Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas.
(San Agustín).

Cada cual que piense por su cuenta en “sus imposibles”: aguantar al marido, la muerte de un ser querido, un hijo adolescente, una enfermedad,una vocación muy linda pero “para los demás”…Si te lo pide a ti es para ti, Dios no se equivoca, no somos del “montón”. No existen montones para Dios.
No manda imposibles.
Si Dios te pide más es que con su ayuda puedes más.