
Me encuentro en el descanso del cubo de escaleras del segundo piso de un hotel, son las dos de la mañana y la compañía de bomberos No. 4 en la que trabajo desde hace 13 años ha sido llamada para combatir un incendio en una de las habitaciones; nuestra unidad a sido desplegada para realizar las labores de rescate de varias victimas atrapadas en el piso del incendio.
Me coloco la mascarilla del equipo de respiración, enciendo la lámpara y penetro al pasillo que se encuentra lleno de humo, la visibilidad es nula, tengo que avanzar arrastrándome pegado al piso; mi cara esta a 10 o 15 centímetros y difícilmente puedo distinguir la forma del mosaico. Por la distancia que he avanzado calculo que me encuentro cerca del inicio de las habitaciones por lo que hago un giro a la derecha buscando con la mano. Toco un bulto que parece una persona, me acerco para verificar y puedo distinguir por la ropa que se trata de una mujer joven, levanto la mirada al escuchar un ruido y veo la lámpara de otro bombero que tampoco me había visto y se sorprende igual que yo al encontrarnos; se trata de Andrés, bombero con ocho años en el servicio y que había ingresado al área de habitaciones momentos antes que yo; tomamos a la mujer y la cargamos hacia el cubo de las escaleras para evacuarla.
Conocí a Andrés hace seis años cuándo lo asignaron a mi compañía, él era bastante joven, lleno de energía y ganas de aprender pero a su vez con poca experiencia a pesar de que ya tenia 2 años trabajando como bombero. El único contacto que habíamos tenido fue su primer día de trabajo, yo había tenido un turno muy difícil y estaba cansado; Andrés estaba sentado en una banca junto a los equipos contra incendio, su uniforme estaba mal arreglado y usaba el pelo mas largo de como lo utilizamos los bomberos. Me detuve frente a él, se puso de pie e intento saludarme pero inmediatamente lo comencé a interrogar - ¿Y tu que?, ¿Y ese uniforme?, ¡Parece que lo mordió un burro!- No le di oportunidad de contestar, me di la vuelta y lo deje de pie totalmente consternado.
Cuando lo asignaron a mi compañía su futuro no era muy bueno, no tenía mucha experiencia y él sabia que lo asignaría a algún servicio auxiliar. Se armo de valor y me dijo: “Sargento, quiero salir a los incendios”; mi trato fue el mismo que la ves anterior ¿Qué sabes hacer muchacho?, ¡Te me vas a matar!, sin bajar la mirada me respondió “Enséñeme”; lo mire fijamente y pude ver en su mirada tanta decisión que mi única respuesta fue “la próxima guardia comenzamos”. Desde ese día comenzó a estudiar como loco, en las practicas que realizábamos se destacaba entre los demás, su trato amable desentonaba con el trato que por lo general se vive en el cuartel que es mas bien rudo y por ello se gano el respeto de todos nosotros. Poco tiempo después se gano un lugar en el servicio de incendios donde ha podido demostrar varias veces su valor y su capacidad para aplicar los conocimientos teóricos en incendios reales. Continúo su preparación y actualmente es especialista en rescate en estructuras colapsadas, es un bombero confiable y con un gran prestigio en el cuartel.
Con el tiempo comenzamos a reunirnos una vez cada quince días para tomar un café o comer juntos al tiempo que estudiábamos nuevas tácticas de control de incendios o analizábamos los reportes de incendios ocurridos en otras ciudades. Fuimos cultivando una gran amistad, descubrí en él muchas virtudes humanas y comencé a aprender su trato dócil y amable. El me platicaba de sus padres y hermanas y el deseo que tenía de casarse algún día, por mi parte le platicaba de mi esposa y mis hijas y mis ilusiones de llegar a ser oficial de bomberos, comenzamos a platicar de Dios y le hable sobre el Opus Dei.
Un buen día decidí tirarle directo a la yugular; cuando nos encontramos como de costumbre para tomar un café le dije “Oye Andrés, tengo necesidad de ir a misa ¿No quieres acompañarme?” sin ningún rodeo me contesto “Si”. Nos dirigimos caminando a un templo donde sabia que comenzaría la misa a esa hora, en el camino me encomendé a la virgen; al llegar nos sentamos en las bancas de adelante y le dije “El sacerdote esta confesando, ¿no quisieras confesarte?” – “Si”- contesto de nuevo, saque de mi bolsillo un devocionario y se lo entregue abierto en el lugar donde esta el guión para el examen de conciencia, lo tomo y fue a formarse a la puerta del confesionario.
Cuando salimos del templo, yo estaba desbordante de alegría; ¡mi amigo se había confesado y comulgado el mismo día! Un momento después Andrés se detuvo y me dijo “Gracias, hace un año que no me confesaba” – ¡¡ Un año!!- Todo el orgullo que sentía se vino al suelo y no pude más que pedir perdón a Dios por mi cobardía y falta de decisión pues hace más de un año que venia tratando a Andrés. Me recupere de esta caída y le dije “¿No quisieras venir el próximo Viernes a un curso básico al centro de la Obra al que voy?”, “Si, desde cuando tenia ganas de que me invitaras a las platicas a las que vas”…
Andrés es cooperador, da su aportación, acude regularmente a medios de formación y dirección espiritual; y ha conocido una chica excelente con la que piensa casarse el próximo año.
El incendio que relato al principio fue en diciembre del 2007, ese día la compañía 4 y compañía 5 de Bomberos de Zapopan pudo rescatar a 11 personas que habían quedado atrapadas en el hotel, Andrés participo rescatando a 4 de ellos.
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