nosotros también podemos equivocarnos y caemos en hacer lo que criticamos. Recordé que algo había escrito al respecto tomado de Jacques Philippe “La libertad interior” y que está en este post, en verde. Sugiero leerlo detenidamente.

Por último, dejo varios enlaces, en mi opinión interesantes y actuales:

- El juicio que decide todo, de Catholic.net.

Hablemos de ‘cine’, un poco

De la web opusdeialdia
Película “Camino” de Fesser y Alexia González Barros
Me han llegado varias preguntas sobre Alexia González Barros y González, con motivo del reciente estreno de la película “Camino”, dirigida por Javier Fesser, que dice estar inspirada en su vida. Sí, Javier Fesser, el mismo de “La gran aventura de Mortadelo y Filemón“, “El milagro de P tinto” o Gomaespuma.

Sobre esta película cito dos comunicados de la famila de Alexia González Barros, cuyos 4 hermanos aún viven. Me parece que son elocuentes:

También copio la carta abierta de uno de los hermanos de Alexia a Javier Fesser: Carta abierta a Javier Fesser: grave e injusto error demencial

Más información en la web oficial de Alexia González Barros. Comunicados.
Además, la oficina de información del Opus Dei ha publicado algunos comunicados, que también recomiendo leer:

  • Ante el estreno de la Película “Camino” (14.oct.08): una mirada teñida de prejuicio negativo, un cuadro falso y distorsionado.
  • Caminos de concordia (13.oct.08): el Código da Vinci de Fesser no fomenta la tolerancia, los personajes que aparecen en la película como creyentes son malos sin mezcla de virtud, y los que no tienen fe son buenos sin sombra de defecto.
  • Acerca de la película “Camino” (27.sep.08): es una radiografía falsa y manipulada del Opus Dei, del que ofrece una visión muy distorsionada.

Dirección espiritual

A mi, por lo menos a mi, nunca me han obligado a que mi dirección espiritual la llevara un sacerdote de la Obra. Ni jamás me he sentido coaccionado, ni condicionado, porque así fuera. Pero si que voy a contar mi experiencia personal de lo que me sucedió cuando estaba en el club de fútbol sala de Tres Cantos.

Antes de ir a visitar la escuelas que teníamos, hacía un rato de oración en una parroquia que está junto a una de las instalaciones donde realizábamos las actividades. Había un sacerdote, no era -ni es- del Opus Dei, y decidí hablar con él un día para ver si podía confesarme con él y que fuera mi director espiritual. Así lo hice.

D. Arturo, así se llama, conocía la Obra. Le comenté el plan de vida que realizo -de este procuraré hablar la próxima ocasión-, que yo había sido del Opus Dei -me comentó un poco la idea que tenía de la Obra- y varias cosas sobre mi que a vosotros no os voy a contar. Después de escuchar me comentó “tienes mas exigencia que un religioso”. Le precisé que para mi cada una de esas prácticas de piedad no suponía una obligación y que era -soy- consciente que ni siquiera es pecado el no hacer -¡hacer!- alguna de ellas. Pero que sin embargo si vería una falta de generosidad con el Señor si yo no hubiera puesto todo el esfuerzo posible por encontrarle en esas normas de piedad. Y es eso, en mi opinión, las normas de piedad son encuentros íntimos con Dios o con la Virgen María. Lo entendió y guardo muy buen recuerdo de él.

Ya no estoy en Tres Cantos, me fui en diciembre a la otra punta de Madrid: a Pinto. Pero si que tengo claro que lo ideal es dejar que el alma de cada uno la dirija alguien que pueda conocer la espiritualidad con la que intentamos vivir nuestra condición de cristiano. Nos podrá entender mejor y, seguramente, podrá ayudarnos también mejor. Pero cada uno es libre. Yo lo sigo siendo.

Lo que nos distrae

Fotografía del blog de mi amigo Javier

A veces somos cabezotas. Cuando atravesamos una época en la cual las cosas no terminan de ir como esperamos, como nos gustaría que fueran, nos planteamos otras cuestiones en la que nos decimos que si nos hemos equivocado en tomar algún tipo de decisión. Por ejemplo, el haber dicho que sí a Dios, en un momento concreto y dedicarse a Él en un lugar preciso.

Esto no es fácil, tampoco lo es el ser deportista de élite. Requiere mucho esfuerzo, mucho entrenamiento y en bastantes ocasiones privarse de ciertas comidas o bebidas, dependiendo de la cercanía de la competición. En la vida del deportista, como en la del cristiano, hay que saber decirse que no a veces. Anteponer el bien final por uno que será pasajero. Lo de por una vez no pasa nada, puede pasar eso, sólo una vez.

El entrenamiento es para el deportista como la vida de piedad es para nosotros. Sin entrenar no se consiguen logros, sin rezar no se llega a saber tratar y querer al Señor bien. Sino se entrena bien, terminamos perdiendo. Sin en nuestra vida no ponemos algunas prácticas de piedad, nuestra voluntad no tendrá fortaleza, cimentada también en otros pequeños sacrificios.

Por eso, en momentos en los que uno se plantea que ha equivocado el camino, que no es lo suyo, que se siente solo o poco o nada comprendido, que rece, que haga oración.

Si en esos ratos de oración uno se distrae, que se sumerja en esas distracciones. Es muy posible que ahí, en donde se nos van la cabeza y el corazón están los motivos de nuestra tristeza pasajera o de nuestra soledad. Orar no es sólo hablar con Dios, también es saber escucharle. Recomiendo el capítulo del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, el del apartado de “la vida de oración“.

Por último, como decía un amigo mío -no se que será de él-, lo malo no es meter la pata, lo malo es dejarla metida dentro.

Lo que nos distrae

Fotografía del blog de mi amigo Javier

A veces somos cabezotas. Cuando atravesamos una época en la cual las cosas no terminan de ir como esperamos, como nos gustaría que fueran, nos planteamos otras cuestiones en la que nos decimos que si nos hemos equivocado en tomar algún tipo de decisión. Por ejemplo, el haber dicho que sí a Dios, en un momento concreto y dedicarse a Él en un lugar preciso.

Esto no es fácil, tampoco lo es el ser deportista de élite. Requiere mucho esfuerzo, mucho entrenamiento y en bastantes ocasiones privarse de ciertas comidas o bebidas, dependiendo de la cercanía de la competición. En la vida del deportista, como en la del cristiano, hay que saber decirse que no a veces. Anteponer el bien final por uno que será pasajero. Lo de por una vez no pasa nada, puede pasar eso, sólo una vez.

El entrenamiento es para el deportista como la vida de piedad es para nosotros. Sin entrenar no se consiguen logros, sin rezar no se llega a saber tratar y querer al Señor bien. Sino se entrena bien, terminamos perdiendo. Sin en nuestra vida no ponemos algunas prácticas de piedad, nuestra voluntad no tendrá fortaleza, cimentada también en otros pequeños sacrificios.

Por eso, en momentos en los que uno se plantea que ha equivocado el camino, que no es lo suyo, que se siente solo o poco o nada comprendido, que rece, que haga oración.

Si en esos ratos de oración uno se distrae, que se sumerja en esas distracciones. Es muy posible que ahí, en donde se nos van la cabeza y el corazón están los motivos de nuestra tristeza pasajera o de nuestra soledad. Orar no es sólo hablar con Dios, también es saber escucharle. Recomiendo el capítulo del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, el del apartado de “la vida de oración“.

Por último, como decía un amigo mío -no se que será de él-, lo malo no es meter la pata, lo malo es dejarla metida dentro.

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