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SANY2041

Varitas mágicas

Ignacio Buisán | analisis@arcol.org

 

 

Todos somos conscientes de que vivimos en un mundo difícil; un mundo que genera depresión.

 

La depresión la podríamos llamar la enfermedad de la tristeza. Una enfermedad que agota la energía de la persona que la padece y que la deja sin ganas de hacer nada, e incluso puede llevarle a perder el gusto por la vida y a desear la muerte.

 

En el fondo, la depresión, no es tanto una enfermedad del cuerpo, ni siquiera es sólo una enfermedad de la mente; la depresión es, en cierto sentido, una enfermedad del alma. Las causas de la depresión son muchas y muy variadas, desde los fracasos sentimentales a las rupturas matrimoniales, desde las crisis económicas a las decepciones personales, incluyendo las enfermedades y todo tipo de derrota en cualquier campo de la vida. También hay distintos grados e intensidades al vivir una situación depresiva.

 

Cuando uno está sumergido en un estado depresivo, quisiera poder encontrar esa ?varita mágica? que le lleve nuevamente a los niveles normales de auto ? estima. La depresión es un trastorno de la persona que normalmente requiere la ayuda de expertos. Sin duda, en este sentido lo mejor es poder recurrir a un buen psiquiatra, pero por tratarse de una enfermedad del alma, no está de más el buscar la ayuda de un buen guía espiritual, es decir, de un buen sacerdote.

 

Desde hace varias décadas, se vienen ofreciendo con ?éxito?, diferentes talleres vivenciales con el objetivo de ayudar a las personas a superar la depresión. Suelen ser talleres muy bien diseñados, muy bien pensados, muy bien ejecutados y también muy bien cobrados. En ellos, a base de dinámicas, se ?sacude? la psicología de los interesados y aparentemente se logran resultados espectaculares. Intuyo, sin embargo, que su efecto es similar al de las sustancias estimulantes, que provocan una euforia temporal, pero se trata de una euforia que acabará por desaparecer con el tiempo, necesitando recurrir nuevamente a ese tipo de experiencias.

 

Sinceramente, no conozco mejor remedio para evitar la depresión que la fortaleza espiritual y emocional, fruto del trabajo interior en el desarrollo de las virtudes de la fe, de la esperanza y de la caridad. Se trata de incluir a Dios de una forma seria y fundamentada en nuestras vidas. No hablo del Dios ambiguo y nebuloso de la Nueva Era y de la modernidad; me refiero al Dios que me da a conocer Jesucristo y que encuentro en la Iglesia.

 

El miércoles de ceniza del año 2007, hablando de la conversión, Benedicto XVI hacía una reflexión que podría servir para apuntalar lo que intento decir. El Papa decía que ?convertirse no es un esfuerzo para realizarse uno mismo, porque el ser humano no es el arquitecto del propio destino. Nosotros no nos hemos hecho a nosotros mismos. Por ello, la autorrealización es una contradicción y es demasiado poco para nosotros. Tenemos un destino más alto. Podríamos decir que la conversión consiste precisamente en no considerarse en ?creadores? de sí mismos, descubriendo de este modo la verdad, porque no somos autores de nosotros mismos. Conversión consiste en aceptar libremente y con amor que dependemos totalmente de Dios, nuestro verdadero Creador, que dependemos del amor. Esto no es dependencia sino libertad?. Cuando olvidamos esto, es fácil que nuestra vida se derrumbe. 

7 Febrero 2010 a las 20:46